EPANADIPLOSIS

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HOMENAJE A HÉCTOR MIGUEL ÁNGELI por RUBÉN BALSEIRO

EN LA TIERRA DE NADIE
(Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación)

Ensayo de RUBÉN BALSEIRO (fragmento):

 

LA TRANSVERSALIDAD GENERACIONAL _________________________________________________________

 “Homenaje a Héctor Miguel Ángeli”

Pensar la poesía argentina es un trabajo basto que implicaría un recorrido por tendencias, agrupaciones, estéticas y hasta posiciones políticas determinadas.

Si pudiéramos dividir la poesía argentina y hacer un corte aproximadamente a mediados del siglo XX, veríamos que el primer  período de dicho siglo se ha caracterizado por el surgimiento de agrupaciones; “modernistas” “ultraístas”, “surrealistas”, “invencionistas” o bien de grupos o generaciones poéticas que de algún modo definieron una determinada estética;   así nos referimos al  lirismo del grupo de Florida, al compromiso social del grupo de Boedo; al  tono elegíaco de la generación del 40 o a  una tendencia más social o politizada de algunos integrantes de la generación del 50 ó 60.

Muchas  de estas agrupaciones, no sólo se manifestaron originalmente como oposición a una corriente anterior sino que polemizaron entre sí sobre lo que cada una creía como realidad poética o artística. Algunas de ellas se nuclearon alrededor de una revista  (Proa, Prisma, Sur,  Poesía Buenos Aires) o conformaron grupos que postularon determinada visión del arte en general o de la poesía en particular, consolidando muchas  veces  sus  posturas a través de artículos, ensayos o manifiestos.

En cambio si hacemos un recorrido por el quehacer poético desde el último tercio del siglo XX hasta nuestros días,  veremos que reina la pluralidad, la no agrupación, cada autor busca su  camino,  y un recorrido por los cafés literarios nos permitirá escuchar  un sin fin de tonos posibles. Esta fragmentación,  enriquece sin duda la producción poética ya que pluraliza los registros poéticos, aunque por otra parte,  desvincula y dispersa a los poetas. No quiero decir con esto que hoy los poetas no adhieran a determinada tendencia estética, sino simplemente que ya no es  habitual que se agrupen y desarrollen una estética de grupo, inclusive un manifiesto (como en otros momentos) que establezca lo que definen como poesía.

Sin  embargo,  cuando recorremos  las páginas de los distintos autores, vemos que ellos mismos se han encargado de mostrarnos el dinamismo de la palabra poética y la continuidad de sus voces a lo largo del tiempo. Así podemos citar a poetas que si bien comenzaron su labor en lo que denominamos generación del 40 o generación del 50, siguen hoy día, vigentes con sus propuestas, demostrando acaso que la división generacional es sólo un medio  de análisis pero jamás una forma  para delimitar o encasillar la poesía.

Lo  que impera es una “Transversalidad generacional” que hace que las grandes voces sigan vigentes a través de los cambios que el correr del tiempo fue generando.

Varios son los nombres a incluir en esta lista, pero quiero particularmente rendir este breve homenaje a un poeta;  me refiero a Héctor Miguel Ángeli, quien sin duda honra las letras argentinas y ha alcanzado a través de su permanencia y su trabajo incansable un lugar de privilegio en las mismas.

Recorrer la obra poética de Ángeli es adentrarnos en uno de los panoramas más altos de la lírica de nuestro país, un poeta verdaderamente auténtico, con una claridad metafórica y conceptual única.

Su poesía, fina, delicada, es acaso el vehículo de una espiritualidad sensible…

 

No, no es la nostalgia.

Es el sordo rencor

de amar inútilmente la belleza…

 

Su palabra nunca está ajena de la reflexión y de lo existencial…

 

Los poemas son apenas resúmenes de una penitencia

que el buen gusto nos impide revelar.

¡Si sólo fuésemos el poema seríamos tan felices!…

 

Para decir más adelante:

 

Te escribo para acostumbrarme a la decepción…

 

La sensibilidad lírica se traduce a veces en versos duros:

 

Putas, vanamente putas

llamo

a las existencias

que se ríen del propio corazón

 

Pero el poeta está inmerso en un mundo,  en una sociedad de la que no es ajeno, que lo conmueve, que lo revela y le exige decir o acaso alertar:

 

Degustar no es igual de disgustar.

Según sea,

uno hincha el vientre del arzobispo

y el otro

asume la responsabilidad de la historia.

           

Y cuando se pregunta ¿Qué es el poeta? Concluye: De un poeta sólo sabemos / que muere si no arde

La Obra de Héctor Miguel Ángeli  “arde” desde 1948 en que publica su primer libro “Las voces del primer reloj”. En 1949 funda y dirige la revista “Existencia”.  Poco después  comienza a colaborar con los principales diarios y revistas literarias del país, entre ellos: “Sur” y “La nación”.

En 1959 aparece su segundo libro de poemas “Los techos”.  Luego publica: “Manchas” (1964), “Las burlas” (1966), “Nueve tangos” (1974), “La giba de plata” (1977) que recibe el Tercer Premio Municipal y Premio Bienal de la Fundación Argentina para la Poe-sía.

Su siguiente libro: “Para armar la mañana” (1988)    recibe  la  “Faja  de  Honor  de  la  Sociedad Argentina de Escritores”.

En

1991 aparece “Matar a un hombre” y en 1999 reúne su obra poética  bajo  el   titulo de “La gran divagación”. En 2004 publica la antología temática “Animales en verso”.  En  2005  recibe  el  premio “Esteban Echeverría”  que otorga Gente de Letras. En 2007 publica  “Frutas sobre la mesa”.

Algunos poemas

 

 

Con los pies nos vamos

 

No quiero que me levanten los pies para morirme.

Que me alcen las manos, eso sí,

hasta la desembocadura de los astros.

Pero no quiero que me levanten los pies para

        morirme.

Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia.

Con los pies nos vamos.

Y cuando me vaya

quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,

de materia inflamable y aleatoria

que no me deja en paz, que me persigue

y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura me arrastran.

Todas las cosas son, se me parecen:

el sueño intestinal del ave,

la orquídea en el vientre de los muertos.

Debo irme con ellas,

transportado por esta permanencia.

Tan grande es el dolor de nuestra marcha,

tan grande y tan amigo,

que no quiero que me levanten los pies para morirme.

Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.

 

 

Envío de una mariposa que viene de la infancia

 

Querido Miguel:

cariñosamente

encontré

una mariposa para vos

en el cuerpo de mi infancia.

Parpadeaban sus colores

en mi jardín de tierras ausentes

frente a una casa

poblada de padres.

Yo sé que es muy poco

lo que puede decirse

de una mariposa

pero resulta que a ésta

la maté yo

y muy alegremente

y muy alegremente también

la enjoyé con alfileres

y la puse a trabajar de recuerdo.

Eso ocurrió

un día

en que aquí y allá

asomaba el verano

su nariz de payaso.

Así ha coincidido

mi infancia

con tu edad desolada.

Esta mariposa es mi único crimen,

cometido

cuando el crimen podía sorprender.

Hoy matar a un hombre

es más común

que matar a una mariposa,

por lo tanto

necesito admitir

que todo es insignificante.

Me parece oportuno entonces

enviarte

esta frágil memoria de las flores.

Recibila

como un nada fantástico testimonio

de que algún día

puedo matarte

muy atentamente.

Firmado: Roberto

 

 

La giba de plata

 

Cuando me quedo solo

apago la luz

y con un espejo

empiezo a sacar resplandores

de mi giba.

He nacido tan monstruoso

como todas las cosas de la tierra.

Cualquier resplandor

puede ser un ángel,

el ángel que sin duda

destruirá el espejo.

           

 

De su último libro, “Frutas sobre la mesa”  que es sin duda el vivo ejemplo de la vigencia, de la vista y el oído atento a los que hacía referencia en párrafos anteriores, citaré:

 

 

Juicio Oral

 

Vamos a ver:

estás aquí, sentado en un café

y escuchas las hermosas palabras

que te dicta tu inseparable compañera,

esa Poesía que nunca sabes

si es una puta o una santa

aunque no importa mucho

porque siempre es una mujer de noble corazón.

Analicemos:

las hermosas palabras no pueden ser reemplazadas.

Eso implicaría  una infamia

cuando caen sobre las fotografías del mundo.

Por ejemplo:

la cabeza cortada de un adolescente

rodando en el asfalto.

Sin embargo esas palabras no sirven

para detener al esbirro

que mañana cortará otra cabeza.

Ahora bien:

la palabra es siempre una desesperada

en el crepúsculo del desierto.

Pese a sus fulgores,

no puede resolver sin la idílica sombra.

Una prueba:

Pobrecitos los poetas!

Quieren ser útiles, salvar las armas,

luchar por todos contra el muro del vacío,

pero la belleza siempre los traiciona.

Oh, sí, pobrecitos!

Última instancia:

la poesía renace en una guarida de alucinados.

Conclusión:

se te va la vida

en lo que no dices y en lo que no haces.

Te queda, muy pequeña, la muerte.

 

 

El pan y la madera

 

No pongas el mantel, niña.

Deja la mesa al desnudo.

Deja también el pan al desnudo.

Que se vean juntos

el pan y la madera.

El calor y la dicha

nacieron de esa cita.

Mi padre llevó las horas.

Mi madre llevó un cesto

trenzado con el cielo.

¡Cuántas veces el sol

entro con ellos!

No pongas el mantel, niña.

Ahora no, después sí,

cuando se duerma esta ráfaga

de retratos todavía dorados.

Mi padre se acercó al desvelo.

Mi madre se acercó a una fuente

con ángeles custodios.

Si hay fantasmas en las sillas

son espejos del silencio,

del silencio y nada más.

Pronto llegará el momento

de iluminar la comida.

No pongas el mantel.

Deja caer la ilusión

sobre el pan y la madera.

 

 

Una sombra ya pronto serás (Tango)

 

Amargado, vos, amargado…

sí, vos, que como Baldomero Fernández

soñaste alguna vez que tan sólo dos versos

podían salvarte de la muerte,

Vos, ahora, el que vive de su mitad,

no sabes escribir un verso

por lo menos cursi

para cubrir las apariencias,

ni tampoco un testimonio fiel

                        de tu ilusión gastada,

                        de tu tiempo perdido,

                        del horror de tu giba de plata.

Has quemado amores

en un único gran amor

que ni siquiera te recuerda

y ahora escribis estas líneas

que sabés no son poesía,

apenas son palabras corrompidas

en la difícil sucesión,

difícil y oscura como el mar flotante del desvelo.

Allí te encontrás, aunque sin reconocerte.

Es una foto mal sacada de la fiesta,

muy distinta pero igual

a la que sacó la sonámbula de las aguas grises

cuando vio el resplandor de tus ojos

y dijo:

“en el camino (en el caminito)

una sombra ya pronto serás”

 

No voy a agregar palabras, las palabras sobran, creo que la simple lectura de los textos citados es una muestra cabal de lo expuesto.

Rubén Balseiro

22 noviembre 2018 Posted by | HECTOR MIGUEL ANGELI, RUBEN BALSEIRO | , | 3 comentarios

HÉCTOR MIGUEL ANGELI

Héctor Miguel Angeli

Poeta de acendrada voz y fino lirismo, Héctor Miguel Ángeli, nació en Buenos Aires en 1930.

 

Ejerció la docencia, fue guionista televisivo y, tras cursar estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad local, el gobierno de Italia lo becó para que perfeccionara, en Roma, sus conocimientos sobre la literatura de ese país, estadía que lo llevó, ulteriormente, a convertirse en traductor de importantes autores peninsulares. Reconocida su obra poética por la municipalidad porteña y por la Fundación Argentina para la Poesía.

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En 2005 recibió el Premio Esteban Echeverría, galardón que otorga anualmente la entidad Gente de Letras; en 2011, Primer Premio Municipal de Poesía; y el Premio Trienal de Poesía de la Academia Argentina de Letras.

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“Manchas” (1964)

Publicó los siguientes poemarios:

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Voces del primer reloj, 1948;

Los techos, 1959;

Manchas, 1964;

Las burlas, 1966;

Nueve tangos, 1974;

La giba de plata, 1977;

“Nueve Tangos”, primera versión (1974)

Para armar una mañana, 1988;

Matar a un hombre, 1991;

Frutas sobre la mesa, 2007.

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En 1999 reunió su obra poética édita hasta ese entonces en un volumen que apareció bajo el título de La gran divagación, compilación completada en 2004 con la antología Animales en verso.

En 2013 publicó la obra teatral La Paralela.

Falleció en Buenos Aires en 2018.

 

“Creo que en mi poesía hay un enfoque de la sencillez, en el sentido de que no hay cosas elaboradas, sino que se dan a partir de circunstancias casi domésticas o muy modestas y de allí surgirá lo extraordinario. Ateniéndome ahora a este concepto, nunca parto de algo demasiado ambicioso o extraordinario. Lo que me motiva o estimula siempre es algo circunstancial, cotidiano y, dada la evolución del poema, no sé si esa cosa más profunda se da. Yo no lo podría juzgar por mí mismo”. (Tamaño Oficio Nº 27)

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Es muy difícil analizar o sacar conclusiones de los propios poemas, ¿no? Es muy difícil… Pero… evidentemente hay una exaltación de la vida en estado milagroso, digamos así, por sobre la vida en estado destructivo, agónico. La cuestión es que hay una inocencia, que fue bien puntualizada, la cual, por sobre toda la sordidez, todo el horror y todo el tedio que la vida nos depara, puede ser rescatada y es siempre superior a la cosa elaborada artificialmente o por necesidad, para poder seguir soportando esas manifestaciones negativas de la vida: las locas hortalizas al lado de una librería, las frutas sobre la mesa; ésas son representaciones, metáforas o signos, más bien signos, de lo que quiero decir. Pero todo eso me ha sido dado inconscientemente y esta conversación me lo hace ver con claridad”. (Tamaño Oficio Nº 27)

 

POEMAS DE HÉCTOR MIGUEL ANGELI

 

CON LOS PIES NOS VAMOS

No quiero que me levanten los pies para morirme.
Que me alcen las manos, eso sí,
hasta la desembocadura de los astros.
Pero no quiero que me levanten los pies para morirme.
Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia,
Con los pies nos vamos.
Y cuando me vaya,
quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,
de materia inflamable y aleatoria
que no me deja en paz, que me persigue
y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura se arrastran.
Todas las cosas son, se me parecen:
el sueño intestinal del ave,
la orquídea en el vientre de los muertos.
Debo irme con ellas,
transportadas por esta permanencia.
Tan grande es el dolor de nuestra marcha,
tan grande y tan amigo,
que no quiero que me levanten los pies para morirme.
Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.

 

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SENTADO A LA MESA DEL LOBO

Sentado a la mesa del lobo
no hay fruto que me arroje al destierro.
El lobo es un prócer especial.
Cada uno de sus gestos
me abre la puerta del bosque.
Y me daría también la llave
si yo se la pidiese.
No es necesario ser bueno o ser malo
para sentarse a la mesa del lobo.
Sólo se requiere
saludar como todos los días
a nuestros propios asesinos.
Y tal vez algo más:
cavar un pozo en las colinas
para esconder nuestros amores.
Sentado a la mesa del lobo
a veces sueño que he dormido,
pero a veces me consume la dicha
de haber sido una pasión.

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JUICIO ORAL

Vamos a ver:
estás aquí, sentado en un café
y escuchas las hermosas palabras
que te dicta tu inseparable compañera,
esa Poesía que nunca sabes
si es una puta o una santa
aunque no importa mucho
porque siempre es una mujer de noble corazón.
Analicemos:
las hermosas palabras no pueden ser reemplazadas.
Esto implicaría una infamia
cuando caen sobre las fotografías del mundo.
Por ejemplo:
la cabeza cortada de un adolescente
rodando sobre el asfalto.
Sin embargo, esa palabras no sirven
para detener al esbirro
que mañana cortará otra cabeza.
Ahora bien:
la palabra es siempre una desesperada
en el crepúsculo del desierto.
Pese a sus fulgores,
no puede resolver sin la idílica sombra.
Una prueba:
¡Pobrecitos los poetas!
Quieren ser útiles, salvar las armas,
luchar por todos contra el muro del vacío,
pero la belleza siempre los traiciona.
¡Oh, sí, pobrecitos!
Última instancia:
la Poesía renace en una guarida de alucinados.
Conclusión:
se te va la vida
en lo que no dices y en lo que no haces.
Te queda, muy pequeña, la muerte.

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FRENTE AL GRAN RÍO

                                        a Silvia y José Luis, en Posadas

Oh, meditación del agua!
Oh, sitio de la altura!
Así empezaría un poema pretencioso
pero no,
es apenas la llovizna que languidece
sobre la cuidad fogosa.
Desde el alto balcón de mis amigos
el gran río
ni siquiera parece suspirar.
Sólo es una revelación del aire,
un camino brillante de cenizas.
Las nubes brotan del río
y sobre el río
piensan como nosotros pensamos,
sin tregua ni límites.
Son las nubes
de la libertad y de la tristeza
que zarpan de todos nuestros días
y nos obligan a ser mortales.
En este otoño de las despedidas
creo que nunca cometí maldad alguna.
Por eso pienso, como piensan
las nubes lejanas fugaces,
que estoy entre los fracasados.

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TÉRMINOS

Degustar no es igual a disgustar.
Según sea,
uno hincha el vientre del arzobispo
y el otro
asume la responsabilidad de la historia.

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LA VISITA

¿Quién es usted? ¿Quién es usted?
Sin duda, un intruso en mi delirio.
Le donaré tres favores:
el ámbito de guerra,
la idea original
y el prestigio de la forma.
No me diga después que no sabía.
Si se queda,
descubrirá
que el último minuto es un garfio.
¿Y el primero?
¡Ah, el primero ya pasó…
y olía a jazmines!

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EL GLOBO DE LUZ

En la trasnochada ciudad
donde cuelgan los calendarios y el enigma
una torre asombra
por un globo de luz
muy distinto a las lámparas y las estrellas.
Hay muchas ventanas iluminadas,
pero sólo una
emite esa luz macilenta de redondo piélago
que no cabe en el estallido del vino
ni en la quemadura de las frutas.
Alta como está en el éxtasis oscuro
excede los espacios de la fiesta
donde todos devoran otro año.
Si en la torre apareciera un monstruo
sería reconocido.
Ninguna deformidad sorprendería.
En cambio ese globo de luz
que nada explica y por lo tanto es libre,
ese globo de luz embellece
porque está muy lejos
y nadie lo conoce,
porque está muy oculto
¡ay! pero se puede ver.

.


SEÑORA DE LOS OJOS DORMIDOS

Señora con la cabeza inclinada
y más allá con los ojos dormidos,
blanca señora,
blanca en la sombra invisible del cielo.
Señora ya demasiado niña
y demasiado anciana,
furtiva como un lirio,
tenaz como un roble.
De cerca visión,
a lo lejos música en las manos.
Señora con el cuerpo
sin tregua acostado
sobre todos los recuerdos.
Niebla en el espejo,
luz como acero en el candor de los cuartos,
elevación y ancla,
aroma…
Señora en el umbral del frío
cuando la casa del momento cierra.
Señora, madre mía,
la que muere y nace
en el regazo de las dulces tardes.

.

 

 

15 abril 2018 Posted by | HECTOR MIGUEL ANGELI | 2 comentarios

20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large, antología bilingüe español/francés

 

Traducción al francés: Françoise Laly

INTEGRADA POR:

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Héctor Miguel Ángeli – Rubén Balseiro – Luis Benítez – Enrique Roberto Bossero

Norberto Corti – Alfredo De Cicco – Alejandro Drewes – Yoly Fidanza

Rodolfo Godino – Françoise Laly – Long-Ohni – Graciela Maturo

Norma Pérez Martín – Nélida Pessagno – Michou Pourtalé – Antonio Requeni

Osvaldo Rossi – Ricardo Rubio – Fernando Sánchez Zinny – Jorge Sichero

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Antologia Françoise Laly

PRELIMINAR

Allá por 1900, muchos viajeros aseguraban que Buenos Aires exhalaba un perfume que recordaba a París. Y algo de cierto había en la observación, por mucho que ambas ciudades mostrasen disparidades grandes en cuanto a orígenes, dimensiones, edad, cultura, historia, lengua; en fin: en todo.
Pero aun así, Buenos Aires, para fines del siglo XIX y durante buena parte del XX palpitaba según el ritmo de Francia y hasta el anchuroso Río de la Plata a veces se nos hacía tan poético y convocante como el Sena. No había, para entonces, en nuestra ciudad, persona de cultura que no hablara correcto francés, que no leyera las grandes obras de la literatura de ese idioma, no había familia cultivada que no tuviera noticias de la producción artística francesa, de las corrientes del pensamiento, del quehacer parisino en materia de teatro y de cine, y de todo cuanto bullía en los ámbitos culturales del país europeo.
Ese Buenos Aires culto, aristocrático, elitista, amaba a París, deseaba emular la cultura y las formas de allá, y, por alguna extraña e inexplicable razón, pues somos –aun con la inserción de una inmigración de profusas vertientes–, herederos bastante directos de España, se sentía hijo de un París que reunía, para este grupo de porteños, todos los ideales de la cultura, del refinamiento, del buen gusto y de la inteligencia.
Paralelamente, esta capital rioplatense, más allá de conservar la típica urbanización en cuadrícula de diseño español, más allá de la impronta y la lengua hispana, creció en edificios, parques, diagonales, monumentos. Y por todas partes hubo detalles decorativos, mobiliario, juguetes y vajillas de definido sello francés. Un porteño de altura debía comportarse y sentirse como un auténtico parisino y pocos fueron los artistas argentinos que no soñaran, al menos, con el imprescindible viaje a París, sin contar con que muchos lo hicieron.
Tan fuerte fue esa tendencia que hasta en la manifestación cultural más acabadamente porteña y popular, el tango, y si nos referimos a sus años de oro, por lejos, el “barrio” más mencionado en las letras es, singularmente, París.
España descubrió, conquistó y dejó sus marcas indelebles en América Latina; en el desarrollo económico, la Gran Bretaña , para bien o para mal, inscribió en el Río de la Plata sus intereses y su ideología, en tanto, en nuestra casa, la enorme oleada inmigratoria italiana, con esa estoica vocación por la labranza, fue la mano que difundió en los campos desiertos, verdor, rubios trigales, huertas y frutales, a la vez que ese enorme contingente humano se convertía, también, en principal  responsable de esa suerte de hibridación lingüística que es el lunfardo, jerga porteña en la que, asimismo, se entreveró el francés, el mismo francés que, por otra cuerda, daba aliento a los poetas, desde la época del evanescente simbolismo hasta las jocundas vanguardias de los años 20.
Luego, luego, desde finales del siglo XX y más aún en actual, la Meca ya no es París, sino Nueva York y la parla estimulante ya no es francesa sino en  inglés norteamericano. Sin embargo, la gran influencia de la cultura y de la estética anterior, aunque soterrada, sigue vigente. Para ayudarla a que persista es que se plantea en este libro un mancomunado ejercicio de aproximación a sus fuentes. Es con esta intención que emprendemos, a mar abierto, una suerte de navegación hacia los puertos de la dulce Francia. Veinte son los viajeros, diecinueve argentinos y una francesa, Françoise Laly, quien se ha ocupado, además, de poner a todos en palabras de su país, incluso a ella misma, pues los versos suyos publicados en esta ocasión fueron originariamente escritos en castellano, de modo que, a su respecto, el auspicioso recorrido ha sido de ida y vuelta.

Otoño de 2014

212 pag. – Ed. La Luna Que – Buenos Aires, 2015.

12 mayo 2015 Posted by | ALEJANDRO DREWES, ALFREDO DE CICCO, ANTONIO REQUENI, ENRIQUE BOSSERO, FERNANDO SANCHEZ ZINNY, FRANÇOISE LALY, GRACIELA MATURO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JORGE SICHERO, LONG-OHNI, LUIS BENITEZ, MICHOU POURTALE, NELIDA PESSAGNO, NORBERTO CORTI, NORMA PEREZ MARTIN, OSVALDO ROSSI, RICARDO RUBIO, RODOLFO GODINO, RUBEN BALSEIRO, YOLY FIDANZA | , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

“SOBRE UN PAPEL AUSENTE”, Poemas de Beatriz Minichillo

Portada del poemario.

Portada del poemario.

 “Sobre un papel ausente”, poemas de Beatriz Minichillo- Ediciones  La  Luna Que.

 Síntesis de los comentarios realizados durante la presentación, el 15 de marzo de 2013 en el café Monserrat, ciudad de Buenos Aires:

 

José Emilio Tallarico

“Sobre un papel ausente” tal el título del libro de Beatriz Minichillo me dio una primera impresión de contar con un discurso fluido, una modulación que podía sostenerse sin esfuerzo, como si nada hubiera sido  forzado a lo largo del trayecto poético. Sigo sintiendo lo mismo al cabo de varias lecturas: nada está de más, nada sobra en el libro.

No son casuales las palabras que Betty emplea en algunos poemas: preciso, puntual, exacto, justo, como si estos adjetivos revelaran que no fue necesario luchar por una forma expresiva, como si los hallazgos poéticos respondieran a una necesidad profunda que otorgaba, palmo a palmo, los frutos esperados.

En muchos casos, y esto lo digo cuando Betty echa mano de sus recuerdos, se tiene la sensación de estar frente a “postales poéticas” delicadamente dibujadas, con sus figuras iluminadas por una memoria que no renuncia a las instancias felices.

De ese cruce entre el yo poético y el yo memorioso surge la temática de las desapariciones, las marcas de la ausencia, los silencios, las manos capaces de arropar interrogantes sin respuestas (como afirma en uno de sus poemas).

Hay en este libro una manera de resignificar algunas palabras que abundan en la poesía argentina y cuya utilización implica un riesgo latente. Sin embargo, palabras como silencio, pájaros, ausencia y otras logran jerarquizarse en un nuevo contexto, lejos de la banalidad y el desgaste.

Qué otra cosa sería la poesía sino esa fuerza salvífica que de tanto en tanto interpela al lenguaje desde su mismo centro y lo dota de nuevas y maravillosas energías.

De este modo la poesía de Betty Minichillo alcanza un equilibrio entre dos lugares aparentemente inconciliables: la mansedumbre del ser ante los fenómenos vitales y, por otro lado, las señales de una fogosidad que toma la palabra.

Una poesía que intuitivamente se me reveló como el “cántico de una demora”. Con sinceridad no sabría analizar a fondo esto que digo. Toda afirmación suele pecar de arbitraria y parcial. Pero voy a valerme del poema “Piedra” para acercarme a lo que digo o quisiera decir.

Piedra

Piedra vida,

piedra muerte,

corazón de crisálida

pluma de acero,

corteza,

sol quebrado.

Movimiento

atrapado en su indolencia

atento al estallido del alud,

certidumbre

en la repetición de los siglos.

Mole rígida

surcada por ríos interiores,

pequeña lava hirviente

que pugna,

siempre pugna por crecer

y no puede.

Sabe que no puede

y sin embargo permanece.

Sólo permanece,

por si acaso

Este “permanecer” a mi criterio alcanza una significación poderosa. ¿Por qué “por si acaso”? Creo que lo único que puede esperar de sí un poema es la posibilidad de seguir siendo poema, en el mejor de los casos transformarse en un “cántico”. Un poema siempre espera dar lo mejor de sí, y así la piedra. Desde la perspectiva de la poesía creo que todas las cosas desearían ser transmutadas en cántico.

Estamos ante una poesía clara, intimista, coherente. Betty nos revela un espacio de contemplación y de nostalgia. También la apuesta imposible, no despedirse nunca o, en todo caso, recuperar lo perdido de inmediato.

Betty Minichillo ofrece mediante su libro ni más ni menos que la emoción que irradian sus poemas. En “Sobre un papel ausente” hay una genuina presencia poética. Los lectores sabrán reconocerla.

Héctor Miguel Angeli

“Sobre un papel ausente” de Beatriz Minichillo

“La última luz hablada es el amor”. Con estas palabras de Dylan Thomas abre su nuevo libro Beatriz Minichillo. Y, por cierto, son palabras muy bien elegidas, pues (Lo adelantamos ya) sus poemas son un gesto de amor. Y no porque sean especialmente de índole amorosa, sino porque el amor es esa “última luz” que vibra en el destino de todos sus fantasmas. Por eso es también un libro crepuscular.

Bien sabemos que la palabra es el universo de la poesía y por lo tanto sus caminos son infinitos. En su órbita de amor, Beatriz transita, entre otros, el camino de la nostalgia y por lo tanto asume el dolor de la ausencia en versos de envidiables calidez y delicadeza. Algo ya no está, pero ella sigue atada a un tenso hilo invisible, en la espera del tiempo que pasa y la deja.

Ella es la que confiesa: “una vez fui/ la legendaria/ que buscaba el grito/ la indolente/ caminando descalza/ por un bosque de pinos/ la que apresaba el viento/ y lo dejaba huir/ como a un pájaro asustado”.

Como dos ríos paralelos que corren a impulsos del misterio, la fugacidad y la fragilidad entran a jugar, se diría fatalmente, en el claro lirismo de Beatriz. Es un juego ya iniciado en “Puntos suspensivos”, su segundo libro. Allí advierte lo fugaz en el crecer: “su leve avidez de futuro/ y su muerte a plazo fijo”. Y hoy nos habla de “un sabor agridulce/ a algo que concluye/ de manera inexorable”.

Así entonces el quebranto del tiempo y así también la fragilidad de lo que somos y de lo que queremos ser. “Y ahora estoy aquí/ en esta hora, este momento/ y no tengo raíces, / ni pies ni manos, ningún sostén”, admite Beatriz desde el lugar de las sombras.

La nostalgia, lo frágil y lo fugaz la perturban, pero ella sabe encontrar refugio en los sueños bien guardados de la infancia, en la pureza de la lluvia y la energía del sol y, sobre todo, como ya dijimos, en el amor, en ese amor “que está en el mundo para el olvido del mundo”, según la expresión de Paul Eluard.

Tocada por la gracia de descubrirse en la poesía, Beatriz Minichillo nos ofrece su testimonio de vida como “un dibujo/ esfumado/ sobre un papel ausente”. Así lo dice, de singular manera, y así lo valoramos.

18 mayo 2013 Posted by | BEATRIZ MINICHILLO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JOSE EMILIO TALLARICO, POÉTICA, POEMARIOS | , , , , , | Deja un comentario

   

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