EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS, de Marian Raméntol

Marian Raméntol

Marian Raméntol (Barcelona, ESPAÑA)

¿Qué decir del verbo de Marian Raméntol?

Toda su vida es un poema exquisito, grandilocuente y comprometido con sus vísceras amables.
Tres lecturas he hecho de su último trabajo, buscando en los poemas algo que no me gustase, hojarasca, alguna melodía desentonada… ¡y qué va! Como siempre me sucede cuando la leo, salgo estremecida… ¡estremecida y satisfecha!

El insomnio de los verbos cansados,de Marian Raméntol

Desde que la conozco, -han pasado tres años-, Marian Raméntol siempre ha sabido dónde colocar la palabra necesaria, dónde el suspiro y dónde la agonía. Maneja el verso con la misma soltura que la cotidianidad, aunque se remonte al pasado, aunque lluevan criaturas incendiarias sobre su corazón místico y su cabeza repleta de bondades.
El insomnio de los verbos cansados no es más que el transcurso del tiempo implacable que, en cierta medida, permanece sobrio y estático en los aconteceres de una herida abierta que se resiste a los embates del mar. Toda su poesía es un oleaje continuo que reviste de algas y caracolas el recuerdo de la madre ausente:

“Mis rompientes vigilan el funeral azul/por si tu blanda huella me responde…”

“No hay nombres para desconocerte/más allá del límite de la voz/que arroja por las nubes/la valentía de tus venas…” La madre es todos los nombres, inclusive detrás del horizonte donde la vida trasciende cualquier peldaño hacia la eternidad.
Poesía y poeta se complementan, azulísimos, sin otra distinción que la prominencia de un verbo justo y enrocado con el origen de la vida: “todo tu nombre es un preámbulo”.
Desmesurado amor y ausencia se manifiestan en esta elegantísima metáfora de las nieblas: “despiden la noche desde la empuñadura del beso”… Y luego hay que tomar aire, hay que meditar y tomar partido cuando nos enfrentamos a: “He visto mi esquela en la prensa”. Aquí la autora de El insomnio de los verbos cansados ha llegado al punto culminante de su hastío, coronado con una indiscutible madurez que no cesa en su búsqueda.
Marian Raméntol sigue allí, entre horizontes, y también aquí, reescribiendo la longitud que logre beberse el pigmento de la locura, arropada con unas magníficas ilustraciones a cargo de Cesc Fortuny Fabré y con prólogo brillante de Valentín Martín.
A mi humilde modo de ver, este es un libro que merece la consideración de las casas editoriales y ser distribuido en todas las librerías. La poesía que él refleja es el extenso mar transitado a pie, con el corazón que se nos enquista, y es un enquistamiento que el buen lector agradece.


Marlene Denis
Delegada Regional UNEE, Cataluña

 

 

Enlace a descarga gratuita del poemario:
https://archive.org/details/ElInsomnioDeLosVerbosCansados

 


PRÓLOGO DE VALENTÍN MARTÍN

Que nadie busque la mar en calma en un libro donde la poesía es agua escasamente beata y la  interpretación de la paz quieta resulta tan imposible como que el aire se dé la vuelta. Estamos ante un manojito de olor a un mediterráneo tahúr que empieza con evocaciones acampadas en casa  y donde el seno de la poeta acuna quizás una herida.
Todo lo demás es salir a la calle, llamar al viento, a unas cuantas chispas de sol, vivir en los compases cantores, abrir puertas e incendiar los adentros, mostrarse tal cual se siente, y construir con esa urdimbre de partos un día sin viáticos donde puede partirnos un rayo, o si hay suerte quizás un beso.
Porque lo que Marian Raméntol ofrece es siempre un pálpito de hermosas perplejidades poéticas y nunca monotonía o ceniza para atardeceres.
Cuando uno acaba de leer “El insomnio de los verbos cansados” tiene ya la confirmación de que no se trataba de una sospecha sino de un nuevo tatuaje, otro remolino en el andar, una lujuriosa tempestad lírica que dejó de ser pichón, el diagnóstico definitivo de que nunca nos equivocamos al proclamar a Marian Raméntol como la mujer múltiple en expresiones que se va sembrando en los ojos de los demás sin la prudencia de quien sabe que tiene en las manos las sales del deseo y no un desierto invernal para corderos con la orfandad del hambre.
En “El insomnio de los verbos cansados” Marian Raméntol saja a Marian Raméntol con un impudor literario de lujo, y aparece la mujer del poemario que transita la vida -como Wirginia Wolff acudió a la muerte llenos los bolsillos de piedras para no arrepentirse- con tres milanos desnudos: el amor, el mar y la muerte.
Los tres se funden, o coinciden, o se convocan, a veces de forma explícita y otras un poco más subterránea, en un solo nombre que de vez en cuando se pronuncia y otras se supone, pero que no deja de estar nunca porque es el hilo conductor del agua del libro.
Un poemario que tiene momentos aparentemente distintos en los que bebe un poco de aire como áreas de descanso para un corredor de fondo que quisiera no parecer obstinado, y que sabe que para recorrer del todo el camino es imprescindible vivir también sus orillas.
Quizás el libro sea un viaje con varias posadas y un solo destino. En él Marian Raméntol se lleva a sí misma, se airea,  apacienta sus viveros, saca a la luz en finísimos parlamentos sus torrentes en duermevela, expande su fragancia para que se sepa en los vagabundos, como una cerilla que ilumina un cacho de mujer sucesiva, o prende el fuego de la maga para antepasados recientes a los que amó tanto, o a los sucesores advientos. Aquí no hay una voz de pájaro de la infancia que la reclame, ni miedo a que el estío de mañana huela a nieve. Por eso al caminar, anda.
Y no resulta nada extraño que en las posadas se hable un idioma muy parecido, porque en todos los alumbramientos itinerantes el ayer se parece al mañana y el presente es sólo un espejo.
El libro nunca llega a ser abrupto, pero no hay un solo poema que pudiéramos llamar amable. Y sin embargo no hay otro poemario más enamoradizo, porque se pega a la tierra y al agua, a las cosas y a los sentimientos como un soldado que no grita a sus enemigos para asustarlos, sino a la gente para decir que la vida es así y no como algunos suponen, que quizás escribimos para espantar al silencio, destruir ídolos de hormigas, y recordar tal vez uno solo que fue de verdad.
El libro está escrito con un calor orgánico, no hay en él precarias alegorías, existe un afluencia de variedades expresivas donde no puede habitar una inmóvil simpleza, sino ondulaciones del bozo de un ser entero que estremece. Todo ello está al alcance de muy pocos, pero es necesario para convertir en instantaneidad la memoria.
No sé si resulta aconsejable citar al lector a un microcosmos del libro en uno de sus poemas. Ningún libro -como ningún amor- es excluyente. Pero probablemente si tuviésemos que encerrar su hermosa charladuría y ligarnos a un desposorio adonde llegue la radiación de los demás satélites pero toda  la luz se concilie, tal vez el más locuaz sea “Sin otros ojos que los de la muerte”.
No resulta prudente pararse porque el libro está lleno de ventanas, de grandes órganos más que de bellos perfiles sin sustancia, podría ser que detrás de cada colina (en el libro no existen valles) haya un dios y nos lo perdamos, o un verso nuevo que jamás será un escombro.
Desde el principio hasta el final el libro tiene una estética de orfebre tupido con avaros cimientos, voces aladas, omniscientes imágenes, ríos altos, galeras decisivas, y seducciones contundentes de la palabra.
Es porque en el libro no hay cucamonas, sino poesía.
Poesía con la plenitud del ansia de pureza, donde un alud de matices convoca a los sentimientos y  a las sensaciones desde la exigencia y el rigor en el lenguaje. Tal vez por eso “El insomnio de los verbos cansados” resulte un libro tan humano y tan respirable.

