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VERSO Y POESÍA, por Alfredo Jorge Maxit

VERSO Y POESÍA

 

Antonio Machado

Antonio Machado

Existe una confusión bastante general: la de equiparar “verso” a “poesía”. Tampoco esta cuestión es simple. Trataré de expresarla poéticamente y sin  pretender acotarla en una nota. Para eso comienzo con la  estrofa tercera del poema de Antonio Machado, Mis poetas, en elogio de Gonzalo de Berceo (siglo XIII), primer poeta conocido de nuestra lengua.

Gonzalo de Berceo

Gonzalo de Berceo

Su verso es dulce y grave: monótonas hileras/ de chopos invernales en donde nada brilla;/ renglones como surcos en pardas sementeras,/ y lejos, las montañas azules de Castilla.

Me interesa, en primer lugar, detenerme en el tercer verso: renglones como surcos en pardas sementeras. Es que, si bien Machado se está refiriendo a la apariencia poco luminosa de las estrofas de Berceo, nos alcanza —quizás sin proponérselo— una imagen muy precisa de lo que es el verso, palabra que viene del verbo verter y que significó, primero, surco; después, renglón. El verso es el surco por donde corre, o debiera correr, el agua viva de la poesía.

¿Por qué debiera correr? Porque no todo lo que se escribe en verso es poesía. Quizá el propio Berceo lo intuyera así, al nombrarse versificador de la Virgen a quien canta. Entre nosotros lo afirmó bellamente  Rega Molina: sé de versos que no son poesía/ como un montón de plumas no es un ala. Observen que estos versos son verdaderamente poéticos en sus imágenes. ¿Y cuál es la medida? Es decir: ¿cuándo hay poesía?

Es aquí donde la cuestión se torna compleja, porque no se considera poesía en estos tiempos, lo mismo que en otras épocas. Pero es tema que requiere más de otra Ventana.

¿Nos llega esta estrofa del autor de Campos de Castilla, tan privilegiada por la crítica? ¿Qué es lo que se ha valorado en ella? Creo que el hecho de que no sea meramente narrativa como las otras y que en la descripción, al hablar Machado de la poesía de Berceo, lo hiciera metafóricamente. Tales versos son visualmente monótonos, como campos recién sembrados en los que –a veces como fondo- aparece el milagro azul de las montañas o poesía. Más: en los chopos invernales, álamos negros, aquí sin floraciones, está incluido el paisaje del propio Machado, que tanto cantó a esos árboles bordeando el río Duero; allá, por la ciudad de Soria.

Esto nos permite una primera deducción: habrá poesía, allí donde el lenguaje no diga, sino sugiera.

Alfredo Jorge Maxit

Alfredo Jorge Maxit

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8 junio 2016 Posted by | ALFREDO JORGE MAXIT, ANTONIO MACHADO, GONZALO DE BERCEO | , , , | 1 comentario

ACERCA DE HOMBRE TIERRA MUJER MAR, por CARLOS JACOBO LEVY

“Hombre de tierra – Mujer de mar”, Poemario de Graciela Mosquera y Carlos Norberto Carbone

Carlos Jacobo Levy

Carlos Jacobo Levy

No creo en dios, en ese dios que escribo con minúsculas aunque se diga que es el creador del universo y por añadidura el artífice de la vida, esa infinita ecuación de milagros que se van sumando segundo a segundo a nuestra existencia; creo, como Borges, que “estaríamos”, si utilizamos el potencial a merced de los caprichos, de un súper héroe inventado en sus necesidades por la pequeñez y fragilidad de la criatura humana; un megalómano exigente de templos y boatos, que aconsejo esquivar cambiando de vereda. Sacrificios y penurias, torturas, cepos y garrotes, quemas de brujas y salvajes cruzadas en su nombre, del altísimo, enfermo él de una paranoia sin cura; y que acaso sea la Biblia, su libro de cabecera, la zaga de aventuras más maravillosa que jamás se hubiera narrado. Se encarama en su trono celeste y manda a su hijo, el preferido, cubriendo su cabeza de espinas, a prometerles, al pobrecito hombre y a la pobrecita mujer, un edén inexistente.

Hombre de tierra - Mujer de mar

Hombre de tierra – Mujer de mar

Se considera omnipresente, omnisciente, que todo lo oye y que todo lo ve y no se da cuenta que más de la mitad de sus pequeños hijos se mueren de hambre o se ahogan sin llegar a la costa donde encontrarían la leche y la miel junto al Árbol del Pan. Mal padre, muy mal padre. De todos modos me hubiera gustado haber sido un creyente para poder hacer responsable a alguien de las perversidades desparramadas por el mundo. Pero de ninguna manera la no aceptación ese dios me convierte en un ateo, todo lo contrario, oficio en mis cotidianeidades religiosidades puntualmente fieles. Me rodean centenares de Dioses: la mañana cuando me descubro vivo y puedo ver el sol después de la lluvia, que sin tantos aspavientos, darán esa magia vital a las mieses para que no nos falte en la mesa el pan nuestro de cada día; y el milagro de las uvas para que no nos falte el vino. Jamás he visto a dios, pero sí a un hombre, azadón que sube y baja abriendo surcos. Hay quienes, encima, se lo agradecen a ese dios, que no es el Dios de los ateos, este, el pobre, es tan pobre, que ni siquiera puede prometernos un paraíso. El Dios del café tomado con un amigo o la maravilla del Dios Crepúsculo que comprueba su existencia con la melancolía. Tengo muchos, los tengo en cada pedacito de aire, en cada brizna, en cada ráfaga de viento. Dice la sabiduría popular que la madre es el único Dios sin ateos en la tierra. ¿Y el Dios del amor? Para los escritores el único es la Palabra, y son los poetas sus sacerdotes; los amantes de la poesía sus peregrinos que la desparraman sobre la tierra; y su mayor profeta la tierna, dulce y frágil criatura humana que diariamente ese dios pone a prueba como a Job. Quiero justificar así tanta retórica sobre ese dios inexistente y, a la vez, de que olvido el dolor de rodillas, aprovecho para acordarme de mi lectura de anoche.

Y aquí es donde quería llegar: HOMBRE TIERRA – MUJER MAR, es un libro para que esos peregrinos de los que escribía, lo lleven como una bitácora a bares y plazas; del pequeño pueblo a la gran ciudad, y del páramo al Valle. Y entonces la canten si es necesario donde el amor flaquee, sin egoísmo, porque aquí sobra, o donde haga falta un nuevo Dios, porque no caprichosamente, Carbone y Mosquera en un bellísimo ceremonial de sentimientos, juntan las tres religiones: la de la Palabra, la del Amor y la de la poesía.

Iba a tomar algunos párrafos pero no tengo alma de mutilador, así que a comprarlo que en Paris no se consigue, y si tengo que morir fulminado por alguna venganza presuntamente divina, que sea en la ley de vuestras locuras y en las cuales me incluyo.

5 junio 2016 Posted by | CARLOS JACOBO LEVY, CARLOS NORBERTO CARBONE, GRACIELA MOSQUERA | , , , , | Deja un comentario