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EL HOMBRE DEL TRAJE A CUADROS DE DIEZ COLORES que Llegó en la Carroza de los Días Patrios, novela de Carlos Kuraiem

Quemar a Mister Black, por Ricardo Rubio

Carlos Kuraiem

El hombre del traje a cuadros…

 

Esta novela, El Hombre del Traje a Cuadros de Diez Colores Que Llegó en la Carroza de los Días Patrios, no simula la época que refiere ni los personajes que invoca y utiliza como abrigo estético uno de los primeros sistemas utilizados en literatura: el humor, la suspicacia, la ridiculización del drama, como ya lo fundara Aristófanes en la vieja Siracusa, aunque desde otra vereda ideológica, en la comedia burlesca de alusión.

La idea y la forma de la idea se funden aquí en un abrazo ético y estético, regalando a la posteridad lectora un panorama simbólico de la realidad social argentina de una época oscura.

En oposición, entre las muchas formas que Carlos Kuraiem podría haber elegido para la consumación de esta obra, optó por la ironía, la síntesis y la prosa poética; un sarcasmo solo inocente en apariencia -se me perdone el oximoron-, digo inocente porque la musa derramada a lo largo de los capítulos de la obra, incluso de los diálogos, suaviza una temática de fondo que solo podría hermanarse con lo siniestro, con lo atroz, con lo negro, tal vez por eso el autor dispone que el amo del poder se llame Mister Black y de vez en cuando lo apelen “negro”. Algo semejante había hecho no mucho tiempo atrás Manuel Scorza, el genial poeta y narrador peruano, autor de novelas inexorables como son Redoble por Rancas o Garabombo, el invisible. Scorza utilizó también el modo clásico: la división por capítulos, que por lo general relatan distintas escenas del mismo asunto o muestran acciones de distintos asuntos en virtud de un tema. Tenemos así varios cuadros o capítulos en El hombre del traje a cuadros…, como Los próceres, hermosísima conjetura con un fondo trágico, que es una alegoría o sumatoria de metáforas que podrían nutrir el mejor de los poemas:

Carlos Kuraiem

Carlos Kuraiem

“Parecen reales los hombres que hablan sentados alrededor de una mesa. ¿Qué mano los tramó? En sus labios inmóviles aún resuenan los ecos de sus voces muertas. ¿Qué se dicen? Puedo adivinarlo; hablan del pasado. ¿De qué otra cosa pueden hablar las estatuas?”

o Los cuadros de agasajo, que se realizan en Casa Negra, donde la imaginería se torna inagotable en sucesos y ocurrencias, sustentadas en la aguda picardía de los nombres: Mister Black, Oligarzo, Despotín, Monseñor Papirillo, que aluden al poder, a la regla, a los preceptos; Alto, Mediano y Bajo insinúan posiciones en el escalafón económico y cada uno es tratado según su altura; Plenipotente, Consejero, Eristos, motes que simplifican el texto al recurrir al común conocimiento del lector, quien además puede distenderse en una sonrisa; y otros muchos de menor relevancia que visten el cuerpo de esta obra notable tejida con este estilo tan poco frecuentado en nuestro medio.

Si bien, anunciada desde un principio, no podía estar ausente -como en casi ninguna novela lo está- la personificación del autor, que ahora se manifiesta como personaje: el Solista, músico interrogado por Mister Black, quien lo entrega a juicio y a los Retenedores, y a partir de allí se parodian varios pasajes de tonos más graves, que evocan, en cierto sentido, el monólogo de Segismundo, encerrado en su cárcel de piedra, en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, no por su clausura sino por la crueldad del destino.

Por un trecho no podrá distinguirse al autor del escritor:

“Algo así como lo que mueve las hojas de los árboles es lo que me mueve, pensé y partí con las manos llenas de viento y me hice una guitarra de flores con los recuerdos y pulsé los sueños y retomé el camino que nunca había dejado.”

El final, que no es propio sintetizar aquí, es un majestuoso pandemonio al mejor estilo ardiente de Max Frisch en Los incendiarios. Una obra imperdible por su ingenio, única en su registro y en su denuncia.

Carlos Kuraiem prometió continuación, y la merecería.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio


18 marzo 2012 Posted by | CARLOS KURAIEM, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

1. Las Ventanas de Alfredo Maxit: JORGE VOCOS LESCANO

VENTANA A LA POESÍA

Jorge Vocos Lescano

Jorge Vocos Lescano

La poesía es una criatura sólo palpable en sus producciones, los poemas. Como ocurre con  las cosas plenamente humanas, no se puede definir. Alejada cada vez más de la vida del hombre, sobre todo a partir de los comienzos de la industrialización,  jamás podrá, sin embargo, ser apartada del todo; sencillamente, porque ella responde a una necesidad antropológica fundamental.

Expresivamente, su tratamiento del lenguaje la distingue de cualquier otra construcción lingüística. Y no se trata, como erróneamente puede creerse, de una cuestión de escribir fácil o difícil. La poesía más sencilla será poesía, si quien escribe lo hace de una manera sugerente, metafórica,  y esto  sólo se alcanza con el uso poético del lenguaje, que no hay que confundir con el uso de los versos. Escribió hace mucho tiempo Horacio Rega Molina: Sé de versos que no son poesía/ como un montón de plumas no es un ala.

En este primer acercamiento a su ventana, un poema de Jorge Vocos Lescano, uno de los reconocidos poetas del siglo XX argentino, en el que, precisamente, refiriendo  ingeniosamente la imposibilidad de definir la poesía, nos la muestra en algunas de sus manifestaciones. Y lo hace con una forma de composición  llegada a nuestra lengua hace más de 500 años, un soneto:

 

LA POESÍA

Eres, por lo escondida y transparente
que estás en cada ser y en cada cosa,
como la fuente, sí, como la fuente
que aunque escondida fluye y es hermosa.

Pero también estás tan evidente
que la evidencia te hace misteriosa.
Y eres densa y te muestras como ausente
como la rosa, sí, como la rosa.

Como una y otra simultáneamente
para guardar tu esencia milagrosa
te vuelves una, siempre diferente.

Y cuando el alma llega codiciosa
te das en rosa si te busca en fuente,  
te das en fuente si te busca en rosa.

 

 

Creo que al  lector habrá de llegarle este  poema. Son muchos los elementos que confluyen en su hermosura: la fluida, necesaria  musicalidad, condición de todo verdadero soneto; la elección afortunada de dos imágenes que participan de lo cotidiano y del misterio al mismo tiempo –fuente y rosa-; el carácter metafórico de las mismas con ese juego de cercanía y lejanía que  las vuelve  ambivalentes, inalcanzables, como sucede con toda  esencia. Con la milagrosa de la poesía, en este caso.

Alfredo Jorge maxit

Alfredo Jorge maxit

14 marzo 2012 Posted by | ALFREDO JORGE MAXIT, JORGE VOCOS LESCANO | , | Deja un comentario

HISTORIAS DEL FIN, cuentos de Jorge Bach

HISTORIAS DEL FIN,
de Jorge Bach (Pinamar, 17/2/2012)

Historias del fin

Historias del fin, de Jorge Bach

Toda mujer u hombre, en algún momento de su vida, se hace alguna de las preguntas filosóficas elementales, si se me permite el exceso: algunas de las preguntas ontológicas elementales, aquellas que responderían el porqué y el para qué de todas las cosas, desde el punto de vista humano. Existe una enorme cantidad de libros sagrados, muchos de ellos escritos hace miles de años, en distintas latitudes y en innumerables idiomas, que demuestran que nuestra naturaleza a través de los siglos se ha preocupado por su conciencia de ser. Y acaso esa es la escritura: un intento de comprender, aferrar lo que sucede a través de la descripción de los sucesos, sucintamente y sin mentir: lo que nos sucede, apenas tergiversado.
Según el notable cuentista mexicano Juan Rulfo: “todo escritor que crea, es un mentiroso. La literatura es mentira”, pero luego sigue: “de esa mentira sale una recreación de la realidad. Recrear la realidad es, pues, uno de los principios fundamentales de la creación”.
Estas recreaciones de la realidad, estas Historias del Fin, de Jorge Bach, se ajustan a esa idea, la idea de la referencia de la realidad de un modo novedoso e inspirado, y puedo decir que ha logrado, dentro del espectro literario que conozco, dar también con los preciados caminos que todo autor busca con ardor: una voz particular y un estilo que lo caracterice, es decir, aquello que es lo más difícil de lograr cuando hablamos de arte. Él ha encontrado su propia voz, ha encontrado su cualidad.
Como no es oportuno adelantar en una presentación las tramas de los textos, me ceñiré de un modo general a esa pluma particular que Jorge Bach ha conseguido imprimir a su narrativa, y lo prueba con este, su primer libro editado.
Sería muy difícil hallar un antecedente del discurrir de estos relatos –cosa que es muy natural al momento de analizar una obra, es una obligación académica buscar comparaciones-.
Algunos pasajes, la ceñida síntesis de Historias del fin me sugirieron muy ligeramente una obra: Martedina, del italiano Giusseppe Bonaviri.
Martedina es una nouvelle o pequeña novela, también contemporánea y también muy recomendable, y cuya relación traigo a cita por lo ajustado del discurso que manejan tanto Bach como Bonaviri.
Pero no solo se trata de velocidad o de síntesis, también Mempo Giardinelli tiene en su narrativa muchos pasajes veloces, incluso Borges y Bioy Casares practicaron mayormente la síntesis, pero el modo en que lo hace Jorge Bach, el juego que utiliza para no decir lo que no quiere decir y para advertirnos que allí está lo que no dice, es único en el género.

Biblioteca Popular Manuel Belgrano, en Pinamar

Biblioteca Popular Manuel Belgrano, en Pinamar

No es raro que de este modo nos incluya en sus narraciones, nosotros, sus lectores, debemos estar allí para completar la historia con el oleaje de nuestra psiquis.
Cada cuento tiene de suyo la frescura de este nuevo milenio, frescura que se apoya en la agilidad discursiva y en un vocabulario variado que da forma a la exposición novedosa, que no solo se acomoda al tiempo en que vivimos sino también propone una nueva estética. Tenemos también todo lo que se refiere a los argumentos, donde lo cotidiano se convierte en carga esencial, intrigas que podrían haber sucedido o que pueden suceder; lo atractivo del imponderable, de lo inesperado, el misterio y los sucesos asombrosos, un juego donde las palabras son cómplices del ingenio: lo que en un momento nos parece atrapado por nuestra percepción se nos fuga, desaparece; lo que a cada paso estamos pensando que sucederá, finalmente no sucede o sucede de otro modo; y no utiliza la estrategia del engaño, habitual en los cuentistas tradicionales, no; en Historias del fin hay alusiones, alusiones de asuntos muy objetivos que componen alegorías donde la moraleja no se expresa, pero está allí, a muy pocos pasos.

Jorge Bach

Jorge Bach

El suyo es un estilo que yo llamaría “de reticencia”: por momentos solo se ve una parte de lo que el personaje ve y solo se sabe lo que el personaje quiere que se conozca, pues no delata sus pensamientos, o bien los delata, pero solo en parte. A veces no es el escritor quien narra, sino un personaje que se revela luego de avanzada la lectura.
En fin, más o menos de este modo aparece el formato narrativo que llamo “reticente”.
El lector no encontrará lugares comunes ni frases hechas que lo aten a la vaga generalidad ni a la consecuencia obvia. Considero muy importante este último aspecto, dado que el lugar común o la frase hecha no es sólo un elemento que se opone al arte sino también el que nos ayuda a distinguir entre un trabajo literario mediocre y otro de excelencia.
Un lenguaje cuidado, un tono formal y moderno, la novedad en el tejido de las tramas, las estructuras compositivas donde la realidad se cuadricula, gesticula, salta de un paisaje a otro; las frases ingeniosas, la ceñida síntesis, son los elementos que se ocupan de generar este estilo que llamo reticente.
Pero también en estas Historias del fin se manifiesta la responsabilidad filantrópica de Jorge Bach en su oficio de escritor, donde la familia ocupa un lugar preponderante, nos ofrece situaciones cotidianas, posibles, pero también las aparentemente imposibles, y las presenta con este nuevo cariz, con este nuevo estilo.
Y aquel que valora la entrelínea y la simbología, encontrará muchos tópicos con los que se acentúa el valor ético de estas narraciones.
No estaría de más expresar que Historias del fin cumple con todos los requisitos del lector exigente, habituado a las buenas obras, a las buenas lecturas.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

5 marzo 2012 Posted by | JORGE BACH, RICARDO RUBIO | , , , , | Deja un comentario