EPANADIPLOSIS

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ARTE Y EXISTENCIA, por Julio Bepré

Julio Bepré

Es sabido que no existen dos seres que frente a una determinada situación respondan con sentimientos y percepciones idénticas. Éstas son en cada caso individuales y supeditadas a las circunstancia de cada persona y a los usos, costumbres y conformaciones institucionales que se manifiestan en la sociedad. Además la transmisión de intereses, vivencias o ideas –estas mismas líneas que algo pretenden enunciar– no podrán nunca tener una total precisión o complexión adecuada a lo que se ha deseado expresar. Seguramente cuando alguien profiere un auténtico Te quiero, esta afirmación llegará a quien se la destina menguada en su intensa plenitud y matices.

El hombre es una realidad no recluida sino dialógica; necesita de los otros para poder vivir, y esto que parece evidente, no es siempre asumido con la trascendencia que implica. Además aquel posee y es a su vez definido por el lenguaje, y ello le hace posible insertarse en un mundo que conlleva la comunicación en sus niveles coloquiales, discursivos o expresivos, la cual se condensa y ubica en forma residual a través de las generaciones.

No cabe duda de que el hombre es un peregrino afirmado en una estructura interrelacionada -cuerpo, alma y espíritu- la que a su vez se manifiesta con una implicancia unitaria (1). Precisamente la vicisitud actual por la que atravesamos ofrece la intrusión de concepciones cuestionadoras o desentendidas del espíritu; mas el hombre no es pura recepción de pulsiones diversas puesto que lo humano deberá afirmarse siempre en la evidencia de su libertad –sin desconocer el hecho de que ella suele estar aminorada y hasta negada por causalidades e imposiciones asaz perversas. Y es merced a su libertad como el hombre puede avizorar a los valores para aprehenderlos y realizarlos, aun en medio de la relatividad apuntada. Es que los vivientes estamos envueltos en dos incógnitas primordiales: “de donde” y “hacia donde”, y son justamente ellas las que motivan la busca de los valores (2).

No obstante esto, acaece siempre que todo se envuelve y presenta en realidades genéricas; precisamente a través del arte se podrán superar los márgenes de tal restricción. Un poema, por ejemplo, o una música o una pintura tendrá el laboreo y la base vivencial de quien la creó, pero la misma será distinta a la del lector, oyente o contemplador. Y esto resulta así porque la obra de arte extiende y multiplica los sentidos. Es en el encuentro y frecuentación con ella como se afinan y afirman las apetencias estéticas, sin que ello implique considerar necesaria la erudición para que ello ocurra.

El ser humano, pues, se encuentra implantado en una realidad axiológica: a cada momento debe responder a sus llamados aunque no esté totalmente consciente de ello. Por otra parte si la aprehensión de los valores estéticos o de cualquier orden fueran absolutos, no necesitaríamos de ninguna manera el arte. Quizá seríamos como Adán en el Paraíso antes de la caída; no existiría disminución alguna en la excelencia de una creación o percepción o sentimiento (2).

Si consideramos el hecho de que alguien se vanagloriara por su obra considerada por él como “admirable”, será correspondido sólo porque está lograda y no por aquella fatua creencia. Como lo hemos referido, no existe el logro humano perfecto: nos podremos acercar a una incompleta perfección la que no podrá investir la cualidad de una ouvre de totalidad trascendente.

Con gran acierto W. H. Auden afirmó que no es advertible nada peor que un poema –o cualquier obra artística– en el que su autor se embelese por considerar que ha creado algo de máxima entidad. Y lo citamos textualmente:

W. H. Auden

No hay nada peor que un mal poema cuya intención era ser grande (…). Ante el público alguien es un poeta si escribió un buen poema. Ante sus propios ojos, un poeta sólo lo es si está corrigiendo la última versión de un nuevo texto. Antes de eso era apenas un poeta en potencia; después es alguien que dejó de escribir poesía quizá para siempre(3).

Y corresponde destacar que en el caso del poeta, el mismo utiliza el lenguaje no en función coloquial (propio de la rutina diaria), ni discursivo (propio de la actividad científica), sino de una apetencia expresiva que implica un sentir, un querer y un pensar, en desafío con cualquier realidad adocenada. (Hemos consignado en anteriores reflexiones y lo reiteramos ahora, la profunda aserción de Eugenio Montale: El problema del poeta es arribar adonde ni las mismas palabras llegan). Por otra parte todo ser humano se encuentra constantemente requerido por la carga urgida de sus necesidades inmediatas asociadas necesariamente con la utilidad. Todo arte, en cambio, es en su esencia gratuito por lo que no conlleva ninguna intención práctica ni meramente lúdica y menos de superficial emotividad.

Las decisiones atinentes a las funciones superiores que distinguen a lo humano, exigen una adhesión total, lo que devengará, si ello ocurre, en un contento por lo creado y por lo que ello significa en el contexto social. Lo gratuito nacido de una creatividad auténticamente valiosa, parece a veces desdibujarse o desaparecer de la realidad que se vive. La tan mentada globalización, la inequidad social, y la indiferencia manifiesta que existe respecto del planeta en el que vivimos, no son fenómenos alejados de la consideración del artista, pues la atención en ellos genera mayor consistencia de su persona, esto es, en el centro de su espíritu.

A ello se agrega la inexorabilidad del tiempo y su advertible aceleración, y la espuria notoriedad que ofrecen los medios masivos de comunicación, que han generado un homo videns desmereciendo las potencialidades que la realidad brinda. Todo ello apuntala una banal transitoriedad alarmantemente extendida.

Y no es dable concluir nuestra rauda reflexión sin acentuar el entramado dialógico del hombre. Decía Paul Valery:

¿Quién esta allí?

Yo.

¿Quién es yo?

