EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

BELLEZA, POESÍA Y VERDAD, gragea de Ricardo Rubio

Wilhelm Worringer

Muchas veces, durante el respiro de nuestra existencia, comprobamos que los recuerdos, las experiencias vividas que provocaron en nosotros la modificación de una o de varias actitudes, viven y laten en rincones de la memoria. Tienen su propia ciencia, sus propios valores, y conservan intacto el universo de su momento y vuelven a la palabra, espontáneos e inmaculados.
Es imposible asegurar con absoluta certeza si hacer poesía es una forma de mirar inducida por temperamento o un modo de sentir como resultado de una mirada particular del carácter, pero podemos comenzar por creer que el centro de interés que llega hasta los ojos y la idea del poeta es el que marcará su estilo.
En nuestro afán por estructurarlo todo, acaso buscando caminar por senderos que creemos seguros, intentamos clasificar y separar cada molde, cada forma de expresión que aparece en el espectro poético. Nada hay tan difícil como ajustar a un molde una dimensión móvil e inesperada como lo es la creación artística.
Dice Worringer que el valor de una obra de arte, aquello que llamamos su belleza, reside en su poder de brindar felicidad, y creo que es necesario agregar que Schelling expresó que belleza y verdad son, en sí, la misma cosa. Maneja el poeta, la herramienta capaz de acercarse a la belleza y a la verdad, aun si fueran distintas.
Los filósofos suelen embestir los límites lingüísticos de cualquier idioma, y aquellas fronteras que pueden atravesar quedan encendidas en palabras inamovibles que pretenden decirlo todo. Es entonces cuando el juego verbal se transforma en un vértigo permanente y en un deambular inseguro por los pasillos de la especulación.

Friedrich Wilhelm Joseph Schelling

Ningún ser humano puede dejar de abstraer, aunque sólo los pensadores y los poetas hacen de este mecanismo su actividad de todos los días. El pensador, pensando desde sí, por todos; el poeta, en general, por sí, como reflejo de todos. Pero no tiene la poesía las limitaciones morfológicas o semánticas de un argot consensuado. Y de eso se trata.
En este mundo actual, pretendidamente globalizado, sufrimos la paradoja de estar cada vez más solos. Si a esta soledad vinculamos el impulso de nuestros temperamentos, más acostumbrados a disentir que a acordar, enfrentaremos la pérdida, la escisión, la ruptura de lo vasto. ¿Dónde entonces el encuentro? ¿Dónde el enlace? ¿Dónde lo gregario, la civilidad?
En medio de la desvalorización ética, es la palabra la que puede llegar más allá del simple saludo entre las personas. Algunas cláusulas hasta pueden acercarnos a entender cómo es esto de sentir.
Una poesía suele ser mucho más que una ensoñación, puede reflejar la imagen de una identidad, el símbolo motor y regente de una vida. Pero el hecho práctico, el hecho certero y material de su existencia, hace de ella un arma para enfrentar la realidad de todos los días.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

Anuncios

27 mayo 2011 Posted by | FRIEDRICH SCHELLING, RICARDO RUBIO, WILHELM WORRINGER | , , , | 2 comentarios

EL AMOR Y LOS HILOS DE ARIADNA, por Susana Lamaison

Los hilos de Ariadna, poemas de amor de

Andrés Utello, Carlos Kuraiem y Ricardo Rubio.

La Luna Que, 64 pag (2010).

Los hilos de Ariadna

Como una flor a su perfume, estoy atado a tu recuerdo impreciso. Estoy cerca del dolor como una herida, si me tocas me dañarás irremediablemente.
Para nacer he nacido, Pablo Neruda

Todos estamos necesitados de amor. Creemos que nuestro problema reside en ser amados, no en amar. En ser dignos de amor, en lograr que se nos ame. Partimos de la premisa de que la dificultad reside en encontrar a la persona apropiada para amar o para que nos ame y descuidamos el concepto de que amar es una facultad difícil de aprender, diferente del confuso e insostenible enamoramiento inicial y del disparatado apasionamiento, como del incontenible atractivo sexual. Bien dice Erich Fromm que el amor es “un arte”.
No hay necesidad mayor que la de superar la soledad que conlleva la angustia, la culpa, el miedo, la locura… Entonces se impone superar el aislamiento, lograr la unión, trascender la propia individualidad.
La composición de una pareja constituye un proceso extremadamente complicado, expuesto a infinitos fracasos y frustraciones, porque es una suerte de acuerdo  en el que no podemos perder la propia libertad ni ignorar la insobornable diferencia del otro. Es una situación que no debe someter ni subsumir al otro a nuestro arbitrio.
La pareja amorosa es un espacio de entrecruzamiento del amor y el deseo, aventurado tanto a la idealización enamoradiza como al exceso perverso. Es por consiguiente muy complejo encontrar la ecuación justa. Dice Milmaniene que es difícil el equilibrio entre “la permanencia idealizante del amor y el furor pasional del deseo”. Y agrega “La unión lograda entre un hombre y una mujer configura un territorio poético del deseo y el amor”.
Hablamos de la necesidad de unión con otro. En la actividad creadora – cualquiera sea- el artista que crea se une con su material que representa el mundo exterior a sí mismo.

Los hilos de Ariadna

Individuo y objeto se tornan uno mismo. En el caso que nos ocupa la unión expresada por  los poetas a través de sus palabras los enlaza a sus sujetos amorosos, objetos de su creación, y permite la identificación de otros que sufran o gocen como ellos.
No puede haber mejor respuesta que el amor en el deseo de fusión interpersonal del hombre. Curiosa paradoja la de este sublime sentimiento que le permite a dos seres convertirse en uno y seguir siendo dos.
Es justamente el hombre quien tiene el don de la palabra como medio insustituible de decirse y de manifestar sus emociones y sus sentimientos. Y aunque el acto de amar trasciende el pensamiento y la palabra, cuando el que ama es un poeta y su materia poética es su objeto amoroso, la palabra es poética y por tanto, necesariamente justa  y bella, por sentida; precisa y perfecta, por espontánea e impensada; única e irrepetible, insobornable, genuina, como el amor.
Todo símbolo de amor expresa una conjunción, la destrucción de un dualismo, una convergencia, un centro, un espacio, un estado sólo fracturable por la separación, y en el momento en que las emociones se chocan, se enlazan, se enraízan,  se derraman, se alzan, se diluyen, surgen las palabras para darles curso, para rescatarnos, para curarnos y salvarnos. Y el poema está escrito, y como toda creación se constituye  en un elemento de sanación que nos impide – simplemente- morir de amor.
La emoción no deja de ser lo que es porque la palabra la circunscriba. Sin la palabra arrojada por la pasión, disparada por el entusiasmo, enardecida por la impotencia, impulsada por el ardor, corroída por la pena, arrebatada por la desesperación, qué poco sabrían las emociones de ellas mismas, y qué difícil sería espejarse y contemplar nuestro propio sentir en versos ajenos, cuando no nos ha sido dado el don poético.
Dispongamos el ánimo para disfrutar de la palabra de tres grandes poetas que nos dicen de su amor.

Susana Lamaison

Susana Lamaison

20 mayo 2011 Posted by | ANDRÉS UTELLO, CARLOS KURAIEM, RICARDO RUBIO, SUSANA LAMAISON | , , , | Deja un comentario

ESTÉTICA DE LA CRETINIZACIÓN, por Daniel Battilana

                            “Lo que no induce al error me impide avanzar”
                             “Un libro, si se abre mal, se lee mal”
                             Criticado por correcto no por insuficiente.

Será necesario probar que la ética es marginal.
Hay un fraude establecido: que la ética y la estética no están relacionadas. Por esto todo se diluye en la igualdad; es conveniente la igualdad engañosa de la semejanza.
Para nosotros se ajusta el término vertido por los romanos: la moralía. La moral de las costumbres, tan orgánica y descendente al detalle irregular del hábito recurrente. Tan moral el límite penetrado por el objeto antisocial, móvil y operario, sucedáneo a su esfera desvirtuada de creencia.

