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ANDRÉ BERGÉ: ¿AUTORITARISMO COMO PLAN?, por Ricardo Rubio

Uno de sus libros - A. Berge

La pregunta de André Bergé si no puede ponerse la autoridad al servicio de la libertad implica un reconocimiento previo por la contraria, pero, a la vez, reclama su puesta en práctica. Y es que, de hecho, no se da que la autoridad sea puesta al servicio de la libertad. Esta libertad -cuya existencia actual pongo en duda, ya que no hay sobre la tierra una parcela que no tenga un amo y señor- no existirá jamás en las aulas en las que puede verse con bastante regularidad a instructores autoritarios más que a educadores con autoridad. Mi intención no es navegar profundo en un problema que consiste en deficiencias claramente individuales ni, por supuesto, tampoco tomar parte de una mirada existencialista -otro polo- respecto de la educación actual ni denigrar aquello para lo que acaso no tenga suficiente juicio, sino sólo partir desde la imposibilidad de exaltar el interés del alumno por parte del educador con el apoyo de los planes educacionales que se proponen desde las más altas autoridades, tendientes a atomizar y a desarticular la visión general del discente, con el objeto de no generar individuos aptos para la opinión solvente, la competencia leal y la interiorización del conocimiento que autoabastece al ser humano. Los planes importados ya fracasaron y fueron desenmascarados en otros países con madurez, no así en América Latina (cita en arreglo al punto que pretendo alcanzar al observar la necesidad de encuadre de la libertad y la autoridad dentro de un contexto). Aunque en apariencia esta coyuntura actual tenga características sin precedentes, no varía, en el fondo, de la coyuntura histórica, salvo en lo que respecta a la forma. En el sistema feudal, la educación intelectual era sólo accedida por los hijos de los señores y vasallos de hasta la tercera casta. En la actualidad, se ha ampliado el campo educacional, aunque difícilmente aquellos que pertenecen al estrato inferior de la sociedad puedan acceder a un estudio secundario, y no pocas veces al elemental. Nuestra posición temporal, inicios del S. XXI, y nuestra posición geográfica: sur de América, son suficientes armas para argumentar el porqué de la dificultad de responder positivamente a la pregunta de Bergé. Nuestro sometimiento económico por un lado y nuestra lejanía geográfica por el otro generan un aislamiento aún más propicio para el autoritarismo. En nuestro mundo, cualquier individuo que obtenga una mínima tribuna de poder por sobre otros, la ejercerá con vehemencia y hasta con violencia, buscando reafirmarse a través de esos actos (tan inmaduros somos), y de ese modo mostrar su naturaleza salvaje, mentirosamente civilizada y el descontrol de la búsqueda de autenticación. Nuestro país, como satélite impersonal de otras esferas, no está ajeno a este proceder que separa a la autoridad de la libertad, y es en las aulas en donde los argentinos soportamos las primeras violencias (los docentes violentos son, por lo general, los más incapaces, sí los más inseguros), los primeros sometimientos al autoritarismo de quienes están malamente preparados para el hecho educativo. Por otra parte, es evidente que Bergé no efectuó su pregunta a los argentinos, ha sido sólo una excusa retórica para justificar su estudio, pero nos permite advertir cómo este tema que es preocupación de intelectuales del mundo, en nuestro país es considerado con la misma frialdad con que un legislador bosteza y alza la mano en una sesión de congreso sin saber qué vota, y la realidad es la más absoluta negación de la libertad a través de los planes y las técnicas, y de los docentes que las practican, que instauran y ejercen con violencia el autoritarismo. Muy pronto los argentinos habremos aprendido a no leer, a no abstraer más que números, y así, a no imaginar mundos mejores; muy pronto habremos aprendido a no creer, a no pensar, a no ser nosotros mismos, a quitarnos autonomía y a terminar de transformarnos en simples máquinas consumistas de cuanta bobería se fabrique. El hombre con autonomía adquiere una dignidad, y es, precisamente, en ese punto donde se ha colocado el blanco. Sólo la lectura, la cordura, el conocimiento, la coherencia y la edificación interior pueden lograr revertir este proceso.

Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

Tuxmil 3 – Buenos Aires, 1998.

7 mayo 2011 Posted by | ANDRÉ BERGE, NOTAS, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario