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POEMAS DE NAIM FRASHËRI (1846-1900) Poesía albanesa

NAIM FRASHËRI nació en Frashër, Albania, el 25 de mayo de 1846 y falleció en Kiziltoprak, Kadiköy, Turquía, el 20 de octubre de 1900.

Sus primeros poemas fueron escritos en persa, pero luego creó varias obras en turco y en griego, pero el mayor peso de su obra está escrita en albanés. Lo influyeron obras de las literaturas persa y francesa, de esta última trafujo varias fábulas de Jean de la Fontaine; también es de su mano una traducción albanesa de la Illíada de Homero. Como articulista dedicó algunos trabajos a la didáctica y práctica islámicas. Con sus escritos ejerció influencias insoslayables sobre la literatura albanesa. El estado independiente albanés creó una orden de mérito que lleva su nombre, con la que oportunamente la Madre Teresa de Calcuta fue homenajeada.
Son algunas de sus obras, Rebaños y labranza (1886); El verdadero deseo de los albaneses (en griego, 1886); Flores estivales (1890); Karbala (1898); Historia de Skanderbeg (su obra principal, que narra la vida del héroe nacional Gjergi Kastriot Skanderbeg, intercalada con episodios imaginarios, 1898).

Poemas de Naim Frashëri
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QUIZÁS

El mundo es pequeño: quizás
tus ojos encontrarán
estos versos,
como la gacela al león en la selva.

Y sobre las letras negras
echarás una mirada triste.
Puede ser que tus ojos tiemblen sobre los versos
¿Pero los amarillentos versos temblarán bajo tus ojos?

Busto de Naim Frasheri en la Ciudad albanesa Permeti

PAPÁ

 

Una noche llegó borracho,
sentándose cerca del fuego tiró lejos
su vieja gorra, sacó
el diario del bolsillo.

Nada contó por qué había bebido.
Mamá dijo: “Vaya una a saber”.
Alguien había criticado en el diario
los versos de su hijo mayor.

En el bar repleto de ruidos y humo
le mostraron el recorte del diario,
alguien dijo: “Jodida
la poesía de tu hijo”.

A los versos de su hijo nunca nadie le prestó
un interés particular.
Esa noche fue la primera vez,
entre el espeso humo del estrecho bar.

CREDO

 

Prosternándome sobre tu suelo, Albania,
como el oráculo del templo de Dodene,
siento tu vapor rojo que me embriaga
y entonces canto.
Y si suele suceder que la canción no tiene hilación,
quiere decir que debo andar borracho
y en consecuencia
mucho más sincero.

POESÍA

 

Poesía,
¿cómo encontraste el camino hasta mí?
Mi madre no sabe muy bien el albanés,
las cartas las escribe como Aragón, sin puntos ni comas;
en su juventud mi padre navegó bajo otros cielos.
Sin embargo llegaste
caminando sobre el adoquinado de mi tranquila
ciudad de piedra;
tímidamente has golpeado la puerta de la casa de
tres pisos
en el número 16.

 

LO QUE DICE LA VELA

 

Aquí entre ustedes me levanto
y ahora arde mi llama vacilante,
para darles, algo de luz
y cambiar, en día la noche.
Así ardo y me derrito,
hasta ser consumida y apagada,
para brillar y que puedan
verse ustedes los unos a los otros,
Por ustedes voy a desaparecer,
y de mi no quedará más remanente
después de arder, que el lamento de una lágrima.

 

(Gracias, Fausto Marcelo Ávila Ávila)

 

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21 abril 2018 Posted by | NAIM FRASHERI | | Deja un comentario

HÉCTOR MIGUEL ANGELI

Héctor Miguel Angeli

Poeta de acendrada voz y fino lirismo, Héctor Miguel Ángeli, nació en Buenos Aires en 1930.

 

Ejerció la docencia, fue guionista televisivo y, tras cursar estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad local, el gobierno de Italia lo becó para que perfeccionara, en Roma, sus conocimientos sobre la literatura de ese país, estadía que lo llevó, ulteriormente, a convertirse en traductor de importantes autores peninsulares. Reconocida su obra poética por la municipalidad porteña y por la Fundación Argentina para la Poesía.

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En 2005 recibió el Premio Esteban Echeverría, galardón que otorga anualmente la entidad Gente de Letras; en 2011, Primer Premio Municipal de Poesía; y el Premio Trienal de Poesía de la Academia Argentina de Letras.

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“Manchas” (1964)

Publicó los siguientes poemarios:

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Voces del primer reloj, 1948;

Los techos, 1959;

Manchas, 1964;

Las burlas, 1966;

Nueve tangos, 1974;

La giba de plata, 1977;

“Nueve Tangos”, primera versión (1974)

Para armar una mañana, 1988;

Matar a un hombre, 1991;

Frutas sobre la mesa, 2007.

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En 1999 reunió su obra poética édita hasta ese entonces en un volumen que apareció bajo el título de La gran divagación, compilación completada en 2004 con la antología Animales en verso.

En 2013 publicó la obra teatral La Paralela.

Falleció en Buenos Aires en 2018.

 

“Creo que en mi poesía hay un enfoque de la sencillez, en el sentido de que no hay cosas elaboradas, sino que se dan a partir de circunstancias casi domésticas o muy modestas y de allí surgirá lo extraordinario. Ateniéndome ahora a este concepto, nunca parto de algo demasiado ambicioso o extraordinario. Lo que me motiva o estimula siempre es algo circunstancial, cotidiano y, dada la evolución del poema, no sé si esa cosa más profunda se da. Yo no lo podría juzgar por mí mismo”. (Tamaño Oficio Nº 27)

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Es muy difícil analizar o sacar conclusiones de los propios poemas, ¿no? Es muy difícil… Pero… evidentemente hay una exaltación de la vida en estado milagroso, digamos así, por sobre la vida en estado destructivo, agónico. La cuestión es que hay una inocencia, que fue bien puntualizada, la cual, por sobre toda la sordidez, todo el horror y todo el tedio que la vida nos depara, puede ser rescatada y es siempre superior a la cosa elaborada artificialmente o por necesidad, para poder seguir soportando esas manifestaciones negativas de la vida: las locas hortalizas al lado de una librería, las frutas sobre la mesa; ésas son representaciones, metáforas o signos, más bien signos, de lo que quiero decir. Pero todo eso me ha sido dado inconscientemente y esta conversación me lo hace ver con claridad”. (Tamaño Oficio Nº 27)

 

POEMAS DE HÉCTOR MIGUEL ANGELI

 

CON LOS PIES NOS VAMOS

No quiero que me levanten los pies para morirme.
Que me alcen las manos, eso sí,
hasta la desembocadura de los astros.
Pero no quiero que me levanten los pies para morirme.
Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia,
Con los pies nos vamos.
Y cuando me vaya,
quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,
de materia inflamable y aleatoria
que no me deja en paz, que me persigue
y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura se arrastran.
Todas las cosas son, se me parecen:
el sueño intestinal del ave,
la orquídea en el vientre de los muertos.
Debo irme con ellas,
transportadas por esta permanencia.
Tan grande es el dolor de nuestra marcha,
tan grande y tan amigo,
que no quiero que me levanten los pies para morirme.
Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.

 

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SENTADO A LA MESA DEL LOBO

Sentado a la mesa del lobo
no hay fruto que me arroje al destierro.
El lobo es un prócer especial.
Cada uno de sus gestos
me abre la puerta del bosque.
Y me daría también la llave
si yo se la pidiese.
No es necesario ser bueno o ser malo
para sentarse a la mesa del lobo.
Sólo se requiere
saludar como todos los días
a nuestros propios asesinos.
Y tal vez algo más:
cavar un pozo en las colinas
para esconder nuestros amores.
Sentado a la mesa del lobo
a veces sueño que he dormido,
pero a veces me consume la dicha
de haber sido una pasión.

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JUICIO ORAL

Vamos a ver:
estás aquí, sentado en un café
y escuchas las hermosas palabras
que te dicta tu inseparable compañera,
esa Poesía que nunca sabes
si es una puta o una santa
aunque no importa mucho
porque siempre es una mujer de noble corazón.
Analicemos:
las hermosas palabras no pueden ser reemplazadas.
Esto implicaría una infamia
cuando caen sobre las fotografías del mundo.
Por ejemplo:
la cabeza cortada de un adolescente
rodando sobre el asfalto.
Sin embargo, esa palabras no sirven
para detener al esbirro
que mañana cortará otra cabeza.
Ahora bien:
la palabra es siempre una desesperada
en el crepúsculo del desierto.
Pese a sus fulgores,
no puede resolver sin la idílica sombra.
Una prueba:
¡Pobrecitos los poetas!
Quieren ser útiles, salvar las armas,
luchar por todos contra el muro del vacío,
pero la belleza siempre los traiciona.
¡Oh, sí, pobrecitos!
Última instancia:
la Poesía renace en una guarida de alucinados.
Conclusión:
se te va la vida
en lo que no dices y en lo que no haces.
Te queda, muy pequeña, la muerte.

.

 

FRENTE AL GRAN RÍO

                                        a Silvia y José Luis, en Posadas

Oh, meditación del agua!
Oh, sitio de la altura!
Así empezaría un poema pretencioso
pero no,
es apenas la llovizna que languidece
sobre la cuidad fogosa.
Desde el alto balcón de mis amigos
el gran río
ni siquiera parece suspirar.
Sólo es una revelación del aire,
un camino brillante de cenizas.
Las nubes brotan del río
y sobre el río
piensan como nosotros pensamos,
sin tregua ni límites.
Son las nubes
de la libertad y de la tristeza
que zarpan de todos nuestros días
y nos obligan a ser mortales.
En este otoño de las despedidas
creo que nunca cometí maldad alguna.
Por eso pienso, como piensan
las nubes lejanas fugaces,
que estoy entre los fracasados.

.

 

TÉRMINOS

Degustar no es igual a disgustar.
Según sea,
uno hincha el vientre del arzobispo
y el otro
asume la responsabilidad de la historia.

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LA VISITA

¿Quién es usted? ¿Quién es usted?
Sin duda, un intruso en mi delirio.
Le donaré tres favores:
el ámbito de guerra,
la idea original
y el prestigio de la forma.
No me diga después que no sabía.
Si se queda,
descubrirá
que el último minuto es un garfio.
¿Y el primero?
¡Ah, el primero ya pasó…
y olía a jazmines!

.

EL GLOBO DE LUZ

En la trasnochada ciudad
donde cuelgan los calendarios y el enigma
una torre asombra
por un globo de luz
muy distinto a las lámparas y las estrellas.
Hay muchas ventanas iluminadas,
pero sólo una
emite esa luz macilenta de redondo piélago
que no cabe en el estallido del vino
ni en la quemadura de las frutas.
Alta como está en el éxtasis oscuro
excede los espacios de la fiesta
donde todos devoran otro año.
Si en la torre apareciera un monstruo
sería reconocido.
Ninguna deformidad sorprendería.
En cambio ese globo de luz
que nada explica y por lo tanto es libre,
ese globo de luz embellece
porque está muy lejos
y nadie lo conoce,
porque está muy oculto
¡ay! pero se puede ver.

.


SEÑORA DE LOS OJOS DORMIDOS

Señora con la cabeza inclinada
y más allá con los ojos dormidos,
blanca señora,
blanca en la sombra invisible del cielo.
Señora ya demasiado niña
y demasiado anciana,
furtiva como un lirio,
tenaz como un roble.
De cerca visión,
a lo lejos música en las manos.
Señora con el cuerpo
sin tregua acostado
sobre todos los recuerdos.
Niebla en el espejo,
luz como acero en el candor de los cuartos,
elevación y ancla,
aroma…
Señora en el umbral del frío
cuando la casa del momento cierra.
Señora, madre mía,
la que muere y nace
en el regazo de las dulces tardes.

.

 

 

15 abril 2018 Posted by | HECTOR MIGUEL ANGELI | 2 comentarios

   

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