EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

ACERCA DE LAS “CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO” de Ricardo Rubio, por María Amelia Díaz

Crónicas de un legado hermético

Una crónica (del griego kronika biblos, es decir: libros que siguen el orden del tiempo) es una obra que narra hechos históricos en un orden cronológico. En la crónica los hechos se refieren en orden temporal y se define como una historia escrita por testigos presenciales. Podríamos decir, para resumir, que una crónica es una fotografía de lo que ocurre en la vida de las personas. La crónica permite conocer algunos eventos de la vida de las personas, con sus dichas y desdichas, alegrías y tristezas, fracasos y triunfos. Es, entonces, también un relato social, antropológico y psicológico de las personas. Simplificando, diremos que hay una crónica informativa, en la que el cronista se limita a informar, y una crónica literaria: un relato donde interviene la imaginación. Esta última es la que admite un lenguaje con uso intenso de adjetivos para enfatizar las descripciones y emplea verbos de acción, presentando referencias de espacio y tiempo.

Desde sus orígenes, la crónica tuvo elementos indudablemente ficticios. En mayor o menor medida, las crónicas estaban alejadas de la “realidad objetiva” y no respondían a una lógica de verdad sino de verosimilitud. De esta forma los cronistas comenzaron a utilizar algunos recursos de los relatos de ficción como diálogos, creación de personajes, descripciones de mundos imaginarios, etcétera. La literatura europea medieval fue muy proclive a este tipo de narración y tal vez el ejemplo más popular sea la Crónica del famoso Cid Campeador.

El periodista Manuel Bernal Rodríguez sostiene que los orígenes de la novela como género literario se encuentran en las crónicas: “se puede imaginar un hilo conductor que nos lleve desde la crónica histórica medieval pasando por la historia y los cronicones hasta las primeras manifestaciones de la novela moderna (libros de caballería)”, afirma al respecto.

Siguiendo ese camino hoy asistimos a la presentación de una nueva obra de este subgénero literario: “Crónicas de un legado hermético”, de Ricardo Rubio, cuyos atributos, lo veremos al leer, encajan perfectamente dentro de las características referidas, para darnos como resultado final una novela que atrapa al lector.

Todos los individuos nacidos venimos a este mundo a iniciar un camino, un viaje cuyo derrotero y duración desconocemos. Esto ya lo supieron los antiguos y Homero lo dejó escrito para siempre en la Odisea. Se trata del viaje iniciático y único, cuya finalidad pareciera ser el conocimiento de nosotros mismos; un viaje circular que empieza y termina en cada individuo.

Esto nos advierte la novela, ya desde el título, con la palabra “hermético” señala el lugar cerrado, el círculo:Naciendo y muriendo el círculo persiste indetenible y quieto. Cada punto es un movimiento y la inmovilidad”.

Ese viaje que, como dije, parte y termina en nosotros, será este trayecto-novela narrado desde un personaje principal, un oscuro profesor universitario que por aparente obra y gracia de la empatía heredará la casa y los bienes de un colega mayor. El episodio dará comienzo a la crónica de los hechos por los que irá transitando desde el descubrimiento de un plano escondido en el forro de una maleta que lo llevará a su Itaca, una puerta secreta detrás de la cual lo espera un recinto que guarda veinte piedras con extraños grabados en un idioma remoto y desconocido, el comienzo de  su odisea, el peregrinar en busca del resto de las piedras y las noticias que complementen el significado, esa extraña caverna que se abría o se cerraba ante mí”, enigma que tratará de descifrar guiándose por el diario íntimo de su benefactor: Nicanor Castro.

Ricardo Rubio

“Tal vez mis pasos empezaban torciendo el rumbo, esta vez hacia un destino fuera de toda previsión, hacia un universo insólito, dirá el narrador. E insólitos serán los momentos que lo esperan y cuya narración voy a omitir porque la dejo para el goce del lector.

Hasta aquí el argumento, pero el protagonista narrador nos dice: La impaciencia por devorar aquellas palabras me mantuvo inquieto en medio de la imaginería, del preconcepto, de las especulaciones propias del que no sabe nada…”, “Algo impredecible se ocultaba detrás del significado de los raros escritos…”

Se refiere a los petroglifos, a los extraños signos que han sido parcialmente descifrados y cuyo significado intentará interpretar, porque de eso se trata, si nadie recibe el mensaje, la comunicación fracasa.

Ha dicho Italo Calvino: “El hombre camina entre los árboles y las piedras. Raramente el ojo se detiene en una cosa, es cuando la ha reconocido como el signo de otra, una huella en la arena indica el paso del tigre”.

Todo texto que se precie esconde varias interpretaciones, como las catáfilas de una cebolla, los significados ocultos van apareciendo a medida que efectuamos lecturas más profundas que la primera, la del lector bobo. “La primera era casi superficial, una aproximación, una mirada a vuelo de pájaro sobre los asuntos y las intenciones, y la que habría la puerta a la verdadera lectura”.

A través de la novela y en medio de distintos avatares se va logrando el hallazgo de todas las piedras que conforman la colección en posesión de distintos individuos, y su búsqueda guía el periplo de nuestro personaje hacia el sur argentino, coincidentemente con la guerra de Malvinas.

Los signos impresos en las piedras, que se van revelando a lo largo de la obra,  conformaban el lenguaje de los kankaás -una civilización anterior y desaparecida-:  Una base de nuestro continuo, pero de ningún modo eran el pasado de nuestro pensamiento, esa lengua se revela superior y más avanzada que la nuestra:Hablamos idiomas demasiado conscientes, acotados por la superficialidad de los lugares comunes, que son ideas de otros” ya que expresa la materia, El suelo es la letra perfecta en la que el abnegado resume su saber y conocimiento”, dice la piedra 2,

A partir de aquí nos encontramos frente a una novela de vanguardia, tanto desde el goce de la lectura, como desde el mecanismo de la obra, “Crónicas de un legado hermético” se va construyendo como una metanarrativa, o sea: “un esquema totalizador que organiza y explica conocimientos y experiencias”, la metanarrativa será, por tanto, una historia más allá de la historia, que es capaz de abarcar otros “pequeños relatos” en su interior.

Así las inscripciones halladas en las piedras nos proponen otro recorrido, un recorrido semiológico, entendiendo la semiología como aquella ciencia de los signos que atiende los fenómenos que rozan la filosofía, la lingüística y la sociología.

El texto que se puede leer desde allí nos habla de otra cosa, de un lenguaje expresivo, propio de la literatura, nos habla del lenguaje esencial, el de la poesía, lenguaje que se constituye como la liberación de lo humano: “vivimos una época en que a dispersión de la coherencia es la bandera que proponen los poderosos, los totalitarios”El lenguaje tal como está limita nuestra superación. La poesía es sin duda la vanguardia del razonamiento humano, siempre crea nuevos sistemas de comunicación que no son comprendidos en su propio tiempo”.

¿Qué produce en el protagonista este hallazgo? ¿Qué nos produce a nosotros, lectores, esta lectura de un íntimo lenguaje? La respuesta se halla en la obra: la tensión propia de un ciego en una oscuridad desconocida o de un sordo en medio de miles de señales sonoras, una asfixia que era la ausencia de alguno de los sentidos adonde las estridencias de la calle no llegaban, pero sí lo hacían los gritos”.

Carmen Tulián, Omar Puptkin, los hnos. Diego, Yabo Numac, Nicanor Castro y el propio protagonista cuya identidad develaremos ahora como Lucio Ávila, se han encargado de ir descifrando este lenguaje que no es otro que el lenguaje poético, ese lenguaje que intenta ir más allá de los símbolos para buscar “las razones que lo encienden”. También este final lo dejo para el lector.

Han habido en la novela dos viajes, el viaje geográfico hacia el sur que confluye con el de Lucio hacia sí mismo, viaje que incluye la búsqueda de los petroglifos, su recorrido por el sur argentino y el hallazgo del amor. El otro es el viaje hacia las palabras. Ambos cierran el círculo común.

“Lo que llamamos comienzo a menudo es final y llegar a un final es empezar. El fin es de donde partimos. Y cada frase, cada oración lograda (donde cada palabra está cómoda y toma su lugar apoyando a las otras, la palabra que ni es apocada ni ostentosa, el intercambio natural de lo antiguo y lo nuevo, la palabra común, exacta pero no vulgar, la palabra formal, no por precisa pedante, el entero conjuro bailando en armonía), cada frase, cada oración, es fin y es principio, todo poema es epitafio Y toda acción es un paso hacia el tajo, hacia el fuego, hacia la garganta de la mar o hacia una piedra ilegible: y allí es donde empezamos.” (T.S. Eliot “Cuatro Cuartetos”)

María Amelia Díaz

María Amelia Diaz

Anuncios

11 agosto 2011 - Posted by | MARÍA AMELIA DIAZ, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , ,

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: