EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

EL COLOR CON QUE ATARDECE, poemario de Ricardo Rubio, por Alberto Luis Ponzo

Ricardo Rubio “El color con que atardece”. Tapa de la segunda edición (2004). Arte de tapa de Mónica Caputo.

 

Alberto Luis Ponzo

CONTRATAPA DE LA PRIMERA EDICIÓN por Alberto Luis Ponzo.

Si una breve apreciación acerca del trabajo poético puede parecer poco valorativa, al adelantarse algunas líneas expresivas o formas de mayor gravitación, en el caso de “El color con que atardece” sería arriesgada una tentativa de interpretación que no dejara lugar a las diversas experiencias  literarias de Ricardo Rubio (ensayo, narrativa, filosofía y teatro). Todo esto es lo que respalda, y acaso condiciona, la tónica de un libro que reafirma, no sólo una sostenida unidad poética, sino la presencia indiscutible de quien, con obstinación y  profundidad, ha dado el acento más destacable a una nueva generación.
Puede fijarse en los comienzos de la década del ochenta una patente renovación del lenguaje, con la visión de un mundo cambiante, cruzado de   conflictos, quebrado en sus ideales y en las mismas entrañas de toda representación como valor humano. Dentro de este marco “sentimos el corazón en la punta de los dedos”, escribe Ricardo Rubio;  “Inermes, nuestros brazos no retienen el alba”. O “nacemos para ir perdiendo la luz de las estrellas”. No abstante la devastación o el vaciamiento de los simples e imaginarios destinos del ser en este universo, puede haber salvación y, desde luego, un sentido mayor para todo quehacer artístico.
Ricardo Rubio se pregunta: “¿Dónde la magia, el sitio sagrado, el encantamiento? ¿Dónde ahora la belleza?” La respuesta está quizás no lejos de cada uno de nosotros. El autor de este libro, más allá de “Historias de la flor”, “Arbol con pájaros” o “Simulación de la rosa”, algunos de sus anteriores poemarios, abre aquí distintas posibilidades. Diálogos,  interrogaciones, a manera de una despojada búsqueda de  verdades absolutas, haciendo de “El color con que atardece” una obra, en esencia, ética y plena de imágenes reveladoras de una época donde el hombre “puede helarse de infortunio”.

                                                                                                                                             Alberto Luis Ponzo

COMENTARIOS EN CONTRATAPA DE LA SEGUNDA EDICIÓN:

Graciela Maturo

Graciela Maturo: No nos asombra que preceda al libro un texto preliminar con un epígrafe del Panchatantra. Toda la poesía de Rubio nos ha venido preparando para este encuentro con la sabiduría milenaria de los textos tradicionales. Ahora ve al hombre como el guerrero sagrado que cumple su destino de vértigo, lucha y amor. Reflexiona una vez más sobre las limitaciones de la raza, en la legitimación del saber poético, donde se encuentran sus íntimos personajes: el niño guerrero y el escriba nocturno. Estamos en la instancia que Martín Heidegger ha llamado Die Kehre, el retorno del hombre a su origen, y la vuelta del Ser al hombre. Me hace feliz dar la bienvenida a este libro de Ricardo Rubio y compartir la aventura metafísisca de su poesía.

 

Elvio Romero


Elvio Romero: Son estos versos de Rubio un diálogo con el destino, una canción a lo que la vida tiene de desolado, y hago suyo el acento de la musicalidad que casi no se encuentra en la poesía de hoy. El color con que atardece es uno de los pocos libros que reúnen la melancolía, la exhortación, la reflexión y la honda musa, y tanto puede ser cantado como estudiado. Héroe y escriba, joven y anciano, son circunstancias que tocan al hombre, al poeta o al hermano, un momento y un lugar que sirven a la metáfora para remontar el vuelo.

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Juan-Jacobo Bajarlia

Juan-Jacobo Bajarlía: Ricardo Rubio recrea los mitos, trata de ordenar el futuro como ese Tiresias de T. S. Eliot en “El sermón de fuego” de La Tierra baldía (III, vv. 218-220), o como ese Hanrahan de The Power (1928), de William B. Yeats, quien ebrio o sobrio irá por el alba para limpiar las lacras o las cenizas que alimentan a los humanos. La poética sonora de Rubio busca en la dimensión de esos seres míticos, que son el Guerrero y el Escriba, la elevación del hombre y la expurgación del cosmos, sabe que el mundo es un ser perecedero que morirá para rehacerse una y mil veces, como ya lo había intuido Zenón de Citio en el S. IV a. de J. C.

Juan-Jacobo Bajarlía

Ricardo Rubio

PRELIMINAR del poemario  (por el autor)

Tres tipos de hombres recogen
los dorados frutos de la tierra:
el héroe, el sabio consumado
y el que sabe servir.
Panchatantra, Libro I, sloka 45.

La vida no debería ser un simple entrenamiento físico para el tránsito, el trabajo y la final conquista. El niño que deviene hombre siente que su esencia de guerrero lo conduce hacia el vértigo, hacia la lucha y hacia la mujer. Un impulso primario de posesión alude a los elementos que la vida impone a sus individuos desde la oscuridad. El guerrero se desarrolla afín al camino y se perfecciona en la maestría de alguna especialidad, pero la presencia del niño en el núcleo de su ánima no desaparece, es el cimiento de un edificio que ha sumado altura con los años, son los  extremos de un mismo ser, distantes en tiempo y en templanza, que se bifurcan, que se dividen con una virtual cariocinesis que los enfrenta: uno, con las dudas y los deseos que la esperanza sembró en su alma; otro, con la sabiduría que el trayecto le ha ofrecido, roces a través de la niebla de la existencia. Así, el pasado intercambia ideas con el presente.
El racionalismo no admitirá jamás la idea de un propósito que invade las zonas más oscuras de la emoción, no validará una bilocación que atiende a la necesidad de aprovechar cada momento hasta el agudo. Convengamos que el niño guerrero y el escriba nocturno se encuentran dentro de una idea, en medio de un sueño que no pretende ser concepto ni metáfora —a pesar de las afirmaciones casi vehementes a lo largo del poema—, un lugar entre la tierra y el cielo. Ni el uno ni el otro aspiran a ser representaciones sensibles, sólo arrullan un sentido de oposición en cuanto a las formas de mirar y de sentir de un joven en vilo y de un anciano templado.
El hombre regresa al lugar de sus orígenes o muere solo. Su vida tiene algunas victorias y algunas derrotas, y con ellas, risas y lágrimas. Vuelve alguna vez al lugar donde nació y creció. Vuelve a la figura del padre, acaso él mismo, ya viejo y sabio. Esa doble identidad permite al mayor de los hombres el conocimiento absoluto del otro, pues no sólo lo contiene, sino también entrevé su devenir. Este conocimiento no otorga las ventajas que a primera vista parecen intuirse, solamente insinúa un remanso, un estadio de tranquilidad, cuando los recuerdos que vuelven al guerrero tocan los sueños del pasado. A raíz de la catarsis, cobra nuevas fuerzas y vuelve a las fricciones, como debe ser.

Ricardo Rubio

* “Mejor Libro del Mes” por la revista Daphne dirigida por Gustavo Soler (2003).

* Mención Especial Única de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, bienio 2002/2003 (2009).

* Segundo Premio “Ariel Bufano” a la versión teatral (El escriba nocturno), otorgado por la Universidad de Morón (2004).

 

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20 noviembre 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, ELVIO ROMERO, GRACIELA MATURO, JUAN-JACOBO BAJARLÍA | , , , , , , , | Deja un comentario

LA CHAT, de Susana Lamaison

Caligrama de Susana Lamaison

“Hay una gata sola en el Jardín Botánico. Tiene hambre. Tengo que alimentarla porque la gata tendrá muchos gatitos. Los gatitos serán las sonrisas de muchos niños, y los niños felices serán los niños seguros del mañana y el mañana dichoso será posible para este mundo que no advierte hoy que en el Botánico hay una simple gata sola que llora de hambre”.

Éste es el último poema de “Por la rama del paraíso(La Luna Que, 2002).

Las patitas de la gata son las iniciales del nombre y apellido de la autora:  Susana Lamaison.

 

Susana Lamaison

(Calligramme)

Se trata de un poema visual en el que las palabras “dibujan” o conforman un personaje, un animal, un paisaje o cualquier objeto imaginable.

El poeta Guillaume Apollinaire frecuentaba este tipo de poemas visuales a principios del siglo XX. La influencia de Apollinaire en la poesía posterior a 1918 supuso la creación de numerosos ejemplos en diversas lenguas y culturas.

El origen del caligrama se remonta a la antigüedad, y se conservan en forma escrita desde el período helenístico.

20 noviembre 2011 Posted by | SUSANA LAMAISON | , , , , | 1 comentario

“CIERTA FORMA DEL VIENTO EN LOS CABELLOS”, de José Miguel Junco

El 4 de noviembre, a las 20:00 horas, se presentó en Espacio Canarias (C/ Alcalá, 91, Madrid) el poemario “Cierta forma del viento en los cabellos” del poeta Pepe Junco. Acompañaron al autor el crítico literario y profesor de la UAM Rafael Morales Barba, el cantautor discreto José María Alfaya y el editor, poeta discreto Santiago López Navia.

Tapa del libro

 

LA POESÍA DE PEPE JUNCO, por Santiago Gil

La poesía de Pepe Junco se rebela todo el tiempo ante la estulticia y lo falaz, ante una realidad que pasa de largo por nosotros si no contribuimos a dotarla de sensaciones que nos mantenga vivos y atentos al canto de los pájaros o a la mirada del amor. El poeta no se aleja de esa cotidianeidad: la reinventa y se adentra en ella tratando todo el tiempo de encontrarle lo que sólo se asoma para los ojos con capacidad de encontrar los tesoros más ocultos. Incluso da lo mismo que no los vea. Si hay que escribirlos para que aparezcan, se escriben, y si hay que volverlos poesía, se vuelven poesía necesaria para poder saltar los obstáculos de lo prosaico y del lenguaje agresivo y trillado que sale de las televisiones y de las juntas de accionistas.

Santiago Gil

 

20 noviembre 2011 Posted by | JOSÉ MIGUEL JUNCO, PEPE JUNCO, SANTIAGO GIL | , , , | Deja un comentario

TRANSPARENCIAS, los poemas de María Angélica Cabanillas

"Transparencias"

ESCRIBIR ES UN ACTO DE AMOR AL PRÓJIMO

Cuando pensamos en las cosas que algunas personas deben hacer cada día como combatir incendios, defender sus derechos, llevar adelante intervenciones quirúrgicas, conducir por una autopista, pensamos: ¿qué otra cosa podrá haber más confortable que sentarse y oprimir suavemente algunas teclas, luego echar el asiento hacia atrás y contemplar el inicio de nuestra obra de arte?

Sin embargo quienes eligen escribir no solo han tenido que armarse de valor para vaciar su alma, sino que también deben enfrentar situaciones agobiantes, cuyas consecuencias, reales o imaginarias, pueden llevar a la angustia o a la muerte, en el más extremo de los casos.

Temor de los errores de la página en blanco, de expresar mal lo que se siente, de revelar lo que llevamos oculto, no recibir el aval de los lectores a decir lo prohibido, fantasmas que todo escritor enfrenta y que nos hacen pensar: ¿por qué no habré elegido ser el limpiavidrios de un rascacielos?

Sabemos que hay formas muy diferentes de encarar la poesía, y todas exigen la economía de la palabra y el ritmo. También sabemos que las palabras de un poema nos permiten penetrar en territorios cerrados o prohibidos al entendimiento razonado.

Juan Gelman dice que interrogar es una de las funciones de la poesía y dice también que “las palabras son como clavos, disminuyen y aumentan el corazón que clavan”.

Estamos aquí ante “Transparencias”, opera prima de María Angélica Cabanillas, obra donde entrelazado con ideas, pensamientos, vivencias y recuerdos, aparece un ingrediente no común en la poesía femenina: el erotismo. Pero veamos qué entendemos por erótico.

María Angélica Cabanillas y María Amelia Diaz

Ya se nos anuncia desde su acertado título ese difícil arte de mantenerse al filo sin caer en el mal gusto de lo que, confundido con el erotismo, sería simplemente obsceno.

Transparencia, lo que aparece a través, lo que se hace visible solo a través, al otro lado de. Hay un velo de palabras que nos incitan a mirar pero solamente nos permiten vislumbrar tenues sombras (Dama intrusa, pag. 51):

“Espesa bruma que empaña los días / Enhebrando las horas tras el vidrio opaco, la penumbra viene y se va.

La sombra repite su vaivén eterno

Dama intrusa… ¡soledad!”

Alguien dijo que el erotismo, palabra que deriva de Eros, nada menos que hijo de Afrodita, la diosa del amor como no podía ser de otra forma, alguien dijo decíamos que el erotismo es el sitio en donde el goce y lo prohibido habitan en una inquietante proximidad. Pero el eros no solo debe relacionarse con el amor y el sexo, el erotismo connota y denota diversos componentes de lo subjetivo y lo social, lo artístico y lo científico, canalizando la libido o fuerza o energía que según Freud, un individuo tiene que dirigir para lograr su individuación. O sea que el erotismo es nuestra fuerza de vida, de construcción opuesta al tánatos o fuerza de destrucción que también opera en nosotros. (Final…  pag.19)

“La bruma del crepúsculo cae / malva sobre la sombra / y acaricia la primera ráfaga del sueño. / Untada de lágrimas / y en el instante mismo que resbalo al olvido / la penumbra verde del amanecer / pinta profundas burbujas / que ascienden hasta mi cuerpo / cuentan el fracaso / que corroe la ropa y el alma / y me prepara / hacia el éxtasis de la tragedia.”

Por eso es que el erotismo se encuentra también en las religiones, la Biblia lo desarrolla profusamente en El cantar de los cantares, pero también aparece en los textos místicos de Las moradas de Santa Teresa, donde hay un erotismo sublimado que se dirige a Dios.

Por eso que este poemario nos propone una mirada introspectiva donde encontrarnos y encontrarse. Aquí la autora, María Angélica, ha probado caminos inesperados con la tremenda lucidez que le permitió avanzar gozando, abarcando en su totalidad el goce de escribir, otra forma del eros que nos permite mirar la realidad a través de los velos de la palabra, porque el erotismo que vivenciamos ha pasado a ser una afirmación ferviente de la vida que postulamos como valor de la existencia humana. (pag 97) “Quizá / los hombres fantasean DIOSES / para calmar la angustia de la existencia vaga… / Distancias / diferencias / simulan ocres / las realidades / demuestran lo contrario / (somos) / cada vez / más parecidas.”

Este último punto permite entrever un desfilar hacia la muerte, acompañados de belleza, tras el impulso del presente, en su instante infinito del placer y búsqueda de una desnudez fundamental que conviene al poema.

Bienvenido este nuevo libro donde fuerza y belleza se conjugan, bienvenido a enriquecer el mundo de la poesía.

Maria Amelia Diaz

María Amelia Díaz

 

20 noviembre 2011 Posted by | MARÍA AMELIA DIAZ, MARÍA ANGÉLICA CABANILLAS, POEMARIOS | , , , , | Deja un comentario