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El gozo de la palabra, por Jorge Oscar Bach

EL GOZO DE LA PALABRA

 

Jorge Bach

Jorge Oscar Bach

El interés por este tema surgió a partir de una discusión en la red. La pregunta lanzada por una escritora, que defendía el compromiso del escritor con la palabra fue: ¿No parece que últimamente la pobreza del vocabulario socava la riqueza expresiva a la que está destinada la poesía?

Dos reflexiones llamaron mi atención: una en defensa del empleo de un vocabulario amplio y otra en favor del uso de un vocabulario restringido. Según la primera, la palabra es como la paleta de colores que el pintor utiliza plagada de variedades y combinaciones que embellecen la obra; respecto de la segunda, la poesía debe ser accesible a todos y la amplitud de vocabulario puede restringir el acceso masivo.

Por un lado, pensé que, aún cuando la poesía parezca simple, la idea que la habita jamás será accesible a todos y que, por otra parte, si no es el poeta el que promueve el uso y el descubrimiento de la belleza del concepto en la palabra ¿quién podrá hacerlo? Por otra parte, la palabra es mucho más que un color. Dirían los semiólogos que un color, como las notas musicales, adquieren significado en virtud de la combinación con otras unidades del sistema. El rojo, entonces, es pasión en un cuadro; sangre, en otro; feminidad, en otro. La palabra, por su parte, lleva consigo una carga significativa que trasciende sus límites, que se potencia en combinación con otras y potencia a otras. La palabra, incluso, tiene historia y esa historia, al descubrirla (con todo el sentido que significa descubrir en este caso: quitar el velo de la ignorancia), promueve el gozo de quien lleva a cabo la acción. Jorge Luis Borges, en el poema Los justos, dice, entre otros versos:

el que descubre con placer una etimología

y al finalizar el poema agrega

esas personas que se ignoran está salvando al mundo.

Este poema de Borges es invaluable porque invita al ser humano a despojarse de toda actitud mezquina para encontrarse con aquello que da sentido a su relación con el mundo. No son las grandes obras las que lo salvan, sino el placer de compartir el tiempo junto a otros, el placer del diálogo, del trabajo, de la lectura, de la palabra.

Pero pertenecemos a una sociedad que se ha ido desvinculando progresivamente del conocimiento y esta desvinculación ha sido producto de siglos de ignorancia, de dejarse seducir por la tecnología y la comodidad, aplazando la figura del pensamiento (de otra forma no se entendería el empleo de armas de destrucción masiva ni la sociedad de consumo).

Hobbes haciendo referencia a la experiencia que moviliza la desvinculación del conocimiento, en el Leviatán, publicado en 1651, dice:

Así en la correcta definición de nombres radica el primer uso del lenguaje, que es la adquisición de la ciencia. Y en las definiciones falsas, es decir, en la falta de definiciones, finca el primer abuso del cual proceden todas las definiciones falsas e insensatas; en ese abuso incurren los hombres que adquieren sus conocimientos en la autoridad de los libros y no en sus meditaciones propias; quedan así rebajados a la condición del hombre ignorante…

Lo primero que se debe decir es que la riqueza del vocabulario es fruto de la experiencia y el que brinda caminos para la realización de esa experiencia, del encuentro con el pensamiento reflexivo y la belleza, a diferencia de las ciencias, es el escritor que explota las posibilidades del lenguaje e invita al lector al desarrollo de sus capacidades expresivas. Y dentro de esta perspectiva es imposible, incluso, descartar la acción de los medios, cuyo objetivo, entre otros, debería ser ampliar la perspectiva de conocimientos en el individuo y en la sociedad.

Pero además de Hobbes, T. S. Eliot se pregunta en el primer coro de La roca publicado en 1934:

¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?

¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?

¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?

  1. S. Eliot tiene razón: la información fluye, el conocimiento expande fronteras, pero la sabiduría se hace vida. El hombre sabio encuentra sentido a su existencia y en ese mundo de contenidos recobra valor la palabra.

