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CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO, novela de Ricardo Rubio. Comentario de Carlos Kuraiem

Crónicas de un legado hermético

Crónicas de un legado hermético

Después de un largo período desde la aparición de su primera obra narrativa, “Calumex”, publicada en 1982, novela de ciencia ficción “que trata sobre la barbarie, la consecuente incomprensión y la traición entre los hombres ante un evento de características catastróficas”, hoy Ricardo Rubio nos entrega “Crónicas de un legado hermético”. En ella nos encontraremos con un gran número de personajes y de circunstancias que dan realismo a las acciones increíbles de la novela: científicos de todo orden, médicos, psicólogos, traductores, antropólogos, filósofos, que forman el equipo de investigación con el que se inicia la historia; también un obsesivo comisario de pueblo, el dueño de un lupanar que no es el habitual hampón que regiría ese ambiente, un grupo de comadronas de dudoso pasado, la hija sabia de un cacique y hasta un aborigen sureño de confusa tribu. Todo sucede y confluye en estas “Crónicas de un legado hermético”: lo ritual, lo científico, el revisionismo, la magia y la ciencia de la mano para llenar los ojos de la imaginación a través de un camino que se va oscureciendo a medida que se aclara, donde no faltan escenas de desorden y de pesquisas peligrosas con una contienda bélica, la de Malvinas, que no alcanza a la trama pero la acompaña como telón de fondo. El vocabulario es amplio y el juego de los instantes es frondoso, mérito del vasto conocimiento y habilidad del autor en el manejo del lenguaje. Se recorrerán tres tiempos que los lectores podrán advertir con claridad. No tan claras serán las largas tribulaciones del personaje principal, pero a ellas se debe su final iluminación. Los diálogos, sólo cuando son necesarios, son agudos y tendenciosos, llenos de suspicacias y juegos de seducción o engaño. Mientras Rubio iba escribiendo, corrigiendo y leyendo ocasionalmente a los amigos capítulos de esta obra, algunos fragmentos de la novela salieron publicados en la revista La Luna Que, con el nombre de “Las piedras maravillosas”, porque, precisamente, el nervio motor que la justifica, es el periplo de Lucio Ávila para conseguir las 25 piedras que forman un juego de relatos. Es un camino iniciático que, a diferencia de otras, llega a la cristalización: el personaje se ilumina. Por esta razón la novela tiene una médula esotérica y, en lo emocional, va de la tristeza a un final feliz que coincide, en este primer tomo, con el inicio de la democracia, después de “una década / en que la escondida / no fue un juego”. Treinta años pasaron de su primera novela y en todo ese tiempo Ricardo Rubio no cesó un instante de escribir y respirar poesía, de escribir y llevar a cartel doce obras de teatro -una de ellas estrenada en Madrid- y una obra de títeres; de prologar, reseñar y comentar centenares de libros, de emprender arduos trabajos de recopilación y selección reunidos en varias antologías poéticas, de elaborar los ensayos dedicados al gran poeta paraguayo Elvio Romero, contribuyendo desde el análisis y la crítica literaria en el rescate y valorización de la poética de Romero, exponiendo su palabra en congresos y recitales a la memoria del hombre de Yegros; otro trabajo que abordó fue el de la antología de poesía inédita y estudio preliminar de la poeta Emilse Anzoátegui, con quien empezó a frecuentar reuniones literarias en 1969. Ha dirigido varias revistas, destacándose La Luna Que y Tuxmil; con el poeta y traductor Antonio Aliberti dirigió la revista bilingüe (castellano-italiano) “Universo Sur”, que en sus cuatro apariciones difundió un número importante de poetas argentinos en Italia. Sobre su obra poética, Graciela Maturo ha escrito “La palabra revelatoria: el recorrido poético de Ricardo Rubio”; algunos de sus poemas han sido traducidos al francés (por Alba Correa Escandell), al italiano (por Antonio Aliberti), al ruso (por Andrei Rodossky), al gallego (por él mismo) y al catalán (por Pere i Bessó). Desde hace seis años, viajando juntos y compartiendo Festivales de Poesía y Encuentros de Escritores, lo he visto escribir en cuadernos borradores lo que el año pasado se concretaría con el nombre de “Minicuentos Grises – Aliteraciones, sonsonetes y otros juegos”, “escritos en un estilo de prosa ciudadana, muchas veces crítico, por momentos cruel, que se atreve a rozar el lenguaje de los bajos fondos y que mantienen en todo momento un alto nivel literario y conceptual. Son un dúctil muestrario de las bajezas y debilidades humanas, de las cuitas y vicisitudes cotidianas, de los deseos máximos y de los triunfos mínimos. Minibocetos del amor, la ira, la tristeza, la duda, la lujuria o la ambición, que no excluyen la crítica, la ambigüedad y la fantasía”. Trabajo al que ahora le sigue estas “Crónicas de un legado hermético”, libro al que le dedicó varios años y en el que, como todo buen narrador de novelas, no está afuera de la historia que cuenta, y es muy probable que quien emprenda el viaje de las crónicas, tenga que recorrer al mismo tiempo el itinerario literario y de vida de su autor, rico y apasionante como esta historia que nos relata; tarea minuciosa será la que realicen los lectores al intentar asimilar este particular modo de narrar de un autor tocado por la poesía, y rodear con sus brazos y comprender al enorme escritor dueño de las metáforas.

Ricardo Rubio y Carlos Kuraiem - Presentación de la novela Crónicas de un legado hermético Museo Etnográfico y Archivo Histórico Enrique Squirru 30-04-11 Azul. Foto: Nacho Correa.

En cierto modo toda novela es la suma de todos los libros o vidas posibles, y buscando una relación simbólica podemos decir que “Crónicas de un legado hermético” explora el reino de los primeros pobladores de estas tierras, el origen de ciertos nombres, que en sus páginas se asoma el Libro de la Comunidad y los mitos griegos y que algunos de sus personajes, desde su origen humilde, construyen sabiamente -sin que nadie lo note- la base de la fortaleza de la república, que es también una historia política -es decir una historia de amor-, la maravillosa historia de amor de Lucio y Noa, o ¿uno no le canta al amor y a la reivindicación de la justicia?, que este viaje es un testimonio del presente, un recorrido por las palabras vestidas con extraños follajes, donde no hay mayor identidad que ser uno mismo y donde los únicos recursos que tiene el escritor -una vez que entra al laberinto- son los de su ideación y su palabra, nadie puede invadir ese terreno y, en ese sentido, el escritor está solo con su arte de circunstancia. Se escribe por una misteriosa necesidad de manifestación, pero no se hace de cualquier manera, hay que buscar el cauce y lanzar la piedra que termina por consumir al propio escritor que llama a las cosas contra su nombre. A la literatura la define su intencionalidad: no tiene pretensiones de verdad; es verdad lisa y llanamente. No la “gran verdad” que hace estremecer al mundo, la verdad de lo que la letra dice en su comprensión racional. Una palabra conmueve, un párrafo más, un capítulo o poema transforman y una obra moviliza, impulsa a la acción.

Carlos Kuraiem

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4 mayo 2011 - Posted by | CARLOS KURAIEM, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , ,

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