Daniel Battilana

Para un sujeto inmóvil, atento al reparto estético de su entorno farandular, sujeto de apremios indirectos, es un hombre servido por su indolencia. Es un acertijo humano que exige claridad textual y obediencia vocativa. Priva para éste la ética del sumidero, conoce que ignora y es ignorado por lo que supone. La costumbre no es el hábito, es el ideal del otro, ese romanticismo de intentar remendar un pañuelo de seda enhebrando una jabalina.
La doxa está superpuesta, impuesta a un valor referenciado de infinito pasado y su gloria doméstica es la posesión de lo moderno como pasaje y no como estado contemplativo de la falsa impresión de dominio que le es inherente. Preñada de muecas que empeoran el gesto, reluce múltiple la estética del deterioro, un baldío cercado de razón.
Siempre me repito, la expresión es de digesto y de poco reconocimiento global. Hago lo mismo, comienzo difícil, rehuyo los laureles que se ganan con la claridad del discurso periodístico. Argentina sustituyó, transitivamente, intelectualidad por periodismo, jornalizó el criterio.
La soledad es un enigma idéntico a un prospecto, nadie lo lee y, aunque contiene la clave de una dosificación eficaz, se lo arroja porque incomoda al frasco (cuerpo) cuando es guardado en la caja. La soledad es el gotero de ese frasco sin prospecto que es el cuerpo, un creyente lleno de certezas inconmovibles; mi propósito, es la altura ideal para comenzar la confesión de la técnica discursiva, es escribir para las impresiones, no para la comprensión; luego uno probará, más allá de la paciencia, cuán desgastadas tiene sus facultades. Suelo observar que cuando los demás parecen entender lo que digo es que me he expresado mal.
Esto ha consolado a más de una generación, en especial las plantillas académicas: investigar es resumir (si es posible de libros extranjeros) Explicar es justificar. A este mal lo llamo transductor, de principios pues reboza de obediencia cultural y de intenciones, en un país sin decisión editorial, la reflexión es un coraje cedido al pasado. Un pasado intelectual que, con los intermediarios de siempre, no sobrevivió al espanto del ideario francés y las bacanales del olvido por sustitución estética.
Hay un factor inacabado: ya no están las vanguardias francesas con sus placeres ególatras, con el ajenjo de la discordia jugando a parecer artistas, orinando sus simplezas adoradas por los realistas latinoamericanos. Pero no estamos solos (no se sabe cómo), están las editoriales digitando el flujo de sus ventas, son nuestro patrón de lectura.
Lo imposible se muestra popular y el deseo rompe el límite frontal de la idea per se. Es la forma solidaria del fracaso. Como es habitual todo parece posición ante posición. Como es habitual parto de lo incomprensible singular a lo relacional evidente. De lo retorcido secular a lo apartado inmanente. En un sistema pendular de reparto ideológico  nada queda si no es polarizable y, unívoco es distinto de final.
La turbamulta consume objetivada y pretende un estado inmanente de voluntad y deseo clarificado en las mismas fuentes en que lava sus pies el verdugo de sus ideas… La turbamulta es la democracia de lo banal conciente a lo nacional evidente; fisura estrecha, grieta al fin para un final moral sin recambio.
De un sistema aparente, que no cesa, la ambigüedad es la condición protectora. No es imperio de la voluntad social saciar la sed divina del que clama (reclamar es una forma de demora casi histórica) por ser individuo; tiene esta creencia todo el desdén del que anhela y le exige a otro le cumpla en lo cotidiano.
Nada se diferencia, el hombre es ya perpendicular a sí mismo, vive en un trance de capital y de benevolencia partidaria. Hay una creencia que lo envuelve todo que lo insufla de benevolencia simplista, de premura al momento de trabajar por la hechura de cada propósito, tiene la ansiedad que precede a las religiones.

La ética sobrevive como metafísica y la estética como cretinización.
Lo cretino hace a lo autoexplicativo. La cretinización es un estado compensador del espíritu de masas. Es una masa estérea de cómplices que se maltratan y se ufanan estructuralmente de ser humanófilos. Lo mediocre tiene ahora un nuevo mecanismo de imposición estratificada. El maltrato es evidente pues mostrarlo todo es la única equidad soberana.
El sujeto de la cretinización tiene por objetivo masificar para aturdir.

El desbaratamiento del concepto de calidad garantiza la chatura.
La resistencia deviene de una ética pausada contingente a la celérica deformidad del culto de la vigencia y su novedad. Un dios transitorio que arrebata el tiempo de sus fieles. Todos hemos nacido dentro de este templo del que nadie trama por salir…

La metafísica no es una alternativa pues la potencia no es de la misma especie que el acto, sin embargo el acto lleva su sentido por los bordes de la sensación noémica.

