EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

MÁRIAN RAMÉNTOL SERRATOSA – Peligrosamente real, por Ricardo Rubio

Marian Raméntol

              Marian Raméntol Serratosa

No hace mucho tiempo recibí desde Barcelona un libro de poesías integrado a una colección de poesía italiana dirigida por Carlos Vitale, poeta y filólogo argentino radicado en Barcelona desde 1981, a quien solo vi una vez, tan admirador y amigo como yo del poeta Alberto Luis Ponzo, quien siempre lo cita en nuestras conversaciones. El libro me lo envió Marian Raméntol Serratosa, y se trata de la traducción que ha hecho de un poemario de Anna Ventura (poeta italiana nacida en Roma, licenciada en clásicos en Florencia y dedicada enteramente al estudio de la filología clásica, que devino en crítica literaria y escritora creativa). El libro es “Monstruos gentiles”, en edición bilingüe ítalo-española, con idiomas confrontados que permiten apreciar la delicadeza y certeza de la versión a quienes conocen ambas lenguas; un camino mayormente literal que el coloquialismo de Ventura permite y que no concibe, en este caso, aquello de traduttore/traditore.

Anna Ventura

“Monstruos gentiles” de Anna Ventura

Pero no es mi voluntad trazar ahora un comentario del trabajo de traducción de Marian Raméntol sino de su libro de poesía aparecido en 2015: “Primaria, Decisiva e Inaprensible”.

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HAY UN ÁREA DE DESCANSO UN POCO MÁS ABAJO DE MI VIENTRE .

Hay un area de descanso...

Hay un área de descanso…

Conocí la poesía de Marian Raméntol en 2014 a través de “Hay un área de descanso, un poco más abajo de mi vientre” —Barcelona, Ediciones Atenas, aparecido en 2006—, donde advertí un decir desenfadado de la mano de un respeto preceptivo indeleble y lujoso. ¿Cómo es posible un decir desenfadado de un modo formal? ¿Cómo será posible el uso de tropos fantasmagóricos, irracionales, alucinantes y, a la vez, una formalidad clásica que acopia los registros de la oralidad moderna? Ese es uno de los pases mágicos de Marion, quien a veces se toma un respiro para expresar: Existirás cuando sea capaz de pronunciarte; o cuando dice: Nómbrame para que sea peligrosamente real; y aún cuando manifiesta: Porque dueles, / no voy a tener más remedio que creer en ti; maravillas propias de un lenguaje maduro y de una penetración poética indeclinable. Todo a lo largo de un libro de amor y desamor, afecto y desafecto (o de amores y afectos) donde aparece la realidad, el sello de la época que envuelve a la autora, con las marcas, los usos, las improntas modernosas, el “slang” de la posmodernidad con sus cuentas de colores, elevado a la enésima para enfocarlo/denunciarlo, forma que insinuó Max Frisch desde la prosa de su Homo Faber, que produjo lo necesario en el colectivo emocional de su momento. Mucho más profundamente ahora, ejerce Marian Raméntol su propio tiempo pronunciando esa metáfora donde lo trágico no carece de simpatía: Jugué al parchís con mi puzzle de huesos; La vida se pasea en biquini por la costura del beso/ que ha puesto precio al Know How de sus caderas; las neuronas son fans de Juana de Arco. Ya no la Hermes baby del Walter Faber de Frisch, con sus detallados horarios de horas y minutos y marcas, ahora, en nuestra poeta, las apariciones del mundo corriente son mucho más variadas y copiosas: Harley Davidson, Art Déco, Fórmula Uno, surf, Madame Butterfly, Eduardo Manostijeras, VIP, Chanel, Harvar (por Harvard), Michael Schumacher; la lista sería una exageración para esta nota; utiliza así el arma de la era posmo a modo de pop art para contrarrestar el conformismo y la poca creación poética que cae de algunas academias y de ambientes vernáculos infatuados, donde se repiten fórmulas poéticas del pasado en adocenado cliché. Particularmente, tengo para mí que muchos de los trabajos de “Hay un área de descanso, un poco más abajo de mi vientre” tienen una génesis de intención pentagramática.

