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Comentario sobre “Crónicas de un legado hermético” de Ricardo Rubio

Crónicas de un legado hermético

Crónicas de un legado hermético

Comentario sobre la novela

Crónicas de un legado hermético de Ricardo Rubio

                                                             por Diego García

Ante todo, Ricardo, fue un enorme placer la lectura de esta novela. Calculé tomarme una semana para ello y en sólo dos días la había terminado. Ahora que han pasado varios días más de reflexiones y relecturas, comparto con usted estas notas, una modesta lectura de su obra.

Uno de los temas es la poesía. La poesía en relación/tensión con el lenguaje comunicativo, y a su vez, la cuestión de la traducción como un acto que evidencia los límites de la lengua (pareciera existir en este punto la postulación de una lectura profunda posible de superar la materialidad de los signos para captar cierta esencia más allá de lo idiomático). Lo poético aparece incluso en la propia textura narrativa, entendido como una manera de mirar y de pensar el mundo; en frases como ésta por ejemplo: “Ahora sólo recuerdo su espalda achicándose tras la luneta de un taxi en la noche del adiós”. Para los Kankaás el lenguaje poético es la forma suprema de la comunicación y del pensamiento (evidente en la traducción de cada piedra): “La poesía es sin duda la vanguardia del razonamiento humano”. Creo que esta idea sostiene a la novela toda, y justifica tanto el periplo de Lucio Ávila como el de Ricardo Rubio.

Se nos plantea una lengua primitiva cuyo carácter lírico re-liga al ser con lo sagrado y a la escritura con un plano de sensibilidades superiores. El “lenguaje vegetal” es el único que podría nombrar lo verdadero, ya que desde nuestra lengua actual, como dice Yabo Numac, “no podemos nombrar lo sutil de lo sutil”. Lo simbólico emerge desde esta perspectiva (un bellísimo ejemplo es el episodio en que se explica la función del mito mediante la metáfora del romero), descubriendo un abanico filosófico que cruza, como puntos en una constelación, a numerosas civilizaciones a lo largo de la historia mundial; el símbolo es entonces parte de ese pensamiento que aspira a la totalidad (excelente referencia a Carl Jung al respecto) y que la ciencia no ha sabido abordar sin mutilaciones.

La guerra de Malvinas como trasfondo y las sensaciones naturalmente tratadas de aquellos años de horror son otro acierto que no quisiera dejar de mencionar. Hay una insinuación que nos permite asociar la degradación de la especie con la guerra y el materialismo. También, pareciera responderse al respecto que esta absurda destrucción es inevitable según el equilibrio de compensaciones que rige el cosmos. Y aquí la gran cuestión del círculo y el tiempo-movimiento. Lo circular como trayecto de escritura y como metáfora vital, al igual que las polaridades (femenino – masculino; Lucio – Noa; Kankaás – Koo-kás). Por ello, no podía terminar de otra manera la novela que no terminando. Esperaremos el segundo tomo con ansiedad.

Diego García

Diego García

 

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22 julio 2013 - Posted by | DIEGO GARCÍA, NOTAS, NOVELAS, RICARDO RUBIO |

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