Todo es rito sin creencia, solaz. Por eso la fatiga de la inercia existencial, los apremios, un sinnúmero de adelantos fugitivos a los sentidos, todo expectación, delincuencia hormonal, tedio.

Lo cretino es la liturgia paranormal del desahogo.

Van Gogh

Un vacío para dos ausentes, el cuerpo de las percepciones trabaja en y para el futuro es decir para lo que no existe.
Escribo sin solución, buscarla es cambiarme el signo. En lo suscitativo confirmo las impresiones apriorísticas de esta lectura y las consecuencias residuales alborotan de júbilo mi esfuerzo.

Un buen texto es una amenaza.

La crítica es un sistema de rechazo. Finge ser la razón asistida por la razón; la anal

ogía es funcional al vértigo del incapaz. En un mundo de creencias la verdad acecha.
El síntoma de la interpretación analítica es ya complementario, tan natural parece, que se puede nombrar lo que no existe y criticarlo también.

Lo cretino se siente amenazado por lo singular.
La humildad es una tiranía , no es ego dormido ni apaciguado, el humilde es servido por un séquito de hidalgos peores que él. En cambio la sencillez no requiere de terceros que la asistan. El humilde demora a los demás, la ética es su pantomima. La humildad es una trampa que el poeta viejo tiende para que lo recuerden.

Lo primitivo es reconocible.
Afectar más o menos armoniosamente al oído con la exageración de lo simple, nos saca del terreno consciente, nos pone en el barro primitivo de la exacta ignorancia que es poesía.

La única simplicidad, la exageración.
Entre una  y otra se desarrolla la existencia de toda vanguardia. Las esencias son particulares, dominadas y egoístas. Lo creado se ajusta, hasta se acomoda a una promesa de canon. Lo Institucional sustituye al movimiento. Los grupos cultivan su propio consumo de adormidera…

No se lee poesía porque no se lee miedo.
Todo diálogo interno tiene el atributo de la penuria, de esto nadie se ufana más bien a lo que no hacen atribuyen sus logros. Una imagen y setecientas palabras después ningún reto.
El hombre de ceniza tiene su frontera que no cesa.
La cretinización arma parodias (tan esperanzadoras como la saciedad ) es un solemne convento refulgente cuyo ciclismo nos arrebata las ideas y somete en la penumbra lo fenoménico a lo idéntico explicito, abstraer es en delito impensado.
Comunidad mancomunada de cabezas al estilo de frecuentar la creencia de su poder dado por el tiempo reverenciado. Dado lo mucho para el olvido y lo poco para lo sensacional.

La ética de tratar todo por el borde y la estética de bordear todo lo posible por atajos
¿es esta escritura la parodia del ser privado de ser? ¿Impedir la plenitud y no la parodia de la plenitud inequívoca de la pluralidad de mercado?
Atajos concéntricos donde escarcha la mínima lágrima del pesar. Fatiga precoz del sustantivo alabado de secreto casi formal.
Es una parodia lo simple por esto nos hacemos distancia, reemplazamos el ardor por el pasajero incoloro de la soledad tribal, En la tribuna están lo restos que contemplan la sedición moderna de usar los ideales para empujar, y salvo los ojos que siempre son lo primero que arriba, la estética de la ética jornalera  se ahoga entre los paradigmas de la vergüenza.

                                                                                                                         Daniel Battilana 

13 mayo 2011 Posted by | DANIEL BATTILANA | , , , , | 7 comentarios

FRANK HERBERT: EL HOMBRE COMO PROYECTO, por Ricardo Rubio

Dune


“Arrakis: el planeta conocido como Dune; tercer planeta de Canopus.”

No hace mucho tiempo, por mérito de una producción cinematográfica, se popularizó cruzando todas las fronteras, una llamativa pieza de ciencia ficción: “Dune”, primera novela, de una saga de seis, del periodista, fotógrafo, ecologista y, a la postre, escritor Frank Herbert. Desde un principio sorprende el profuso contenido esotérico y el amplio y ecléctico manejo simbólico, ora arquetípico ora subliminal, que va edificando una concepción mística tan difícil o tan fácil de entender como cualquiera de las conocidas. El cúmulo de conocimientos desplegado en la narración evidencia que el autor se ha interiorizado, con un interés que trascendió la necesidad expresiva, en prácticas y concepciones de distintas magias religiosas, de las que ha tomado principios universales y que luego, enlazados con los suyos, ecologistas, no tardan en pregonar que, en la vida de un ser humano civilizado, lo más importante enraíza en la seguridad interior, en la integridad y coherencia, en la persistencia de la fe en sí y en el desprecio por lo artificial, universo en el que cada día estamos más inmersos, llámese robótica o informática (el triunfo final que festeja Dune está posibilitado por la mediación de un animal propio del planeta Arrakis, un gusano gigante —Shai-Ulud— y por la fuerza interior de un hombre que se exterioriza por medio de “la voz”, con la que un adepto adiestrado logra controlar a los demás y obtener con ella la potencia de un arma letal).