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.  PRIMARIA, DECISIVA E INAPRENSIBLE

Primaria, Decisiva e Inaprensible

Primaria, Decisiva e Inaprensible

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“Primaria, Decisiva e Inaprensible” está dividido en tres partes: Cada calificación es un opúsculo del libro. Luego de releer el notable prólogo de este volumen —un preludio académico de la mejor prosapia firmado por M. Martínez Forega—, no haría falta expresar nueva cosa, pero admito que siempre resulta inagotable la exégesis de una obra de arte cuando, como en este caso, la es; la atención puede detenerse incluso ante cada giro metafórico, que los hay en gran número, y sería bueno recabar en las torsiones de ideas que la autora nos presenta para acentuar la semántica, porque no hay surrealismo en ellas sino vocación de hondura.

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En Primaria se reconoce el lenguaje de Marian: amplio vocabulario, tropos profusos que dan paso a las alucinaciones que cimentan los símbolos, las antítesis o paradojas que ríen de lo vano, donde los temas se abordan con una amplitud sin dobleces. Pero el color no es el mismo de Hay un área…, las ironías han dado paso a lo tenso, a una seriedad marginal, al que parece ser el límite último de la caída. El dolor, la pérdida y el reclamo tiñen estos versos con una coloratura sombría, donde la pena reflexiona, traza un cuadro de resultados y el ánimo se expresa en números negativos. Esta visión dramática de la existencia puede ser liberación de recuerdos con los que la autora se purga o purifica a través un método que acciona por la inversa (catarsis), como quien se quita un catarro bebiendo agua helada (cosa que se da en el supuesto mundo objetivo). Eso me aligera de pensar en grandes males y en celebrar este otro camino emocional que Marian propone para la evolución sin término. Somos seres que pierden, la pérdida es para todo ser vivo una constante que le propina pesar y el consecuente padecimiento: las pérdidas son inevitables, infalibles y perpetuas, sus apariciones tuercen el brío y, a poco de andar con los desalientos, lo umbrío se apersona como valla, límite, como pared primaria e infranqueable (acaso un muro edificado en o desde la niñez), el universo se detiene para llenarnos de vacío y, como el Fénix, el ave arde hasta la ceniza para renacer luego. Así se expresa Marian:

…Cada pliegue, cada mota / de esta ceniza extrajera en el pecho, / te recuerda infinita, / perfecta y con la sangre cansada.

… Como en pequeños nacimientos el aire / me multiplica, oxigena los golpes tristes / de un corazón afónico… …Duele la canción prófuga del papel / y el amarillo de las bocas, con el aire / encadenado al luto de las venas… …la mañana se ha infiltrado / en mis despojos como una blasfemia…

…Pero las tumbas / abren sus labios para todos…

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En Decisiva, Marian busca y extrema los límites. La sangre, el ardor de la sentencia, la vehemencia de cada verbo y la presencia corporal en casi todos los poemas que componen este opúsculo, hacen de “Decisiva” un arcabuz cargado con rosas y dolor, para poder inmolar a oscuras el contenido grave de todas las cicatrices, termina diciendo en “Mi pasión por la boca del abismo”, título que nos ilustra acerca del carácter de todo este segmento del libro, aunque bien podría fundirse —y hasta naturalmente— con las otras dos partes y pasar desapercibido su tono confrontativo de la muerte, que en este caso se pronuncia más que en las otras dos particiones. Los ángulos de la mirada son variados, incluso más “explicados”, sin pretender que esta palabra hiera el sentido poético, que no flaquea; es así que cobran más potencia las imágenes que las metáforas, cosa que debería resultarnos llamativa en la poesía española de nuestro tiempo, históricamente más apoyada en el lenguaje translaticio. La primera persona se mantiene fija, no frecuenta la insinuación del “tú” de los soliloquios de “Primaria”, se atreve a profundizar más pero está también más viva, desafiante, ardiente, exaltada; se siente más fuerte, acaso en la misma pena pero con mayor energía para declamar incluso los nombres apergaminados que le dan un toque floral a la muerte, donde la identificación con el lenguaje poético califica para esbozar una crítica dolorosa a lo viejo y a lo rancio: palabra vieja; por si la estrofa se esconde demasiado; pronombres anochecidos y peinados hacia atrás; etc. Trato e identificación que se formula en los primeros tres poemas de este segundo grupo, manifestando una relación ántropo-poética de notable factura.

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En Inaprensiva, nuestra poeta se acerca a la reflexión, ya no hay aquí islas imaginarias que representan un entorno al que señalar, sí continúa la magia y toda la prodigalidad verbal; ahora matiza lo confesional y lo pesaroso; incluye el cordón de plata, cuando se ve y se habla desde otro; o deviene dialógica, dirigiéndose al lector. El cambio de tono de este segmento en notorio, los decibeles se retraen a luchas abstraídas en esperas, aspiraciones y recuerdos, algunos de ellos no lejanos; la velocidad disminuye a la flema de la pesadumbre y el yo se autentica en la firmeza de los versos que ahora se toman tiempo para respirar. Es ésta la sección más intimista del libro, si bien todo el libro lo es, aquí Marian se quita el resto de la ropa para ver que permanece con un exceso de grietas, con pronombres indecisos, con una vida que tartamudea, con un superávit de esquinas, con ángulos irresolubles. Toda una construcción emocional subjetiva que declara la feliz inadaptación al medio, que es la tierra fértil de los poetas, un deber ineludible.

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COLOFÓN La feliz vibración de la poesía que es posible sentir a través de los poemas de Marian Raméntol nos llega desde esa particular penetración que despliega sobre cada idea, esa mirada que desrealiza al mundo, que le quita la piel para mostrarlo en sí misma con todas sus debilidades, que lo desata y lo vuelve a unir de otro modo dentro de sí, no sin el alto costo del dolor. Es ésta la inadaptación necesaria para la innovación, para la permanente creatividad, para alejarse de lo recurrente o remanido y entregar un fruto fresco a la mesa del buen lector. El lenguaje frondoso, enriquecido por figuras de alucinación y modernísima inventiva, hace de las imágenes y metáforas de “Primaria, Decisiva e Inaprensible” un paisaje que prodiga generosidades y señala nuevos caminos para los jóvenes poetas y para el derivar de nuestras letras.

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Marian Raméntol (Barcelona, el 27 de Febrero de 1966) dirige la revista La Náusea con la traducción de poetas contemporáneos italianos.

Además de las obras citadas en la nota, ha publicado:
• Con mi nombre doblado sobre la cama. XVIII Premio Nacional de poesía Acordes. Edita Ayuntamiento de Espiel, Córdoba, 2011.
• Poemas 2011. XXVII Concurso de poesía Ciudad de Zaragoza. Accésit Pancartas incendiarias en mi pecho. Edita Ayuntamiento de Zaragoza.
• Maldiciones del lado de la sombra. En coautoría con Cesc Fortuny i Fabré. Audiolibro-objeto. La Náusea Audiolibros (2011).
• Los muñecos diabólicos de mi caja de pájaros. IX Premio Vicente Núñez de Poesía. Edita Diputación de Córdoba (2010).
• No hubo apenas mar en el desnudo abierto de tus ojos. VIII premio de poesía Leonor de Córdoba. Colección Daniel Leví. Asociación Cultural Andrónina (2009).
• Duología Poética, Un blues no es suficiente razón para morir y Pretendo que una guerrilla de poemas ataque de improviso el ático de dios (Ediciones Atenas, 2008).
• Comiendo Pelos Como Herejía Poética (Ediciones Atenas, 2008).
• La Noria del Festejo (Ediciones Atenas, 2005).
Fragmentos de su obra han sido traducidos al Estonio, Armenio, Italiano, Inglés y Rumano.
Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

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2 junio 2015 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, Anna Ventura, CARLOS VITALE, MARIAN RAMENTOL, MARTINEZ FOREGA, RICARDO RUBIO | , , , , | Deja un comentario

EL COLOR CON QUE ATARDECE, poemario de Ricardo Rubio, por Alberto Luis Ponzo

Ricardo Rubio “El color con que atardece”. Tapa de la segunda edición (2004). Arte de tapa de Mónica Caputo.