Tú.

Y ese es el despertar: el tú y el yo (4).

                                                                                                                                                                      Julio Bepré

______

(1) Tratado de filosofía, Johannes Hessen. Trad. de Lucía Piossex Prebisch, t.III, pag. 259, Sudamericana, Bs. As., 1962.

(2) La Risa, Henri Bergson, Trad.de Amalia Haydée Raggio, pág. 115, Losada, Bs.As., 1943.

(3) La mano del teñidor, W.H. Auden, Trad. varios, Adriana Hidalgo, pág. 61, Bs. As., 1999.

(4) Cit. en obr. ant. pág. 129.

23 junio 2011 Posted by | JULIO BEPRÉ | , | Deja un comentario

ALBERTO LUIS PONZO: ABRIR LAS PALABRAS PARA QUE EL HOMBRE RESPIRE(1), por Ricardo Rubio

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

La observación de una poética en particular tiene innumerables aspectos que deben ser considerados, pero tengo para mí que la época, la corriente y la novedad son las primeras vistas a tener en cuenta. Cada década suele exhibir cambios sociales, que por intensidad y novedad pueden caracterizarla, exaltarla o hacerla brillar más o menos que otra.

En lo cultural, y específicamente en lo literario, la década del sesenta, en Argentina, sufrió la inestabilidad institucional, coronada por el golpe militar de 1966 que dejó como saldo nueve mil desaparecidos y, hacia el final, la invasión de las fuerzas policiales en los claustros universitarios, dando como resultado una nueva devastación del ambiente cultural y académico, un ambiente que amenazaba con liberaciones estéticas, sociológicas y con mordiente crítica a través de la palabra escrita.

Esa mirada que el poder condena.(2)

Alberto Luis Ponzo publica su primer libro, Equivalencia en la tierra(3), precisamente en los inicios de esta década y adhiere a los manifiestos de la poesía social de entonces, razón por la cual se lo incluye entre los poetas sesentistas, a pesar de haber nacido en 1916 (tiene 94 años a la fecha de estas palabras) y que sus primeras obras tengan el substrato de las formas de los años cincuenta. A ese primer libro le seguirán muchos otros que hasta hoy suman cuatro decenas.

Equivalencia en la tierra es un poemario insoslayable, una obra franca sin los habituales temblores de algunos primeros libros, de cara al derredor y con un ligero acercamiento a lo conversacional, como venían alimentando algunas estéticas. No es casual que la cavilación sobre el ser y el proceder -característica sobresaliente de su hacer literario-, tenga la madurez y la hondura que sólo la experiencia, la constancia y la vocación consumada pueden dar. Es decir, nuestro poeta edita sus primeros libros sin presumir la impetuosidad juvenil sino un acabado que delata la pluma segura, aunque se permita juegos y malabarismos verbales que enraízan en su eterna juventud.

Equivales / al dorado contorno / que concentra los días de semilla, el creciente desvelo / del germen entre vientos y cielos fraternales, y de faena anónima y sombría. (4)

Miguel Ángel González, Ricardo Rubio y Alberto Luis Ponzo (1999).

Alberto Luis Ponzo es el poeta de la palabra calma(5). Acaso, para nuestra vocación comparativa, Juarroz -a quien preocupaba más el mensaje que la forma- fuera el poeta cuya lectura frecuentaba Ponzo por entonces, ora compartiendo parecidos intereses semánticos, ora por creer que la poesía era la extensión de la vida -el otro mundo y a la vez el más real-, por ser igualmente sinceros; pero sus perfiles tienen una carga emocional distante.

La realidad es una lámpara imprevista

dentro de un recinto secreto. (6)

El humanismo de Ponzo deja su acento más profundo cuando mueve las fibras desde la batería emotiva. Sus luchas de inteligencia se amplían a todo ser humano y a su porqué como plural de primera persona, aun cuando use la primera. Y sus inquietudes metafísicas subyacen como afluentes ocasionales a lo largo de toda su obra:

Cómo saber entonces dónde estaban / plegados los sonidos, la fría sustancia del ser, / la luz secreta del silencio abierto en el espacio. (7)

Del mismo modo, el tema social aparece en un plano más nítido, aunque le son constantes la claridad expresiva y la ajustada síntesis con las que logra elevar la materia poética, despojándola de fuegos artificiales.

Sobre la noche / ojos doblados / por los asesinos. (8)

Es así que su incipiente madurez se une a la juventud cincuentista que proponía esta estética breve y concisa, a modo sáfico, en oposición a las verborragias de otros cenáculos, como así también a los parnasianos aún supervivientes.

La reflexión abierta a la búsqueda del otro, del no-yo que autentica al sí mismo, tiene el fuero más importante en su producción literaria, compuesta no sólo de materia poética sino también por incontables notas periodísticas y varios libros de ensayos poéticos y sobre poetas; esta búsqueda, que en un primer momento atiende a la voluntad gregaria, a los deseos de compartir y de generar un fogón de amigos del arte, se hace nítida en sus versos, cristalina, juicios que cruzaron libremente por su percepción y que llegaron al papel sin necesidad del plumín de oro, pues su mirada fue clara al momento de la gestación, juiciosa, serena, imbuida de un optimismo temperamental que el lector no puede dejar de advertir y del que se contagia si su sensibilidad lo permite. Son los ojos de una bonhomía peculiar e infrecuente que destacan lo mejor de lo que observan, o lo delatan. Detrás de un poema la sangre se arrebuja manteniendo el hálito de un poeta, esfuerzo no poco conciliador con el despropósito de algunos embelecos que circulan en nuestro medio. Dentro de un poeta hay un traductor de sensaciones, de dudas, de visiones, de dolores, la experiencia que hace el acopio valorativo de venturas y desventuras, de aciertos y yerros analíticos, pero para que esos valores broten vivos en sonidos o palabras se le exige al poeta lo que rebosa en Alberto Luis Ponzo, la bondad, la comprensión, la entereza, la mano atenta, la generosidad y la calidad expresiva, la entrega a todo lo que se opone a la miseria, a la fatuidad, al envanecimiento; se le exige al poeta una correspondencia entre el ser que es y el ser de lo que hace.

…nuestros ojos intervienen / en la realidad más oscura…(9)

En este aspecto, la coherencia de Ponzo es absoluta. Hay un mensaje en sus notas periodísticas, verdaderas columnas de opinión y crítica (como cuando la opinión y la crítica tenían algo de concreto), diáfano, sustancioso, de la más loable intención para el bien común; y en esto se diferencia del resto, le sobra espacio en el corazón que otros llenan de pompa y fatuidad.

La palabra / en la lengua / de la poesía nunca sola / en la lengua / del hombre (10)

De todas las vanidades, la intelectual es quizá la más baldía ya que, de por sí, un rapsoda de este tiempo es menos que improductivo a la vista de la mayoría y no sirve al efecto pretendido por la vanidad, salvo sobre sus iguales. Nuestro poeta no ha caído en esas redes ni se ha dejado embelesar por la admiración -y muchas veces ponderación interesada- de numerosos cenáculos. Ha respetado aquello de primigenioque debe tener la poesía, el sentimiento auténtico del poeta ante cualquier circunstancia.

…De nadie es el espacio,

la música, el olor, las hojas de los libros

los metales más ciegos y las conversaciones. (11)

A lo largo de más de cincuenta años de poesía, ha ido despojando sus versos hasta la médula semántica, respondiendo así a una voluntaria preferencia estética, sin sacrificar su voz ni oscurecer su palabra. En una de sus últimas publicaciones, El Alba y otros poemas (2010), nos esntrega esta gema:

Florece la lejanía

sobre siglos de arena

entra por las ventanas

con árboles y pájaros

la casa

completa el universo

Espacios que se agrandan y la infinitud del tiempo en los primeros versos; a continuación, el desarrollo, el movimiento y la libertad, imágenes de la vida; y cierra con el derredor inmediato con el que estructura el todo. Es ésta una sintética revelación de identidad que se enlaza con muchos de sus versos, como aquellos que expresan: “…esta vida / … pasa por lo que veo / muere por lo que olvido”(12), en los que agrega, además, las situaciones de cambio por pérdidas.

No son éstas más que unas pocas anotaciones, retazos de un trabajo mayor, sobre el poeta Alberto Luis Ponzo, hito y ejemplo de la poesía argentina; una voz mayor cuyas profundidad y calidad marcan un largo derrotero que cruza generaciones sin perder frescura ni caer en la vulnerabilidad que propone el paso del tiempo. Ponzo abre las palabras para que el hombre respire.

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(1) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Literatura”, p60

(2) Ídem. “Buenos Aires”, p62

(3) Alberto Luis Ponzo: Equivalencia en la tierra, Ed. La Brújula, 1960.

(4) Ídem. Frag. de “La presencia”, p13

(5) Ariel Canzani D: Primera solapa de A puertas abiertas de ALP, Dead Weight (1969).

(6) Alberto Luis Ponzo: El poema, una visión, Ed. Flor y Canto, 1984. p21

(7) Alberto Luis Ponzo: Antes de las palabras, 1964, “2” p3

(8) Alberto Luis Ponzo: Poemas marginales, Ed. Zendal (Perú), 1972. “Trelew”, p15

(9) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Todo cuenta”, p56

(10) Alberto Luis Ponzo: Los dioses extinguidos, Dead Weight, 1974. “Palabra-Lengua” p19

(11) Alberto Luis Ponzo: Los viajes anteriores. Dead Weight, 1972. “Versailles”, p35

(12) Alberto Luis Ponzo: Antología breve. Araucaria Ed., (2008). p11

Ricardo Rubio

19 junio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, POÉTICA, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

Rescates: BORGES POR FELLINI

José Martínez-Bargiela y Jorge Luis Borges

Borges me comunica siempre una singular exaltación pacificadora a causa de su prodigiosa vocación de aprisionar, aunque sea por un instante, entidades tan ambiguas y enrarecidas como el tiempo, el destino, la muerte, los sueños, en operaciones mentales portentosas y refinadas, en mecanismos conceptuales poderosamente simplificados, libres de los oropeles de la lógica, de los juegos de equilibrio de la dialéctica. Sobre todo para un hombre de cine, Borges es un autor particularmente estimulante en cuanto a que lo excepcional de su literatura consiste en ser muy parecida al sueño, como una extraordinaria visión onírica al evocar del subconsciente imágenes innatas donde la cosa y su significado coexisten simultáneamente, exactamente como en una película. Y justamente como en los sueños, también lo incongruente de Borges, lo absurdo, lo contradictorio, lo arcaido, lo repetitivo, aún conservando toda su virulenta carga fantástica, son igualmente iluminados como los rigurosos detalles de un dibujo más amplio e ignorado, son los elementos impecables de un mosaico atrozmente perfecto e indiferente. También, Borges, me hace pensar en un flujo onírico discontinuo, y la heterogeneidad de esta misma producción —relatos, ensayos, poesías— prefiero imaginármelas, no como el fruto de los múltiples resortes de un talento impaciente, sino más bien como el signo sin descifrar de una metamorfosis infatigable.