Frank Herbert

En un segundo momento, nuestra atención será sorprendida por las múltiples e intrincadas acciones de los numerosos personajes. Con un clima general basado en el misterio y en las intrigas, utilizando afluentes clásicos: lo cortesano, por ejemplo, y lo honorable, y la fidelidad, Herbert describe psicológicamente todas las intenciones del personal que interviene en su fantasía, sin perder de vista los pensamientos: las especulaciones y los recursos de los mismos (característica que aparece asiduamente en su discurso); y va tejiendo una maraña que, con la seriedad de un tema decisivo, se comprende sin demasiado esfuerzo, pese a lo que pudiera creerse por las abigarradas acciones de tantos insólitos como originales personajes.

Frank Herbert no repetirá en las siguientes cinco novelas de “la especia” ni en su solitaria “Proyecto 40” el clima tenso y emocional del primer tomo de la saga “Dune”. “Proyecto 40” nos delata a un escritor apresurado por concluir una historia que no alcanza nunca a desarrollarse, de rica imaginería y de gran factura, concluye abruptamente, como si una fuerza superior lo hubiese obligado al punto final (¿contrato quizá?). Lo cierto es que en Proyecto 40 los personajes carecen de importancia, y este concepto es totalmente opuesto al de “Dune”, pero es también opuesto al concepto de cualquier lector, que no puede -ni tiene porqué- separarse de su subjetividad, si bien en la novela se nota claramente el intento de Herbert de destrozar protagonismos e imaginar al hombre en una comunidad absolutamente lógica y con el comportamiento social de las abejas. El comportamiento de las abejas no es lógico ni deja de serlo, es simplemente el  comportamiento de una especie animal.

Pienso que un novelista debe considerar las segundas implicancias de sus conceptos: en el caso de “Proyecto 40” se expone una concepción trascendental de la vida que atenta contra la identidad, una olvidada variante del idealismo objetivo que no puede conducir de ningún modo a la verdad (imposibilitado ya por definición), pues le da al individuo lo que quiere desde el punto de vista animal y no lo que el individuo necesita desde el humano. Es preferible “Dune”, donde cada personaje se manifiesta tal cual es, y donde se exponen claramente y en primer plano los valores que hacen que aún conservemos la esperanza en nuestro mundo.

Ricardo Rubio

10 mayo 2011 Posted by | FRANK HERBERT, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

LETRA MARGINAL, novela de Leonardo Gastón Herrmann. Comentario de Ricardo Rubio.

Letra Marginal

La literatura narrativa castellana de importancia comenzó con una nouvelle o novela corta: El lazarillo de Tormes. También El lazarillo de Tormes es un trabajo de índole social: desnuda el hambre que sometía a los campesinos y las torturas de los ya entonces nuevos modelos de esclavitud. La diferencia más destacada de aquélla con “Letra marginal”, es que de esta última conocemos a su autor: Leonardo Gastón Herrmann, quien, además de haber remedado el inicio de las letras castellanas, lo hizo con un lirismo que el Lazarillo no tuvo más que en alusión o paisaje, y también lo hizo, Leonardo, con una circunstancia que en tiempos del Lazarillo era el común denominador en el viejo mundo, donde resultaba imposible luchar contra el poderoso. Si bien estos tiempos modernos, humanitariamente hablando, no difieren mucho de aquéllos, hoy tenemos la posibilidad de escribir un libro, publicarlo y ponerle nuestro nombre. El Lazarillo es un texto anónimo.

En nuestro tiempo existen leyes que, si bien no se cumplen a raja cinchas, hacen dudar de vez en cuando a algunos señorones. Dudas que surgen del temor a que parte del “plan” se dé vuelta o a que algo no resulte como estaba previsto en lo pactado a ocultas de toda luz.

Sabemos por las noticias -entre otras cosas que también conocemos-, que el gobierno formoseño, forzado por latifundistas, niega los derechos de espacio vital a los tobas, los habitantes originarios, y decir esto significa decir que alguien alguna vez llegó, echó a los tobas, porque tenía la fuerza, el número, las armas, y decidió que esas tierras le eran propias por el designio de la prepotencia, y ninguna ley parece alcanzar para iluminar esta oscuridad.

Cómo escribir que un hombre nacido en esta tierra, en este siglo, no pueda disponer de un lote para morar mientras dure su vida, cómo llevarlo a la ficción no ficción, cómo traerlo a la literatura y darle una fuerte dosis de poesía al lenguaje que lo exprese, cómo lograr que no pierda en ningún momento la línea argumental y se transforme en un manifiesto, cómo hacer para que ese argumento tenga sentido. La respuesta está en Letra Marginal, que bucea en la “resurrección”, palabra comprometida y con una fuerte connotación social en los labios -en este caso, en la pluma- de Leonardo Herrmann.

Leonardo Gastón Herrmann

La estructura de la novela está fraccionada en 14 capítulos titulados, casi todos estos capítulos están divididos en subcapítulos solamente numerados y con acápites, mayormente pareados poéticos, creaciones también del autor. La poesía de estas citas se corresponden subjetivamente con la actividad poética de Herrmann, quien, además, todos sabemos es artista plástico, lo que hace que su palabra también dibuje mientras leemos. Si debiéramos trazar una correspondencia, diríamos que es impresionista por el modo con el que da una pátina de lírica a un tema tan flemático; diríamos también que es naturalista, porque sus diálogos son crudos, reales, vehementes; y podríamos decir que es sanguíneo, porque advertimos que en su íntimo fuero arde el lamento y florece la denuncia, como única salvación por el orden, dentro del desorden al que nos arrastra la vida.

No es “Letra marginal” una visión dramática de la vida, no; es una visión patente de muchas vidas, una visión real, no un espejismo, una visión que toma cuerpo a pocas cuadras de cualquier parte, y se manifiesta en estas hojas como pinceladas de indignación. Las metáforas que acompañan a muchos de los personajes dentro de Letra marginal, ayudan a celebrar la vida o, en todo caso, a insistir en ella.

 

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

 

8 mayo 2011 Posted by | LEONARDO GASTÓN HERRMANN, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , , , | Deja un comentario

DECORACIÓN O DESTINO, por Julio Bepré.

Julio Bepré

Es indubitable que el hombre es una entidad colmada de fines; continuamente se hace proposiciones y se encamina hacia algunas, rechazando otras tantas. La elección, dudas, y el sacrificio por algo que se pretende concretar forma parte de lo humano, y es advertible en ello la incidencia recíproca que tienen lo individual y lo colectivo. El fenómeno de la especialización es también una nota propia del hombre y apunta a sus numerosas necesidades: es por una libre decisión o compelido por distintas motivaciones, como se opta por realizar algo, lo cual estará a su vez determinado por las circunstancias vitales más inmediatas. De una forma elegirá (si es que puede) el mísero habitante de una aldea africana, en tanto corresponderá otra muy diversa a quien se encuentra inserto en una sociedad de consumo.

Hay distintas visiones, si no totalmente negativas, al menos escépticas sobre la sustantividad humana, y la historia abona tales estimaciones. Resalta la crueldad que se desplegó en el cercano siglo XX, y ni qué decir del ímpetu destructivo que envuelve hoy a toda la humanidad. Indudablemente hay conflicto, desconocimiento, negación y hasta rechazo de los valores atinentes al espíritu, de aquellos que sostienen la dignidad que corresponde a todo hombre como tal.

La religión, la filosofía, el arte en general y la poesía en particular, devuelven al viviente la certidumbre de que la existencia tiene un sentido trascendente y de comunión con el resto de los seres. El infierno son los otros, se afirma en una obra de Sartre, pero en ello existe una total aceptación de lo absurdo, del sinsentido, de la inanidad de un mero vivir sin ninguna referencia enaltecedora. Y si todo es así ¿qué resulta después? ¿Qué podremos crear, compartir o celebrar?

Si en la presente realidad del mundo no asoma una equilibrada bonanza, muchos hombres, sin embargo, con sus gestos y acciones nos recomponen en alguna medida de las carencias existentes, y entre ellas está la labor del poeta. Pero ¿qué hace este buen hombre? Nada menos que internarse a través del lenguaje en el misterio de la vida y su belleza, para así vislumbrar el núcleo del Ser y aprehender en consecuencia una razón valiosa y verdadera que explicite nuestra humana situación. Esto no implica pretender que la actividad poética suplante la relacionada con otros valores, y menos que sea la solución única que permita enervar la orfandad existencial;  el acto de poetizar, de intentar asir la poesía, implica un salto en el vacío del que no se conoce adónde puede terminar. Quien haya elegido la actividad poética como un recurso para el logro de notoriedad –y sin desconocer que todo buen poema puede avecinarla– ha errado manifiestamente en la opción a la que nos referíamos al comienzo. Afirmó James Joyce que nadie puede ser auténtico artista si no logra en algún momento librarse de la mediocridad ambiental, de los entusiasmos baratos, de las sugerencias maliciosas y de todos los aduladores influjos de la vanidad y la ambición (1).

No se trata de transformar al poeta en un asceta o en un ser diverso de sus semejantes; quien se sienta distinto se alejará aún más de la verdad, y sus resultados expresivos estarán teñidos de puro solipsismo y desconocimiento de lo real. El arte no es algo decorativo; es un desafío que conlleva y exige la plenitud cuando no el buen acomodo de una persona. El poeta debe asumir su rol de creador con la convicción de que hereda experiencias anteriores que enriquecieron el lenguaje del cual se vale, además de aceptar cualquier eventual éxito como una incidencia facticia. La historia acoge sobradas pruebas respecto a esta afirmación.  ¡Cuántos autores lograron apenas con suerte una exigua mención en los manuales de historia de la literatura! Los espacios de poder no son propios del arte y menos de la poesía, además de que ella –como lo expresara René Menard– no promete ni consuela de nada. Quien no acepte la fragilidad de cualquier creación, se engaña a sí mismo, y quien se desangra por obtener alguna distinción o merecimiento, necesita retornar cuanto antes a un conveniente equilibrio psíquico. Si bien el hombre es un haz de posibilidades, la intención de permanecer, de anular el olvido, de conjurar al tiempo, no depende de él, y quien no haya meditado esta evidencia tampoco lleva un rumbo acertado. El poeta no puede estar complacido por ser poeta; debe ante todo sentirse comprometido por ello y, muchas veces, con renuncia de las bondades que quizá provee una existencia más ordinaria. Además la poesía no distrae ni es una suntuosidad del espíritu, sino un intento máximo   para restituirle al hombre las excelencias quebrantadas por la civilización cuantitativa, mecánica y consumista, y de crearle otras nuevas posibilidades de crecimiento interior.

El poeta es un indagador, un buscador, un equilibrista en una cuerda floja, alguien que sabe que deberá alejarse de cualquier canto de sirenas, que debe en cada momento avanzar para acrecentar y prodigar su nobleza. El poeta no debe ser un buen hombre sino un hombre bueno porque la poesía no es decoración sino destino.

Julio Bepré

———-

The Day of the Rabblement, Dublin, 1901. (Cit. en El silencio creador, Federico Dellclaux, Rialp,Madrid, 1969) .

7 mayo 2011 Posted by | JULIO BEPRÉ, NOTAS | , | Deja un comentario

Revista Dársena Sur

POESÍA - NARRATIVA - ENSAYO

POESÍA UNIVERSAL CONTEMPORÁNEA

El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez. (Jorge Luis Borges)

SCA´Blog

Bienvenido a la pagina de Abre tus manos

Revista "La Quimera"

Espacio colectivo en donde el arte converge en una quimera.

elblogdelur

locuras, corduras, en fin... de todo un poco...

ESTATE UN RATO

Blog web multitemática

cristian sabau

allez, allez, revenez...

EPANADIPLOSIS

Libros - Notas - Comentarios

~El carpe diem en su mejor verso

"La inspiración te busca, deja que te encuentre aquí."

La letra pequeña crece

Cosas que se me pasan por la cabeza y que me atrevo a escribir...

La realidad alterna

Poesías, relatos, diario de sueños

DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia

Literatura en papel

Ensayos - Notas - Reseñas