Pero pertenecemos a una sociedad afásica que ha abandonado, ya no solo el camino de la sabiduría, sino también el amor por la experiencia del conocimiento. Es una sociedad que no puede expresar libremente sus ideas porque no puede establecer la relación entre los significados y los significantes apropiados. El sonido, es el signo de una idea, dicen los lingüistas. Una idea no puede existir sin un sonido que la exprese, como tampoco puede existir un sonido sin una idea que expresar. En una sociedad del Spa (a decir de Kun Chul Han), que busca placeres inmediatos, existe una limitada capacidad reflexiva, por ende, una limitada capacidad expresiva que el escritor debe intentar trascender. En este sentido, no debe ser considerada una actitud arrogante la labor del escritor; pero sí necesaria en tanto que quien escribe no debe dudar de que el arte manifiesta una posibilidad de transformar, de mejorar a la sociedad. Aristóteles hablaba del hombre como animal político y define al arte como aquello que es verosímil, entretiene y produce placer. Y la literatura es el arte que evoca el placer de la palabra que hunde sus huellas en el ser social e individual.

La literatura abre a la posibilidad de la exploración y expansión del mundo interior; pero también a la experiencia de creación de mundos nuevos.

Les propongo una breve experiencia que responde al ensayo de Tolkien Sobre el cuento de hadas. Cerremos los ojos y agreguemos un adjetivo al sustantivo bosque. Diré Bosque iluminado. Tratemos de conectarnos con el mundo al que nos abre esa relación sustantivo – adjetivo, a la historia que subyace en ella. Hagamos la prueba, dejemos volar la imaginación. ¿Cómo imaginamos los árboles? ¿El sol? ¿Qué seres habitan el bosque? ¿Qué ocurre en ese mundo? ¿Qué luchas hay?

Continuemos ahora con la experiencia; pero cambiemos el adjetivo: bosque tenebroso. Hagamos las mismas preguntas: ¿Cómo imaginamos los árboles? ¿El sol? ¿Qué seres habitan el bosque? ¿Qué ocurre en ese mundo? ¿Qué luchas hay?

¿Alguno se anima a contar lo que imaginó?

Tolkien habla de la sub-creación. Y esa sub-creación emerge del significado sencillo y profundo de la palabra. ¿Qué entiende por ello? En palabras de Bachelard se explicaría como la creación de mundos posibles. De otro mundo que no necesita ser parecido a nuestra realidad; pero existe porque en virtud de la creación literaria, del arte de la palabra, nuestra psiquis lo hace real, y lo hace real porque tiene sentido. Es un mundo ilustrado por las imágenes creadas con palabras, por seres que habitan una realidad que deseamos reconocer. Steven Spielberg dirá que no importa el cómo contamos la historia, sino que haya una historia. Es decir, que exista un compromiso real con la creación a partir de la palabra, que haya contenido.

Después de todo, el ser humano no lo debe olvidar: en innumerables culturas no existe otra forma de explicar la existencia del hombre sino a partir de la voluntad creadora que se manifiesta con la palabra. Cada cosa que habita el mundo adquiere forma a partir de que se la puede designar, nombrar. En un principio fueron solo los objetos, luego fue el triunfo, la derrota, el amor, la pasión, la entrega, la fidelidad, etc.

La creación mediante la palabra de ninguna forma puede ser tomada a la ligera. Es la palabra la que nos ha otorgado la posibilidad de ser, de reflexionar acerca de la existencia. Es a partir de la palabra que se organizó y desarrollaron el individuo, la sociedad, la filosofía, las ciencias, las leyes, la economía, la educación, la familia. La creación del lenguaje seguramente ha sido la creación más bella y productiva del ser humano. No es poco pedir que el arte de la palabra presente desafíos continuos, que genere la incomodidad necesaria en las personas para que la idea vuele hacia la reflexión, el conocimiento, la sabiduría. Recobrar el gozo de la palabra, el valor de la palabra, es la principal labor del poeta.

 

Jorge Oscar Bach
Buenos Aires, 19 de agosto de 2017.

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18 febrero 2018 Posted by | JORGE OSCAR BACH | , , , | Deja un comentario

   

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