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El Profesor de Ajedrez, novela de Victorio Veronese

FRAGMENTO DE “EL PROFESOR DE AJEDREZ”

EL PROFESOR DE AJEDREZ de Victorio Veronese

EL PROFESOR DE AJEDREZ de Victorio Veronese

La doctora mostró a los familiares de los talleristas, el tablero mural de ajedrez, con las piezas magnéticas, en el cual el profesor da las clases. Ella dijo unas palabras y le pidió al profesor que también se dirigiese a los presentes. Lo hizo. Lo aplaudieron igual que a la doctora.
Uno nunca debería curarse de una adicción, tendría que conservarla, protegerla, incentivarla y dinamizarla. En todo caso substituirla por otra. La cocaína por la computadora.

Al profesor le pareció que a la doctora le gustó que la aplaudieran.

Caminaba por Vicente López hacia el norte, mientras una chica rubia venía de frente hablando por el celular. Un muchacho rubio y alto, que avanzaba como el profesor, la atropelló. La chica se dio vuelta y le dijo: “¡Negro de mierda!”. A un rubio le dijo: “¡Negro de mierda!”.

Al profesor, a esta altura de su vida, no le importa que lo aplaudan o no.

La adicción a la computadora se podría reemplazar por viajes. Cambiar el paisaje virtual de la pantalla, por el real de las sierras de Córdoba o las playas de Pinamar o por puerto Madryn, con sus colonias de lobos marinos, o por algún pueblito de Calabria o de Andalucía, en verdad, por cualquier paisaje, porque detrás de cada paisaje está Dios. El profesor se declara ateo. Por eso tiene buena relación con Dios. No tiene ningún condicionamiento. No le teme. No lo ama. No lo odia. El creyente le teme. No puede haber una buena relación si el miedo está presente. Además, si Dios existiera, no le gustaría que le teman. El miedo es ajeno al amor, por lo tanto es ajeno a Dios.

“¡Negro de mierda!”, cómo se le puede decir a un joven rubio, “¡Negro de mierda!”. Esa chica, ¿creerá en Dios? El profesor piensa que sí. Esa chica está convencida que todos los que la empujan por la calle son negros de mierda. Bolivianos de mierda. Peruanos de mierda. Santiagueños de mierda. ¡Sargento Cabral de mierda! Dios, que todo lo ve, qué habrá pensado de esa chica que le dijo al muchacho rubio, “¡Negro de mierda!”. ¿Habrá pensado que se equivocó? ¿Y que todos tendríamos que ser blancos? Nada de negros, de amarillos, de mestizos, todos blancos, así habría un solo insulto: “¡Blanco de mierda!”, entonces la chica no se habría equivocado.

Victorio Veronese

Victorio Veronese

 

 

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La soledad del lector o lectora, con qué se va encontrar en El profesor de ajedrez, con las eternas preguntas del porqué del Universo y del ser humano en él, con un erotismo a veces violento a veces tierno, dulce,  siempre oponiéndose a Thánatos, porque Eros sabe que es el único que lo ofende.

Con qué se va encontrar la lectora o el lector de El profesor de ajedrez, con Arlt, con Borges, con Tomás Alva Negri, con Perse, con Jorge Smerling, con Henry Miller, con la Jelinek, con Videla, con Massera, con Allen Ginsberg, y tantos otros.

Con Maradona frente a Winston Churchill.

Con Bobby Fischer que escupe un telegrama que le envió el    Departamento de Estado… y con mi soberbia.

 

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26 julio 2013 - Posted by | VICTORIO VERONESE | , , ,

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