Federico Fellini

Federico Fellini

17 junio 2011 Posted by | FEDERICO FELLINI, JORGE LUIS BORGES | , | Deja un comentario

LA HERENCIA QUE NOS DEJÓ EL VACÍO, por Carlos Enrique Berbeglia

A regañadientes, valga una expresión poco académica para el inicio de estas reflexiones, acepta la intelectualidad contemporánea que, ella también, como cualquier otro acontecimiento similar que afecte a los humanos, se encuentra sometida al imperio de las modas, fenómeno que parece haberse acentuado en el transcurso de los últimos años y que se extiende, del ámbito propio de la vestimenta y el arreglo personal, a la esfera literaria, la filosófica, la artística, la científica, contagiando incluso las actividades religiosas y las políticas y convirtiéndose, dicho sea al pasar,  en otra de las características que asume el dictamen del tiempo para mostrarnos su, todavía, tránsito indomesticado.

Carlos Enrique Berbeglia

Temporalidad que pareciera haberse acelerado; sus facetas, en nuestro caso los movimientos espirituales, acontecen cada vez con mayor rapidez y resultan, por lo tanto, más breves sus escenificaciones (no sé si, en aras de reemplazar esa exigüidad, resultan igual y paralelamente intensas sus influencias en los tiempos de inmediato adyacentes o posteriores o, estas últimas escenificaciones, contagiadas de esa brevedad, también se diluyen con similar rapidez).

Estilos artísticos, corrientes literarias, escuelas filosóficas, todos ellos asumiendo el espíritu de una época o confiriéndole su impronta, influenciándose mutuamente entre sí, acatando los requerimientos del más fuerte o rebelándose abiertamente contra él y, en esa insumisión, dar las pautas programáticas de un alumbramiento nuevo que sobrepasará sus fronteras originarias o morirá, tempranamente, comprendido en el rigor de su perímetro. Las denominamos sub o ante movimientos por hallarse, en el primer caso, sus propuestas conceptuales incluidas en la llave mayor del movimiento o ser utilizadas por éste, en el segundo, para arribar a sus fines programáticos.

Considero que el movimiento posee una mayor extensión (no necesariamente temporal) que una escuela, una corriente o un estilo, es expansivo.  El romanticismo, por ejemplo, superó, sin duda, los límites de una simple escuela literaria, abarcó la totalidad de una época y se propagó por el orbe occidental y, cuando ya languidecía en Europa, brillaba su juventud en América, ora incendiando los pueblos de revoluciones ora vibrando en las almas de poesía. Radica, por ende, la nota constitutiva del movimiento, en el arribo hasta en los vericuetos más insospechados de la cultura, característica que le permite asumir entre sus lineamientos aquellos propios de algún estilo, una corriente o una escuela contemporánea o anterior (los hechos que denominamos sub o ante movimientos) pero, también, improntar fuertemente en la historia de la cultura como para permitirle la configuración de una serie de representaciones –estéticas y gnoseológicas– capaces de trasmitirse a la  posterioridad.

Precisamente, el último gran movimiento de Occidente, estético-gnoseológico y hasta ético, fue el denominado posmodernismo que, aunque eclosiona a principios de la década del ochenta en Europa y Estados Unidos y se expande con la rapidez de un Tsumani a lo largo de una década y remonta sus orígenes a las propuestas arquitectónicas apenas anteriores reconoce sus antecedentes ideológicos en ciertos postulados teórico-filosóficos decinónicos. Riqueza de origen y rapidez de conquista que, sin embargo, se agotaran con la misma rapidez con la que se originaran.

Una serie de marbetes que acatan la práctica totalidad de los seguidores de este movimiento nos aporta sus características esenciales. Como arranque, la ruptura con la modernidad, acción que supone rechazar los aportes acumulados por el desenvolvimiento de la razón filosófica a lo largo de toda su historia y que, precisamente culminara bajo la égida de la filosofía moderna. Esta negación le permite postular un no vedado irracionalismo visible, sobre todo, en el abandono del interés por el encuentro del fundamento constitutivo de todo lo real, llámeselo Ser, Dios, Esencia o con cualquier otro epíteto que haya cobrado una cuasi sacralidad en la implícita historia paralela de la metafísica insta en el citado desenvolvimiento de la razón filosófica.

Metafísica que habrá de ser superada definitivamente vista la inutilidad de todo el esfuerzo llevado a cabo por Occidente para hallarle un lugar en sus epistemologías, sobre todo en las actuales, cuyos presupuestos teóricos niegan la posibilidad de una disciplina cuyos correlatos empíricos sean prácticamente inexistentes por la exigencia de sus parámetros, comprendidos en una cientificidad pragmática que no acuerda con los postulados de esa metafísica, fijada en sus  prerrogativas de constituirse en el fundamento de todo lo real, a partir de una serie de conceptos que la historia dejó atrás por obsoletos y que ella se empeña en mantener vigentes.

Los adherentes al posmodernismo arguyen también que ha de desecharse la exigencia de una verdad de alcance universal; otorgan, para ello, valía a  los discursos de las minorías étnicas basados en sus propias representatividades mentales, a las mociones de las  feministas o de los homosexuales que colocan en pie de igualdad con las de mayor prestigio, al estilo de las científicas o filosóficas, propuestas menos pretenciosas aunque igualmente dignas de hallarse en la tarima con las anteriores porque suponen la necesidad de un acuerdo, no en los términos, precisamente, de un lenguaje de pretensión universal, sino en la necesidad de consensuaraproximaciones parciales a la consistencia de la verdad, sólo accesible a partir de la particularidad grupal o social.

Por lo tanto, multiplicidad de representaciones, de una realidad sometida por los medios de comunicación masiva y por la cibernética a una virtualidad que la relativiza, en donde los simulacros poseen, prácticamente, los mismos visos que la realidad palpable por unos sentidos cada más sugestionados por la frecuentación de los fármacos que la vuelven tan evanescente como la que aparece en los pantallas de las computadoras, en donde las guerras    y la tragedia que suponen son avistadas con la misma liviandad que un evento deportivo y en donde los parámetros de comparación perecen en la liviandad de un mundo en donde todo da igual y los valores fluctúan sin solución alguna de continuidad.