 

Alberto Luis Ponzo

CONTRATAPA DE LA PRIMERA EDICIÓN por Alberto Luis Ponzo.

Si una breve apreciación acerca del trabajo poético puede parecer poco valorativa, al adelantarse algunas líneas expresivas o formas de mayor gravitación, en el caso de “El color con que atardece” sería arriesgada una tentativa de interpretación que no dejara lugar a las diversas experiencias  literarias de Ricardo Rubio (ensayo, narrativa, filosofía y teatro). Todo esto es lo que respalda, y acaso condiciona, la tónica de un libro que reafirma, no sólo una sostenida unidad poética, sino la presencia indiscutible de quien, con obstinación y  profundidad, ha dado el acento más destacable a una nueva generación.
Puede fijarse en los comienzos de la década del ochenta una patente renovación del lenguaje, con la visión de un mundo cambiante, cruzado de   conflictos, quebrado en sus ideales y en las mismas entrañas de toda representación como valor humano. Dentro de este marco “sentimos el corazón en la punta de los dedos”, escribe Ricardo Rubio;  “Inermes, nuestros brazos no retienen el alba”. O “nacemos para ir perdiendo la luz de las estrellas”. No abstante la devastación o el vaciamiento de los simples e imaginarios destinos del ser en este universo, puede haber salvación y, desde luego, un sentido mayor para todo quehacer artístico.
Ricardo Rubio se pregunta: “¿Dónde la magia, el sitio sagrado, el encantamiento? ¿Dónde ahora la belleza?” La respuesta está quizás no lejos de cada uno de nosotros. El autor de este libro, más allá de “Historias de la flor”, “Arbol con pájaros” o “Simulación de la rosa”, algunos de sus anteriores poemarios, abre aquí distintas posibilidades. Diálogos,  interrogaciones, a manera de una despojada búsqueda de  verdades absolutas, haciendo de “El color con que atardece” una obra, en esencia, ética y plena de imágenes reveladoras de una época donde el hombre “puede helarse de infortunio”.

                                                                                                                                             Alberto Luis Ponzo

COMENTARIOS EN CONTRATAPA DE LA SEGUNDA EDICIÓN:

Graciela Maturo

Graciela Maturo: No nos asombra que preceda al libro un texto preliminar con un epígrafe del Panchatantra. Toda la poesía de Rubio nos ha venido preparando para este encuentro con la sabiduría milenaria de los textos tradicionales. Ahora ve al hombre como el guerrero sagrado que cumple su destino de vértigo, lucha y amor. Reflexiona una vez más sobre las limitaciones de la raza, en la legitimación del saber poético, donde se encuentran sus íntimos personajes: el niño guerrero y el escriba nocturno. Estamos en la instancia que Martín Heidegger ha llamado Die Kehre, el retorno del hombre a su origen, y la vuelta del Ser al hombre. Me hace feliz dar la bienvenida a este libro de Ricardo Rubio y compartir la aventura metafísisca de su poesía.

 

Elvio Romero


Elvio Romero: Son estos versos de Rubio un diálogo con el destino, una canción a lo que la vida tiene de desolado, y hago suyo el acento de la musicalidad que casi no se encuentra en la poesía de hoy. El color con que atardece es uno de los pocos libros que reúnen la melancolía, la exhortación, la reflexión y la honda musa, y tanto puede ser cantado como estudiado. Héroe y escriba, joven y anciano, son circunstancias que tocan al hombre, al poeta o al hermano, un momento y un lugar que sirven a la metáfora para remontar el vuelo.

