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LOS ATAJOS DEL POEMA, por RUBÉN BALSEIRO

LOS ATAJOS DEL POEMA

 “La idea de inacabado se impone”

Fernando Kofman

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Desde los inicios del pensamiento, el hombre se ha preocupado por el sentido del conocimiento y asociado a esto, por el sentido de la verdad. Ante la pregunta ¿qué es la verdad?, veríamos que a lo largo del tiempo el concepto de verdad fue cambiando. Si la preocupación de Platón fueron los sofistas (maestros de la retórica) fue sin duda porque estos  significaban, de algún modo, una postura opuesta a su concepto de verdad absoluta. La episteme, entendida como tal, era la contrapartida de la doxa, como saber vulgar u opinión. Para Platón la episteme era el verdadero conocimiento. Dicho de otro modo, Platón trataba de instaurar una verdad que no pudiera ser cuestionada, de allí que en su modelo de “República” el poeta era excluido y el poder era ejercido por el filósofo, como representante  de aquella verdad incuestionable.

Esto permitirá a muchos pensadores hacer un puente con ideologías totalitarias, ya que el principio de todo totalitarismo radica en establecer determinadas verdades cuestionando y finalmente aboliendo cualquier idea que se oponga a las mismas.

Pero ¿por qué el poeta debía ser excluido?, simplemente porque el saber de la poesía es un saber sin certezas, es aquello que no debe ser explicado ni por la razón ni por ningún tipo de análisis lógico.

Ahora bien, la búsqueda de Platón era el “Bien” y éste se  parangona con el  “Ser” o con la “Divinidad”, y tanto el ser como la divinidad “Es lo que es”,  no puede explicarse. Pero, ¿por qué no puede explicarse? Simplemente porque no hay palabra que lo defina, si hablamos de los atributos que los hombres le han concedido a Dios, diremos (Omnipotente-Omnipresente, etc…) si nos referimos al dios de la tradición Judeo-cristiana, pero es imposible decir qué es Dios.

A pesar de esto,  durante toda la edad media, la filosofía estuvo al servicio de “Dios” tratando de dar un contenido lógico a su existencia, así Santo Tomás retomará a Aristóteles para explicar racionalmente la existencia de Dios.

Sin embargo, desde hace tiempo, muchos pensadores se plantean otro concepto de verdad; sostienen que la verdad ya no debe ser vista más que en un encuadre cultural determinado ya que la palabra  pierde su sentido fuera de ese encuadre; esto permitirá aventurar una idea:

 “La palabra fracasa frente a lo absoluto”

Pero si recordamos de definición de poesía que nos brinda Roberto Juarroz, diremos:

“La poesía es uno de los pocos lugares donde la palabra no fracasa”

Si la palabra fracasa frente a lo absoluto, ¿por qué la palabra poética, al decir de Juarroz, no fracasa?  La respuesta es simple,  porque como vimos, no busca una verdad,  no debe justificarse en la lógica, ni tiene que recurrir a un proceso racional de entendimiento. La palabra poética aparece, como Dios, pero, a diferencia de Dios,  no tiene pretensiones  de absoluto, es lo inacabado, lo abierto, lo por descubrir…

Eso hace que Fernando Kofman escriba:

Fernando Kofman

Fernando Kofman

“La  literatura  nos  ofrece  atajos,  quiebres, retrocesos,  ante  la  idea  de  sistema cerrado, omnipresente en todo…”

Para decir más adelante:

“La idea de inacabado se impone”

Pero si el mismo Heidegger, como vimos,  dijo que “el hombre habita el mundo a la manera del poeta” de algún modo  está aceptando el fin de una verdad y el nacimiento de múltiples verdades.

En este mundo heterogéneo, entonces,  la poesía será un vehículo de expresión de esta finitud  y de esta multiplicidad, de quien ya no puede asirse a verdad alguna, porque como dijo Nietzsche: “Dios ha muerto”, pero sucede que al decir de Foucault también  “El hombre ha muerto”  y sólo queda el lenguaje, como un sistema de interpretación de interpretaciones.

Hoy, como plantea Rossi, la poesía no da respuestas, sí puede abrirse en preguntas. Pero si el pensamiento se cierra en esta finitud, ¿qué lugar ocupa entonces en el hombre actual?

Muchos filósofos sostienen que más allá de la finitud la filosofía debe aspirar a un absoluto, de allí que Scavino afirme que la verdad tiene pretensiones de universalidad. Esto abre dos posiciones fundamentales. Por un lado los que sostienen que hay tantas verdades como universos culturales existen. Por otro lado, los que más allá de lo que expresan los filósofos del lenguaje, creen en verdades universales y que es tarea de la filosofía poder pensarlas.

¿Y qué ocurre en este encuadre con el poeta?

Es el que sabe que su palabra es limitada para expresar lo que su aspiración busca, de allí que su búsqueda continúe. Es el que sabe que no accederá a nombrar el “amor” pero intenta acercarse. Es el que busca la “belleza” a pesar de ser consciente de que fracasará en el intento.

Antonio Requeni

Antonio Requeni

Por eso Antonio Requeni da cuenta de esta limitación de la palabra en un poema titulado precisamente:

.

Las palabras

 

La música no miente.
Los árboles no mienten.
Los ojos tristes del animal no mienten.
Únicamente mienten las palabras.
¿Cómo decirte la verdad con ellas?
Quisiera hablarte con los ojos del perro,
dar frutos como el árbol,
llegar a ti con la delicia
y la escondida lágrima de Mozart.
El esplendor de la verdad: belleza
a la que mis palabras, torpemente,
procuran acercarse.
Es imposible.
Nunca sabré decirte que te quiero


Por su parte,  en un memorable poema Gianni Siccardi asume directamente la finitud de su palabra y la suprime.

Gianni Siccardi

Gianni Siccardi

Ella sin

 

A raíz de sus ojos
es que las cosas
En realidad
ella sólo se ausenta de sus

Cuando llega atiborrada
de vacilantes
Cuando anda por el día
como por una
Cuando atraviesa la noche
con sus enormes
no hay silencio
que no la
No hay olvido
que no se
Y sin embargo
nada es más cercano
que su
nada es más resplandeciente
que su
Hasta su nombre está hecho
para la
Aunque a veces
no sé si todo esto
no es más que una
que el viento puede

Y yo que tanto
y yo que tanto

.

Nada puede ser más inacabado y sin embargo tan  asombrosamente lleno de contenido, es  silencio, pero silencio revelador, donde la ausencia de palabra desborda de significado y a la vez  deja al lector en la libertad de resignificar.

Un gran  ejemplo de cómo sólo el lector y nadie más que el lector será quien culmine el recorrido del poema.

6 mayo 2016 Posted by | ANTONIO REQUENI, FERNANDO KOFMAN, GIANNI SICCARDI, RUBEN BALSEIRO | , , , | Deja un comentario

20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large, antología bilingüe español/francés

 

Traducción al francés: Françoise Laly

INTEGRADA POR:

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Héctor Miguel Ángeli – Rubén Balseiro – Luis Benítez – Enrique Roberto Bossero

Norberto Corti – Alfredo De Cicco – Alejandro Drewes – Yoly Fidanza

Rodolfo Godino – Françoise Laly – Long-Ohni – Graciela Maturo

Norma Pérez Martín – Nélida Pessagno – Michou Pourtalé – Antonio Requeni

Osvaldo Rossi – Ricardo Rubio – Fernando Sánchez Zinny – Jorge Sichero

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Antologia Françoise Laly

PRELIMINAR

Allá por 1900, muchos viajeros aseguraban que Buenos Aires exhalaba un perfume que recordaba a París. Y algo de cierto había en la observación, por mucho que ambas ciudades mostrasen disparidades grandes en cuanto a orígenes, dimensiones, edad, cultura, historia, lengua; en fin: en todo.
Pero aun así, Buenos Aires, para fines del siglo XIX y durante buena parte del XX palpitaba según el ritmo de Francia y hasta el anchuroso Río de la Plata a veces se nos hacía tan poético y convocante como el Sena. No había, para entonces, en nuestra ciudad, persona de cultura que no hablara correcto francés, que no leyera las grandes obras de la literatura de ese idioma, no había familia cultivada que no tuviera noticias de la producción artística francesa, de las corrientes del pensamiento, del quehacer parisino en materia de teatro y de cine, y de todo cuanto bullía en los ámbitos culturales del país europeo.
Ese Buenos Aires culto, aristocrático, elitista, amaba a París, deseaba emular la cultura y las formas de allá, y, por alguna extraña e inexplicable razón, pues somos –aun con la inserción de una inmigración de profusas vertientes–, herederos bastante directos de España, se sentía hijo de un París que reunía, para este grupo de porteños, todos los ideales de la cultura, del refinamiento, del buen gusto y de la inteligencia.
Paralelamente, esta capital rioplatense, más allá de conservar la típica urbanización en cuadrícula de diseño español, más allá de la impronta y la lengua hispana, creció en edificios, parques, diagonales, monumentos. Y por todas partes hubo detalles decorativos, mobiliario, juguetes y vajillas de definido sello francés. Un porteño de altura debía comportarse y sentirse como un auténtico parisino y pocos fueron los artistas argentinos que no soñaran, al menos, con el imprescindible viaje a París, sin contar con que muchos lo hicieron.
Tan fuerte fue esa tendencia que hasta en la manifestación cultural más acabadamente porteña y popular, el tango, y si nos referimos a sus años de oro, por lejos, el “barrio” más mencionado en las letras es, singularmente, París.
España descubrió, conquistó y dejó sus marcas indelebles en América Latina; en el desarrollo económico, la Gran Bretaña , para bien o para mal, inscribió en el Río de la Plata sus intereses y su ideología, en tanto, en nuestra casa, la enorme oleada inmigratoria italiana, con esa estoica vocación por la labranza, fue la mano que difundió en los campos desiertos, verdor, rubios trigales, huertas y frutales, a la vez que ese enorme contingente humano se convertía, también, en principal  responsable de esa suerte de hibridación lingüística que es el lunfardo, jerga porteña en la que, asimismo, se entreveró el francés, el mismo francés que, por otra cuerda, daba aliento a los poetas, desde la época del evanescente simbolismo hasta las jocundas vanguardias de los años 20.
Luego, luego, desde finales del siglo XX y más aún en actual, la Meca ya no es París, sino Nueva York y la parla estimulante ya no es francesa sino en  inglés norteamericano. Sin embargo, la gran influencia de la cultura y de la estética anterior, aunque soterrada, sigue vigente. Para ayudarla a que persista es que se plantea en este libro un mancomunado ejercicio de aproximación a sus fuentes. Es con esta intención que emprendemos, a mar abierto, una suerte de navegación hacia los puertos de la dulce Francia. Veinte son los viajeros, diecinueve argentinos y una francesa, Françoise Laly, quien se ha ocupado, además, de poner a todos en palabras de su país, incluso a ella misma, pues los versos suyos publicados en esta ocasión fueron originariamente escritos en castellano, de modo que, a su respecto, el auspicioso recorrido ha sido de ida y vuelta.

Otoño de 2014

212 pag. – Ed. La Luna Que – Buenos Aires, 2015.

12 mayo 2015 Posted by | ALEJANDRO DREWES, ALFREDO DE CICCO, ANTONIO REQUENI, ENRIQUE BOSSERO, FERNANDO SANCHEZ ZINNY, FRANÇOISE LALY, GRACIELA MATURO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JORGE SICHERO, LONG-OHNI, LUIS BENITEZ, MICHOU POURTALE, NELIDA PESSAGNO, NORBERTO CORTI, NORMA PEREZ MARTIN, OSVALDO ROSSI, RICARDO RUBIO, RODOLFO GODINO, RUBEN BALSEIRO, YOLY FIDANZA | , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario