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EL PERSONAJE: El autor en el exilio, por Jorge Bach

Jorge Bach

Jorge Bach

Algunos críticos suelen observar como novedad, en algunos escritores, un sentimiento de extrañeza, de lejanía respecto del mundo. Así, por ejemplo, María Zambrano habla de su Cuba natal siendo Andaluza. Dichos que se asemejan a las palabras ya dichas por Gertrude Stein: Esto es porqué los escritores tienen que tener dos países, aquel al que pertenecen y aquel en el que viven realmente. El segundo es romántico, está separado de ellos mismos, no es real pero realmente está ahí. (…) mi generación la generación del fin del siglo diecinueve tuvo así a Francia… el otro país que necesitas para ser libre es el otro país no el país al que realmente perteneces… La nación estadunidense es ahora casi victoriana, (…) ella es un rico y dulce hogar pero no es un lugar de trabajo. La casa de tus padres nunca es un lugar de trabajo es un bonito lugar para crecer (Gertrude Stein’s America) .
Herman Hesse, por su parte, crea el personaje Emile Sinclair que lo exime de ser parte de la necedad de la Alemania de la Primera Guerra Mundial: Desde mi juventud tengo la costumbre de desaparecer de vez en cuando y para refrescarme zambullirme en otros mundos (…) y cuando por fin regresaba siempre suponía un placer para mí escuchar las opiniones de los llamados sabios sobre mí y mis estados de ausencia o letargo. Mientras que yo no hacía otra cosa que seguir los impulsos de mi naturaleza. (…) Al cabo de dos o tres años de guerra, la actualidad había perdido mucho encanto para mí, por lo que me retiré para respirar otros aires. Abandoné por el camino habitual el plano en que vivimos y me establecí como invitado en otros planos. Estuve durante un tiempo en remotos pasados, recorrí ávidamente pueblos y épocas, contemplé los acostumbrados pactos, crucifixiones, progresos y mejoras de la tierra y después me guarecí durante una temporada en el cosmos.  John Ronald Reuel Tolkien, es el creador de uno de los mundos más fascinantes y complejos en el ámbito literario, ¿como forma de evasión? ¿por el simple placer de hacerlo? ¿porque algo más se lo requería? Lo cierto es que en la tumba donde descansa junto a su esposa, la lápida presenta los nombres de Beren y Lúthien, dos personajes del Silmarillion que protagonizan un amor entre seres de diferente naturaleza. Jorge Luis Borges es el habitante de los múltiples y diversos mundos que le permitió ingeniar su creatividad y su visión crítica de la realidad. El escritor argentino dijo: Al otro Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. (…) Años atrás yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
Cada uno de estos autores, no solo es extranjero del mundo, sino que es extranjero de sí, es el ser capaz de conciliar el encuentro con el yo que lo conducirá por el camino de la creación. Y no es que adolezcan de múltiples personalidades. Recuerdo El otro de Borges, Demian de Herman Hesse, Los hijos de Húrin  de Tolkien. Quiero decir, que el escritor es el yo que posee la ductilidad para comprender y ocupar el lugar del otro sin ser el otro.

La biblioteca Borges

La biblioteca Borges

Mijail Bajtín menciona tres casos, para él generalizadores, de la actitud del autor frente a la creación del personaje. La primera se refiere al hecho de que el personaje se apropia del autor y el riesgo evidente es que  este no puede dejar de vivenciar los sucesos de la vida del personaje internamente. La segunda, el autor se posesiona de su personaje, entonces se convierte en un personaje sin fuerza, inconcluso. Finalmente, el personaje es su propio autor, entonces el personaje es autosuficiente y concluido de una manera total . Desde el punto de vista teórico los dichos de Bajtín son correctos, sin embargo, en ningún momento logra definir el proceso seguido por el autor para alcanzar la realización del personaje en términos prácticos, qué hechos definirán la existencia o la inexistencia del mismo. Prefiero pensar que los innumerables sentimientos, de resignación, impotencia, nostalgia, amor, tristeza, etc., que vive el autor frente a situaciones vitales, lo conducen a descubrir la posibles facetas y actitudes de los actantes que participan de la acción. Entonces sucede lo esperado: la ficción se tensa y el mundo ingeniado desde la visión del autor, la existencia o inexistencia de los posibles otros emergen de su conocimiento del mundo; esto no implica la división del yo, sino de la posibilidad de migrar al otro y de hacerse parte de su experiencia existencial. Este hecho permitió a Tolkien trabajar el tema de la negación de Aragorn a reconocerse como rey de Gondor; él porta en su sangre la vergonzosa actitud de Isildur que  puso en vilo la existencia de la Tierra Media. En Borges, la actitud del impostor que, presa de su cobardía y desprecio hacia sus acciones pasadas, migra y toma el nombre del que asesinó. Adolfo Bioy Casares descubre el precio de la mediocridad de Oribe en El perjurio de la nieve. Marco Denevi nos descubre las represiones y el extraño sentido de justicia que asolan el mundo de Leonides Arrufat. Los personajes de Haruki Murakami y de tantos otros autores que harían inacabable la mención de cada caso.  Y no hablamos de otra cosa que de la capacidad de migrar, de la capacidad de abandonar el yo para sentirse el otro o parte o el sentimiento del otro.
¿Son importantes los estereotipos para el escritor? Sí, cuando pueden llenarse de características propias que lo alejan, en apariencia, del modelo. ¿Es esto imposible? Todo lo contrario. Es parte del autor la posibilidad de crear mundos, de dotarlo de individuos, de personalidades, de ambientes, de contextos apropiados a la acción, verosímiles. Verosímiles porque el lector jamás quiere que el personaje sea real y desde este punto de vista, descubrimos que el escritor es un ser que tiene la capacidad de migrar, incluso, hacia los intereses, gustos, preferencias, del lector que existe o que existirá.
Llevados a pensar si este destierro, que incluso puede ser físico, del escritor responde a un tiempo de su carrera, de su formación, de su realidad de vida; prefiero pensar que no. Tiene que ver con su forma de relacionarse con el mundo, de sentirlo. Cabe preguntarse si el exilio de Cortázar es producto de su relación con el peronismo o si este exilio existió desde siempre. En Casa tomada, los personajes, sensibles a la realidad, son conscientes de que en algún momento deberán abandonar la casa y lo asumen, no luchan porque el exilio existía en ellos como acto desde antes de entregar la última habitación. Es inevitable el duelo, el sentimiento de impotencia, el dolor. Aún cuando el escritor migre físicamente al sitio que lo contendrá en un momento de su vida, ese exilio existió en él desde siempre y no existirá lugar que lo contenga porque es destierro es a-físico, atemporal; es intelectual, psicológico, moral. Su destierro es del mundo para el mundo.

Creación de mundos de ficción

Creación de mundos de ficción

Por su parte, el exilio de Borges es intelectual, no es físico. Como sus personajes, pareció existir en una Argentina posible con individuos dotados de otros conocimientos, de otra realidad política, más civilizada, menos prejuiciosa (tanto es así que, vox demagogiae, Borges fue escritor para una aristocracia, para una elite, no fue un escritor popular), menos dominada por los prejuicios  religiosos. Borges escandalizó con Las tres versiones de Judas, con sus dichos políticos, con su postura social, con su ironía y su sinceridad. Borges se relacionó con una de las posibles argentinas futuras o coexistentes porque, siguiendo el juego de El jardín de los senderos que se bifurcan, es posible creer que existe otra Argentina que se sustenta por otras decisiones. Borges es un habitante del pasado exiliado en una nación futura que lo admira. Aunque fue un escritor reconocido por el mundo civilizado que le impidió acceder al Nóbel a causa de su existencia en el pasado. Jorge  Luis Borges reconoció: el acto estético es misterioso y probablemente sea ajeno a circunstancias históricas. Yo, por ejemplo, no sé si correspondo a esta época, ni siquiera sé a la época que correspondía cuando era joven.
Sin esta posibilidad de sentirse ajeno, desarraigado, exiliado, no se puede concebir la crítica de la realidad, la creación artística, la existencia de mundos posibles. Tres personajes: el Quijote, Hamlet, Bilbo Bolsón. El Quijote es un personaje desencajado en la España Barroca. Su problema no es la locura; el problema es que le mintieron. España dice vivir, sustentar ciertos valores que forman parte de la novela de caballería, del Medioevo pero que, en realidad, ya ha olvidado e incluso se ha burlado de ellos. La identidad española que conoció el Quijote, ya no existe. O, se preguntará Cervantes, ¿esos valores no formaron parte de la hipocresía española?
¿No es Hamlet el que descubre, mostrándose enajenado, convertido en personaje del personaje, la verdad a partir de la ficción? ¿No es Bilbo Bolsón el personaje que espera encontrarse con el  que siempre fue a pesar de los prejuicios de los habitantes de la comarca? ¿No es el hobbit la representación del hombre medio inglés? ¿No prefiere este hombre inglés permanecer en el anonimato y disfrutar de los placeres sencillos de la vida, aunque puesto a prueba es capaz de hazañas impensadas?
No es posible criticar, observar y menos crear para quien está inmerso en el mundo. Sí lo es para quien se siente extranjero en su tierra, su sociedad, su familia, su mundo. Porque el lugar físico preferido se encuentra; pero,  los espacios que pretende el espíritu, jamás se conquistan; y, si esto sucede, desaparece el autor.

       Jorge Bach

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23 abril 2016 Posted by | JORGE BACH | | Deja un comentario