Valentín Martín

 

 

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7 septiembre 2017 Posted by | MARIAN RAMENTOL, MARIAN RAMENTOL SERRATOSA, MARLENE DENIS, VALENTIN MARTIN | , , , | Deja un comentario

OPUS TESTIMONII – Selección de poetas de este mundo en español

Opus Testimonii – 132 pag. 15×23 cm.

 

En la tercera aparición de la colección KULTRUM, se presentará en septiembre “OPUS TESTIMONII” – Selección de treinta y dos poetas de este mundo, precedida por un ensayo preliminar de Oscar de Gyldenfeldt (Arg): “Meditación sobre la relación entre poema y lenguaje”. El volumen tiene la intención de entregar una panorámica de la poesía actual, tomada de autores que desarrollan una vasta actividad cultural en distintos puntos del planeta, compartiendo la palabra poética. La Luna Que anuncia la aparición de un segundo tomo para el 2018.

“OPUS TESTIMONII” will be presented in September on the third appearance of KULTRUM collection- A selection of thirty-two world poets, preceded with a preliminary essay by Oscar de Gyldenfeldt (Argentina): “Meditation on the relationship between poem and language “.

This anthology intends to give an overview of the current poetry, taken from authors who develop a vast cultural activity in different parts of the planet, sharing the poetic word.
La Luna Que, publishing house announcing a second volume for 2018.

OPUS TESTIMONII incluye poesías de:

MIFRANI ABDELHAQ (Marruecos)
ISAAC ALONSO ARAQUE (España)
MUHSIN AL-RAMLI (Iraq)
ATEF ABDEL-AZIZ (Egipto)
JORGE OSCAR BACH (Argentina)
NICOLE BARRIÈRE (Francia)
JOHANNES BEILHARZ (Alemania)
BENGT O BJÖRKLUND (Suecia)
MARLENE DENIS VALLE (Cuba)
YOLANDA DUQUE VIDAL (Chile)
SHAIP EMERLLAHU (Macedonia)
GÁBOR GIUKICS (Hungría)
HASAN ERKEK (Turquía)
CESC FORTUNY I FABRÉ (España)
CHEN HSIU-CHEN (Taiwan)
HUSSEIN HABASCH (Kurdistán)
ALICIA ES MARTÍNEZ JUAN (España)
JETON KELMENDI (Kosovo)
ALICJA KUBERSKA (Polonia)
LEE KUEI-SHIEN (Taiwan)
KAMRAN MIR HAZAR (Hazaristán)
ALICIA MINJÁREZ RAMÍREZ (México)
JESÚS MORENO SANZ (España)
GIUSEPPE NAPOLITANO (Italia)
MAHMOUD SHARAF (Egipto)
MARY-JANE NEWTON (India)
VÍCTOR PAZ IRUSTA (Bolivia)
MARIAN RAMÉNTOL (España)
RICARDO RUBIO (Argentina)
SASHO SERAFIMOV (Bulgaria)
ANDRÉS UTELLO (Argentina)
CARLOS VITALE (Argentina)

AZ (DBA)

15 agosto 2017 Posted by | ALICIA ES MARTÍNEZ JUAN, ALICIA FERNANDEZ RAMIREZ, ALICJA KUBERSKA, ANDRÉS UTELLO, ATEF ABDEL-AZIZ, BENGT O BJÖRKLUND, CARLOS VITALE, CESC FORTUNY I FABRE, CHEN HSIU-CHEN, GÁBOR GIUKICS, GIUSEPPE NAPOLITANO, HASAN ERKEK, HUSSEIN HABASCH, ISAAC ALONSO ARAQUE, JESUS MORENO SANZ, JETON KELMENDI, JOHANNES BEILHARZ, JORGE BACH, KAMRAN MIR HAZAR, LEE KUEI-SHIEN, MAHMOUD SHARAF, MARIAN RAMENTOL, MARLENE DENIS VALLE, MARY-JANE NEWTON, MIFRANI ABDELHAQ, MUSHIN AL-RAMLI, NICOLE BARRIÈRE, OSCAR DE GYLDENFELDT, RICARDO RUBIO, SASCHO SERAFIMOV, SASHO SERAFIMOV, SHAIP EMERLLAHU, YOLANDA DUQUE VIDAL | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

TRAKL, por Victorio Veronese

TRACKL

TRACKL

 TRAKL

 

a la memoria de Jorge Smerling

 

Esta noche ningún color me conmueve y menos me emociona un mueble oculto en una habitación de un bosque donde el sol brilló durante la mañana.

¿Quién te dijo que la podredumbre relumbra en la verde charca y que cierta marea permite la curación de leprosos?

No escucho  música de violín  que surja de las baldosas de mi patio ni de ningún otro patio.

No hay presencia de ratas.

La luz de la luna no torna gris el rostro horrorizado en la pantalla del viejo televisor donde un tal Orson Welles interpreta a un tal Otelo de un tal Shakespeare.

Nadie que despierte después de violentas pesadillas, se inca y reza un Padre Nuestro, menos un Ave María, como pretende un tal Marcos Aguínis.

Hoy no registré a ninguna loca de suelta cabellera de pie junto a mi lecho  y tampoco vislumbré a una monja desnuda y flagelada rezando ante un Cristo martirizado.

