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CREACIÓN DE CUENTOS, por Enrique Anderson Imbert (1910-2000)

Enrique Anderson Imbert

Enrique Anderson Imbert

Sí, “el arte es creación, no imitación”, pero ¿qué es lo que el artista crea? Formas. ¿Qué clase de formas? Estéticamente valiosas. Sí, pero ¿qué es lo común entre las formas de la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la danza, el drama, la poesía, la narración? Lo común es que son formas simbólicas.
Es decir, que el artista, sirviéndose de diferentes medios -pigmentos, piedras, sonidos, cuerpos, voces, etcétera- se expresa con símbolos de una experiencia personal. Símbolos que, abstraídos de la mente, transfiguran la vida natural en virtual. La vida que se refleja en una obra de arte es aparente, ilusoria,
virtual como la imagen que se forma en los espejos.
El proceso de la creación artística no sale de la nada. Sale de una mente, y esta mente a su vez, ha sido formada por el cerebro, el habla y la cultura del creador. La creación no es espontánea, directa, efusiva. Arranca de una toma de conciencia, de la intención de objetivar la propia subjetividad. Este deliberado distanciamiento de la realidad es mayor en la literatura que en las demás artes porque se establece mediante la palabra, que es un concepto, o sea, una forma lógica. Aun en un poema las intuiciones por líricas que sean, aparecen estructuradas en frases con sentido lógico. En un cuento, que por lo general nos ofrece el espejismo de lugares, épocas, personajes y acontecimientos entretejidos en tramas complejas, las intuiciones poéticas aparecen siempre acompañadas por todas las funciones mentales: sentimientos, percepciones, fantasías, recuerdos, ideas, deseos. A veces domina ce domina el sentimiento, a vces la fantasía o la inteligenca y así. Los símbolos de la literatura representan una realidad ausente. De aquí que el cuento sea una
esfera autónoma, independiente del universo físico.
En mi Teoría y técnica del cuento intenté una definición:
“El cuento es una narración breve, generalmente en prosa, que por mucho que se apoye en un suceder real revela siempre la imaginación de un narrador individual. La acción -cuyos agentes son hombres, animales humanizados o cosas animadas- consta de una serie de acontecimientos entretejidos en una trama donde las tensiones y distensiones, graduadas para mantener en suspenso el ánimo del lector, terminan por resolverse en un desenlace estéticamente satisfactorio”.
Yo podría explicar cómo escribí tal o cual cuento (cada uno de ellos tiene su propia historia) pero cuando me han preguntado “¿cómo escribe sus cuentos?” mis respuestas fueron demasiado simples. He aquí una:
El esfuerzo narrativo, como el esfuerzo intelectual, se cumple en un movimiento de vaivén. Por ejemplo. De pronto me siento excitado por una intuición poética, un suceso, un recuerdo, un conflicto, un disparate, una anécdota o una lectura. Me interesa la crisis de una voluntad que no se decide a emprender cierto curso de acción o que, si ya se ha decidido, choca con obstáculos y hay que esperar hasta ver si triunfa o fracasa. A veces siento el deseo de desahogarme, de contrariar un lugar común o de dar un nuevo sentido a un viejo argumento. De este modo, con la imaginación excitada, de un salto me transporto de un problema a su solución. Es un viaje circular, pues en seguida regreso de la solución al problema para repetir el trayecto desde el punto de partida hasta el punto de llegada, sólo que en esta segunda fase ya no vuelvo a saltar sobre el vacío en un rapto puramente imaginativo sino que, con el lápiz en la mano e inclinado sobre el papel, abriéndome paso entre las palabras más adecuadas, doy a mi visión un cuerpo verbal. Es el cuento. Las frases del principio preparan las del fin; y desarrollo el medio con la estrategia necesaria para que el lector mantenga su atención. El desenlace tiene que ser una observación profunda, una sugerencia misteriosa, un dilema, sobre todo una sorpresa. Nunca empiezo a escribir un cuento si no estoy seguro de que el principio y el fin han de encajar perfectamente, con un ¡clic! El medio, en cambio, es lo de menos. Tanto es así que, en el proceso de la creación, los personajes, la época, el lugar, la atmósfera pueden cambiar; lo que no cambia es la intriga y su desenlace.

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23 octubre 2013 - Posted by | CUENTO, ENRIQUE ANDERSON IMBERT | , ,

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