Acontecimientos culturales comprendidos por un lenguaje propicio a un neonominalismo en donde, forzosamente, las palabras se independizan de los hechos a los que aluden y que polucionan, en consecuencia, la liviandad de ese mundo, de sentidos a los que rige un individualismo ajeno a cualquier propuesta que lo aleje de la satisfacción inmediata de sus alucinaciones tecnológicas, y en donde su constitución como persona  precisamente individualizada, valga la paradoja, desaparece en esta perentoriedad por acceder a las exigencias de un mundo que lo colma de las vaciedades que apetece y lo alejan del centro de su yo, inauténtico y, a la vez, desenfocado de ese mundo al que logra aprehender únicamente a medias.

Yo propio de un sujeto que se de-construye como si se tratase de un poliedro armado a las apresuradas y se multiplica en las facetas que le pertenecen a él tanto como al mundo que habita. Se trata de un individuo aislado, incapaz de comunicarse con el otro salvo en cuestiones preestablecidas, inarticulado, un triste pelele sometido a los vaivenes de un momento sociohistórico que lo domina a partir de la satisfacción de sus deseos, no los primordiales sino los incoados por ese momento aludido a los que necesita satisfacer so pena de caer en un proceso de insoportable frustración, en un contexto caracterizado por una religiosidad meramente formal que no le ofrece “contención” espiritual alguna y solamente preocupada por mantener sus prerrogativas  en medio de ese agnosticismo velado y generalizado.

Estilísticamente los coreutas de la posmodernidad se obsesionan por las expresiones fragmentarias, no por los tejidos de largas argumentaciones –no sólo porque la vertiginosidad del tiempo que sirve de sostén a la vida contemporánea las vuelve inapropiadas para acceder a sí misma– sino porque son las que mejores pautan la fractura mental del hombre que ilustran (o que, mejor dicho, determinan), levemente conciente del vacío el que transcurre su existencia, desprovista del consuelo que, anteriormente le aportaban los Grandes relatos (denominación que le aplican, substancialmente, a las ideologías), de cuya muerte se hizo cargo el tiempo final de la historia.

Una nota curiosa del movimiento de marras consiste en que tanto delata como fomenta los tópicos revistados porque resulta de las características de un mundo dominado por los sistemas comunicativos y en donde la sobreabundancia de recursos tecnológicos crean la falsa ilusión  de que todo es posible; asimismo, valiéndose de esos mismos medios, siempre comprendidos bajo sus preceptos teóricos y a la vez incentiva las predisposiciones ficcionales a las que tienden, naturalmente, los seres humanos, lo cual conduce a que, las experiencias de éstos acontezcan, casi siempre, bajo el amparo mixto de lo supuesto y lo fingido, en donde la realidad, en hechos decisivos como la muerte o cualquier otro tipo de desgracia similar, cuando arriba y destruye la burbuja establecida por la esquizofrenia, marca con precisión mordaz la distancia entre sus dictámenes decisivos y las apariencias expuestas en los simulacros.

La posmodernidad impregnó culturalmente toda la década del ochenta y los primeros años de la subsiguiente, y, poco a poco se fue convirtiendo en un recuerdo; hoy se encuentran incorporados algunos de sus hallazgos y prescripciones al saber popular y/o, como siempre sucede, considerados demodé por las clases cultivadas. De cuantos movimientos revistieran en el siglo pasado fue el más efímero y, por demás, dada su incidencia en los medios masivos de comunicación el más trivializado. El concepto-clave totalizador explicativo que lo sucediera, panacea de cuanta comprensión se pretenda de los acontecimientos que nos afligen a diario, fue el de Globalización, de extensión todavía mayor y cuya imposición soporta el mundo, al parecer, en su totalidad.

Durante el imperio del posmodernismo se dio en llamar sesentistas a cuantos, a contrapelo del tiempo vigente que se pretendía des-ideologizado e incontaminado de toda interferencia política, añoraban esas etapas anteriores del pasado inmediato en donde la utopía era posible y las revoluciones sociales iban a solucionar los males endémicos de la humanidad. Se los consideraba una rémora nostálgica de un ensueño que sería sepultado irremediablemente, cuyas ideas-eje no retornarían jamás a desempeñar algún papel definitivo en la palestra histórica, en concreto, un reservorio de ideas dignas de ser habidas en cuenta únicamente por los anticuarios.

Mas, ese tiempo que le fuera propicio también se convirtió en pasado, o mejor dicho, también trasladó al pretérito a la posmodernidad y, como reflujo, la nostalgia ahora tiñe con su halo melancólico a quienes, hasta ayer nomás, se burlaban de los sesentistas. La celebración de lo efímero como propio de la existencia humana revirtió, inexorablemente, sobre sus cultores, ya pertenecen al ayer, y, ahora recogemos su legado, donde los aciertos y los yerros conviven en plácida desarmonía.

Debemos a los posmodernos una rotunda aseveración: proclama la muerte de las ideologías (denominadas por sus cultores los Grandes relatos). Nada, sin embargo, más ajeno a los tiempos presentes: la Globalización, omnipresente en todo, explicación del todo y manipulación del todo se ha convertido en el sistema ideológico del economicismo rector del mundo contemporáneo. Parodiando al concepto Grandes relatos mencionaríamos como “Grandes Mentiras” al resabio que nos ha quedado de las doctrinas sustentadas, algunas propiamente por este movimiento, otras, anteriores, pero asumidas como verdaderas por el mismo. A saber “Dios ha muerto”, “El fin de la historia”, “La muerte del hombre”, El choque de civilizaciones”, entre las más notables.