Sos vos Georg que escribís estas historias de aparecidos, donde en el sótano de alguna casa deshabitada  un muerto pinta con su blanca mano de cera un silencio sarcástico sobre un muro.

No sé qué hace un ateo como yo siguiéndote entre tantos muertos-vivos, entre tantos sollozos sin lágrimas, donde un mirlo se divierte junto a su primo en un cementerio abandonado.

Sos vos quien me habla de imágenes puras de la muerte y de vitrales con efectos luctuosos y sombríos.

Los amantes de Caissa no dialogan con espectros y yo soy un amante de Caissa.

Acostumbro a dialogar sobre el tablero bicolor de sesenta y cuatro escaques donde conduzco mi ejercito de dieciséis trebejos sin pensar en arrodillarme ante nadie y menos ante un espectro que surge de una tumba o de un altar donde se celebran rituales cuyo objetivo es meternos miedo hasta del plato de sopa  servido por nuestra propia madre.

Decís que agonizar se convierte en un goce, decís que a lo lejos, pequeñas luces surgen de viejas chozas, Maldoror podría afirmar que de pequeñas chozas surgen viejas luces, es como decir: El látigo mueve el brazo del cochero y no el brazo del cochero al látigo.

¿Quién ejecuta al toro, quién lo desangra allí en esa frontera donde los cuervos chapotean en la sangre?  ¿Serán cuervos o apenas visiones de cuervos? ¿Y la sangre será sangre?-

También me decís que a ratos cae una palabra simple en el absoluto silencio del mediodía y que las llamas del fogón son sombras de grotescas sotanas y que bellas mujeres escuchan ese silencio mientras la sangre late en sus sienes. En tanto el vaho animal circula por las alcobas y sus codiciosas miradas se cruzan con las codiciosas miradas de sus hombres.

Afuera, más allá del vano de la puerta, canta un gallo.

Cuando las mujeres están en el campo sembrando, mientras tañen las campanas, también cantan.

Decís que los hombres se vuelven alegres en las jornadas en que hay que pisar uvas pardas y también decís que se abren de par en par las cámaras mortuorias espléndidamente tapizadas por la luz del sol.

Hacer descender y ascender los cubos de agua hasta convertirse en un hechizo y ver como el hechizo se convierte en decadencia y la decadencia en parpados inflamados, mientras la hierba reseca se entrega  al volumen de ásperos pies de una joven hermana, tal vez una niña, sin protestar.

Cuando la niña se detiene ante su imagen en el espejo, siente horror por su  supuesta pureza.

Georg, ¿qué niña o niño no siente horror de su propia virginidad? ¿Qué niña o niño no siente temor por la virginidad ajena?

¿Qué hacia la niña tendida, lánguidamente despierta, deliciosa, sobre esos edredones de arpillera totalmente mugrientos?

No respiraba fatigosamente, jadeaba, y sobre la almohada su boca, más precisamente su risa, era igual a una herida abierta.

En ese anochecer  aparecían y flotaban sangrientos lienzos en busca de mínimas, pequeñas, brevísimas  treguas, donde el amor se desliza hasta lograr restaurar el oro azul, sus tonos pardos, las luces extraviadas que caen fugitivas en los aposentos del mar, en el instante en que enloquecidas cornejas hartas  de sed y  hambre vuelan sobre desolados y tristes paisajes.

Tiempo aquel donde un hospital, una iglesia y un puente se alzaban fantasmales en el amenazador crepúsculo. Todo asumía su rol al escuchar ese gong perdido entre las futuras estrellas que más tarde o más temprano ornarían el cielo. Justamente te diría que no es en el parque donde los hermanos temblorosos se contemplan, es en el cielo. En el cielo.

Claro que en las alas de la locura siempre está tu Dios, que esconde  en siniestras buhardillas las guitarras que se inclinan sobre los acordes de algún reloj de pared empotrado en la pared.

Por qué decís que ojos turbios juegan su penúltima  carta al ritmo de los barcos que oscilan en el mar, en el río y sobre el asfalto de tu ciudad, si todos suponemos que tu ciudad carecía de asfalto.

Cómo puede ser que precisamente allí, donde tambalea la negra silueta de un loco, se vislumbren osamentas a través de muros averiados y  reparados y vueltos a averiar.

Fue allí donde decidieron disolver los impolutos sones de las guitarras que patrullaban los aires corrompidos y por decisiones de los ejercen los pecados capitales y  gracias a las pequeñas  ninfas que aspiran a que los  impolutos sones de las guitarras fueran disueltos en hipoclorito de sodio en los alrededores del Jardín de las Delicias, donde Hieronymus Bosch convocó con sombría seriedad  las muertes de ninfas que mamaban  rojos pezones con sus labios marchitos, en tanto lejías alcanforadas  resbalaban sobre los húmedos  bucles de una adolescente solar.

Es cierto que las ratas chillan y silban, silban y  chillan  en un basural, pero no es porque  están enamoradas, están famélicas.

Si un reloj de sol marca  la cinco, si un tenebroso espanto paraliza a los solitarios y los árboles desnudos zumban en los jardines del anochecer, qué muerto no se asomará a la ventana, mientras desde ese atalaya  fija sus  fríos ojos sobre los hombres que están clavando  el féretro en el jardín. Precisamente en el jardín, que no es el Jardín del Bosco.

Si los murciélagos chillan y los amantes se abrazan mientras duermen y hay luces que se extinguen en el viento y algún borracho deserta de una taberna, antes que la noche someta a la poca luz que le resta a la

muriente tarde.

Decís que el demente ha muerto.

Decís que a un aposento lo blanquearon con leche de cabra.

Y que en una isla del Sur esperan recibir al dios Sol.

Por eso se suceden grandes preparativos:

Suenan los tambores.

Los hombres practican danzas guerreras

y las mujeres mecen sus caderas entre el vino, el fuego y las flores.

Y el mar canta. Y las ninfas abandonaron los dorados bosques.

Mientras entierran al extranjero, una lluvia fulgurante cae sobre el féretro y los curiosos.

Un grupo de pequeñas niñas pobremente vestidas asistían a esa absurda ceremonia, nadie tenía piedad de ellas.

En ciertos aposentos había sombras que consumían drogas y se abrazan entre todas.

El hijo de Pan estaba presente, pero se ocultaba detrás de un disfraz como un simple jornalero.

Decís que en las ventanas del hospital los pacientes buscan el sol.

Cuando cae la tarde  los murciélagos danzan próximos al claustro. Será porque en el viejo asilo hay una barca que actúa de noche entre los despojos humanos.

En los muros del jardín yacen como en el Borda, fémures,   costillas flotantes, labios leporinos de pacientes recién ingresados que Jacobo Fisjman dejo olvidados en la pared del fondo, tuvo que ir Celia a rescatarlos. Pero no pudo.

Después de todo esto cómo no van a salir ángeles con sus alas salpicadas de inmundicias.

Después de todo esto cómo pensas que no va haber una larga hilera de condenados quejándose.

Georg, Georg… ¡No! ¡No! En el Calvario ningún Dios abre sus ojos para mirarnos y menos Él.

Vos  crees que en algún momento los abrió para verte o para ver a Celia o Fisjman o a Smerling o al mismísimo Allen Ginsberg. Dios ejecuta la más cruel de las danzas, su estrategia es dejarnos  librados a nuestra suerte, más, por donde andamos nosotros establece zona liberada.

Vos sabes que yo no creo en las versiones oficiales, que sostienen que el fin de tus días se debió a una sobredosis, no. Fuiste empujado a esa decisión porque estabas cansado como Smerling de esperar una señal de Dios.

Todos aquellos que poseen polvo en el alma decidieron por la sobredosis. Yo, repito, por los no milagros, por la ausencia de señales, por la indiferencia de Dios.

En algún lugar de tus confesiones, si es que son confesiones, decís que las sombras de los condenados descienden hacia las aguas quejumbrosas y que un mago blanco juega con sus serpientes. ¿Quién no juega con sus serpientes y quién no desciende hacia las aguas sollozantes?

Victorio Veronese

Victorio Veronese

Siempre el dolor desciende o asciende a la mirada del hombre, y no sólo del hombre también de las bestias y hasta en la mirada de los animales domésticos.

Los enfermos que se arrastran en otoño, son patéticos, y lo son también en primavera, en verano y en el crudo invierno. Porque la universal desdicha atraviesa no sólo la jornada de hoy, la angustia existencial atraviesa todas las jornadas de nuestras vidas, vos lo sabes: Dios no existe, si existiese sería el gran culpable, y no creo que vos, quieras declararlo culpable. Yo tampoco.

Si nuestro destino es mísero, ¿cómo sería el de Dios si existiera?

Qué diría del cuerpo sin vida de la huérfana encontrado por los pastores entre las malezas.

¿Por qué la mujer del anciano danza? ¿Por qué tiene el pelo mugriento? ¿Por qué la frente de los muchachos está excoriada por la lepra?

Porque Dios está en su ataúd y el ataúd es dorado.

Los caracoles se arrastran.

Los ciegos derraman incienso.

Las muchachas se arrojan sobre el cuerpo del Señor.

El pordiosero engulle su sopa.

La embriaguez del vino, el paladar de las nueces, el vértigo asociado a un posadero obeso que envuelto en nubes de tabaco posa sus manos sobre su pesado vientre.

Georg todos estamos en estado de agonía desde nuestro primer berrido. Los paisajes de nuestra infancia son la prolongación de ese berrido.

Tenés razón: qué pálidas son las madres.

No recuerdo dónde el caballo te miraba fijo. Vaya a saber qué pensaba de vos y de todo aquello que lo rodeaba. ¿Y cuando tenía sed también tomaba del estanque de nuestra infancia? Todo esto sucedió al principio, hace mucho tiempo, cuando gateabas.

Me decís que los frutos pueriles del saúco se inclinan sorprendidos sobre una tumba vacía, ¿será la nuestra?

Puede que Dios esté allí, donde gráciles criadas avanzan en la noche por callejuelas en pos de jóvenes pastores, para reunirse con ellos en sus chozas y elevar su dulce canto al cielo, a modo de gracias. Pero, ¿dónde está Dios cuando los leprosos se miran en las negras aguas o cuando arrojan sus sucios ropajes y se exponen con todas sus miserias ante ellos mismos? No creo que el balsámico viento que les llega de las colinas les alcance.

Cuando el sueño de la hermana es grávido, denso, pesado, el viento acaricia sus cabellos con los glaucos rayos de la Luna y la Luna en su silencio es majestuosa como una piedra majestuosa.

 

VICTORIO  VERONESE

 

 

 

6 febrero 2017 Posted by | GEORG TRACKL, VICTORIO VERONESE | , | Deja un comentario

EL FIN DE LA LITERATURA, por Alberto Olmos

EL FIN DE LA LITERATURA, por Alberto Olmos

http://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2016-10-13/bob-dylan-premio-nobel-fin-literatura_1274692/

Seguramente ya hay muchos escritores de todo el mundo celebrando la pizpireta elección del jurado sueco. Creo saber qué tipo de escritor es el que ha unido su voz al coro de las felicitaciones: un escritor que no lee.

Aunque no lo crean, hay decenas de escritores (normalmente autodenominados posmodernos) que no leen nada en absoluto, pues su voracidad cultural queda saciada de largo con el visionado de películas y videoclips, y la asistencia a exposiciones. Sion Sono, Marina Abramovich y otros artistas de este jaez, no solo llenan sus horas de ocio cultural, sino que inspiran los libros que ellos mismos escriben, y que casualmente quieren que los demás leamos.

El compositor gana el prestigioso galardón.

Sin embargo, los escritores que leemos, y la gente que lee, todos esos ciudadanos que pasan horas delante de algo tan aburrido como un libro —un humilde noviazgo de tinta y papel—, y no digamos de algo tan arduo como un libro de Laszo Krasznahorkai o Philip Roth, y que reciben un enorme placer pasando páginas y descubriendo las profundidades de sentido de la palabra escrita, quieren que esas personas, que, a su vez, han entregado años de su vida a escribir ‘Melancolía de la resistencia’ o ‘La mancha humana’, tengan un puñetero reconocimiento. Y ese reconocimiento no era otro que el Premio Nobel de Literatura.

Lo repito sin ambages: todo aquel que se alegre del Nobel de Literatura a Bob Dylan no lee —a buen seguro— ni una novela al mes. Es más: el Premio Nobel a Dylan les sirve para dar por muerta la literatura tal y como la conocemos (tal y como nosotros la amamos), y proponer la imbecilidad autoexculpatoria de que, oye, todo es literatura, mi iPhone es literatura, no hay que ser tan integrista.

 

27 diciembre 2016 Posted by | ALBERTO OLMOS | | Deja un comentario

SIMPLE COMO UN JUEGO de Oscar de Gyldenfeldt

Simple como un juego - Oscar de Gyldenfeldt

Simple como un juego – Oscar de Gyldenfeldt

 

OSCAR DE GYLDENFELD Y EL PESO DE LA CRUZ, por Ricardo Rubio

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El empleo de la estrategia poética puede (o debe) atisbar el estadio más hondo del juicio. Va a la caza del ser en sí, hacia aquello que podría acercarse —aunque inductiva de las puras sensaciones— a las razones más espectrales de la reflexión. En mayor o menor grado, cada poeta cuenta con las armas sensitivas para reflejar un espacio que nos resulta perplejo. La duda fogonea la búsqueda y la palabra intenta dar un sentido transferible a la emoción, abstracción y naturaleza se enfrentan con la intención de abrazarse, así, tan simple como un juego.

Oscar de Gyldenfeldt, desde su primer libro de poemas, “Habitar el mundo”, consiente que la observación precede a la acción, pues no es quien cierra los ojos y acepta lo dado, razón que me ha llevado a decir que es el ojo atento que vitaliza todo lo que suma, lo que merece la pena, lo que cuenta, en “Cielo y tierra”, su segundo libro.

Aquí, en “Simple como un juego”, ironía que minimiza el maremagno social en el que solemos estar inmersos, se introduce en aguas vislumbradas en su libro anterior y evoluciona hacia un área sublime de difíciles respuestas, negadas al yo-razón, pero unidas desde el campo metafísico a monumentos materiales, como el templo de San Petri, y desde el arquetípico a la ilusoria Torre de Babel. De modo que el lector habrá de poner mayor atención a lo observado por el poeta si aspira acceder a esa entrelínea que nos habla del escozor interior que provoca la imagen, o bien quedarse con las significaciones externas.

Oscar de Gyldenfeldt

Oscar de Gyldenfeldt

El amplio decir de este compendio de poemas, que conforman una obra singular y coherente en lo conceptual, donde la síntesis es un perfil de su belleza, se enriquece con la semántica contextual que se genera en la intuición del lector atento y dispuesto a compartir —o no— la duda, la pasión y la aceptación —o no— de la insubstancialidad de lo espectral. Una cuna crística, las parábolas bíblicas, las evangélicas narraciones, prestan sus pinturas a la palabra poética de una pluma que otea hasta el horizonte y todo lo que ve es fermento material metamórfico, siempre inteligible o mensurable, tales como las actividades en los templos, de sencilla descripción en lo epitelial y de dificultosa comprensión en cuanto a la voluntad que anima las acciones del rito. Para nuestro poeta La senda solo/ traza rodeos./ El dios calla.

Las leyes físicas que nos rodean y determinan, y para las que no se necesita especial conocimiento científico, están a simple alcance de los sentidos: El agua sigue el declive que la lleve al lugar de equilibro; así el poeta sigue el impulso que le dé paz o que simplemente lo contenga un poco más antes de iniciar un nuevo recorrido, quizás estimulado por el resquicio de alguna razón hasta entonces enhiesta, ahora agrietada, que instiga al esbozo de una nueva confesión, de una nueva pregunta o de un nuevo lamento: ”La voluntad de dar una forma para expresar un sentido espiritual”, citando a Heidegger (“Arte y Poesía”), quien también afirmó que ”en este forcejeo algo se desgarra en lo más duro”; y nada más certero cuando Oscar de Gyldenfeldt confronta el universo grosero, de leyes más o menos claras, con el divino, de cánones figurados por la perplejidad, diciendo: En lo siniestro/ y numinoso/ domina el dios.

Asimismo, el poeta ve que el dolor del mundo/ estalla por doquier; él es el orbe, es quien también estalla, no permanece ajeno a lo que ve, siente la relación, busca la concomitancia, la vibración que alcance un punto de unión, la cristalización que aluden algunas místicas orientales, no de un modo egoísta, la busca para sí y la desea para el Otro, asimismo involucrado. No hay engaños, no hay apariencias, no hay aquí forcejeo con la decoración del poema sino el tránsito por las aceras de la humanidad, con la mirada de quien mucho ha visto y, sobre todo, de quien mucho ha sentido y, por ende, sufrido. Y en este aspecto, la suave composición de los versos de Oscar de Gyldenfeldt aporta cierta bonhomía a una temática que provoca complacencia ante la imagen visual emergente de la coyuntura lúdica, y que cubre con un manto de serenidad asuntos que desequilibran y conturban: la tragicidad de la finitud o su cercanía, la necia incomprensión ante esa brevedad y el sometimiento al inapelable determinismo biológico, asuntos tan simples como un juego.

El título de esta obra, Simple como un juego, anuncia reflexión, cualquiera sea el camino; y, por oposición, órdago de dificultad (siendo ‘órdago’ la apuesta máxima de cierto juego de barajas). La metafísica es un juego intelectual, pero no es simple, y acude aquí a preservar la presencia de las dudas y la continuación, por otros medios ya no jónicos, de las arcanas preguntas. Estas preguntas son tan simples como esenciales y las encontramos en un poema del libro: ¿En qué osadía del destino/ me ha sido dado ser esta alma/ y no aquella cosa?… ¿En qué magia/ ha sido conjurada la metamorfosis,/ ¡fuerza extraordinaria del ritual!/ para ser en este instante/ esto y/ no aquello? ¿Son, acaso, distintos modos de pronunciar la aseveración de la línea de Shakespeare, cuando Hamlet dice “To be, or not to be- that is the question”; pero he aquí una trampa sofística, existe una notable diferencia: En Hamlet es el ‘ser’ de la persona o la ‘nada’, en de Gyldenfeldt es ‘ser persona’ o ‘ser cosa’, esto establece una distancia de percepción ontológica: En nuestro poeta no se percibe la “nada”, pues tanto ‘cosa’ como ‘persona’ hablan de existencia, aunque, a la sazón, comprenda que el juego es simple, porque todos sabemos que termina. Inexorablemente.

Evité por expresa voluntad la cita de influencias, corrientes, relaciones, afluentes, cosa que hubiese resultado sencilla y que habla más de las lecturas del prologuista que del prologado. Reconozco que todos tenemos la inquietud de orientarnos en el pensamiento aferrándonos a modas y estilos, es un modo sencillo de sentirnos ubicados e inspirados para el trabajo. Cada poeta, cuando lo es, cuando no imita, cuando canta su emoción acuciado por la inquietud que lo incita (y ésta sí puede dar un panorama tópico de contención), traza un periplo verbal que le es propio, una identidad tan escasa en nuestro medio y tan necesaria para abrazar la poiésis. Nuestra inteligencia necesita muchas veces esas comparaciones, esas muletas, y está bien que las tome, pero no habría razón para hacerlo aquí cuando cada lector hará lo propio. Baste decir que Oscar del Gyldenfeldt, un poeta cuya vida transita el mismo camino de sus letras, presenta “Simple como un juego”, uno de los pocos libros que salvaguardan nuestra poesía, elevándola por sobre el desconcierto general, y que provoca el gusto por la lengua castellana y su potencialidad.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

 

 

 

 

 

 

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26 diciembre 2016 Posted by | OSCAR DE GYLDENFELDT, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

JETON KELMENDI, carta de CARLOS ENRIQUE BERBEGLIA al traductor

Carta de Carlos Enrique Berbeglia a Ricardo Rubio, traductor de “Cómo llegar a ti mismo”, poemario de Jeton Kelmendi.

Jeton Kelmendi

Jeton Kelmendi

Como llegar ti mismo

Como llegar ti mismo, de Jeton Kelmendi

Ricardo:

Leí los poemas que vertieras desde el inglés de  Jeton Kelmendi. En primer lugar quiero felicitarte por la obra de difusión de una literatura tan extraña a nuestra lengua, trabajo que es algo muy digno de encomio.
Luego de una seria lectura, he notado que Jeton Kelmendi practica una poesía “directa”, que no redunda en metáforas u otros recursos similares para expresar lo que desea.
Tal vez por la experiencia de la guerra civil que sufriera hacia el final del siglo pasado, decanta un gran sentido de la humanidad y de dignidad, creo que esa experiencia motivó a Kelmendi para lograr los bellos poemas: “El vaso de la melancolía”, fechado en París en 2006, y el anterior: “Para el coraje”, fechado en Viena, el mismo año.
La bella sencillez no está exenta de profundidad.
Se trata del canto de un poeta patriota y comprometido por la libertad de su pueblo, el poema que da título al libro así lo demuestra, aunque recurra a una mítica princesa para llegar a sí mismo, lo logra luego de un largo viaje, el del destierro, tanto interior como geográfico, y que valora los pilares cristianos de Occidente, lo demuestra su devoción por la Madre Teresa, sentimientos que  une con sus ansias por la liberación de Kosovo.
En resumen, una poesía que no requiere una decodificación erudita o el recurso a las interpretaciones esotéricas, basta leerla y disfrutarla.

Un abrazo.

Carlos Enrique Berbeglia
Doctor en Letras – Lic. en Antropología

Carlos Enrique Berbeglia

Carlos Enrique Berbeglia

Con-jeton-kelmendi-in-tetova (2016)

Jeton Kelmendi con Ricardo Rubio en Tetova (Macedonia, 2016)

15 diciembre 2016 Posted by | CARLOS ENRIQUE BERBEGLIA, JETON KELMENDI, RICARDO RUBIO | , , , | 2 comentarios

DE PERFILES, VÉRTICES, PLANETAS, CUERPOS, ÁRBOLES Y ESCENARIOS y NUMB, LA ESPERA SOSTENIDA, de Beatriz Pérez Sánchez

Acerca de DE PERFILES, VÉRTICES, PLANETAS, CUERPOS, ÁRBOLES Y ESCENARIOS
y
NUMB, LA ESPERA SOSTENIDA
de Beatriz Pérez Sánchez

 

por Marian Raméntol


“Buenos días, las hojas en blanco te esperan aquí.”

 

Beatriz Pérez no precisa definiciones o preámbulos o aclaraciones porque su voz es definitoria en sí misma, sin alardes semánticos, sin estructuras de ingeniería poética, sin más puente que el que se establece entre los versos y el lector.

¿Entrañable? Sí. ¿Sinceramente desnuda? Sí. ¿Obra pictórica? Sí. ¿Fotogramas de una o mil vidas? También, pero sobre todo, para mí es sencillamente honesta. Y bajo el auspicio de esa honestidad primigenia, el lector se encuentra abrazado a singularidades tan directas como esta:

Sigue olvidando,
puede que amanezca la luna
desde el suelo de una noche transpirada
”.

De perfiles, vertices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios y Numb, la espera sostenida

 Y la magia impregna, como lo hace siempre con la buena poesía, todo átomo, toda capacidad sensorial y toda atención. Su voz poética rapta los ojos del lector, es un hecho.

“A veces, te despedías de todo para siempre”, dice la poeta en “La gravedad”, y la gravedad se hace más grave si cabe, se agranda el vacío y la página, de repente, es inmensa. Así de llano es el camino de Beatriz, así de palpitante, con la rotundidad de las palabras justas para decirlo todo sin aspavientos.

Beatriz Pérez Sánchez

Beatriz Pérez Sánchez

Nebulosas, universo, planetas, son continentes que subrayan los versos de Beatriz Pérez, como si la palabra pudiera reinventarse en los silencios, en los espacios sin tiempo, y tras la experiencia de la lectura de De perfiles, vértices, planetas, cuerpos, árboles y escenarios  puedo asegurar que sí se puede.

Por supuesto hay códigos personales de la autora en los poemas.  En Numb, la espera sostenida por ejemplo, toda una ciudad interior repleta de espacios flotantes que se interrelacionan, suben, bajan, se hablan y susurran, conforman una suerte de fluidos que nos visten, o mejor dicho nos desvisten, permitiendo al lector hacer de ellos sus paisajes particulares, emprender con ellos nuevos viajes o pintar escenarios diversos. Esa es, justamente, la virtud necesaria para que un poema abandone a su progenitor y trascienda, crezca y se convierta en un adulto universal, es decir en poesía.

Marian Raméntol

Marian Raméntol

 

25 julio 2016 Posted by | BEATRIZ PEREZ SANCHEZ, MARIAN RAMENTOL, MARIAN RAMENTOL SERRATOSA | , | 1 comentario

VERSO Y POESÍA, por Alfredo Jorge Maxit

VERSO Y POESÍA

 

Antonio Machado

Antonio Machado

Existe una confusión bastante general: la de equiparar “verso” a “poesía”. Tampoco esta cuestión es simple. Trataré de expresarla poéticamente y sin  pretender acotarla en una nota. Para eso comienzo con la  estrofa tercera del poema de Antonio Machado, Mis poetas, en elogio de Gonzalo de Berceo (siglo XIII), primer poeta conocido de nuestra lengua.

Gonzalo de Berceo

Gonzalo de Berceo

Su verso es dulce y grave: monótonas hileras/ de chopos invernales en donde nada brilla;/ renglones como surcos en pardas sementeras,/ y lejos, las montañas azules de Castilla.

Me interesa, en primer lugar, detenerme en el tercer verso: renglones como surcos en pardas sementeras. Es que, si bien Machado se está refiriendo a la apariencia poco luminosa de las estrofas de Berceo, nos alcanza —quizás sin proponérselo— una imagen muy precisa de lo que es el verso, palabra que viene del verbo verter y que significó, primero, surco; después, renglón. El verso es el surco por donde corre, o debiera correr, el agua viva de la poesía.

¿Por qué debiera correr? Porque no todo lo que se escribe en verso es poesía. Quizá el propio Berceo lo intuyera así, al nombrarse versificador de la Virgen a quien canta. Entre nosotros lo afirmó bellamente  Rega Molina: sé de versos que no son poesía/ como un montón de plumas no es un ala. Observen que estos versos son verdaderamente poéticos en sus imágenes. ¿Y cuál es la medida? Es decir: ¿cuándo hay poesía?

Es aquí donde la cuestión se torna compleja, porque no se considera poesía en estos tiempos, lo mismo que en otras épocas. Pero es tema que requiere más de otra Ventana.

¿Nos llega esta estrofa del autor de Campos de Castilla, tan privilegiada por la crítica? ¿Qué es lo que se ha valorado en ella? Creo que el hecho de que no sea meramente narrativa como las otras y que en la descripción, al hablar Machado de la poesía de Berceo, lo hiciera metafóricamente. Tales versos son visualmente monótonos, como campos recién sembrados en los que –a veces como fondo- aparece el milagro azul de las montañas o poesía. Más: en los chopos invernales, álamos negros, aquí sin floraciones, está incluido el paisaje del propio Machado, que tanto cantó a esos árboles bordeando el río Duero; allá, por la ciudad de Soria.

Esto nos permite una primera deducción: habrá poesía, allí donde el lenguaje no diga, sino sugiera.

Alfredo Jorge Maxit

Alfredo Jorge Maxit

8 junio 2016 Posted by | ALFREDO JORGE MAXIT, ANTONIO MACHADO, GONZALO DE BERCEO | , , , | 1 comentario

ACERCA DE HOMBRE TIERRA MUJER MAR, por CARLOS JACOBO LEVY

“Hombre de tierra – Mujer de mar”, Poemario de Graciela Mosquera y Carlos Norberto Carbone

Carlos Jacobo Levy

Carlos Jacobo Levy

No creo en dios, en ese dios que escribo con minúsculas aunque se diga que es el creador del universo y por añadidura el artífice de la vida, esa infinita ecuación de milagros que se van sumando segundo a segundo a nuestra existencia; creo, como Borges, que “estaríamos”, si utilizamos el potencial a merced de los caprichos, de un súper héroe inventado en sus necesidades por la pequeñez y fragilidad de la criatura humana; un megalómano exigente de templos y boatos, que aconsejo esquivar cambiando de vereda. Sacrificios y penurias, torturas, cepos y garrotes, quemas de brujas y salvajes cruzadas en su nombre, del altísimo, enfermo él de una paranoia sin cura; y que acaso sea la Biblia, su libro de cabecera, la zaga de aventuras más maravillosa que jamás se hubiera narrado. Se encarama en su trono celeste y manda a su hijo, el preferido, cubriendo su cabeza de espinas, a prometerles, al pobrecito hombre y a la pobrecita mujer, un edén inexistente.

Hombre de tierra - Mujer de mar

Hombre de tierra – Mujer de mar

Se considera omnipresente, omnisciente, que todo lo oye y que todo lo ve y no se da cuenta que más de la mitad de sus pequeños hijos se mueren de hambre o se ahogan sin llegar a la costa donde encontrarían la leche y la miel junto al Árbol del Pan. Mal padre, muy mal padre. De todos modos me hubiera gustado haber sido un creyente para poder hacer responsable a alguien de las perversidades desparramadas por el mundo. Pero de ninguna manera la no aceptación ese dios me convierte en un ateo, todo lo contrario, oficio en mis cotidianeidades religiosidades puntualmente fieles. Me rodean centenares de Dioses: la mañana cuando me descubro vivo y puedo ver el sol después de la lluvia, que sin tantos aspavientos, darán esa magia vital a las mieses para que no nos falte en la mesa el pan nuestro de cada día; y el milagro de las uvas para que no nos falte el vino. Jamás he visto a dios, pero sí a un hombre, azadón que sube y baja abriendo surcos. Hay quienes, encima, se lo agradecen a ese dios, que no es el Dios de los ateos, este, el pobre, es tan pobre, que ni siquiera puede prometernos un paraíso. El Dios del café tomado con un amigo o la maravilla del Dios Crepúsculo que comprueba su existencia con la melancolía. Tengo muchos, los tengo en cada pedacito de aire, en cada brizna, en cada ráfaga de viento. Dice la sabiduría popular que la madre es el único Dios sin ateos en la tierra. ¿Y el Dios del amor? Para los escritores el único es la Palabra, y son los poetas sus sacerdotes; los amantes de la poesía sus peregrinos que la desparraman sobre la tierra; y su mayor profeta la tierna, dulce y frágil criatura humana que diariamente ese dios pone a prueba como a Job. Quiero justificar así tanta retórica sobre ese dios inexistente y, a la vez, de que olvido el dolor de rodillas, aprovecho para acordarme de mi lectura de anoche.

Y aquí es donde quería llegar: HOMBRE TIERRA – MUJER MAR, es un libro para que esos peregrinos de los que escribía, lo lleven como una bitácora a bares y plazas; del pequeño pueblo a la gran ciudad, y del páramo al Valle. Y entonces la canten si es necesario donde el amor flaquee, sin egoísmo, porque aquí sobra, o donde haga falta un nuevo Dios, porque no caprichosamente, Carbone y Mosquera en un bellísimo ceremonial de sentimientos, juntan las tres religiones: la de la Palabra, la del Amor y la de la poesía.

Iba a tomar algunos párrafos pero no tengo alma de mutilador, así que a comprarlo que en Paris no se consigue, y si tengo que morir fulminado por alguna venganza presuntamente divina, que sea en la ley de vuestras locuras y en las cuales me incluyo.

5 junio 2016 Posted by | CARLOS JACOBO LEVY, CARLOS NORBERTO CARBONE, GRACIELA MOSQUERA | , , , , | Deja un comentario

LOS ATAJOS DEL POEMA, por RUBÉN BALSEIRO

LOS ATAJOS DEL POEMA

 “La idea de inacabado se impone”

Fernando Kofman

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Desde los inicios del pensamiento, el hombre se ha preocupado por el sentido del conocimiento y asociado a esto, por el sentido de la verdad. Ante la pregunta ¿qué es la verdad?, veríamos que a lo largo del tiempo el concepto de verdad fue cambiando. Si la preocupación de Platón fueron los sofistas (maestros de la retórica) fue sin duda porque estos  significaban, de algún modo, una postura opuesta a su concepto de verdad absoluta. La episteme, entendida como tal, era la contrapartida de la doxa, como saber vulgar u opinión. Para Platón la episteme era el verdadero conocimiento. Dicho de otro modo, Platón trataba de instaurar una verdad que no pudiera ser cuestionada, de allí que en su modelo de “República” el poeta era excluido y el poder era ejercido por el filósofo, como representante  de aquella verdad incuestionable.

Esto permitirá a muchos pensadores hacer un puente con ideologías totalitarias, ya que el principio de todo totalitarismo radica en establecer determinadas verdades cuestionando y finalmente aboliendo cualquier idea que se oponga a las mismas.

Pero ¿por qué el poeta debía ser excluido?, simplemente porque el saber de la poesía es un saber sin certezas, es aquello que no debe ser explicado ni por la razón ni por ningún tipo de análisis lógico.

Ahora bien, la búsqueda de Platón era el “Bien” y éste se  parangona con el  “Ser” o con la “Divinidad”, y tanto el ser como la divinidad “Es lo que es”,  no puede explicarse. Pero, ¿por qué no puede explicarse? Simplemente porque no hay palabra que lo defina, si hablamos de los atributos que los hombres le han concedido a Dios, diremos (Omnipotente-Omnipresente, etc…) si nos referimos al dios de la tradición Judeo-cristiana, pero es imposible decir qué es Dios.

A pesar de esto,  durante toda la edad media, la filosofía estuvo al servicio de “Dios” tratando de dar un contenido lógico a su existencia, así Santo Tomás retomará a Aristóteles para explicar racionalmente la existencia de Dios.

Sin embargo, desde hace tiempo, muchos pensadores se plantean otro concepto de verdad; sostienen que la verdad ya no debe ser vista más que en un encuadre cultural determinado ya que la palabra  pierde su sentido fuera de ese encuadre; esto permitirá aventurar una idea:

 “La palabra fracasa frente a lo absoluto”

Pero si recordamos de definición de poesía que nos brinda Roberto Juarroz, diremos:

“La poesía es uno de los pocos lugares donde la palabra no fracasa”

Si la palabra fracasa frente a lo absoluto, ¿por qué la palabra poética, al decir de Juarroz, no fracasa?  La respuesta es simple,  porque como vimos, no busca una verdad,  no debe justificarse en la lógica, ni tiene que recurrir a un proceso racional de entendimiento. La palabra poética aparece, como Dios, pero, a diferencia de Dios,  no tiene pretensiones  de absoluto, es lo inacabado, lo abierto, lo por descubrir…

Eso hace que Fernando Kofman escriba:

Fernando Kofman

Fernando Kofman

“La  literatura  nos  ofrece  atajos,  quiebres, retrocesos,  ante  la  idea  de  sistema cerrado, omnipresente en todo…”

Para decir más adelante:

“La idea de inacabado se impone”

Pero si el mismo Heidegger, como vimos,  dijo que “el hombre habita el mundo a la manera del poeta” de algún modo  está aceptando el fin de una verdad y el nacimiento de múltiples verdades.

En este mundo heterogéneo, entonces,  la poesía será un vehículo de expresión de esta finitud  y de esta multiplicidad, de quien ya no puede asirse a verdad alguna, porque como dijo Nietzsche: “Dios ha muerto”, pero sucede que al decir de Foucault también  “El hombre ha muerto”  y sólo queda el lenguaje, como un sistema de interpretación de interpretaciones.

Hoy, como plantea Rossi, la poesía no da respuestas, sí puede abrirse en preguntas. Pero si el pensamiento se cierra en esta finitud, ¿qué lugar ocupa entonces en el hombre actual?

Muchos filósofos sostienen que más allá de la finitud la filosofía debe aspirar a un absoluto, de allí que Scavino afirme que la verdad tiene pretensiones de universalidad. Esto abre dos posiciones fundamentales. Por un lado los que sostienen que hay tantas verdades como universos culturales existen. Por otro lado, los que más allá de lo que expresan los filósofos del lenguaje, creen en verdades universales y que es tarea de la filosofía poder pensarlas.

¿Y qué ocurre en este encuadre con el poeta?

Es el que sabe que su palabra es limitada para expresar lo que su aspiración busca, de allí que su búsqueda continúe. Es el que sabe que no accederá a nombrar el “amor” pero intenta acercarse. Es el que busca la “belleza” a pesar de ser consciente de que fracasará en el intento.

Antonio Requeni

Antonio Requeni

Por eso Antonio Requeni da cuenta de esta limitación de la palabra en un poema titulado precisamente:

.

Las palabras

 

La música no miente.
Los árboles no mienten.
Los ojos tristes del animal no mienten.
Únicamente mienten las palabras.
¿Cómo decirte la verdad con ellas?
Quisiera hablarte con los ojos del perro,
dar frutos como el árbol,
llegar a ti con la delicia
y la escondida lágrima de Mozart.
El esplendor de la verdad: belleza
a la que mis palabras, torpemente,
procuran acercarse.
Es imposible.
Nunca sabré decirte que te quiero


Por su parte,  en un memorable poema Gianni Siccardi asume directamente la finitud de su palabra y la suprime.

Gianni Siccardi

Gianni Siccardi

Ella sin

 

A raíz de sus ojos
es que las cosas
En realidad
ella sólo se ausenta de sus

Cuando llega atiborrada
de vacilantes
Cuando anda por el día
como por una
Cuando atraviesa la noche
con sus enormes
no hay silencio
que no la
No hay olvido
que no se
Y sin embargo
nada es más cercano
que su
nada es más resplandeciente
que su
Hasta su nombre está hecho
para la
Aunque a veces
no sé si todo esto
no es más que una
que el viento puede

Y yo que tanto
y yo que tanto

.

Nada puede ser más inacabado y sin embargo tan  asombrosamente lleno de contenido, es  silencio, pero silencio revelador, donde la ausencia de palabra desborda de significado y a la vez  deja al lector en la libertad de resignificar.

Un gran  ejemplo de cómo sólo el lector y nadie más que el lector será quien culmine el recorrido del poema.

6 mayo 2016 Posted by | ANTONIO REQUENI, FERNANDO KOFMAN, GIANNI SICCARDI, RUBEN BALSEIRO | , , , | Deja un comentario