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JETON KELMENDI, poesía kosovar en castellano

Jeton Kelmendi

Jeton Kelmendi

TRADUCCIÓN DE SU LIBRO “CÓMO LLEGAR A TI MISMO”

(“Si shkohet për të vet vetja”)  por Ricardo Rubio

Jeton Kelmendi nació en Peja, Kosovo, en 1978, allí completó la escuela primaria. Continuó sus estudios en la Universidad de Pristina y se recibió de Bachiller en Artes de la Comunicación de Masas. Completó sus estudios de postgrado en la Universidad Libre de Bruselas, Bélgica, especializada en Estudios Internacionales y de Seguridad. Terminó su segunda maestría en diplomacia y el doctorado en Política de Seguridad. Escribe poesía, narrativa y ensayos. Es cola-borador de periódicos albaneses y extranjeros sobre temas culturales y políticos, espe-cialmente en relación con asuntos internacionales. Se hizo muy conocido en Kosovo después de la publicación de su primer libro: “El siglo de las Promesas” (1999). Sus poemas se han traducido a numerosos idiomas y han aparecido en varias antologías internacionales. Es el poeta joven albanés más conocido en Europa. De acuerdo con algunos críticos literarios, es el genuino representante de la poesía albanesa moderna. Críticos y poetas escribieron sobre su obra. Es miembro de varios clubes internacionales de poesía y colaborador de revistas literarias y culturales, sobre todo en inglés, francés y rumano. Lo que vuelca en el campo de la literatura se basa en la expresión poética, la exploración del texto y la profundidad del mensaje, centrado en el amor a las letras y al verso elíptico, entrelazado con metáforas y simbolismos. Kelmendi es un veterano de la Guerra de Liberación de Kosovo 1998-1999. Actualmente reside y trabaja en Bruselas.

Como llegar ti mismo

Como llegar ti mismo

Se considera a Jeton Kelmendi uno de los más notables poetas de su generación y genuino representante de las nuevas promociones poéticas albanesas, es, por tanto, quien más ha trascendido las fronteras balcánicas. Es veterano de la guerra de liberación de Kosovo, como miembro de las Fuerzas de Liberación (Ushtria Çlirimtare e Kosovës, UÇK), durante 1998-1999.
Mucho se ha dicho de su poesía en los numerosos idiomas a los que fue traducido: simbólica, tridimensional, atemporal, original, tradicional, clara; adjetivos que en suma resultan paradójicos, ya que algunos se superponen y hasta combaten entre sí, pero, dados los casos, todos le son pro-pios y postulan de algún modo los múltiples caminos de su construcción lírica.
La realidad es que Kelmendi, con una semántica confesional, habla al oído del lector, se revela de un modo directo y trae fragmentos del pasado al primer plano de la obra, para hacerlos insepara-bles del presente y fundirlos con él, un presente a veces arbitrario y sombrío, sin que la lobreguez hiera los sentidos del ocasional lector, tal su delicadeza verbal, que espero se advierta en esta traducción. “Cómo llegar a ti mismo” es una obra emblemática de su poesía y de sus fervores.

PRÓLOGO A ESTA EDICIÓN por RICARDO RUBIO

Conocí a Jeton Kelmendi en la ciudad de Curtea de Argés, antigua capital del reino de Valaquia, Rumania, en 2014, durante las actividades de un festival de poesía cuya mayor virtud fue la de reunir poetas de distantes latitudes, lejanas por cierto de las que regularmente reúnen los encuentros de autores latinos a los que estoy más habituado.
Kelmendi es y ha sido un luchador en el amplio espectro de la palabra; es un ex-combatiente balcánico que enfrentó los vaivenes con los que las injusticias de turno ciernen a los pueblos, impidiéndoles la libertad y por ende la sonrisa; sobre este tema se explaya Richard A. Brosio en su prólogo a la edición en inglés, expuesto a continuación de éste; prefiero, por mi parte, comentar ahora el trabajo de traducción y algunas de las particularidades y características de nuestro poeta.

Kosovo

Kosovo

Sabemos que la traducción entre idiomas distantes, como son el castellano y el albanés, ofrece más dificultades de las que enfrentamos al versionar textos de lenguas romances entre sí, ya que, en cierto modo, a estas últimas el sustrato común del latín vulgar las reúne en particularidades.
He notado cómo el inglés, con su esgrima tendiente a la reducción de palabras, no supera a la enérgica síntesis albanesa, y algunas metáforas o alegorías deben trastocarse para ser llevadas de una lengua a otra con el fin de ofrecer la voluntad e intención del poeta. Reconozco en el idioma albanés alguna potencia secreta, acaso similar a la del idioma alemán, pero con mayores posibilidades de extracto.
Hice este trabajo desde la traslación inglesa, no conozco los idiomas balcánicos, razón por la que no me avergüenza haber recurrido al diccionario albanés cuando las versiones de los poemas al inglés se indefinían. Indefiniciones que, obligadas por la permanente idealización de los objetivos en los tropos de Kelmendi, debían muchas veces ser modificadas para dar el real credo del autor, con la tentativa de que fuera más fiel al pensamiento original y menor la “traición”; un arduo juego de textualidad, interpretación y adaptación, dado que el volcado de significantes por la simple traducción, respetando el orden de palabras, daría como resultado un disparate ininteligible.
Son tres los temas centrales que ocupan los primeros planos de “Cómo llegar a ti mismo”, a saber: el desarraigo (“patria”, “Albanica”, “Illiria”); el amor, acaso el más vasto; y el paso de los años. Otros, que considero subtemas, son los homenajes y remembranzas (“Gonxhe”, “Familia Dukaj”), algunos de ellos entrelazados también con el desarraigo, el amor y el paso de los años.

Jeton Kelmend (Kosovo), Dmytro Tchystiak (Ucrania), Ricardo Rubio (Arg)

Jeton Kelmend (Kosovo), Dmytro Tchystiak (Ucrania), Ricardo Rubio (Arg)

El tema del desarraigo se manifiesta como una nostalgia que magnifica los paisajes de la niñez, incluso trasportándolos a imágenes de un pasado de orgullo histórico, acercándose a personas y hechos que coronan su elección, citando a su familia original, a sus mayores y a los mayores de su patria.
El tema del amor ocupa un número superior de trabajos, amor que parece no ser siempre el mismo y en el que los encuentros de pareja se cifran en lugares distintos y distantes, como si no hubiera posibilidades de establecerse en uno y retozar allí —a la sazón, es en estos casos donde el espíritu volátil de nuestro autor une las pasiones amorosas con el tema del desarraigo—, en estas situaciones, los enamorados están siempre obligados a llegar a tiempo, a esperar una llegada, a partir en hora, a soñar y a la permanente añoranza.
El tema de la edad cronológica acucia a nuestro autor en varios de los textos que aquí aparecen, dicha etapa es conocida en nuestro medio como la crisis de la mediana edad, que describe un período de cues-tionamiento personal que se presenta al alcanzar la medianía etárea concebida como expectativa de vida, en la que, quien la sufre, suele presentir como una pérdida la etapa de la juventud y la pesadumbre de entrar en la madurez: lo cierto es que no se es un hombre viejo ni tampoco un joven que sueña volar. Acaso el poema “Amor, enséñame a amar” (pag. 54), posea una de las claves que sintetice por lo menos dos de los principales temas del libro.

El despojo de timideces a la hora de manifestarse es sin duda una de las grandes virtudes de Jeton Kelmendi, nos habla de cómo no evita la verdad ni los principales escozores de los sentimientos: nos habla de un poco de sal de amor, utilizando el símbolo sal en su perfecto ajuste: “tiempo”, un poco de tiempo en el amor sería su reclamo; de modo que puede advertirse, en estas pequeñas pinceladas, no solo la destreza sino también la sinceridad con la que comparte sus luchas de inteligencia y sus necesidades afectivas. Se vale para ello, además de la síntesis, de tropos comparativos y metáforas puras que suelen sintetizar en modo figurado la semántica de los primeros versos, otorgando además un “introito”, pues son esos primeros versos los disparadores de la idea que tratará en cada caso; estos tropos se intercalan en el fluir del desarrollo de los textos como una suerte de juego, donde se manifiesta una cuita y enseguida se la compara, se la troca, en metáfora o se la insinúa en una alegoría, tal es el caso del primer poema, que da el nombre al libro: “Cómo llegar a ti mismo”. Es, para los latinos, sin duda, una novedad, pese a que lo sintético, en nuestro caso, se acerca a lo críptico; no es así en Kelmendi, no encontraremos zonas tan oscuras que confundan los caminos de los propósitos, quizás las analogías, distintas de cómo las tratamos en nuestro idioma, nos propongan alguna dificultad. Para no equivocarnos, nos baste saber que el poeta tiene un lenguaje sin ambages, sin rodeos, sin segundas intenciones, aunque muchas veces alusivo; no busca engañar al lector con equívocos ni desea decir y ocultarse tras el muro de lo indescifrable; acaso sí nos exija un nuevo ángulo de análisis y comprensión desde donde abordar este modo de ver y decir.
Una obra poética como la de Jeton Kelmendi, por vasta y temática-mente abarcativa, genera un universo completo que por supuesto detenta sus propias reglas —y de eso se trata una pieza artística—, que se sustenta en una estructura orgánica aleatoria, que parece responder mejor a la potencia conceptual de los poemas más que a la unidad temática, como si las cuestiones no pudieran separarse o Kelmendi no quisiera separarlas porque no son “separables” de su yo, y se mezclan y superponen permanentemente; acepto y celebro esta voluntad, del mismo modo en que reconozco que los trabajos que más “siente” o con los que está más a gusto son los primeros de este libro, principalísimos poemas que justifican y autentican al poeta, muy comprometidos con la calidad ontológica del panorama emocional que presiente desde lo cronológico —no olvidemos que uno de los temas principales es el paso de los años—. Quizás éste es el motivo elemental por el que todo fenómeno artístico debe aceptarse con sus reglas, desde sí mismo, desde sus propias leyes, si es que se desean analizar sus razones de ser. Basados en este concepto, en la función del poeta en sí mismo y hacia sí mismo, accedemos a un espacio de concomitancia emocional, la Einfühlung(*), principio o semi-teoría de Theodor Lipps, formulando la proyección sentimental por amor y aunándola al amor todo por inferencia:

“Di una palabra más / en albanés / Dios bendiga Arberia / Enciendan una vela / que ilumine la patria / de Illyria / Esta es la primera vez / madre, que eres la luz en ti misma” ,  del poema “Viviendo más allá de ella misma” (pag. 18), donde se funden la luz de la Madre Teresa con el lenguaje albanés y con la patria histórica, tres amores reunidos en el segundo poema del libro, que liberan la sentencia de lo que se espera en el recorrido de este periplo poético. A partir de allí, una suerte de panorama histórico de la región, un paisaje interior que evoca al verdadero, el recordado, lo que en él se ha vivido o se quisiera vivir, y luego los temas de amor, intercalados con vestigios de lo anunciado. Todo un viaje por la savia y el saber de Jeton Kelmendi, un recorrido que propone un espacio de belleza, un solaz con la música de las palabras y numerosas alusiones a la actividad de un poeta.

Ricardo Rubio
Buenos Aires, Argentina, 2015.

POEMAS DE JETON KELMANDI

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Cómo llegar a ti mismo

Atravesando países
cruzando campos, montañas y mares
todo lo que hay
en el mundo
como un viajero acompañado
por la noche y el día, nuestros amigos,
pasé los minutos de mi vida
hasta encontrarte
Hey
Qué estás haciendo aquí
Cada vez que entro
a mí mismo
te encuentro
en cada encrucijada
en tus signos
en mi propia
luz verde
Tus ojos brillan en el cielo
Mi viaje
fue muy largo
a través de caminos
que solo yo puedo transitar
Los crucé con rapidez
mientras me orientaba
con tus signos
Hey
Hombre extraño
qué hora es
qué fecha es hoy
sabes el mes
el año
Es un buen año

Cuando pasé la ruta
llamada EGNATIA(1)
dos damas
estaban esperándome sentadas en la hierba
Una se presentó
como el sol
la otra como la luna
Cuando me acerqué
otra vez, tú eras
la primera dama
la segunda
era el amor
la luz de la eternidad
Hablamos durante largas horas
de las cosas que importan
y nada de tonterías
Cómo vaciamos
arroyos de palabras
Hasta que pensé
que éste era seguramente
un mundo mágico
Y partí para retornar otra vez
a mí mismo

Guiándome a través de esos signos
justo a medio camino
del regreso
me invitó un hada de montaña
A medida que nos acercábamos
uno al otro
mi temor crecía
Le rogué
que me ignorase
Solo soy un caminante
y estoy volviendo a mí mismo

Con suavidad
me bendijo desde la tierra
y el cielo
Incluso me pareció una voz familiar
Hey, milagro
aún aquí emergiste ante mí
Se hace tarde
Seguiré mi viaje
Es posible que llegue mañana

Quién
pudo llegar tan lejos
le pregunté al poeta que apareció
mientras intentaba mirar
lo que no veía
Y con la suavidad de la mañana
llegué
a la puerta del espíritu
Dos rayos me esperaban
Hey, hombre
Nos encontramos otra vez
tú y yo y mi princesa
Ahora debo aceptar
que estás dentro de mí
Ambos somos yo
Tanto viaje
para llegar a ti mismo

Paris, 28 de marzo de 2009.

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Viviendo más allá de ella misma

“Tener fe significa vivir… La fe es la única cosa que es nuestra en todo sentido.”
Madre Teresa

Hoy ha llegado a sí misma y vive con los Ángeles
JK

Durante los años
de aquel gran pasado
una maravilla albanesa vivía más allá de sí misma
con dos almas
una para Dios y otra para la humanidad

Ella fue como una flor abriéndose -Gonxhe-(2)
y una pequeña Calcuta
Fue más albanesa y aun más luz
para la humanidad
Ella oró y fue parte de las
oraciones
Ella oró y fue
Iliria
en rezos
Nuestra Madre Teresa
En 1978 la paz te llamó
Madre, en ese año
vine a este mundo

Hoy
cuando necesito amor propio
parto para Kruja(3), el hogar de los Kastriotas(4)
y recurro a Gjergi(5)
Cuando necesito una estrella
del universo
camino hacia la cresta del Sol
y recurro a Rugova.(6)
Nuestra Madre Teresa
con tu bendición he caído y
me he levantado
como un dardaniano(7)
Los ángeles que viven en el cielo
sonrieron y esperaron
tu gran despedida
enorme despedida
En todos estos años
la patria se estuvo preparando
para otro día
llamado Albania
Sigue orando por la humanidad
por los niños sin hogar
por tu sagrado Suelo
que se llama
ILLIRIA(8)

Pasaron muchos años
desde que te fuiste
y otros vendrán
hermosa flor, Gonxhe

Dijo Kadaré(9):
“Conozco una palabra de piedra
la aprendí en Shkrel(10)”
Tengo un palacio de sueños en algún lugar
y ahora
puedes bendecir los restos de Prekaz(11)
y en la ciudad de Gllogjan(12)
podemos ver los antisueños en los ojos

Nuestro padre en el cielo
está mirándonos con simpatía

Di una palabra más
en albanés
Dios bendiga Arberia(13)
Enciendan una vela
que ilumine la patria
de Illyria
Esta es la primera vez
madre, que eres la luz en ti misma

Todos saben
que el pasado no es envidiable
para nadie
sólo cuando tú estás allí, madre
es maravilloso llegar a él

Incluso Jesús conoció a los albaneses
pero la tormenta nos llevó lejos
Qué se puede contra un oscuro destino
cuando los vecinos son así
Tú has vivido más allá de ti
ahora has llegado
y vives contigo para siempre
junto a los ángeles

Tráenos hoy nuestro futuro
Ruega por nosotros, madre, una vez más
porque diciembre es aterrador para mí
y no sé qué es lo que veo

Sospecho que la Primavera retrasa su llegada
antes de aplastar el frío de Dardania
Dardania
No te olvides de los cuatro pedazos separados
Madre, eres nuestro nombre brillando en el cielo
y en la Tierra.

   Bruselas, diciembre de 2007.

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Una vez los días partirán

Cómo decirte una palabra
una mía, suave y cálida

Siempre detrás del bien
deberíamos hablar bellamente

Para qué son importantes a nuestra edad
las opiniones que no ayudan

Debajo del cabello, sobre las cejas
está apareciendo un amor
Bajo la tranquila sombra de los árboles
sacudí las venas del pensamiento
Los días se irán en un momento dado
desde el principio

.

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Señorita Palabra y Señor Pensamiento

1

He hablado bastante
en modos distintos
y con mucho optimismo
señorita
Espero que no te ofenda lo que digo
Al final éstas son solo palabras
de poeta
y ya sabes que se me permite
desnudar los pensamientos ocultos
de cada parte que pueda ser desnudada
y vestirla del modo en que pueden vestirse
con los trajes que yo prefiera
en cada parte desnuda
O
si para ti es suficiente
que te diga te amo
que es lo que todos dicen a cualquiera
como un marido a su esposa

Señorita
siento disentir

2

Y qué si
el pensamiento no tiene valor sin la palabra
o la palabra
nada significa sin la mente detrás
Eres tan querida
tú eres la señorita palabra
y yo, el señor pensamiento
Así es cómo siempre lo vi:
yo contigo y tú conmigo
Incluso veré esta fórmula de amor
en todas partes
si es que se sobrevive
a la modernización

De modo que
eres preciosa, Señorita Palabra
cuando el Señor Pensamiento
te da el encanto

3

Sigamos entonces
Reunamos nuestras fuerzas
porque el silencio
mira con ansiedad
lo que nos pasa

Pero no te preocupes
Señorita Palabra
Quiero darte un beso
sólo uno
porque no sé como sería
un segundo y un tercero

Dejemos que la libertad viva libre

Dejemos
que la palabra
y la mente
digan lo que deseen

Yo ahora
quiero mi primer beso

NOTAS:

(1) EGNATIA: La Vía Egnatia (en albanés: Rruga Egnatia) fue una vía construida por los romanos alrededor del 146 a. C. para unir las diferentes colonias romanas desde el mar Adriático hasta Bizancio. Se extendía por las provincias romanas de antigua Iliria, Macedonia y Tracia, atravesando la moderna Albania, República de Macedonia, Grecia, y Turquía.

(2) Gonxhe: Agnes Gonxha Bojaxhiu, Madre Theresa.

(3) Kruja: Krujë, es una ciudad de Albania, capital del distrito del mismo nombre.

(4) Kastriotas: Apelativo adoptado por los albanos a partir de la rebelión contra los turcos (1433).

(5) Gjergi: Jorge Castriota (en albanés: Gjergj Kastriot), más conocido como “Skanderbeg” (1405 – 1468), caudillo de la resistencia contra los turcos. Su sello dio origen al escudo albanés.

(6) Rugova: Ibrahim Rugova (1944-2006) fue un político de Kosovo, presidente de esa región independiente hasta su muerte, y líder del mayor partido político del territorio.

(7) Dardaniano: Hombre nacido en la antigua Dardania, país que abarcaba el sur de Serbia, Kosovo), el norte de Macedonia y el nordeste de Albania.

(8) Illiria: Territorio que hoy forma parte de Croacia, Serbia, Bosnia, Montenegro y Albania.

(9) Kadaré: Ismaíl Kadaré (n. Gjirokastra, Albania; 28 de enero de 1936) es uno de los escritores albaneses más notables.

(10) Shkrel: Región y tribu históricas del norte de Albania.

(11) Prekaz: Prekaz i Epërm, ciudad de Kosovo.

(12) Gllogjian: Ciudad del sur de Serbia.

(13) Arberia: Arbër or Arbëria, primer estado albanés durante la Edad Media.

24 mayo 2015 Posted by | DMYTRU TCHYSTIAK, JETON KELMENDI, RICARDO RUBIO | , , , , , | 1 comentario

El misterio posible El misterio posible EL MISTERIO POSIBLE, de María Elena Rocchio

El misterio posible

                                                            Por Ricardo Rubio, SADE, 24/4/2015
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Durante su derrotero, la vida insinúa caminos de todo orden: caminos a ser tomados, caminos a tener en cuenta, caminos insinuados, caminos que elegimos o no; los caminos no son misterios, el verdadero misterio es la vida, el misterio posible, como nos sugiere María Elena Rocchio desde el título de su nuevo libro de poemas, razón por la que en la primera parte del poemario cita a Jorge Calvetti, que concluye diciendo: “Estás en la vida, en la santa, sana, sagrada Vida, en la que todo es posible.”
En las fricciones del camino elegido, o que nos fue elegido, es menos frecuente la risa que el lamento; esta desigualdad nos compele a comportamientos de gama infinita y al dramatismo necesario para la elaboración del arte que, como válvula de escape, nos libra de la intensidad de algunas pesadumbres. María Elena Rocchio construye con estas intenciones, ciertas y sinceras, su cosmogonía, el orden que ha dado a su modo de ver, a su “razón ardiente”, al decir de Graciela Maturo, y las reglas que ha impuesto en ese universo, ornando con su particular capacidad de síntesis el destello de la forma exterior de los poemas, dado que cada verso nos dicta una certeza elemental de lo que cree y desea en modo completo, donde expresa o insinúa cada concepto, despojándolo de cortezas y preámbulos; donde cada verdad está desnuda y donde cada sentencia puede ser tomada con naturalidad sin que hiera nuestros pareceres.
Asunto y composición van de la mano y componen la inquietud pensativa y sensitiva de una obra que adquiere resonancias que pueden vibrar en el más exigente lector.
El Misterio posible se estructura en dos partes y un epílogo, que es un poema que la autora dedica a su hija, razón por la que mereció separarse del resto de los textos.
En la primera parte, nominada la duda, encontrará el lector algunos acercamientos metafísicos; algunos juicios, que no intentan imponer una opinión sino para manifestarla con solidez; y la más extrema síntesis, que por supuesto provoca que la opinión aparezca como sentencia.

María Elena Rocchio

María Elena Rocchio

En la segunda parte, el mar, el tema del amor se acentúa, se hace más terreno, más vital y unilateral, acaso más carnal y vehemente. Dice María Elena:
cuando se tuvo amor se tuvo todo/ hay un dios en la puerta de la casa 
El recuerdo y la nostalgia aparecen regularmente en esta segunda parte, donde también se denuncian preferencias del género a través de la mención de Whitman, Poe, Federico, Prevert.
El “ángel” y palabras derivadas aparecen regularmente en los trabajos reunidos en este poemario, no solo resultan ser un tópico universal de protección sino también la caricia, ya que simboliza lo benévolo que se proyecta desde lo invisible, con vestiduras celestiales y sagradas. Como símbolo de la gran pureza podemos encontrarlo en el poema IV de la primera parte:
el mantel de la mesa/ de mi madre// ángel que todo sabe/ y todo calma
Como todo creador de mérito, María Elena Rocchio, delata un estado emocional a través del “esto” de los expresionistas, distinto del “aquello” de los poetas metafísicos o del por qué de acendrados intimistas, aunque todos comparezcan asiduamente ante cualquier pronombre reflexivo.
Dice Marcos Silber, en el inicio del libro, que esta obra en su reposada belleza nos remite al templo donde la palabra se celebra y nos provee bienestar; precisamente, la belleza, derrotero y fin de todo arte, es un signo constante en la María Elena que se ha volcado en palabras en el poemario que esta noche nos reúne.
Celebro esta aparición y espero por más.

                                                                                                                               Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

24 mayo 2015 Posted by | MARÍA ELENA ROCCHIO, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

Leopoldo Marechal y el destino de la Argentina, por Graciela Maturo

Leopoldo Marechal

Leopoldo Marechal

Sería justo incluir a Leopoldo Marechal en los ciclos de pensadores nacionales. Todo gran poeta es un pensador, y especialmente lo es Marechal, cuya obra poética, narrativa y teatral, así como sus ensayos y conferencias, tienen una notable coherencia filosófica y simbólica.

Los grandes temas de Leopoldo Marechal, sólidamente imbricados en su obra, son tres: a) la salvación del alma, como cuestión personal y doctrinaria; b) la redención de la patria, y c) en orden intercambiable, la justificación de la poesía. Sería injusto hablar de tres áreas separadas, pues se trata de una preocupación unificante que abarca el yo y la comunidad, dentro de una tensión filosófica y didáctica.

Marechal es un poeta, un filósofo, un teólogo, un alquimista o sea un maestro espiritual. Descubrió muy joven las fuentes griegas de la cultura occidental y a partir de allí una gran tradición que pasa por los Padres de la Iglesia y alcanza las letras modernas. Para él no cabe duda de que el conocimiento superior es místico: un conocimiento por participación en el ser, que justifica aquella frase de Parménides afirmando la unidad de conocer y ser. Dotado de un temperamento poético y filosófico, Marechal fue un autodidacta como muchos de nuestros creadores ( Sarmiento, Lugones, Arlt) . Leyó en español y en francés, la lengua de su padre, las obras homéricas y la literatura modernista de fines del siglo Diecinueve y principios del Veinte. Darío y Lugones -luego relegados aunque nunca totalmente- lo condujeron hacia los parnasianos y simbolistas franceses, pero al mismo tiempo era un asiduo lector de la Biblia y de Dante, redescubrió a Berceo, y a los treinta años –mientras sus camaradas de generación se dedicaban al trabajo de la metáfora vanguardista- se dedicó a leer a San Isidoro de Sevilla, San Bernardo, San Agustín, Raimundo Lulio.

Conoció Marechal la obra de René Guénon, el estudioso del simbolismo tradicional, y se convirtió en un crítico de la modernidad. Pero hay que distinguir algo que no suele señalarse: mientras Guénon se vuelve anti-moderno y se refugia en el Islam, exigiendo mayor dureza al cristianismo, Marechal es hombre ecuménico, un humanista y como tal conciliador; enuncia una teoría de la aceptación e integración de la divergencia y el mal. Al modo de los trágicos griegos y de Dante, concibe al Infierno como pasaje necesario, y considera a los tiempos modernos como un formidable desafío del que la humanidad habrá de salir fortalecida para un Tiempo Nuevo. Para Marechal es importante el descenso. La disolución, la oscuridad y la fragmentación son en su obra la etapa alquímica de la nigredo, que los héroes deben atravesar para alcanzar el Reino.

El autor de Adán Buenosayres ha enunciado una doctrina antropológica de signo religioso, que como he dicho no se limita al plano individual. Elabora el tema de la nación como comunidad de historia y destino, y plantea de una manera obsesiva el tema de la redención nacional.

Adan Buenosayres

Adan Buenosayres

 

Esa preocupación recorre todos sus libros y se hace más explícita en la década del 30, mientras surgían entre nosotros varias obras dedicadas al tema: Historia de una pasión argentina de Mallea, El hombre que está solo y espera, de Scalabrini, Radiografía de la Pampa de Martínez Estrada.

El clima mundial de la primera posguerra había sido propicio para incentivar en Europa el fortalecimiento de las identidades de los pueblos. Justo es reconocer que esa atmósfera, precursora del fascismo y el nacional-socialismo, se diferencia profundamente de lo que podríamos llamar el nacionalismo americano del mexicano Samuel Ramos, el peruano Mariátegui o el venezolano Gallegos. Marechal no profesa el nacionalismo agresivo de los europeos ni totalmente el americanismo telúrico de los ensayistas y novelistas americanos.

El clima argentino de aquella época era fecundado por las conferencias de Ortega y Gasset, la visita del Conde de Keyserling y el creciente influjo de la fenomenología cultural, que se proyectó en las obras de Carlos Astrada, Saúl Taborda y Alberto Rougés. Pero la preocupación nacional de Marechal tiene fuentes espirituales y religiosas. Se inspira en la noción bíblica de pueblo de Dios, concibe al hombre como un ser personal y comunitario, integrante de un pueblo histórico con un destino común.

Los próceres nacionales tuvieron esa preocupación, incentivada por las luchas emancipatorias y los disturbios internos. Algunos de ellos pertenecieron a logias masónicas, o bebieron la doctrina nacional en los filósofos románticos; se había producido cierta división entre las élites dirigentes europeizadas bajo el modelo inglés, francés o norteamericano, y el habitante nativo, heredero de la tradición criolla. Todos sabemos que ese quiasmo se expresa en dos obras fundamentales del siglo XIX: Facundo o Civilización y barbarie (1945) y El gaucho Martín Fierro, con La Vuelta… (1872-1879) . Estaba planteada en términos históricos, políticos y antropológicos la polémica sobre la identidad argentina, nunca del todo resuelta.

Marechal interviene en esta polémica pero sólo de una manera tangencial, a través de su postura política que – más allá de su simpatía juvenil por el anarquismo – fue radical, luego nacionalista y finalmente peronista, con rasgos de coherencia y continuidad histórica. Pero la característica dominante de su pensamiento es planear por encima de todo partidismo, pensar a la nación como conjunto y al hombre como un militante de la tierra y el cielo. En Marechal la opción política es la resultante de su ahondamiento en la identidad personal y comunitaria.

Ha sido una característica del argentino la introspección, y la constante preocupación por definir su identidad. Marechal proyecta esos ejes hacia el nivel espiritual sin despegarlo de la introspección y la política. Podemos repasar esa preocupación por la Argentina a lo largo de sus obras. En la poesía, la vemos asomar en los primeros libros, pero más claramente en el tercero, por ejemplo en el Poema de la Patria Niña (Odas para el hombre y la mujer, 1929). Ve a la patria adolescente, frágil, expuesta a todos los peligros, y expresa oscuras premoniciones. Será preciso “calzarla de metales” para afrontar lo abismal de los tiempos.

Cinco poemas australes

Cinco poemas australes

Entre las obras poéticas que le siguen, la más ligada a la identidad nacional es Cinco Poemas Australes. El fondo geográfico y humano de esta obra es la provincia de Buenos Aires, donde el poeta pasó temporadas de su niñez y adolescencia, acompañando en carro por los pueblos a su tío Francisco Mujica, en a venta de lo que se llamaba “frutos del país”. Los hombres de la pampa, arrieros, domadores, peones de campo ligados al trabajo y la esperanza, fueron vistos por Marechal como arquetipos de una Argentina moral, que es la de Lugones en sus Romances de Río Seco, o la de Mallea en su Argentina Invisible. Son ejemplos morales y religiosos que Marechal contrapone a los hombres ciudadanos, preocupados por las cotizaciones de la Bolsa.

El centauro

El centauro

En su poema El Centauro, por el que obtuvo el Premio Nacional en 1940, Marechal termina de dar forma a esa imagen moral del hombre argentino al elevarla al carácter de mito. Renueva el tema del Centauro, tratado por su silenciado maestro Rubén Darío en 1896 (centauro como ser bifronte, ligado al cielo y a la tierra, es decir a preocupaciones espirituales y terrenas) y le agrega una explícita connotación cristiana. Cristo es el nuevo Centauro, el arquero de los tiempos modernos que guía a la comunidad hacia su salvación. Es el modelo que Marechal ofrece, acompañado de la figura de la Virgen (Sonetos a Sophia) que trae al imaginario nacional la figura femenina, ausente en las obras de Sarmiento y Hernández.

La novela es el campo más propicio para la exposición doctrinaria del tema, y también para su discusión dialéctica. En Adán Buenosayres (1948) el tema de la Patria es uno de los ejes innegables, desplegado conjuntamente con el biográfico y el poético-metafísico. El propio autor desliza la palabra argentinopeya, que hemos retomado para explicar la obra. Su personaje Schultze, modulación del pintor y esoterista Xul Solar, es quien guía a Adán en el Infierno-Cacodelphia, que no es sino su propia patria sumida en la corrupción y el olvido del ser. Él mismo se ve situado en el Infierno, y aludido a través de distintos personajes. Schultze, el artista sabio, recuerda que la patria se halla situada bajo el signo de Libra, y abierta a todas las posibilidades. Reaparece aquí un tema ya tratado en la poesía de Marechal y luego retomado en el Poema de Robot: la contraposición del poeta con hombres endurecidos que sólo tienen ambiciones materiales. Esta descarnada radiografía del país le valió a Marechal muchas enemistades.

Antígona Vélez

Antígona Vélez

Por esos años, después de estudiar y traducir del francés una obra de Sófocles – en versión lamentablemente inhallable – estrena en 1950 su primera obra dramática, la tragedia Antígona Vélez, cristianización del tema trágico de la justicia. Antígona, arquetipo femenino de la Argentina (no han faltado interpretaciones que la fusionaran con Eva Perón, y es innegable su continuidad con María-Sophia, a la que luego dará el nombre de Lucía Febrero (Megafón) encarna el amor y la misericordia que desbordan sobre el sentido legalista de la justicia.

Marechal, que había ganado todos los premios municipales y nacionales, y era según revistas españolas de los años 40 el escritor más importante de la Argentina, (Lugones había muerto, Borges iniciaba el tramo más importante de su obra) fue reducido al ostracismo interno después de 1955. Pasó a ser el poeta depuesto. Fueron años de concentración y cosechas interiores, como él mismo decía. Desde esa fecha hasta su muerte ( 26 de junio de 1970) produjo otras dos novelas, varios textos poéticos y teóricos -la segunda y definitiva versión de su Descenso y ascenso del alma por la Belleza (1965) – y una valiosa labor teatral, que completa el ciclo iniciado en 1950 con Antígona Vélez. Esas obras de madurez, con un denso mensaje filosófico y poético para las generaciones venideras, convierten a Marechal en un clásico argentino.

El banquete de Severo Arcángelo

El banquete de Severo Arcángelo

En 1965 publicó El Banquete de Severo Arcángelo, obra originalísima que bajo la apariencia de una novela de aventuras encierra un llamado a la conversión nacional, por la mortificación y la iluminación que provienen del camino interior bajo el signo del Evangelio. También puede verse en esta obra una justificación del apoyo dado por Marechal al peronismo. No olvidemos que su héroe Lisandro Farías, al narrar su historia a Marechal-personaje, le dice: Quiero contarle porqué seguí al Viejo Cíclope…

Por esos mismos años, continuando con su obra poética, dio a conocer Heptamerón, siete cantos entre los que se encuentra La Patriótica, dedicado a su discípulo José María Castiñeira de Dios. Prolonga Marechal el motivo de la

Heptameron

Heptameron

Patria-niña que espera su bautismo, abordando una vez más el tema de la salvación comunitaria. Sostiene el autor que sólo por la redención personal se hará digna la patria de su destino salvífico, pero no habrá una auténtica redención individual sin un sentido de pertenencia a la comunidad .

Vuelve sobre el tema de la salvación nacional en su Poema de Robot, un alegato frente a la incipiente modernización tecnológica de los años 60, y también en los últimos poemas publicados en revistas: De la Física y De Psiquis (que con Fray Juan Alberto Cortés y Eduardo Azcuy resolvimos reunir en 1978, en edición de Castañeda, bajo el título Poemas de la creación, extraído del texto) donde el tema se alía indisolublemente a la misión del poeta. Es el poeta, inspirado por la Musa, el que echa su puñado de sal en la boca de Robot, nuevo monstruo creado por hombres mecanizados., en este poema de textura dramática. Se asigna al poeta la misión de despertar a sus compatriotas.

De ese tiempo es también su drama Don Juan (que editamos también en Castañeda en 1979, con prólogo del Chango Ponferrada) donde elabora el tema de la redención del caudillo, con una innegable referencia política que algunos percibimos en su momento: Marechal había enviado copias del drama a unos pocos amigos entre los cuales se encontraba Alfonso Sola González. El drama era relacionado obviamente con el retorno del Jefe en el exilio. Otra obra de los años del ostracismo es el “sainete metafísico” La batalla de José Luna, donde expone su concepción de la historia como combate de opuestos que se libra a la vez, al modo homérico, en la tierra y en el cielo.

Megafón o la guerra

Megafón o la guerra

La típica concepción marechaliana de esa doble batalla se despliega ampliamente en la última novela de Marechal, Megafón o la guerra (1970), que publicó Sudamericana un mes después de su muerte. Obra barroca, de una complejidad formal inusitada, es un nuevo llamado a la épica nacional, conducida esta vez por dos héroes: Megafón, remodulación de Severo Arcángelo – y como él cargado de intencionalidad hacia el mismo referente político- y Samuel Tesler, personaje de Adán Buenosayres donde apareció como encarnación novelística del poeta Jacobo Fijman, aquí convertido en simultánea hipóstasis de Fijman y de Marechal. En suma, es la figura del Poeta como redentor de su comunidad, la que es llevada a su plenitud simbólica en esta novela.

En los ensayos y conferencias de Marechal, la visión de la Argentina se completa y expande reflexivamente. Su conferencia sobre la Fundación de Buenos Aires -del año 35, cuando la ciudad conmemoraba el Cuarto Centenario de la fundación del Fuerte por Pedro de Mendoza- recuerda el sentido espiritual de las dos fundaciones. Se apoya en elementos como el nombre “Argentina” , dado por el arcediano Martín del Barco Centenera a la provincia y el río que-de-un-puro-metal-toma-su-nombre. El argentum designa al río Paraná o de la Plata que los españoles exploraron hasta fundar la Asunción, y que luego de la destrucción de la primera Buenos Aires volvieron a recorrer, con los “mancebos de la tierra” para refundarla. En cuanto al nombre dado a la ciudad  -recuerda Marechal- es el de Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Aire. La ciudad del Águila, con el águila del Espíritu Santo estampada en su escudo, se había convertido en esa triste década que fue llamada “década infame”, en la ciudad de la Gallina.

En síntesis: cabe reconocer que toda la obra de Marechal está atravesada por la preocupación nacional. Piensa en el destino de la Argentina como bíblico pueblo de Dios, como comunidad destinada a hallar su rumbo a través del dolor y la lucha por la conversión moral y religiosa. Su pensamiento, actuante y encarnado, es la visión de un poeta-filósofo, un doctrinario que predica incansablemente la redención nacional, y la asienta en forma ineludible en la conversión de la persona. Y asigna al poeta una misión importante en ese rumbo, a través de la palabra.

Graciela Maturo

Graciela Maturo

 Graciela Maturo (Cancillería, UPCN, miércoles 29 de octubre,2014: 15 hs)

24 mayo 2015 Posted by | GRACIELA MATURO, LEOPOLDO MARECHAL | Deja un comentario

20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large, antología bilingüe español/francés

 

Traducción al francés: Françoise Laly

INTEGRADA POR:

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Héctor Miguel Ángeli – Rubén Balseiro – Luis Benítez – Enrique Roberto Bossero

Norberto Corti – Alfredo De Cicco – Alejandro Drewes – Yoly Fidanza

Rodolfo Godino – Françoise Laly – Long-Ohni – Graciela Maturo

Norma Pérez Martín – Nélida Pessagno – Michou Pourtalé – Antonio Requeni

Osvaldo Rossi – Ricardo Rubio – Fernando Sánchez Zinny – Jorge Sichero

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Antologia Françoise Laly

PRELIMINAR

Allá por 1900, muchos viajeros aseguraban que Buenos Aires exhalaba un perfume que recordaba a París. Y algo de cierto había en la observación, por mucho que ambas ciudades mostrasen disparidades grandes en cuanto a orígenes, dimensiones, edad, cultura, historia, lengua; en fin: en todo.
Pero aun así, Buenos Aires, para fines del siglo XIX y durante buena parte del XX palpitaba según el ritmo de Francia y hasta el anchuroso Río de la Plata a veces se nos hacía tan poético y convocante como el Sena. No había, para entonces, en nuestra ciudad, persona de cultura que no hablara correcto francés, que no leyera las grandes obras de la literatura de ese idioma, no había familia cultivada que no tuviera noticias de la producción artística francesa, de las corrientes del pensamiento, del quehacer parisino en materia de teatro y de cine, y de todo cuanto bullía en los ámbitos culturales del país europeo.
Ese Buenos Aires culto, aristocrático, elitista, amaba a París, deseaba emular la cultura y las formas de allá, y, por alguna extraña e inexplicable razón, pues somos –aun con la inserción de una inmigración de profusas vertientes–, herederos bastante directos de España, se sentía hijo de un París que reunía, para este grupo de porteños, todos los ideales de la cultura, del refinamiento, del buen gusto y de la inteligencia.
Paralelamente, esta capital rioplatense, más allá de conservar la típica urbanización en cuadrícula de diseño español, más allá de la impronta y la lengua hispana, creció en edificios, parques, diagonales, monumentos. Y por todas partes hubo detalles decorativos, mobiliario, juguetes y vajillas de definido sello francés. Un porteño de altura debía comportarse y sentirse como un auténtico parisino y pocos fueron los artistas argentinos que no soñaran, al menos, con el imprescindible viaje a París, sin contar con que muchos lo hicieron.
Tan fuerte fue esa tendencia que hasta en la manifestación cultural más acabadamente porteña y popular, el tango, y si nos referimos a sus años de oro, por lejos, el “barrio” más mencionado en las letras es, singularmente, París.
España descubrió, conquistó y dejó sus marcas indelebles en América Latina; en el desarrollo económico, la Gran Bretaña , para bien o para mal, inscribió en el Río de la Plata sus intereses y su ideología, en tanto, en nuestra casa, la enorme oleada inmigratoria italiana, con esa estoica vocación por la labranza, fue la mano que difundió en los campos desiertos, verdor, rubios trigales, huertas y frutales, a la vez que ese enorme contingente humano se convertía, también, en principal  responsable de esa suerte de hibridación lingüística que es el lunfardo, jerga porteña en la que, asimismo, se entreveró el francés, el mismo francés que, por otra cuerda, daba aliento a los poetas, desde la época del evanescente simbolismo hasta las jocundas vanguardias de los años 20.
Luego, luego, desde finales del siglo XX y más aún en actual, la Meca ya no es París, sino Nueva York y la parla estimulante ya no es francesa sino en  inglés norteamericano. Sin embargo, la gran influencia de la cultura y de la estética anterior, aunque soterrada, sigue vigente. Para ayudarla a que persista es que se plantea en este libro un mancomunado ejercicio de aproximación a sus fuentes. Es con esta intención que emprendemos, a mar abierto, una suerte de navegación hacia los puertos de la dulce Francia. Veinte son los viajeros, diecinueve argentinos y una francesa, Françoise Laly, quien se ha ocupado, además, de poner a todos en palabras de su país, incluso a ella misma, pues los versos suyos publicados en esta ocasión fueron originariamente escritos en castellano, de modo que, a su respecto, el auspicioso recorrido ha sido de ida y vuelta.

Otoño de 2014

212 pag. – Ed. La Luna Que – Buenos Aires, 2015.

12 mayo 2015 Posted by | ALEJANDRO DREWES, ALFREDO DE CICCO, ANTONIO REQUENI, ENRIQUE BOSSERO, FERNANDO SANCHEZ ZINNY, FRANÇOISE LALY, GRACIELA MATURO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JORGE SICHERO, LONG-OHNI, LUIS BENITEZ, MICHOU POURTALE, NELIDA PESSAGNO, NORBERTO CORTI, NORMA PEREZ MARTIN, OSVALDO ROSSI, RICARDO RUBIO, RODOLFO GODINO, RUBEN BALSEIRO, YOLY FIDANZA | , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

ROMILIO RIBERO, la alucinación por las fragancias, por Ricardo Rubio

Romilio Ribero

Romilio Ribero (1933-1974)

Enrique Molina sostuvo alguna vez, pienso que muy acertadamente, que Romilio Ribero “pudo penetrar en el gran círculo del misterio”, incluyéndolo dentro del mundo de lo maravilloso y creyéndolo partícipe consciente del oscuro secreto de la vida. El propio Romilio había dicho que su búsqueda era “la del misterio a través de las vivencias”, a la que podríamos agregar ahora, para completar su cosmogonía, que la representación de paisajes y personajes, frutos de la realidad de su experiencia y de la fantasía de su imaginación, reflejan un espacio arquetípico que fue carne y barro de otro tiempo, pero vívido en su corazón de niño y en su espíritu de elegido. Además de poeta fue un notable artista plástico.
Nacido el 16 de julio de 1933 entre las “tediosas” montañas de Ongamira, el Uritorco —”padre gobernador de la eternidad”— y el río Calabalumba, comparte el mundo de la creación con el de los sueños a la sombra del tala y del algarrobo, y observa a través de ella lo que muy pocos pueden ver: las insinuaciones sensibles de la vida, los símbolos, y se transforma en un intérprete del universo, en un vocero incansable de la fuerza natural de las estirpes y las especies. Al respecto José Cervantes dice que Romilio era un auténtico medium: “(le) surgía la poesía con una vibración que captaba el entorno, lo dimensionaba, lo llevaba a lejanísimas civilizaciones o lo lanzaba a una proyección astral”.
Y es así que, entregado a los dones la tierra, camina el monte, mira en derredor y desnuda el teúrgico comportamiento de las fuerzas naturales, descubre la maravilla de las fragancias y anima los hechizos de las plantas mágicas en manos de las hechiceras. Sus versos se nutren de lo entrevisto, lo indirecto, lo intuído, lo legendario y lo sublime, y nace una poesía sorprendente, en donde la recreación de la realidad convertida en fantasía sumerge al lector en un mundo de inagotable magia y alucinación.

Libro de bodas, plantas y amuletos, de Romilio Ribero

Libro de bodas, plantas y amuletos, de Romilio Ribero

Pero su vida se encarama sobre la peripecia. Su originalidad sonora, temática y métrica contrasta con el silencio académico que se cierne sobre su nombre. Silencio que se repite en la mayoría de los medios de comunicación literaria y en cenáculos de pretendida jerarquía. Salvo unos pocos círculos alternativos que de tanto en tanto rescatan parte de su obra y su figura, su nombre no asoma en las enciclopedias. Nombre que debiera ser insoslayable cuando hablamos de originalidad, belleza y profundidad de nuestra poesía.
Sólo pudo ver publicados dos de sus libros de poesía: “Tema del deslindado” (Ed. Francisco Colombro, 1961) y “Libro de bodas, plantas y amuletos” (Ed. Losada, 1963; con el apoyo económico del Fondo Nacional de las Artes). En 1985 Ación Editora reedita “Tema del deslindado”; y posteriormente lanza “Antología poética” compuesta por poesías, elegidas de una veintena de poemarios manuscritos que aún permanecen inéditos. En el libro “Filosofía del poema” de Aldo Parfeniuk (1982) puede consultarse “Mito y poesía en Romilio Ribero”.
Muere a los 41 años (“soy un período de mi verdad”) en la ciudad de Córdoba, durante el amanecer del 5 de diciembre de 1974.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

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LAS ESTIRPES (*)

Éste es el lugar donde los soles rompen las hierbas en agosto
y del libro cubierto de secretas pinturas para mi corazón.

Aquí donde alejado el tiempo de sus tristes banderas
hunde sus ramos victoriosos en demoníacas bodas de niños y animales.
Aquí están mis estirpes, la sal del nacimiento, la primera paloma
con el huevo amoroso;
los dioses que bendicen a la tierra con finas mariposas,
el agua con sus flores inmortales,
el baile del destierro por aldeas de bestias desolladas,
las frutas encendidas en piras del perfume.

¡Aquí están mis estirpes con pájaros acuáticos,
caballos y barcas celebrantes!
Y la luna con fábulas altas en púlpitos de ciénagas
y las leyendas de los bosques míos.

Aquí las tejedoras viendo morir la suave fragancia del otoño
entre sus patios.
Y las altas cantoras con ardientes varones en sus cópulas.
Y las que trazan rutas a los primeros astros
y las otras, ya muertas, murmurando plegarias en ávidas arenas
y en colinas de rotos remolinos.
Aquí están mis estirpes en el comercio del hechizo, en los lechos del alba
con cuerpos ambiciosos del sol preso en sus manos.
Oyendo aquellas fiestas de violencias, alucinadas entre jazmineros
y con escapularios de demonios.

Estas son mis estirpes. El orden del reinado.
Las primeras abuelas y los primeros padres
con las primeras lunas y los primeros frutos.

Este es el orden de la descendencia de virtuosos varones,
de elogiadas mujeres entre sus comuniones y sus secretas gracias,
de hechiceras cautivas en la dulce viudez de piedras negras.
De los nobles amigos en el grave linaje de los Libros del Viento.

(*) Fragmento de: “Libro de Bodas, Plantas y Amuletos”, de Romilio Ribero, Ed. Losada, 1963.

FUENTE: Revista Considerando en frío – Dir.: Ricardo Rubio

9 mayo 2015 Posted by | ROBERT SIMONIŠEK, ROMILIO RIBERO | , | Deja un comentario

MARCEL SCHWOB: LA EXTRAVAGANCIA DE LA ERUDICCIÓN POÉTICA, por Héctor J. Freire

                                             “El fin de todas las cosas santas                            
                                               radica en la alegría”
M. Schwob

Marcel Schwob

Marcel Schwob

André Marcel Mayer, el verdadero nombre de Marcel Schwob: ese “pequeño-gran hombre” calvo y rechoncho, de tos de judío silencioso que había fatigado día tras día con la misma mueca de tristeza el simbolismo decadentista del siglo XIX de la rue Richelieu, nació en la ciudad francesa de Chaville, el 23 de agosto de 1867. Descendía de una familia de rabinos y de médicos judíos de Alsacia, de la que Schwob heredó una rica y misteriosa tradición oriental que sutilmente fusionó con la occidental.
Su padre Isaac fue un periodista ilustrado que firmó una obra con Julio Verne y escribió en el Corsaire Satan de Baudelaire. Su madre, Matilde Cahun, descendía de los Caym Champenois, recordados a menudo por Marcel Schwob. Anselme, el abuelo, enseñaba francés en la comunidad de Hochfelden . Luego emigraría a París y educaría a sus hijos en el Liceo Saint-Louis. Uno de ellos sería León Cahun, conocido y respetado orientalista, bibliotecario de la Biblioteca Mazarino, hermano de la madre de Schwob, la cual fue también una notable maestra. Como vemos, desde su cuna, el poeta estableció contacto con la tradición judía y las letras francesas.
A los tres años, Schwob, además del francés, hablaba alemán e inglés. El dominio del griego y del latín, y más tarde, del castellano, del italiano, y del sánscrito se completaría en su juventud. Su infancia transcurrió en Nantes, la ciudad de Verne, donde el padre había comprado en 1876 el periódico Phare de la Loire.
Su sorprendente “precocidad poética” es fomentada y formada por preceptores alemanes e institutrices inglesas. Sin embargo, es determinante la figura de su tío Leon Cahun, quien corrige sus versiones latinas  de Catulo y le revela el mundo antiguo. Schwob descubre París en las riberas del Sena. Vive entre libros, junto a su tío que le trata con gran respeto y humor.
En el Liceo Louis –le-Grand conoce a Léon Daudet, Paul Claudel y Georges Guieysse, con quien prepara la licenciatura de letras. Entre 1885-1886, se presenta como voluntario en Vannes, en el 35° regimiento de artillería. Ahora sus compañeros son expertos en bombas, en el arte de la guerra y en aventuras. Marcel Schwob es ya un experto en argot, y un ferviente admirador de Villon. Estudia alemán superior, paleografía griega, y sánscrito con el lingüista F. De Saussure en la Escuela de Altos Estudios. Escribe narraciones humorísticas, y desarrolla la marca de su estilo inconfundible: la mezcla de historia e imaginación. Podríamos afirmar que Schwob es uno de los escritores que en forma más contundente establece que la historia también es una ficción. En cuanto a la poesía admira a Walt Whitman , a Shakespeare, y a Villon sobre todo. Es determinante la relación que establece con Robert Louis Stevenson, de quien admiraba la capacidad para aplicar los medios más sencillos y más reales a los temas más complejos y más ambiguos.
Marcel Schwob continuará sus primeros trabajos literarios con la publicación de Corazón Doble (1892), conjunto de relatos donde predomina el terror y la arbitrariedad, pero también hay un camino que recorrer para llegar a la piedad; ya que como indica el título del libro el corazón del hombre es doble: el egoísmo es en él la contrapartida de la caridad. En 1893 publica El Rey de la Máscara de Oro , serie de cuentos escritos bajo la influencia de Poe, donde la crueldad y el sadismo alcanzan los más altos grados de asombro y estremecimiento. El elemento fantástico se conjuga maravillosamente con otros más  sensuales y filosóficos. Reflexiones sobre casos de teratología mezclados con horas de alucinación poética y sueños de opio. Ve con frecuencia a su amigo, el poeta Paul Claudel, y a Colette cuyo talento adivina. Frecuenta la buhardilla de Edmond de Goncourt. Pasa por la anarquía y descubre plenamente su personalidad en El libro de Monelle, aparecido en 1894, un verdadero poema en prosa, inspirado por el recuerdo de Louise, una
muchachita menuda, frágil y pueril, de quien Schwob se enamora “locamente”. “Nada menos que  una poesía distinta dentro de las más destacadas del simbolismo francés”-como la definiera Apollinaire- y quizás el texto que más lo representa.
Schwob en este libro “construye en las diferencias y destruye en las similitudes. Y como todo gran poeta se asombra de todas las cosas; “pues todas las cosas son diferentes en la vida y semejantes en la muerte.” Después de un tiempo de profundo duelo tras la muerte de Louise (Monelle), Schwob se consuela en su trabajo, en los estudios griegos que le inspiran esa deliciosa obrita maestra llamada Mimes, (1894) donde imita a Herondas, poeta cómico griego del siglo III a.c., nacido en Siracusa. En 1895, a los 27 años conoció a Marquerite Moreno, cuyo verdadero nombre era Lucie Marie Marguerite Monceau, la actriz más joven del Théatre Francais, la cual más tarde se convertiría en su esposa, y a partir de l906 con su llegada a Buenos Aires, en la profesora de dicción francesa  de Victoria Ocampo.
La vida de Schwob cambia por completo: desde 1895 hasta su muerte, sería operado cinco veces. Le prohiben cualquier paseo, adelgaza mucho y padece continuas fiebres. Para calmar sus dolores le suministran morfina; muere y resucita en el infierno de la adicción. Se convertirá en el Marcel Schwob de su propia leyenda.
Sin embargo, su trabajo literario no decrece, en la Biblioteca Nacional, se encierra en los archivos y empieza su ciclo histórico-literario. Preocupado por el género biográfico, imaginaba al biógrafo como un demiurgo . Así publica en 1896 dos libros claves dentro de su producción: La cruzada de los Niños  y Las vidas Imaginarias, ambos serán prologados por Borges en 1949. En estos textos la lectura de las hagiografías (que tanto atraían a Lugones), de los predicadores y de las crónicas de la Edad Media se transforman en una “alucinada Leyenda de los Siglos”. Una prosa culta y exquisita se conecta con una refinada poesía, el resultado son esas historias remotas, delicadas y excéntricas llenas de funestos presagios. Sin embargo, Schwob conocedor de la poesía de William Blake, traductor de la gran literatura inglesa, no ignoraba: “que toda cosa incierta está viva, y toda cosa segura está muerta”.
Sigue colaborando en L ´Echo de Paris y también en el Journal, se hace amigo de Bataille, de Alfred Jarry (quien le dedica su Ubu Rey) y mantiene correspondencia con Paul Valéry, que en 1895 le escribe: “Usted es casi la única persona que me ha estimulado sincera y lúcidamente”.
En 190l Schwob emprende el” insensato” viaje a Samoa, tras las huellas y la tumba polinesia del admirado espíritu de Stevenson, con la esperanza que ” la isla silenciosa “ le devuelva las fuerzas y la salud. Pero en  enero de 1902, una grave pulmonía le pone en peligro de muerte; se salva gracias a intervención de un doctor americano y los cuidados de una enfermera de la secta de los adventistas del séptimo día. A bordo del Manapouri, Marcel Schwob regresa casi destruido al puerto de Marsella.
Continúa ,mientras puede, sus trabajos en los Archivos y la Biblioteca Nacional, e inicia con gran éxito sus inolvidables conferencias en la Escuela de Altos Estudios Sociales.
El 26 de febrero de 1905, después de varios días de sufrimiento, en su vasto departamento de la Ile Saint-Louis , junto a Marguerite Moreno y su doméstico chino Ting, rodeado de libros, Marcel Schwob muere. Tenía apenas treinta y siete años.

Estas IMITACIONES, nunca editadas en la argentina, que en la presente publicación damos a conocer, como meras “rarezas”, o “eruditas extravagancias poéticas “, fueron escritas por Schwob en 1894. Constituyen exquisitas miniaturas en prosa, que evocan en un estilo delicioso e irónico el mundo clásico del poeta griego Herondas, del siglo III a.C. Su amigo Stevenson escribió del mismo: “es un libro esencialmente hermoso, con su obsesión por la agradable melancolía y su amable sabor de antigüedad”.
Schwob en estos textos, no crea, inventa, a partir de otros textos. A través de su escritura, el palimpsesto se concierte en “palimtexto”. Escritura sobre lo escrito que no por ello es menos original ni imaginativa. La lectura en Schwob es un estímulo a la imaginación, la lectura y la traducción como una forma de escritura. Método que no ha dejado de tener lectores (escritores) ilustres: Juan José Arreola, José Emilio Pacheco, Marguerite Yourcenar, Antonio Tabucchi, y sobre todo Jorge Luis Borges, que reconoce abiertamente haber abrevado para su “Historia universal de la Infamia” el estilo sutilmente irónico y conciso de la obra de Schwob, para quien la vida no está en lo general sino en lo particular; el arte consiste en dar a lo particular el aspecto de lo general. El arte para Schwob se opone a las ideas generales; describe lo individual, desea lo único. No clasifica; desclasifica.
Escribió Borges en el prólogo a La cruzada de los niños: “ En ciertos libros del Indostán se lee que el universo no es otra cosa que un sueño de la inmóvil divinidad que está indivisa en cada hombre; a fines del siglo XIX, Marcel Schwob –creador, actor y espectador de este sueño- trata de volver a soñar lo que había soñado hace muchos siglos, en soledades africanas y asiáticas. ”  O volver a leer y escribir el genial epígrafe con que comenzamos el artículo:

“El fin de todas las cosas santas
radica en la alegría.”

Héctor Freire

Hector Freire

Hector Freire

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FUENTE: Revista Barataria Nº 2 – Dir.: Mario Sampaolesi

9 mayo 2015 Posted by | HECTOR FREIRE, MARCEL SCHWOB | , | Deja un comentario

DELEUZE: TRES EJES PARA POETIZAR LA VIDA, por Fernando Kofman

FUENTE: revista AquíAllá, Nº4 – Dir.: Julio Bepré
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Fernando Kofman

Fernando Kofman

La obra de Deleuze a los escritores nos enfrenta con nuestra   locura. Lo que ella plantea es cómo construimos nuestra subjetividad y luego, cómo para alcanzar intensidad poética, tenemos que disgregarla en la escritura.
Asumir en toda su dimensión los ejes que esboza Deleuze  y que nos dejan en una situación esquizo -sólo así se accede a la creación- cruzando los múltiples umbrales que nos impone la adaptación. Para controlar y fijar estos desplazamientos, la sociedad apela a las interpretaciones, a los dispositivos y también a los es funcionarios intelectuales. Todo exceso alarma y debe ser restringido, fijado en su sitio; se recurre a todas las posibilidades de la razón para reorganizar esta dispersión, porque una escritura que merodee en los bordes de toda disciplina, es sospechosa e irritante. Platón hubiera dicho que en la ciudad no se pueden tolerar esas subjetividades dispersas que para colmo escriben.
La figura de Deleuze se puede emparentar con la de Focault, en el sentido de que ambos vieron que la filosofía es una variante de la literatura. Deleuze en Lógica del sentido ya plantea que para hacer auténtica literatura hay que rozar los bordes de la locura, tomando como ejemplo a Lewis Carroll, y enfatizando que el escritor es el enfermo que no consuma su crimen. Es enfermo y médico a un mismo tiempo. En ese aspecto plantea que el lenguaje literario entra en una zona de locura, de abandono de sintaxis preestablecida, de ausencia de ejes.
El otro tema que Delleuze desarrolló sobre todo en Crítica y clínica, es el abordaje de la escritura en el propio país como si uno fuera un autor extranjero. Si aquel se regodea con las exclusiones, e impone una escritura que se torna acrítica, la  misma tiene que trasladarse a un margen donde predomine otra mirada.. No interesa tanto el autor o quien habla en un texto, sino en qué zona nos abandona ese texto.
El tercer aspecto relevante de la obra de Deleuze es que como continuador del pensamiento de Nietzche, desarrolló reflexiones sobre el disciplinamiento y la adaptación. Al hacerlo desde la literatura, como una fuerza sísmica perpetua que lleva a la irrisión y al desencanto con  lo  conseguido, la figura del escritor se torna subversiva, en tanto su obra demuestra que nunca puede darse por satisfecho con lo alcanzado. Siempre hay una proliferación de insatisfacciones para seguir explorando y experimentando. Lo que Deleuze destaca es que en las sociedades contemporáneas está implícito un sistema para adaptar o domesticar estas  energías cambiantes  y modificadoras. Quizá por ello después de los sucesos del Mayo Francés, el gobierno de De Gaulle se preocupó por integrar a estos pensadores. En el 69 se crea la Universidad de Vincennes en los suburbios de París, y se les da un rol protagónico a Foucaul y Deleuze. Este experimento tuvo muchas acechanzas y siempre se intentó cerrar esa universidad. Pero nos ha quedado el legado de Deleuze que se resume en la frase: ¿Qué significa pensar hoy? Creo que él contestaría: es escribir y seguir su deriva más allá de la adaptación.

9 mayo 2015 Posted by | FERNANDO KOFMAN, GILLES DELEUZE | , | Deja un comentario

LA LITERATURA FANTÁSTICA, por Juan-Jacobo Bajarlía (1914-2005)

Del libro “Historias de monstruos”, de Juan-Jacobo Bajarlía

Juan-Jacobo Bajarlia

Juan-Jacobo Bajarlia

En lo fantástico se presenta el mismo elemento que en lo policial. Existe el mal y existe el bien. Y con ellos el arquetipo odiseico que destruye y es destruido. Pero la dimensión es distinta. El absurdo tiene un sentido de lo maravilloso que en lo policíaco no se comprueba o que sólo queda oculto en la serie infinita de realidades. Está sostenido más directamente por el símbolo, encarnación que cubre lo infinito, según afirmaba Carlyle (Sartor resartur, III, 3). Es una acción apofántica que oculta otra cuyo significado puede verificarse (Corpus hermeticum, 1471, lib. I). Y en este caso no interesa el quebrantamiento o no de la ley causal (es decir, la transgresión de la ley natural). El hecho fantástico, a través del símbolo, se da en el mismo sentido.

El crimen, por tanto, es un hecho absurdo cometido contra la regularidad del mundo causal. Lo fantástico también es un absurdo, pero proyectado contra la irregularidad de las leyes físicas. Esto no excluye la regla anterior. En lo policíaco y lo fantástico hay una relación de contacto a través de la absurdidad. Si buscara una evidencia, podría reforzar el pensamiento de Alain Robbe-Grillet en Les gommes (1956).

Los relatos fantásticos más antiguos fueron egipcios y se escribieron entre el siglo XIII y el XIV a. de J.C. Los reunió Máspero en Les contes populaires de TEgipte ancienne (París, 1889). En uno de ellos, el Satni, su protagonista lucha contra los magos y las momias a las que el Espíritu Maligno ha dotado de habla. En otro, la princesa Baktán, poseída también por el Maligno, anticipa la introyección del Dibouk por la Cábala.

Algunas fábulas del Pantschatantra (s. ni para ciertos autores) no dejan de ser fantásticas, como aquéllas de la niña convertida en rata. También debemos considerar como fantásticas Las metamorfosis, de Ovidio, y otras piezas anónimas del mismo siglo (el I a. de J.C). Recordemos una sola de quien debió enfrentar la permanente iracundia de Augusto: la que se refiere a Pigmalión. Cuando éste de las impúdicas Propétidas, juró permanecer célibe. Pero enamorado de una estatua que había esculpido, pidió a los dioses le dieran vida. Venus, compadecida, promovió el milagro un día en que Pigmalión, después de acariciar y besar a su mujer de mármol, quiso yacer con ella. La estatua comenzó a ruborizarse. El fuego llegó a lo más profundo de su frialdad. Se hizo carne. Y de ese extraño connubio, Pigmalión tuvo dos hijos: Pafos y Ciniras. Ciniras, a su vez, tuvo una hija, Mirra, que se enamoró del propio padre, en cuyo lecho se tendió una noche, ayudada por su nodriza. Cuenta Ovidio que el incesto se repitió muchas veces con la complicidad de las tinieblas. Pero al fin descubierta por el padre una noche en que hábilmente encendió las luces, huyó desolada y culpable hasta cubrirse de corteza y raíces. En unos segundos –escribe el poeta– quedó transformada en árbol hasta el vientre. Su sangre se hizo savia. Sus brazos se convirtieron en ramas. Sus cabellos en hojas. De su vientre, antes de que se operara la metamorfosis total, advino el hijo del incesto que recogieron las Náyades (lib. 10, III).

Luciano de Samosata en nuestra era (s. n), acaso el primer filósofo de la historia, fue también contra su propia concepción, un inventor de argumentos fantásticos, como lo prueba su extraño Philopseudes. También es fantástico el viaje metafísico del Hay Benyocdan (s. II), en el cual, Hay, el protagonista, amamantado y criado por una gacela, desciende a las profundidades del alma a través del movimiento circular. (No debemos confundir esta obra con el Hay ben Yagzan, de Avicena, de distinta doctrina).

Otra fuente de lo fantástico es el libro de Las mil y una noches (Abil Leylah voa Leyhh), cuya redacción definitiva ha sido fijada entre 1475 y 1525. Sus cuentos no son totalmente arábigos. Los temas fantásticos son indios. Esto lo previo Augusto Guillermo Schlegel en carta del 20 de enero de 1833 a Silvestre de Sacy, cuando se refirió a las 32 historias de las estatuas mágicas y a los cuentos del papagallo (Cutasaptati o Libro del Papagallo). Advirtió un número de sustituciones, verificables en algunos casos: Salomón por Visvamitra, Corán por Vedas. En uno de sus cuentos, los cuatro representantes de las principales religiones, son convertidos en peces de color. Estos cuatro representantes son las cuatro castas de la India. Para ciertos eruditos, Las mil y una noches es un libro apócrifo. Se trata de un conjunto de cuentos indios, persas y acaso griegos, contenidos en el Hezar Efsamer o Mil cuentos (siglo VII), de cuyo título derivó el de Las mil y una noches. Lo cierto es que nos sigue fascinando. Lo prueba “El juramento del cautivo”, incluido por Borges y Bioy Casares en los Cuentos breves y extraordinarios (1955). No repararon, sin embargo, que donde dice “Salomón, hijo de David”, debió decir Visvamitra, hijo de Qadhí. Los mismos autores volvieron a Las mil y una noches en el Libro del cielo y el infierno (1960). Y Borges, en Historia de la eternidad (1953), estudió sus traducciones y apocricidades.

Historias de monstruos

Historias de monstruos, de Juan-Jacobo Bajarlía

He omitido a Flavio Josefo, su misterioso relato de la fuente de Jericó, cuyas aguas dejaron de influir maléficamente en las mujeres, para convertirse en fecundantes por obra de Elíseo (Guerra de los judíos, lib. IV, cap. VIII, 3). O esa otra historia del Talmud (2, XXI, 13) en cuya balanza de ultratumba pesó mucho más un grano de arena que el cráneo de un justo. O el relato de la mujer de Pites, recordado por Plutarco (Tratado sobre las mujeres, s. I), que ofreció a su esposo manjares de oro para combatir la desmedida ambición de riquezas. O esos seres apofánticos que llevaban implícita la otra imagen –semper tomen in corpore ocultam, Evam–, según escribía Gnosius en su Hermetis Trimegisti (I, 3). O los actos mágicos de los textos proféticos del Chilam Balam (Primera rueda). Recuerdo el de la doncella que se introduce desnuda en las aguas mientras los demás danzan y recitan fórmulas enigmáticas para atraer al ser esquivo). O el robo de hombres de la tribu de Vuv Amag por parte de Balam-Quitzé, Balam-Acab, Iquí-Balam y Mahucutah cuyas huellas eran de tigre (Popol-Vuh, TV, cap. II).

Si a estas referencias agregáramos los mitos nacionales o transmitidos, pondría en lugar inalienable el mito argentino del kakuy, cuya primera versión –me refiero a la escrita– la realizó Rafael Obligado en los octosílabos de El cacuí, escritos en 1894. De éste, con igual sentido que el de una fábula para niños, ad usum Delfini, lo tomó Ricardo Rojas en El país de la selva (1907). Prescindiendo de esta fábula que aún se repite, convendría decir que el incesto convierte a la hermana en pájaro, porque el hermano ha violado la ley del padre. Es una tragedia de instancia teriomórfica y totémica que ya estaba implícita en las apreciaciones teóricas de Frazer (Totemísm and Exogamy, I). Creo, indudablemente, que en una historia de lo fantástico, no podríamos apelar a los mitos. La mitología es una estructura anónima elaborada en el tiempo. Lo fantástico, en cambio, es el mito inventado individualmente. Tiene un autor conocido.

9 mayo 2015 Posted by | JUAN-JACOBO BAJARLÍA | | Deja un comentario