Junto a la Globalización los Fundamentalismos dan acabada muestra de la persistencia de las ideologías; la “muerte de Dios” es un slogan que se viene repitiendo desde el helenismo tardío y profundiza el siglo XIX, habría que hablar, en su lugar, de “burocratización de la divinidad”, una metamorfosis que le permite  subsistir; en cuanto al “Fin de la Historia” la contundencia de la frase manifiesta un anhelo compartido por todos los Imperios que se consideran su cierre,  a casi veinte años de esta expresión, absurda, brilla hoy tan laberíntica e imprecisa en su futuro como siempre; “La muerte del hombre” sí es posible si cambiamos ese aserto por otro giro: “la muerte de la imagen tradicional del hombre”, al menos la que perdurara hasta mediados del siglo anterior, en ese sentido el “hombre” ha fallecido muchas veces desde que despertara a la conciencia de sí mismo, y, siempre, resucitó (salvo de la muerte natural que nos sobreviene individual y naturalmente y cuyo abismo desespera); al “choque de civilizaciones” lo denomino una falacia preformativa, esto es, organizar los acontecimientos para que ocurran tal como se los previó lo más cercano al  “Fin de la Historia” al que aspira el Imperio del Norte…)

En conclusión, una herencia demasiado cercana para que la disfrutemos, máxime si, entre sus bienes se destaca el vacío como uno de los más preciados…

15 junio 2011 Posted by | CARLOS ENRIQUE BERBEGLIA | , | 2 comentarios

Acerca de CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO, de Ricardo Rubio, por Fernando Sánchez Zinny

Crónicas de un legado hermético

¿Novela o embozado libro de memorias? ¿Imaginación o alegoría? ¿Realidad o símbolo? Como en otras tantas otras obras en las que busca dejar su impronta la generación de escritores a la que ha tocado compartir la vida argentina de la segunda mitad del siglo pasado, son ésas preguntas sin respuesta, extraviadas en el extenso y sugerente laberinto en que ha desembocado la literatura al periclitar los géneros y al dejar de tener sentido la demarcación precisa entre ficción e introspección.

Ricardo Rubio

En lo formal, Crónicas de un legado hermético, de Ricardo Rubio, es una consistente narración, escrita con cuidado y solvencia, llevadera y tranquilizante según las consabidas normas que suelen agradecer los lectores. En rigor, los lectores -este lector, al menos- no tenemos motivo concreto alguno para suponer que se trata de otra cosa; empero, como también somos parte de esa generación mencionada, inexorablemente compartimos su rasgo característico que es el de la sospecha. Atención: ¿qué es eso del vacío, de la falta de expectativas? ¿Qué es eso del camino hacia el conocimiento, ese goetheano “hacia más luz mis penas se consumen”? Y tememos de pronto, en medio del placer que el texto proporciona, hallarnos ante un espejo en el que están reflejadas nuestras apetencias, frustraciones, compensaciones. No se sabe en verdad de qué habla Rubio pero parece hacerlo de nosotros, con el agravante -que ése es el don del arte- de personalizar en yo, en tú, en él. Quizá sea así y eso nos molesta, nos incomoda, pero a la vez atrae, inquieta y halaga. Advertimos, entonces, que este libro nos representa un gran libro, de cuyo recuerdo será difícil prescindir.

Fernando Sánchez Zinny

Fernando Sánchez Zinny

6 junio 2011 Posted by | FERNANDO SANCHEZ ZINNY, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , , , | Deja un comentario

ACERCA DEL MINIMALISMO, por Julio Carabelli

Julio Carabelli

Osvaldo Picardo dice -en “partes mínimas y otros poemas”, libro de Esteban Moore-: “Cuando leemos este libro, viene, una vez más, la pregunta obligada acerca de cómo se forma, en nosotros, la idea de lo mínimo o, mejor aún, qué cosa no lo es. La manifestación de lo mínimo en una época de grandezas excluyentes y arrogantes, impone una nueva mirada en que la nimiedad de la grandeza se opone a la grandeza de lo mínimo”.  Es un excelente pensamiento para comenzar a dar a conocer particularidades de este movimiento poético que se puede sintetizar, a mi entender, en seis propuestas básicas:

1. Trabaja sobre lo marginal, sobre seres o sobre la propia marginación.

2. Inserta el diálogo o el parlamento e insiste en el verso libre como principio de libertad.

3. Cuenta una historia de la que surge tanto la queja, la denuncia, como la ternura.

4. Usa el lenguaje corriente, con los ritmos del lenguaje norteamericano.

5. Se apoya en elementos domésticos aparentemente antipoéticos.

6. Se basa en lo no dicho para crear el efecto poético posterior.

Esta propuesta atrajo a Joyce, Pound, D. H. Lawrence, Eliot, Williams, Stevens y Marianne Moore entre otros grandes escritores de esa época, pero fue la Segunda Guerra Mundial la que movió a los jóvenes poetas norteamericanos admiradores de Williams Carlos Williams, E. E. Cummings y Ezra Pound a admitir otra concepción del Hombre y de su propia sociedad.

Me permitiré decir que el minimalismo, como estructura, existió antes que naciera el minimalismo como  movimiento o voz de una generación, es decir, antes de que los poetas neoyorquinos y los californianos, se reunieran en San Francisco, en 1956, para la primera lectura colectiva y pública de su obra.

Allen Ginsberg

Allí y en ese año se funda lo que luego se llamaría la <Beat Generatión>” (Beat como equivalente de beatífico). Kenneth Rexroth fue uno de los mentores, pero los poetas fundadores de la poesía Beat fueron, entre otros, William Burroughs, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, James Harmon, Jack Kerouac, Philip Lamantia, Michael McLure, Peter Orlovsky, Kenneth Patchen, Philip Whalen y Gary Snyder, unidos por el afán de subversión ante el sistema y ante la hipócrita decencia de las clases altas y medias de la sociedad norteamericana.

En la narrativa se pueden mencionar no pocas obras de estos poetas. “En el camino” o “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac, “El almuerzo

Gary Snyder

desnudo” de Willian Burroughs y los cuentos de Raymond Carver. La poesía de los EE.UU. en el transcurso del Siglo XX se nutrió de la obra de Emily Dickinson, Edgar Allan Poe, Henry Miller, Herbert Marcuse, Federico García Lorca, Artaud, Mayacovsky  y Walt Whitman entre

Gregory Corso

otros. Los poetas Beat  los reconocen como sus padres y suman a Edgar Lee Master, autor de la Antología de Spoon River, a William Carlos Williams y al agnosticismo del budismo-Zen.

Jack Kerouac

Se diferencian de la poesía contestataria ya que al modelo de vida, planificado y masificado, lo critican con los mismos argumentos de la izquierda, pero sin ofrecer panaceas, soluciones o las esperanzas que proponía la poesía social de los sesenta:

“Yo no vine aquí a resolver nada. / Vine a cantar / y para que cantéis conmigo”. Dice Ginsberg en los últimos versos de “Medianoche del 1ro de Mayo en Manhattan” y en “Protesta por la Paz” reitera:

Kenneth Patchen

“Flotan cúmulos a través del cielo azul

 sobre las blancas paredes de la fábrica de la Rockwel

      Corporation

                           -¿acaso yo voy a detener eso?”

Con seguridad son los poetas sociales y los  beatniks los poetas esperados por Whitman cuando dice:

¡Poetas del futuro! ¡Oradores, cantores, músicos venideros!

No es éste el día de mi justificación, ni el de explicarme ni explicar lo que represento,

pero vosotros, una nueva estirpe, atlética, continental, grandiosa como nunca.

¡Surgiréis! Porque debéis justificar lo que yo canto.

Kenneth Rexroth

En 1961, en San Francisco, se publica el Journal For de Protection of All Beings, editado por alguno de “los vagabundos del Dharma” descriptos por Kerouac, como Lawrence Ferlinghetti, William Burroughs, Gregory Corso, Peter Orlovsky y Michael McClure. En dicha antología ya se hablaba de la interdependencia y la ecología. Los personajes de sus poemas son agudos analistas que anteponen el cuerpo de quien escribe por encima de las instituciones o espacios como la familia o la sociedad, asesinando censuras sin más autocensura que la dictada por el estilo. No reconoce ni se impone reglas, siendo puente entre el nuevo creador y su forma de decir que se proyecta y se lanza a la sociedad para denunciar la degradación de la belleza y la mentira de sueño americano.

Lawrence Ferlinghetti

Rodolfo Alonso, al comentar el libro “Desocupado y más poemas” de Raymond Carver, dice: “No es apenas la rebeldía encarnada en el gesto de oponerse en nombre del ocio presuntamente creador a la deletérea uniformidad masificante de la sociedad de consumo, sino el milagro de haber revelado, hecho posible desde las mismas entrañas de esa cultura básicamente a-poética y que hoy asola ya a todo el planeta, la posibilidad de un lirismo concreto, carnal, desinhibido pero tierno, a la vez tan desdichadamente moderno – por las condiciones anafrodisíacas que lo envuelven- y también tan raigalmente clásico, en el buen sentido, por cuanto vuelve y nos devuelve (desde su propio tiempo, como debe ser) a las fuentes del mejor lirismo occidental”.

Michael McLure

La crítica que surge en nuestro país hace hincapié (sobre todo) en el lenguaje desenfadado de esta escuela que tiene en la Argentina pocos, pero buenos representantes. No tiene el movimiento intención alguna de hacer “listas negras” de palabras que con el uso (ver Cortázar) han perdido hasta el significado, pero prefieren no usarlas.

Afirma Octavio Paz: “El universo verbal del poema no está hecho de los vocablos del diccionario, sino de los de la comunidad. El poeta no es un hombre rico en palabras muertas, sino en voces vivas. Lenguaje personal quiere decir lenguaje común revelado o transfigurado por el poeta. El más alto de los  poetas herméticos definía así la misión del poema <dar un sentido más puro a las palabras de la tribu>”. (El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).

Peter Orlovsky

Casi todos los poetas Beat parecen seguir lo dicho por Michel Butor contestando a André Bretón: “el objeto de la poesía, su acto mismo, es la salvación del lenguaje corriente”, luego recuerda aquellos poemas conversaciones de Apollinaire construidos con fragmentos de charlas oídas al azar. Ambos  tienen historias breves, coloquiales, incluyen objetos cotidianos, sus temas se sumergen en la marginalidad y el lenguaje es escabroso cuando no agresivo sin perder lo estético y el lirismo que caracterizara a Williams C. Williams.

Los poetas Beats, con su diversidad estética; con la carga de adjetivos que pasaban por el nihilismo hasta desembocar en la drogadicción; con esa

Philip Lamantia

filosofía que Kenneth Rexroth, refiriéndose a sus obras hablaba  de El arte de la desafiliación; con toda su independencia y su furia, participaron activamente con el Movimiento por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y en defensa de la libre expresión compartiendo con el Flower Poweer, el Movimiento Hippie y con los universitarios, o sea con el público que los aplaudía, la búsqueda de otros valores en ámbitos extraliterarios, coherentes con su arte que persigue claramente la modificación de los valores que imponía la sociedad norteamericana como inmutables y sagrados. Dice Marcos Ricardo Barnatán: “Jack Kerouac fue uno de los que asumió la defensa del movimiento Beat con mayor energía: <Muy errados están los que piensan que la “Beat Generatión” significa crimen, amoralidad, inmoralidad y delincuencia. Pobres los que nos atacan porque no comprenden la historia y las aspiraciones del alma. Pobres los que creen en la bomba atómica…>

Philip Whalen

Son los estudiantes de Harvard quienes en 1954 contribuyen a la publicación de los primeros poemas de Corso, en medio de las, a veces solapadas y en mayor medida, ácidas críticas que despertaba el movimiento que, sin proponérselo, daba otro sentido, una nueva imagen, de la que tenía entre la gente la palabra Poeta.

La historia se repite y nada nuevo sucede con los poetas de la <Beat Generatión> ya que antes había sucedido con los surrealistas, para no ir muy lejos con las muestras, pero la historia del arte está plagada de ejemplos. Todos aquellos que rompen con modelos instituidos o convencionales sufren esa inercia de la historia, ese rechazo ante lo

Raymond Carver

nuevo o desconocido ya que es parte de la índole humana y ese rechazo lo sufrieron, para citar algunos, Darío, Joyce, Kafka, Mozart, Picasso, Vallejo, y todos los creadores que innovaron, abriendo nuevos caminos, enriqueciendo el mensaje que la Humanidad traslada a través de la  Historia. Veamos algunos ejemplos que nos brinda Octavio Paz:

“La creación poética se enfrenta siempre a la resistencia de lo inerte y horizontal. Esquilo padeció la acusación de oscuridad. Eurípides era odiado por sus contemporáneos y fue juzgado poco claro. Gracilazo fue llamado descastado y cosmopolita. Los románticos fueron acusados de herméticos y decadentes. Los modernistas se enfrentaron a las mismas críticas. La verdad es que la dificultad de toda obra reside en su novedad”, (de El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).

William Burroughs

“El arte no debe sujetarse a nada” escribe Lawrence Ferlinghetti y los poetas <beat> teorizan, hablan de filosofía, de religión y de política; se involucran en la problemática de la sociedad que rechazan con un sentimiento místico y rebelde al mismo tiempo, y es que ningún escritor puede regodearse en el floreo del lenguaje manteniéndose ajeno a una realidad que siempre reclamará de él otro “posible”. Si lo hace es un cómplice. Y tampoco se trata de circunscribir la literatura a la militancia porque es perder la condición de escritor. Sartre, en Qué es la Literatura, escribía: ”En la literatura comprometida el compromiso no debe, en modo alguno, inducir a que se olvide la literatura”

Williams Carlos Williams

Los poetas de la “<Beat Generatión>” no aceptan convencionalismos e, inmersos en una sociedad politizada y mercantilista, rechazan a los partidos políticos. Si bien esgrimen los argumentos de la izquierda, ven al socialismo como un movimiento más en el cual descreer. Todo parece tan efímero como el arte mismo, y “tal vez lo efímero sea lo mejor del arte” agregaría Jorge Luis Borges.

Existe en nuestro medio poético, muy influenciado por la poesía española y en menor medida por la italiana o la francesa, una absurda descalificación de los poetas de la <Beat Generatión>  y de aquellos que, en nuestro medio, escriben (conscientemente o no) bajo su influencia. Es deseable pensar que tal vez las pésimas imitaciones, el uso abusivo y fuera de contexto de ciertos vocablos, contribuya en desmedro de los poetas minimalistas ya que cuando se habla de ellos se buscan subterfugios o se los “honra” con alguna justificación de por medio. Existen quienes desde el paleolítico rechazan ciertas palabras y hasta el verso libre (tal vez años ha hubieran rechazado a Baudelaire, Darío, Joyce o Vallejo) señalando que los poemas de estos creadores podrían escribirse en forma de prosa (como si ello restara mérito).

Ciertos críticos y muchos poetas deberían saber que a pesar o a causa de su marginalidad, estos poetas conocían la obra de sus antecesores y sus contemporáneos: las de Lorca, Artaud, Mayacovsky, Poe y Whitman como pocos. Ellos abrevaron de varias fuentes, rompieron y crearon, tal vez lo que no se les perdone es haber quebrado preceptos establecidos. Allen Ginsberg al hablar sobre Lamantia lo considera heredero de Poe y Whitman, por eso insisto en que hay ignorancia o suspicacia en determinadas apreciaciones. Los escritores deben estar abiertos a todas las vertientes por donde fluye el arte, las mentes amplias saldrán enriquecidas gustando de las obras o no, estando de acuerdo o no en lo conceptual. El rechazo o la excesiva prudencia ante lo nuevo es una actitud demasiado repetida, incomprensible en el campo del arte que es tan necesario como el pan; el arte libera y por lo mismo no debe sujetarse a la moda ni a la moralina reinante. Tal vez habría que hablar de Catulo o de Quevedo, pero bastante más cercanos los imaginistas decidían: emplear el lenguaje de todos los días. Charles Bukowski, (tomando al realismo sucio como una vertiente del movimiento minimalista) como otros, usa las mal llamadas “malas palabras” frase que puede servir para las escuelas primarias o como argumento a determinados/as versificadores/as amantes de tertulias en las que se multiplican la estrella, la rosa y la luna como el grano de arroz sobre el tablero de ajedrez. Todo arte es subversivo, no debe haber evasión por medio de la palabra, los escritores lo saben y luchan, intentado los caminos posibles o quiméricos, empleando o no un áspero lenguaje, para que la humanidad no tenga necesidad de usar las verdaderas “malas palabras” como lo son: Desocupación, Guerra, Hambre o Injusticia.

Julio Carabelli

Julio Carabelli

1 junio 2011 Posted by | JULIO CARABELLI, NOTAS, POÉTICA | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario