EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

EL FIN DE LA LITERATURA, por Alberto Olmos

http://blogs.elconfidencial.com/cultura/mala-fama/2016-10-13/bob-dylan-premio-nobel-fin-literatura_1274692/

Seguramente ya hay muchos escritores de todo el mundo celebrando la pizpireta elección del jurado sueco. Creo saber qué tipo de escritor es el que ha unido su voz al coro de las felicitaciones: un escritor que no lee.

Aunque no lo crean, hay decenas de escritores (normalmente autodenominados posmodernos) que no leen nada en absoluto, pues su voracidad cultural queda saciada de largo con el visionado de películas y videoclips, y la asistencia a exposiciones. Sion Sono, Marina Abramovich y otros artistas de este jaez, no solo llenan sus horas de ocio cultural, sino que inspiran los libros que ellos mismos escriben, y que casualmente quieren que los demás leamos.

El compositor gana el prestigioso galardón.

Sin embargo, los escritores que leemos, y la gente que lee, todos esos ciudadanos que pasan horas delante de algo tan aburrido como un libro —un humilde noviazgo de tinta y papel—, y no digamos de algo tan arduo como un libro de Laszo Krasznahorkai o Philip Roth, y que reciben un enorme placer pasando páginas y descubriendo las profundidades de sentido de la palabra escrita, quieren que esas personas, que, a su vez, han entregado años de su vida a escribir ‘Melancolía de la resistencia’ o ‘La mancha humana’, tengan un puñetero reconocimiento. Y ese reconocimiento no era otro que el Premio Nobel de Literatura.

Lo repito sin ambages: todo aquel que se alegre del Nobel de Literatura a Bob Dylan no lee —a buen seguro— ni una novela al mes. Es más: el Premio Nobel a Dylan les sirve para dar por muerta la literatura tal y como la conocemos (tal y como nosotros la amamos), y proponer la imbecilidad autoexculpatoria de que, oye, todo es literatura, mi iPhone es literatura, no hay que ser tan integrista.

 

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27 diciembre 2016 Posted by | ALBERTO OLMOS | | Deja un comentario

SIMPLE COMO UN JUEGO de Oscar de Gyldenfeldt

Simple como un juego - Oscar de Gyldenfeldt

Simple como un juego – Oscar de Gyldenfeldt

 

OSCAR DE GYLDENFELD Y EL PESO DE LA CRUZ, por Ricardo Rubio

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El empleo de la estrategia poética puede (o debe) atisbar el estadio más hondo del juicio. Va a la caza del ser en sí, hacia aquello que podría acercarse —aunque inductiva de las puras sensaciones— a las razones más espectrales de la reflexión. En mayor o menor grado, cada poeta cuenta con las armas sensitivas para reflejar un espacio que nos resulta perplejo. La duda fogonea la búsqueda y la palabra intenta dar un sentido transferible a la emoción, abstracción y naturaleza se enfrentan con la intención de abrazarse, así, tan simple como un juego.

Oscar de Gyldenfeldt, desde su primer libro de poemas, “Habitar el mundo”, consiente que la observación precede a la acción, pues no es quien cierra los ojos y acepta lo dado, razón que me ha llevado a decir que es el ojo atento que vitaliza todo lo que suma, lo que merece la pena, lo que cuenta, en “Cielo y tierra”, su segundo libro.

Aquí, en “Simple como un juego”, ironía que minimiza el maremagno social en el que solemos estar inmersos, se introduce en aguas vislumbradas en su libro anterior y evoluciona hacia un área sublime de difíciles respuestas, negadas al yo-razón, pero unidas desde el campo metafísico a monumentos materiales, como el templo de San Petri, y desde el arquetípico a la ilusoria Torre de Babel. De modo que el lector habrá de poner mayor atención a lo observado por el poeta si aspira acceder a esa entrelínea que nos habla del escozor interior que provoca la imagen, o bien quedarse con las significaciones externas.

Oscar de Gyldenfeldt

Oscar de Gyldenfeldt

El amplio decir de este compendio de poemas, que conforman una obra singular y coherente en lo conceptual, donde la síntesis es un perfil de su belleza, se enriquece con la semántica contextual que se genera en la intuición del lector atento y dispuesto a compartir —o no— la duda, la pasión y la aceptación —o no— de la insubstancialidad de lo espectral. Una cuna crística, las parábolas bíblicas, las evangélicas narraciones, prestan sus pinturas a la palabra poética de una pluma que otea hasta el horizonte y todo lo que ve es fermento material metamórfico, siempre inteligible o mensurable, tales como las actividades en los templos, de sencilla descripción en lo epitelial y de dificultosa comprensión en cuanto a la voluntad que anima las acciones del rito. Para nuestro poeta La senda solo/ traza rodeos./ El dios calla.

Las leyes físicas que nos rodean y determinan, y para las que no se necesita especial conocimiento científico, están a simple alcance de los sentidos: El agua sigue el declive que la lleve al lugar de equilibro; así el poeta sigue el impulso que le dé paz o que simplemente lo contenga un poco más antes de iniciar un nuevo recorrido, quizás estimulado por el resquicio de alguna razón hasta entonces enhiesta, ahora agrietada, que instiga al esbozo de una nueva confesión, de una nueva pregunta o de un nuevo lamento: ”La voluntad de dar una forma para expresar un sentido espiritual”, citando a Heidegger (“Arte y Poesía”), quien también afirmó que ”en este forcejeo algo se desgarra en lo más duro”; y nada más certero cuando Oscar de Gyldenfeldt confronta el universo grosero, de leyes más o menos claras, con el divino, de cánones figurados por la perplejidad, diciendo: En lo siniestro/ y numinoso/ domina el dios.

Asimismo, el poeta ve que el dolor del mundo/ estalla por doquier; él es el orbe, es quien también estalla, no permanece ajeno a lo que ve, siente la relación, busca la concomitancia, la vibración que alcance un punto de unión, la cristalización que aluden algunas místicas orientales, no de un modo egoísta, la busca para sí y la desea para el Otro, asimismo involucrado. No hay engaños, no hay apariencias, no hay aquí forcejeo con la decoración del poema sino el tránsito por las aceras de la humanidad, con la mirada de quien mucho ha visto y, sobre todo, de quien mucho ha sentido y, por ende, sufrido. Y en este aspecto, la suave composición de los versos de Oscar de Gyldenfeldt aporta cierta bonhomía a una temática que provoca complacencia ante la imagen visual emergente de la coyuntura lúdica, y que cubre con un manto de serenidad asuntos que desequilibran y conturban: la tragicidad de la finitud o su cercanía, la necia incomprensión ante esa brevedad y el sometimiento al inapelable determinismo biológico, asuntos tan simples como un juego.

El título de esta obra, Simple como un juego, anuncia reflexión, cualquiera sea el camino; y, por oposición, órdago de dificultad (siendo ‘órdago’ la apuesta máxima de cierto juego de barajas). La metafísica es un juego intelectual, pero no es simple, y acude aquí a preservar la presencia de las dudas y la continuación, por otros medios ya no jónicos, de las arcanas preguntas. Estas preguntas son tan simples como esenciales y las encontramos en un poema del libro: ¿En qué osadía del destino/ me ha sido dado ser esta alma/ y no aquella cosa?… ¿En qué magia/ ha sido conjurada la metamorfosis,/ ¡fuerza extraordinaria del ritual!/ para ser en este instante/ esto y/ no aquello? ¿Son, acaso, distintos modos de pronunciar la aseveración de la línea de Shakespeare, cuando Hamlet dice “To be, or not to be- that is the question”; pero he aquí una trampa sofística, existe una notable diferencia: En Hamlet es el ‘ser’ de la persona o la ‘nada’, en de Gyldenfeldt es ‘ser persona’ o ‘ser cosa’, esto establece una distancia de percepción ontológica: En nuestro poeta no se percibe la “nada”, pues tanto ‘cosa’ como ‘persona’ hablan de existencia, aunque, a la sazón, comprenda que el juego es simple, porque todos sabemos que termina. Inexorablemente.

Evité por expresa voluntad la cita de influencias, corrientes, relaciones, afluentes, cosa que hubiese resultado sencilla y que habla más de las lecturas del prologuista que del prologado. Reconozco que todos tenemos la inquietud de orientarnos en el pensamiento aferrándonos a modas y estilos, es un modo sencillo de sentirnos ubicados e inspirados para el trabajo. Cada poeta, cuando lo es, cuando no imita, cuando canta su emoción acuciado por la inquietud que lo incita (y ésta sí puede dar un panorama tópico de contención), traza un periplo verbal que le es propio, una identidad tan escasa en nuestro medio y tan necesaria para abrazar la poiésis. Nuestra inteligencia necesita muchas veces esas comparaciones, esas muletas, y está bien que las tome, pero no habría razón para hacerlo aquí cuando cada lector hará lo propio. Baste decir que Oscar del Gyldenfeldt, un poeta cuya vida transita el mismo camino de sus letras, presenta “Simple como un juego”, uno de los pocos libros que salvaguardan nuestra poesía, elevándola por sobre el desconcierto general, y que provoca el gusto por la lengua castellana y su potencialidad.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

 

 

 

 

 

 

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26 diciembre 2016 Posted by | OSCAR DE GYLDENFELDT, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

JETON KELMENDI, carta de CARLOS ENRIQUE BERBEGLIA al traductor

Carta de Carlos Enrique Berbeglia a Ricardo Rubio, traductor de “Cómo llegar a ti mismo”, poemario de Jeton Kelmendi.

Jeton Kelmendi

Jeton Kelmendi

Como llegar ti mismo

Como llegar ti mismo, de Jeton Kelmendi

Ricardo:

Leí los poemas que vertieras desde el inglés de  Jeton Kelmendi. En primer lugar quiero felicitarte por la obra de difusión de una literatura tan extraña a nuestra lengua, trabajo que es algo muy digno de encomio.
Luego de una seria lectura, he notado que Jeton Kelmendi practica una poesía “directa”, que no redunda en metáforas u otros recursos similares para expresar lo que desea.
Tal vez por la experiencia de la guerra civil que sufriera hacia el final del siglo pasado, decanta un gran sentido de la humanidad y de dignidad, creo que esa experiencia motivó a Kelmendi para lograr los bellos poemas: “El vaso de la melancolía”, fechado en París en 2006, y el anterior: “Para el coraje”, fechado en Viena, el mismo año.
La bella sencillez no está exenta de profundidad.
Se trata del canto de un poeta patriota y comprometido por la libertad de su pueblo, el poema que da título al libro así lo demuestra, aunque recurra a una mítica princesa para llegar a sí mismo, lo logra luego de un largo viaje, el del destierro, tanto interior como geográfico, y que valora los pilares cristianos de Occidente, lo demuestra su devoción por la Madre Teresa, sentimientos que  une con sus ansias por la liberación de Kosovo.
En resumen, una poesía que no requiere una decodificación erudita o el recurso a las interpretaciones esotéricas, basta leerla y disfrutarla.

Un abrazo.

Carlos Enrique Berbeglia
Doctor en Letras – Lic. en Antropología

Carlos Enrique Berbeglia

Carlos Enrique Berbeglia

Con-jeton-kelmendi-in-tetova (2016)

Jeton Kelmendi con Ricardo Rubio en Tetova (Macedonia, 2016)

15 diciembre 2016 Posted by | CARLOS ENRIQUE BERBEGLIA, JETON KELMENDI, RICARDO RUBIO | , , , | 2 comentarios