EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

LA POESÍA DE ANTONIO ALIBERTI POR AMADEO GRAVINO

Antonio Aliberti

Antonio Aliberti

 Antonio Aliberti nació en 1938, en Barcellona Pozzo di Gotto, provincia de Messina (Sicilia, Italia) . Vivió en nuestro país de 1951 hasta julio del 2000, cuando falleció. Durante esos 50 años de residencia entre nosotros, él se dedicó a la difusión de la cultura, en forma especial de la poesía. Trabajó en medios gráficos como periodista literario. Fue asesor de editoriales, corresponsal de revistas italianas, traductor de autores argentinos al italiano y de italianos al castellano. Fue un generoso antólogo y el editor de la publicación de Poesía ZUM ZUM que difundió a poetas argentinos e italianos en versiones bilingües. En síntesis, Aliberti ha sido un gran trabajador, un animador relevante de nuestro panorama poético. Además, fue un poeta serio, inspirado; un creador valioso que siempre intentó ofrecer lo mejor de su talento en sus poemas. Por eso, este trabajo de aproximación a su quehacer intenta abordar algunos rasgos característicos que se manifestaron a lo largo de la evolución de su obra poética, la que en-tiendo que no debe ser olvidada, pues ha sido tan rica como personal. Tomo como punto de partida para mi trabajo su antología poética “Apuntes de 20 años” (Correo Latino 1991), que agrupa -en unas 200 páginas- notas dedicadas al estudio de su trabajo y ciento sesenta y cuatro poemas seleccionados por Aliberti de sus libros publicados. Y digo que coincido con la opinión de Débole, prologuista del volumen, que expresa que, para él, la obra del poeta se divide en dos partes y que la primera abarcaría desde Poemas (1972), su libro inicial, hasta Mareas del Tiempo (1981), séptima publicación. Incluyendo los libros El Hombre y su Cáliz (1973), Tráfico (1974), Ceremonia Íntima (1975), Cuestión de piel (1978) y Estar en el mundo (1979/80).

Apuntes de veinte años

Apuntes de veinte años

Asimismo, coincido con Débole cuando manifiesta que: en ese primer momento de su obra, las vertientes de Aliberti guardan estrecha relación con su condición de emigrado, cosa que certifican estos versos que cito:

Del árabe heredé este cuerpo árido,/ este galope incesante de caballos/ en el desierto interminable,

Por lo que, y siempre según el juicio de Débole que comparto: en esos volúmenes el mar vendría a ser un claro simbolismo del amor-odio, ya que representa allí el espacio vacío que habría dejado la vida del poeta entre dos orillas lejanas, a las que nunca más podrá volver a unir; lo que fue dicho por el poeta en versos como los que siguen:

 Si he de viajar, quiero ir/ -más allá del mar-/ a un pequeño pueblo/ anclado en medio del bosque/ como un milagro.

También entonces, podemos advertir que en los textos de Aliberti, el tiempo y su inestabilidad, como asimismo la preocupación social, se entroncan con el intento de reconstruir una niñez que excedería su memoria personal o, que tal vez pertenecería a la memoria atávica. Pero, sin embargo, los poemas de Aliberti de entonces, tampoco se apartan de la realidad; esto aunque no la nombrara explícitamente y sólo la rozara a veces, encubierta, generando nuevas sensaciones que van más allá de esa misma realidad. Registro, como ejemplo estos versos:

Me duele -este tiempo-/ como una lágrima viva.

En relación con ello, escribió Alberto Luis Ponzo, al referirse a los primeros libros de Aliberti: Ya en 1973, su íntima indagación le hace desechar un recurso frecuente por aquellos años: el de la crítica social retórica y estéril. Su sensible lenguaje no se confunde, sin embargo, con la actitud evasiva típica de otras corrientes de la época. Y una muestra de lo dicho por Ponzo es el pasaje del poema que dice:

A la ciudad le ha salido/ un harapo,/ que gime con el viento/ como un pájaro.

Para comenzar el tratamiento de la segunda parte de la obra de Aliberti, digo que el libro que sigue al ya mencionado Mareas del tiempo, es el que se titula Lejanas Hogueras, también de 1981 y que puede ser considerado un libro de ruptura. Es una obra dividida en dos partes, de varios tiempos breves cada una. Libro inspirado, denso, de características poco comunes en la poesía de nuestro país. Encontramos allí una manera de agotar las obsesiones que llenaban los libros anteriores del autor: pasado, presente y futuro desfilan sucesivamente por sus páginas. También hay allí, intuiciones, confesiones, relámpagos de una vida que va definiéndose como una grieta, según anotó Débole y fue dicho así por Aliberti:

La grieta/ por donde me pierdo,/ los trozos de mí mismo/ desencontrados.

Antonio Aliberti y Ricardo Rubio (1996)

Destaco que ese libro se publicó en edición bilingüe y recibió importantes premios en nuestro país y en Italia. Justamente en aquel país, al comentarse el libro, se habló de un realismo metafísico y de un regreso a la palabra pura. Lo que es indiscutible es que, en este volumen, el autor ha logrado fundir sus experiencias de origen, las de su infancia en Italia que trataba en los textos primeros, con las acumuladas entre nosotros. Se me ocurre el siguiente ejemplo:

El hombre es una historia repetida/ se hace y deshace con el tiempo.

También este volumen demuestra que Aliberti ha crecido como poeta y es ahora dueño de una voz personal, de un estilo propio y reconocible.

Asimismo, pertenece a esta segunda parte de la obra de Aliberti, el libro Límites posibles (1983). En este volumen formidable, según lo manifestara Raúl Gustavo Aguirre, el poeta hace gala de un ritmo muy marcado y nos permite saber que sus fantasmas y sus obsesiones se han multiplicado considerablemente; lo que se nota en los versos que siguen:

No es realidad lo que se toca;/ realidad es fuga,/ es luz que se desangra.

También allí vemos que su lenguaje es más suelto y que se nos ofrece más expandido. Además, como lo señaló Débole, llama mucho la atención aquí el uso de un recurso que le otorga a los poemas mucha fuerza y gran dinámica: el remate utilizado a la manera en que se utiliza en los cuentos. Ejemplo de ello es el siguiente remate de un poema:

Lo absoluto ha pasado/ y ha dejado un charco donde nunca/ hubo nada.

En 1986 Aliberti publica Cuartos contiguos, libro considerado como de transición por Jorge Ariel Madrazo, para el que: El resultado general es un tono más carnal, más realista y metafísico a la vez. En esta obra notamos también su definitiva inserción en los problemas de nuestro país. Vaya una mínima muestra de ello:

Hasta que a los vientos del Sur los hice míos.

Esta actitud, sin ser del todo nueva, se manifiesta en plenitud, mediante una mayor riqueza técnica y a partir de un más atrevido uso de las palabras y la emisión más sólida y firme de la voz. Podemos verlo también en estos versos:

Son tantos los hermanos que he perdido/ que ya el goce se me hace necesario.

De 1987 es Todos recordaron a Casandra, el título más significativo de Aliberti y uno de los mejores libros de poesía de los últimos años. Es un volumen crítico, como todos los del poeta, aunque aquí la crítica se centra no sólo en lo cotidiano, sino sobre todo en la conducta de los intelectuales ante una sociedad que va olvidando valores que alguna vez la sostuvieron. Algo de esto dicen los siguientes versos:

Los héroes que no fuimos, que nunca más seremos/ (corchos que flotan en el pecho/ padecen cada día una derrota)

También destaco que en este libro, sorprendente en más de un sentido según Débole, se manifiesta en plenitud la formación clásica de Aliberti, sus  conocimientos sobre mitología, arte y cultura griegas, sobre música, teatro y literatura en general. Asimismo, aparecen claramente en este volumen, las intenciones humanísticas del poeta y un recurso que, sin serle desconocido, pasa a ser empleado ahora con gran maestría y efectividad: el sarcasmo. Doy una muestra:

hay que reclutar a los desamparados/ poner-les un sello, una misma mueca en la cara/ que nadie pueda confundirlos así como así

“Apuntes de 20 años”, la antología de Aliberti que tomé de base para este trabajo, se cierra con poemas del libro Delicado equilibrio (1991) y con el texto hasta entonces inédito titulado Pavesiana, el que despliega una técnica perfecta que se apoya en riquezas de música y vocabulario para rendir homenaje a Pavese, penetrando en el espíritu del autor italiano de post-guerra, pero sin caer en la imitación servil. Veamos un breve fragmento:

Este es un barrio de hombres muy solos/ que van al trabajo y vuelven sin ganas:/ salen mirando un cielo cobrizo/ y regresan de noche contando sus pasos

Para terminar, afirmo que la lectura de los textos que integran La mujer que llegó al atardecer, incluidos en el volumen El llanto de Aquiles (1994) -libro de estudio de la obra de Aliberti, de Agustín Gribodo-, Incierta Vocación (1995), volumen de muy destacables méritos, y Nessun maggior dolore (1997) -obra póstuma, escrita y publicada en idioma italiano por Aliberti-; es decir, toda la poesía publicada en vida por el autor luego de la antología “Apuntes de 20 años”, sólo me ha confirmado la impresión de que Aliberti ha sido una figura notable de nuestra cultura. Que Aliberti ha sido un valioso creador que supo construirse un modo personal de comunicarnos su mensaje siempre cargado de sentido sin tener necesidad de integrarse a movimientos de moda. Que Aliberti fue un poeta talentoso, original, que en su obra supo sortear el riesgo de la uniformidad paralizante mediante el empleo de un tono variado y auténtico, el que le posibilitó ser siempre actual y comprometido con su tiempo y, a la vez, con los más altos y permanentes valores de la poesía.

Andrés Utello, Adriana Florentino, Ricardo Rubio, Graciela Ferrer,

Antonio Aliberti, Raquel Bottarini

San Marcos Sierras (1997)

.

Para confirmar lo dicho hasta aquí, veamos ahora una mínima muestra de los poemas de Aliberti:

.

.

(Abrí todas…)

.

Abrí todas las puertas

y no había nadie

busqué por mil senderos

con mi sombra a cuestas:

¡ni yo mismo sé lo que persigo!

 

Lloro,

y mi llanto no se ve;

pero yo lo siento animado,

lo llevo de la mano

como a un ciego.

 

Piso la tierra, ligero,

grito,

y nadie me escucha.

Mi grito es de muy hondo,

es viejo

muy viejo:

tiene la edad de mi raza.

.

.

(Fuimos hechos…)

.

Fuimos hechos con restos de cenizas

calcinadas

por un verano grávido de fuego.

Tenemos el mismo rostro

absurdo

de la madera arrancada de la tierra,

los mismos hombros fatigados del hachero.

 

Juntos,

habitamos un alba de silencios

bajo jirones polvorientos

de estrellas.

Nuestra forma de callar

es jugando con los escombros de alguna sombra;

nuestro diálogo

aturde a los ríos y al viento.

 

Somos el breve latido

de un rayo de sol en los cristales,

el llanto de un niño

bajo la cúpula de un templo:

el profundo estremecimiento de la tierra.

.

.

 

Amanecer

.

Caminar por las calles, a cierta hora del día,

cuando el sol es un vidrio fácil de romper,

es como rozar un sueño con el hombro.

 

Se siente una pereza de comienzos del mundo,

el viento que levanta la paz de los abismos…

y un río transcurre suave por las venas.

 

El ojo es veloz en el asfalto;

sobre un sitio final del infinito

una muchacha aleja de su cuerpo,

con agua fresca, el rubor de la noche.

 

Yo cuido un absurdo rebaño:

una muchedumbre de palabras afinadas,

alguna idea morbosa de conquista…

(conquistar el aire por ejemplo,

abordar con un beso la boca del planeta,

alcanzarle un vaso de agua a la cara del verano)

y sueño que se mueren las sombras,

como mueren los buitres, en soledad.

 

Caminar por las calles, a cierta hora del día,

es como rozar el viento con el alma.

7 junio 2015 Posted by | ADRIANA FLORENTINO, AMADEO GRAVINO, ANDRÉS UTELLO, ANTONIO ALIBERTI, GRACIELA FERRER, RAQUEL BOTTARINI, RICARDO RUBIO | , , , , , , | 1 comentario