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Juan-Jacobo Bajarlia

Juan-Jacobo Bajarlía: Ricardo Rubio recrea los mitos, trata de ordenar el futuro como ese Tiresias de T. S. Eliot en “El sermón de fuego” de La Tierra baldía (III, vv. 218-220), o como ese Hanrahan de The Power (1928), de William B. Yeats, quien ebrio o sobrio irá por el alba para limpiar las lacras o las cenizas que alimentan a los humanos. La poética sonora de Rubio busca en la dimensión de esos seres míticos, que son el Guerrero y el Escriba, la elevación del hombre y la expurgación del cosmos, sabe que el mundo es un ser perecedero que morirá para rehacerse una y mil veces, como ya lo había intuido Zenón de Citio en el S. IV a. de J. C.

Juan-Jacobo Bajarlía

Ricardo Rubio

PRELIMINAR del poemario  (por el autor)

Tres tipos de hombres recogen
los dorados frutos de la tierra:
el héroe, el sabio consumado
y el que sabe servir.
Panchatantra, Libro I, sloka 45.

La vida no debería ser un simple entrenamiento físico para el tránsito, el trabajo y la final conquista. El niño que deviene hombre siente que su esencia de guerrero lo conduce hacia el vértigo, hacia la lucha y hacia la mujer. Un impulso primario de posesión alude a los elementos que la vida impone a sus individuos desde la oscuridad. El guerrero se desarrolla afín al camino y se perfecciona en la maestría de alguna especialidad, pero la presencia del niño en el núcleo de su ánima no desaparece, es el cimiento de un edificio que ha sumado altura con los años, son los  extremos de un mismo ser, distantes en tiempo y en templanza, que se bifurcan, que se dividen con una virtual cariocinesis que los enfrenta: uno, con las dudas y los deseos que la esperanza sembró en su alma; otro, con la sabiduría que el trayecto le ha ofrecido, roces a través de la niebla de la existencia. Así, el pasado intercambia ideas con el presente.
El racionalismo no admitirá jamás la idea de un propósito que invade las zonas más oscuras de la emoción, no validará una bilocación que atiende a la necesidad de aprovechar cada momento hasta el agudo. Convengamos que el niño guerrero y el escriba nocturno se encuentran dentro de una idea, en medio de un sueño que no pretende ser concepto ni metáfora —a pesar de las afirmaciones casi vehementes a lo largo del poema—, un lugar entre la tierra y el cielo. Ni el uno ni el otro aspiran a ser representaciones sensibles, sólo arrullan un sentido de oposición en cuanto a las formas de mirar y de sentir de un joven en vilo y de un anciano templado.
El hombre regresa al lugar de sus orígenes o muere solo. Su vida tiene algunas victorias y algunas derrotas, y con ellas, risas y lágrimas. Vuelve alguna vez al lugar donde nació y creció. Vuelve a la figura del padre, acaso él mismo, ya viejo y sabio. Esa doble identidad permite al mayor de los hombres el conocimiento absoluto del otro, pues no sólo lo contiene, sino también entrevé su devenir. Este conocimiento no otorga las ventajas que a primera vista parecen intuirse, solamente insinúa un remanso, un estadio de tranquilidad, cuando los recuerdos que vuelven al guerrero tocan los sueños del pasado. A raíz de la catarsis, cobra nuevas fuerzas y vuelve a las fricciones, como debe ser.

Ricardo Rubio

* “Mejor Libro del Mes” por la revista Daphne dirigida por Gustavo Soler (2003).

* Mención Especial Única de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, bienio 2002/2003 (2009).

* Segundo Premio “Ariel Bufano” a la versión teatral (El escriba nocturno), otorgado por la Universidad de Morón (2004).

 

20 noviembre 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, ELVIO ROMERO, GRACIELA MATURO, JUAN-JACOBO BAJARLÍA | , , , , , , , | Deja un comentario

HUMANISMO Y COMPROMISO EN CÉSAR VALLEJO, por Alberto Luis Ponzo

Cesar Vallejo (1892-1938)

Un 15 de abril moría en París uno de los mayores poetas latinoamericanos: el peruano César Vallejo. “La cantidad enorme de dinero que cuesta ser pobre”, expresó el autor de “Los Heraldos Negros”, “Trilce” y “Poemas Humanos”, entre otras obras memorables.  Nacido en la aldea indígena de Santiago de Chuco, el  16 de marzo de 1892, su mensaje poético y social ha cobrado actualidad en estos días de  profunda crisis que arroja sombras sobre el futuro de los argentinos.

Parte de su obra poética y narrativa fue creada en su país “al pie del Orbe”,  dentro del ámbito natural y cultural de una época de explotación minera, prejuicios coloniales y corrupción. No obstante todas las limitaciones de una  vida  campesina  que ahogaba  los deseos de progreso y crecimiento intelectual, Vallejo logró completar estudios y obtener en la ciudad de Lima su título de “Bachiller en Letras”.

Los heraldos negros

Con este título y sus primeras experiencias en la vida literarias, decide abandonar el país, luego de varios meses de cárcel  por una “revuelta” estudiantil de la que era completamente inocente, y viaja a Francia casi sin recursos y  los primeros libros editados.

Sus años en París y otras ciudades de Europa, con  sus escasas ganancias como  redactor de artículos diversos, sobre la literatura y el arte, fueron  por momentos trágicos y con frecuentes sobresaltos ante las dificultades económicas y los problemas sociales y políticos. Es una época de pobreza,  de una crisis que desencadena conflictos y enfrentamientos que culminarán con la tragedia española. Vallejo por aquellos años escribe los poemas de “España, aparta de mí este cáliz”, vibrante y conmovedor testimonio del dolor y la exaltación de los valores esenciales de la humanidad.

Trilce

Debemos aclarar que el alejamiento del hogar peruano fue también un acontecimiento trágico. En todo momento Vallejo revive las horas de su infancia, las experiencias tiernamente hogareñas, como si oyera las voces de los padres y hermanos y se fortaleciera con su  sagrada memoria. Son admirables y emocionantes los poemas dedicados a la madre “tan suave, tan ala, tan amor”, al padre “apoyado en su bastón ilustre” y a la”numerosa familia que dejamos, no ha mucho…”

César Vallejo no es sólo un renovador de la lengua poética,  de las normas y las mismas raíces del habla coloquial, sino un hombre que vivió y padeció su tiempo con intensidad y pasión inclaudicable.

Bastaría recordar estas palabras del crítico Juan Larrea: “Más que un fenómeno meramente literario, es un fenómeno de esencia antropológica, cuyas significaciones tocan a la cultura por muchos de sus ángulos. En su experiencia humana se han concentrado las esencias suficientes para convertirlo en un símbolo vitalmente verdadero y de proyección extensa y vertical.”

Poemas humanos


¡Qué necesidad tenemos de ejemplos de humanidad y compromiso como los que nos ha dejado César Vallejo! Su lectura es recomendable para no caer en frases retóricas como las que abundan en algunos medios de prensa; para no repetir modelos vacíos de valores estéticos, o  versificaciones plagadas de lugares comunes!

“Es necesario suscitar grandes y cósmicas urgencias de justicia humana”, afirmaba el gran poeta peruano y universal. Y para los que nos dedicamos a alguna de las formas literarias, nos recordaba que “el artista es un ser libérrimo y obra muy por encima de los programas políticos, sin estar fuera de la política”.

 

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

11 julio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, CESAR VALLEJO, POÉTICA | , , , , , | Deja un comentario

ALBERTO LUIS PONZO: ABRIR LAS PALABRAS PARA QUE EL HOMBRE RESPIRE(1), por Ricardo Rubio

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

La observación de una poética en particular tiene innumerables aspectos que deben ser considerados, pero tengo para mí que la época, la corriente y la novedad son las primeras vistas a tener en cuenta. Cada década suele exhibir cambios sociales, que por intensidad y novedad pueden caracterizarla, exaltarla o hacerla brillar más o menos que otra.

En lo cultural, y específicamente en lo literario, la década del sesenta, en Argentina, sufrió la inestabilidad institucional, coronada por el golpe militar de 1966 que dejó como saldo nueve mil desaparecidos y, hacia el final, la invasión de las fuerzas policiales en los claustros universitarios, dando como resultado una nueva devastación del ambiente cultural y académico, un ambiente que amenazaba con liberaciones estéticas, sociológicas y con mordiente crítica a través de la palabra escrita.

Esa mirada que el poder condena.(2)

Alberto Luis Ponzo publica su primer libro, Equivalencia en la tierra(3), precisamente en los inicios de esta década y adhiere a los manifiestos de la poesía social de entonces, razón por la cual se lo incluye entre los poetas sesentistas, a pesar de haber nacido en 1916 (tiene 94 años a la fecha de estas palabras) y que sus primeras obras tengan el substrato de las formas de los años cincuenta. A ese primer libro le seguirán muchos otros que hasta hoy suman cuatro decenas.

Equivalencia en la tierra es un poemario insoslayable, una obra franca sin los habituales temblores de algunos primeros libros, de cara al derredor y con un ligero acercamiento a lo conversacional, como venían alimentando algunas estéticas. No es casual que la cavilación sobre el ser y el proceder -característica sobresaliente de su hacer literario-, tenga la madurez y la hondura que sólo la experiencia, la constancia y la vocación consumada pueden dar. Es decir, nuestro poeta edita sus primeros libros sin presumir la impetuosidad juvenil sino un acabado que delata la pluma segura, aunque se permita juegos y malabarismos verbales que enraízan en su eterna juventud.

Equivales / al dorado contorno / que concentra los días de semilla, el creciente desvelo / del germen entre vientos y cielos fraternales, y de faena anónima y sombría. (4)

Miguel Ángel González, Ricardo Rubio y Alberto Luis Ponzo (1999).

Alberto Luis Ponzo es el poeta de la palabra calma(5). Acaso, para nuestra vocación comparativa, Juarroz -a quien preocupaba más el mensaje que la forma- fuera el poeta cuya lectura frecuentaba Ponzo por entonces, ora compartiendo parecidos intereses semánticos, ora por creer que la poesía era la extensión de la vida -el otro mundo y a la vez el más real-, por ser igualmente sinceros; pero sus perfiles tienen una carga emocional distante.

La realidad es una lámpara imprevista

dentro de un recinto secreto. (6)

El humanismo de Ponzo deja su acento más profundo cuando mueve las fibras desde la batería emotiva. Sus luchas de inteligencia se amplían a todo ser humano y a su porqué como plural de primera persona, aun cuando use la primera. Y sus inquietudes metafísicas subyacen como afluentes ocasionales a lo largo de toda su obra:

Cómo saber entonces dónde estaban / plegados los sonidos, la fría sustancia del ser, / la luz secreta del silencio abierto en el espacio. (7)

Del mismo modo, el tema social aparece en un plano más nítido, aunque le son constantes la claridad expresiva y la ajustada síntesis con las que logra elevar la materia poética, despojándola de fuegos artificiales.

Sobre la noche / ojos doblados / por los asesinos. (8)

Es así que su incipiente madurez se une a la juventud cincuentista que proponía esta estética breve y concisa, a modo sáfico, en oposición a las verborragias de otros cenáculos, como así también a los parnasianos aún supervivientes.

La reflexión abierta a la búsqueda del otro, del no-yo que autentica al sí mismo, tiene el fuero más importante en su producción literaria, compuesta no sólo de materia poética sino también por incontables notas periodísticas y varios libros de ensayos poéticos y sobre poetas; esta búsqueda, que en un primer momento atiende a la voluntad gregaria, a los deseos de compartir y de generar un fogón de amigos del arte, se hace nítida en sus versos, cristalina, juicios que cruzaron libremente por su percepción y que llegaron al papel sin necesidad del plumín de oro, pues su mirada fue clara al momento de la gestación, juiciosa, serena, imbuida de un optimismo temperamental que el lector no puede dejar de advertir y del que se contagia si su sensibilidad lo permite. Son los ojos de una bonhomía peculiar e infrecuente que destacan lo mejor de lo que observan, o lo delatan. Detrás de un poema la sangre se arrebuja manteniendo el hálito de un poeta, esfuerzo no poco conciliador con el despropósito de algunos embelecos que circulan en nuestro medio. Dentro de un poeta hay un traductor de sensaciones, de dudas, de visiones, de dolores, la experiencia que hace el acopio valorativo de venturas y desventuras, de aciertos y yerros analíticos, pero para que esos valores broten vivos en sonidos o palabras se le exige al poeta lo que rebosa en Alberto Luis Ponzo, la bondad, la comprensión, la entereza, la mano atenta, la generosidad y la calidad expresiva, la entrega a todo lo que se opone a la miseria, a la fatuidad, al envanecimiento; se le exige al poeta una correspondencia entre el ser que es y el ser de lo que hace.

…nuestros ojos intervienen / en la realidad más oscura…(9)

En este aspecto, la coherencia de Ponzo es absoluta. Hay un mensaje en sus notas periodísticas, verdaderas columnas de opinión y crítica (como cuando la opinión y la crítica tenían algo de concreto), diáfano, sustancioso, de la más loable intención para el bien común; y en esto se diferencia del resto, le sobra espacio en el corazón que otros llenan de pompa y fatuidad.

La palabra / en la lengua / de la poesía nunca sola / en la lengua / del hombre (10)

De todas las vanidades, la intelectual es quizá la más baldía ya que, de por sí, un rapsoda de este tiempo es menos que improductivo a la vista de la mayoría y no sirve al efecto pretendido por la vanidad, salvo sobre sus iguales. Nuestro poeta no ha caído en esas redes ni se ha dejado embelesar por la admiración -y muchas veces ponderación interesada- de numerosos cenáculos. Ha respetado aquello de primigenioque debe tener la poesía, el sentimiento auténtico del poeta ante cualquier circunstancia.

…De nadie es el espacio,

la música, el olor, las hojas de los libros

los metales más ciegos y las conversaciones. (11)

A lo largo de más de cincuenta años de poesía, ha ido despojando sus versos hasta la médula semántica, respondiendo así a una voluntaria preferencia estética, sin sacrificar su voz ni oscurecer su palabra. En una de sus últimas publicaciones, El Alba y otros poemas (2010), nos esntrega esta gema:

Florece la lejanía

sobre siglos de arena

entra por las ventanas

con árboles y pájaros

la casa

completa el universo

Espacios que se agrandan y la infinitud del tiempo en los primeros versos; a continuación, el desarrollo, el movimiento y la libertad, imágenes de la vida; y cierra con el derredor inmediato con el que estructura el todo. Es ésta una sintética revelación de identidad que se enlaza con muchos de sus versos, como aquellos que expresan: “…esta vida / … pasa por lo que veo / muere por lo que olvido”(12), en los que agrega, además, las situaciones de cambio por pérdidas.

No son éstas más que unas pocas anotaciones, retazos de un trabajo mayor, sobre el poeta Alberto Luis Ponzo, hito y ejemplo de la poesía argentina; una voz mayor cuyas profundidad y calidad marcan un largo derrotero que cruza generaciones sin perder frescura ni caer en la vulnerabilidad que propone el paso del tiempo. Ponzo abre las palabras para que el hombre respire.

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(1) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Literatura”, p60

(2) Ídem. “Buenos Aires”, p62

(3) Alberto Luis Ponzo: Equivalencia en la tierra, Ed. La Brújula, 1960.

(4) Ídem. Frag. de “La presencia”, p13

(5) Ariel Canzani D: Primera solapa de A puertas abiertas de ALP, Dead Weight (1969).

(6) Alberto Luis Ponzo: El poema, una visión, Ed. Flor y Canto, 1984. p21

(7) Alberto Luis Ponzo: Antes de las palabras, 1964, “2” p3

(8) Alberto Luis Ponzo: Poemas marginales, Ed. Zendal (Perú), 1972. “Trelew”, p15

(9) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Todo cuenta”, p56

(10) Alberto Luis Ponzo: Los dioses extinguidos, Dead Weight, 1974. “Palabra-Lengua” p19

(11) Alberto Luis Ponzo: Los viajes anteriores. Dead Weight, 1972. “Versailles”, p35

(12) Alberto Luis Ponzo: Antología breve. Araucaria Ed., (2008). p11

Ricardo Rubio

19 junio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, POÉTICA, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario