EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

DON JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA por Susana Lamaison

El Poeta Don José Martínez-Bargiela

                                                                                                                     por Susana Lamaison

 

José Martínez-Bargiela

 

El hábito de asistir juntos al Café Literario “Antonio Aliberti”, en el Café Montserrat, los viernes, y los sábados a La Luna Que, en casa de Ricardo Rubio, fue la oportunidad de conocer profundamente a Don José Martínez- Bargiela y de haber disfrutado de la lectura de sus poemas.

El hecho de haber compartido con él, y Ricardo Rubio y Carlos Kuraiem, los dos últimos encuentros literarios me autoriza particularmente a hablar del queridísimo amigo.

José estaba urgido por un afán singular esa tarde del sábado en que nos habíamos encontrado en una confitería sobre la Avenida Cabildo, para acortar los viajes que tenía hasta su casa. Quería terminar de seleccionar los últimos poemas para la que –sin saberlo entonces– sería su obra póstuma Monodiazul. Ya, el título de una antología había sido un placentero motivo de análisis, un par de sábados antes.

Miguel Brascó, Graciela Maturo, José Martínez-Bargiela y Ricardo Rubio.

José, con su presencia, honraba e iluminaba cada encuentro. Era de pocas y certeras palabras, buen oyente y excelente amigo. Asombraba la cantidad de textos que producía de una semana para la otra, y les restaba importancia a todos a pesar de que le pidiéramos con deleite la repetición de alguna lectura para disfrutarla. Es más, leía apresurado como quien quita valor a lo que está leyendo en una actitud de terminar rápido para dar lugar al siguiente lector.

Esta cuestión de ser del Norte de la ciudad, hacía que al final de cada reunión cultural regresáramos juntos en el mismo vehículo: yo hasta Belgrano y él hasta Olivos. Su compañía me resultaba grata y casi familiar. Me gustaba cuidarlo al subir o bajar, o en alguna irregularidad de la calle, y él se resistía con esa hidalguía de quien no ha admitido, por la intensidad con que ha vivido y por la actividad incesante, que los años van pasando para todos.

Otras temas nos unían y eran su condición de gallego, que me remitía a mis abuelos maternos coruñenses; su conversación rica en anécdotas de la Belle Epoque porteña, que también me evocaba los relatos de mi madre, y su vocabulario vasto y sorprendente como no he conocido otro, por lo menos hablado y presente.

Don José era un hombre de una profundidad abismal, de una laboriosidad sin límites y de una educación y corrección incomparables.

Siempre actualizado, el mundo lo inquietaba. Había conocido los rigores de la guerra y los del autoexilio y también por su amplio criterio, su prodigiosa memoria y sus numerosos años, tenía juicios de valor muy acertados con respecto a nuestro tiempo, modales, conductas y lenguajes. Tampoco le era ajeno lo político, tema en el que respetuoso de todos se definía con claridad.

El crimen de los carboneros, cuento.

Esa tarde yo pedía ayuda para terminar con mi poemario y a él lo apuraba la idea de concluir el suyo. Innegable poder del inconsciente que le diría seguramente que era nuestra última tarde. Estaba atento e inquieto, y escuchamos como siempre con el mayor cuidado cada texto. Nos cambiamos de mesa porque él sentía frío; en ese instante, nadie pensó que quizás esto significara algo.

Hay un detalle sí que no puedo soslayar. Al retirarnos, cruzamos las puertas de la Confitería La Farola de Saavedra. Eran las 19, y se escuchó fuertemente el tañido de las campanas de la Parroquia de San Isidro Labrador. En el alboroto de la conversación y debido a la prolífera producción de nuestro poeta, ignoro por qué, se me ocurrió la idea de pedirle que me escribiera para el siguiente encuentro poemas sobre campanas.

También debí atender al siguiente fallido que me impulsaba a acompañarlo como siempre hasta la parada, pero, esa vez erradamente, en el sentido contrario al suyo, al que correspondía a su casa. Era evidente que no quería separarme.

Me invadió entonces el recuerdo del film basado en la novela de Ernest Hemingway Por quién doblan las campanas. Quedé pensando en esas campanas que no dejaban de sonar, o que por lo menos lo hacían de una manera en que nunca las había escuchado.

Ya en casa, a solas, fui a los libros: tradicionalmente en las aldeas las campanas de la iglesia llamaban a misa, auguraban catástrofes, anunciaban muertes o proclamaban nacimientos.

También encontré de dónde procedía el título de la famosa novela. Se trata de la «Meditación XVII» de Devotions Upon Emergent Occasions, obra perteneciente al poeta metafísico John Donne, y que data de 1624:

 

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la huma-nidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.”

El escultor, poemas.

No quise comprender. Las campanas lo llamaban, las campanas presagiaban su muerte, las campanas señalaban nuestro instante de despedida. Las campanas indicaban el final de nuestros encuentros, de nuestra amistad, de nuestra integridad.

Ninguno de los tres lo volvió a ver. El mensaje de texto del lunes siguiente por la tarde de Ricardo decía: “Murió José hace quince minutos.” Quedé partida como por un rayo y recordé las campanas.

Bien dice el refrán que nadie es profeta en su tierra. José trajo a Buenos Aires los nombres de las flores, de los pájaros, de los oficios de su tierra natal. Poeta de la naturaleza y del amor, del pasado y del cuestionamiento sobre el futuro, nos quedan su palabra inteligente y bella encerrada en sus numerosos libros, y su amistad sincera guardada en el corazón.

De su vasta obra, me cupo el placer de presentar su poemario Nudos de Sombra en el Centro Cultural Ribadumia, lugar que remite a un tema existencial más que poético en Don José, Galicia, que es una constante en sus textos. En su alma está afincada esa morriña que sienten todos los que por una u otra razón han debido emigrar de esa tierra meiga agraciada tan generosamente por la mano de Dios.

 

“Desguaza Galicia inédita

todos los oros cromáticos

en otoño.

Campanada sonora

de los vientos alisios

que la acosan

en la airosa riada.”

 

Hojas del palisandro, poemas.

Martínez-Bargiela era una persona de bien, un señor, en la más pura acepción de la palabra, un resabio de una sociedad extinguida de la cual las generaciones de hoy no tienen noción y que en su caso se advertía en la elegancia en el vestir, en la galanura de sus modales, en la mesura de sus comentarios.

Era difícil descubrir en este hombre moderado y discreto, que parecía querer siempre pasar inadvertido, al talentoso escritor, al incansable lector, al viajero infatigable, al experto traductor. Seguramente nadie imagina que tradujo el Manual de Instrucción del Portaaviones “Independencia”, el primero con que contó nuestra flota, alguien que como él tuvo tal manejo del lenguaje poético en lengua hispana.

Ingresar en la poesía de J. M. B. es recuperar la riqueza perdida de nuestra lengua. Decía a un tiempo con precisión y con preciosismo. La palabra en él no es un mero signo lingüístico; es un esfumino, un cincel, un diapasón de los cuales brotan las más exquisitas y conmovedoras imágenes. Sus palabras son cántaros, manantiales de los que emanan visiones, vivencias, sensaciones.

Afirmaba J. M. B.:

No todos podemos sentir,

no todos podemos amar,

no todos podemos soñar,

llorar, guardar un secreto,

confesarlo todo

sin vanagloriarnos.”

 

Yo agregaría que no todos podemos escribir como él lo hacía y manifestar lo que sentimos y soñamos y sufrimos, y que por su forma de lograrlo debería haberse vanagloriado aunque su humildad se lo impedía.

Decía Borges que lo importante es el nombre y que detrás del nombre está lo que no se nombra.

 

Por más señas y señales

digo llamarme Bargiela,

de Barxa, Barxiela, el hito…”

José Martínez-Bargiela y Jorge Luis Borges

 

Un hito en el camino de la literatura jacobea en lengua española, en este caso, poemas escritos en español pero cargados de la remembranza de una niñez de veleros transparentes y pájaros azules que volaron lejos.

Podrían seguirse sus pasos a través de este Poemario y observarse las etapas no siempre felices:

 

– los orígenes: “Nací con el Tejo verde que me dio el albur sagrado y el mágico precipicio en la inmortalidad de mi sangre

 

– la partida: “Cuando volé… mi aldea (donde nací) se tornó oscura leyenda de piedra”, “Sorprendentemente partí lento, vacío como un hurto flagrante”,” Fue arrogancia irme de mí mismo solitario”

 

– el viaje: “Salí ansioso de mi tierra, ansioso, igual a pescador de bajura”, “ Peregrino y náufrago de itinerario ignoto”

 

– la llegada: “Bodegón oscuro, Casa de Huéspedes, el favor de poder pagar

 

– las guerras: “El aplazo y los submarinos, guerra de por medio”,” “Las noticias censuradas de mis hermanos que en la guerra mueren en los partes diarios”, “anónimas muertes no enjuiciadas”, “La batalla, el puente volado sangra las cicatrices incurables de la guerra”

 

– el retorno:” Nada ni nadie retorna al mismo sitio, al cambio de sombras emigradas…”

 

– el amor: “Muero vivo y en ti renazco. Soy sólo tu mirada azul sobre una mariposa blanca. ¡Oh, amada mía, dame fiel cabida en el espejo, tu cuerpo arriba!”

 

– su poesía: “¡No hay tales conjurados! No me queman las pestañas, sólo escribo o trato”. “Entre colegas nado el riesgo. Intuyo asomar la cabeza a destiempo, el copete de algún verso estrábico me anzuela lírico”

 

– la soledad: “¿Por qué se apartan de mí, si fui lo que soy? José, de estar solo”

 

– la muerte: le habla a su corazón “Quiero morir en otoño tardío”  para concluir gloriosamente con “Déjame morir en el instante exacto”,Quiero tenerte por auténtico surtidor, sin aviso previo dejar el mundo, el aliento. Y continuar latiendo precisiones del pasado y el pluscuamperfecto del verbo amar”

 

José Martínez-Bargiela por Sciammarella.

La forma interior del lenguaje de la que hablaba Guillermo Humboldt o su naturaleza categorial que analizaba Bergson, y que tan claramente plantea Amado Alonso en sus Estudios Lingüísticos, encuentran una acabada manifestación en la terminología que emplea el autor de Nudos de Sombra. Para él las aves son oropéndolas, mirlos o ruiseñores, así como los árboles son sauces, abedules, álamos o rododendros; las flores, amapolas o violetas, y las frutas, manzanas o limones verdes.

Con la más absoluta naturalidad creaba campos semánticos y entonces el poema se poblaba de rebaños, apacentadores, ovejas, balidos, flautas, crías, berridos, sangre, y hasta aparecían los lobos. O el enjambre es miel, zumbido, abejorro, pétalo, azahar, néctar, almíbar, aguijones, alvéolos, polen.

El poeta evocaba y con ello, de algún modo, manifestaba su gusto por autores como Quevedo, Valle Inclan, Machado, Camoens, Poe, Neruda. José era de poco decir, tal vez por eso de ” Las palabras, oh las palabras, son de mucho admirar cuando andan o poco dicen… mejorarían si algo pretendieran decir y callaran”. El silencio que en él era ubicuidad, moderación, respeto y modestia se  convierte en rumor, bullicio, protesta, clamor en la medida en que volcaba sobre el papel la palabra y nos la cedía para que corroboráramos que supo conjugar acertadamente el Pluscuam-perfecto de Indicativo de AMAR, el más bello y generoso de  todos los  verbos.

Amigo, partiste en otoño tardío, La Luna se escondió y no tiene muchas fuerzas para seguir en lo alto. Tu silla vacía es una objetivización de nuestro hueco en el alma. Faltan tu presencia distinguida y serena; tu poesía hermosa y abundante; tu presencia templada y generosa. Y cuando estamos en el Café Montserrat, se hace difícil no verte, no contemplar la galanura de tu saludo a todo el mundo, no escuchar tu preocupación por avisarle a Pilar, que estabas bien y que no se preocupara.

Yo sé, José, que desde el espacio para los elegidos que ocupás, estás escribiendo para mí, un poema sobre las campanas…

Susana Lamaison

Anuncios

21 marzo 2018 Posted by | GRACIELA MATURO, JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA, MIGUEL BRASCO, RICARDO RUBIO, SUSANA LAMAISON | , , , , | Deja un comentario

DOCUMENTAL: LA LUNA QUE Se Cortó Con La Botella (L.L.Q.S.C.C.L.B.)

ALGUNOS INTEGRANTES HISTÓRICOS:

Fundado en 1975 por Hugo Enrique Salerno y Omar Cao.

Isabel Corina Ortiz, Ricardo Rubio, José Luis Lamela, Tito Fariña,

Raúl Pérez Arias, Daniel Rodolfo Russo, Norberto Zuliani, Rubén Pergament,

Emilse Anzoátegui,  Miguel Ángel González, Leopoldo Real de Azúa,

Andrés Utello, Daniel Battilana, Carlos Kuraiem, Jorge Bach,

Domingo De Cristófaro, Sandra Queralt, Susana Brandán,

Gladys Edich Barbosa Ehraije, Nélida Delbonis, Zoraida Laveglia,

Marcela Giacobbo, Nélida González Montaner, Vanina Guilledo,

Elvira Otero, Martina Caracotche, Ayelén Correa,

Anahí Celeste Cao, Bichicome Lat, Pedro Chappa,

Leonardo Gastón Herrmann, Luis Sánchez Berazategui, Pablo Ábalos,

Celestina Di Biasi, Alba Díaz, Tania Dos Santos,

Sandra López Jachú, Mónica Caputo, Nicolás Stazzone,

Carlos Formigo, Norberto Barleand, Jorge Luis Estrella,

Roberto Di Pasquale, José Martínez-Bargiela, Norberto Alessio,

Gabriela Antón, María Amelia Díaz, Gino Bencibenga,

Susana Lamaison, Ricardo Malfa, Silvia Marina Crespo,

Juan Carlos Molinuevo, Shaia Di Pasquale.

 

REVISTAS PUBLICADAS:

La Luna Que Se Cortó Con La Botella (1976-1996)

La Luna Que (1996-2005) (33 números)

La voz a ti debida (5 números)

Cuaderno Tuxmil (20 números)

Cuaderno Squeo Sacronte Cisandino (Homenaje a Francisco Squeo Acuña – 24 números)

Boletín Pormenores (3 números)

Suplemento cultural del diario NCO “La Luna Que” (dos números).

 

https://lalunaque.files.wordpress.com/2015/09/documental-de-la-luna-que.jpg?w=416&h=589

Hugo Enrique Salerno – Ricardo Rubio – Omar Cao

Bodega del Café Tortoni (1984)

.

https://www.facebook.com/TVmatanzacultural

15 septiembre 2015 Posted by | ALBA DIAZ, ANAHI CELESTE CAO, ANDRÉS UTELLO, CARLOS FORMIGO, CARLOS KURAIEM, CELESTINA DI BIASI, CHAJA DI PASQUALE, DANIEL BATTILANA, DANIEL RODOLFO RUSSO, DOMINGO DE CRISTOFARO, ELVIRA OTERO, EMILSE ANZOATEGUI, GABRIELA ANTON, GINO BENCIVENGA, GLADYS BARBOSA, HUGO ENRIQUE SALERNO, ISABEL CORINA ORTIZ, JORGE BACH, JORGE LUIS ESTRELLA, JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA, JUAN CARLOS MOLINUEVO, LEONARDO GASTÓN HERRMANN, LUIS SANCHEZ BERAZATEGUI, MARÍA AMELIA DIAZ, MARTINA CARACOTCHE, MONICA CAPUTO, NÉLIDA GONZÁLEZ MONTANER, NELIDA DELBONIS, NORBERTO ALESSIO, NORBERTO BARLEAND, NORBERTO ZULIANI, PABLO ABALOS, PEDRO CHAPPA, RAUL PEREZ ARIAS, rICARDO mALFA, RICARDO RUBIO, ROBERTO DI PASQUALE, RUBEN PERGAMENT, SANDRA LOPEZ JACHU, SANDRA QUERALT, SILVIA MARINA CRESPO, SUSANA BRANDAN, SUSANA LAMAISON, TANIA DOS DANTOS, VANINA GUILLEDO | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Lembranza: JOSÉ MARTÍNEZ BARGIELA (Texto en galego)

Presentación de Yo, el esmoquin en la Casa de Madrid de Bs. As. - Roberto Flores, Graciela Maturo, Ricardo Rubio y José Martínez-Bargiela.

Presentación de Yo, el esmoquin en la Casa de Madrid de Bs. As. – Roberto Flores, Graciela Maturo, Ricardo Rubio y José Martínez-Bargiela.

José Martínez-Bargiela naceu en Ponteareas, Pontevedra, Galicia, en 1921; morreu en Buenos Aires, o 10 de agosto de 2009. Foi poeta, narrador, ensaísta e traduxo obras literarias do inglés e do portugués. A súa obra é o resultado dunha limpa espontaneidade creadora, unha cosmogonía reflexiva que agroma de camiños percorridos -que son moitos- e a atención aguda, non só resumida polos rozamentos particulares, senón tamén polos sucesos sociais. A actitude tépeda e a profundidade de análise, innatas ou intuitivas, permítenlle illar cada momento, reducindo o fenómeno á súa estrita esencia, e presentalo cunha nitidez case material desde un ángulo sorprendentemente lúcido.

José Martínez-Bargiela reúne as condicións que son fundamentais para percorrer a poesía: a necesidade, a intuición e o talento, incontinxentes da función poética. O traballo constante na manifestación máis pura dunha lingua, que é a poesía, vese enriquecido pola amplitude da súa linguaxe: un castelán que carga con todo o seu caudal de formas e significantes, sen desvirtuar a súa esencia por influencias de linguas traducidas. As actitudes e comportamentos das relacións sociais preocúpano. Entrevé con facilidade as redes simbólicas da hipocrisía, pero tamén a amable e dilatada perspectiva de moitos homes e o conciso camiño que algunhas veces os enfronta á imposibilidade. Pero non concilia nin co profético nin co onírico, indaga libre de imitacións servís, crea un camiño propio entrando de fronte aos paradoxos dos lazos e das dúbidas. Por iso di: Un artista non só é libre cando renuncia ao público masivo, un verdadeiro artista necesita ser un grande e honorable ser humano. Tal é o caso de José Martínez-Bargiela.

 Ricardo Rubio

POEMA DE NACER

Dicen haber nacido del mar,
yo nací de la montaña.
Mi madre me dio a luz,
cual cordero de cualquier
rebaño. Me lavó los primeros ojos
en el arroyo que aún corre y place
verlo zigzaguear, desenfadado
por haberme hallado en el riego,
al romper el día en mi mano
cuando la sed desmaya,
y el ruiseñor aduerme el canto
en el ensueño del alba…
¡Ensueño, en tanto sueño el tiempo:
niñez y vejez, en arpas de viento!

.

ARROYOS INOCENTES

Entonces muchas manos
florecieron
al cortar lirios
del río

muchos pájaros
han hecho nido
al oirte canturrear
y rociarte el estío:

iridiscente río abajo,
reflejaron tu desnudez
al bañarse los ojos
en tí misma

romance aquel
de dos seres plurales
en el arreciar
de tu blusa abierta

al rosal: la brisa quieta
en la luz del agua
ensoñado azul
de la tarde tibia

y olvidarse intruso
de un momento de libélulas
inestables vuelos
cigzagueados…

.

LA CASA DEL ECO

Esta aquí, estas piedras
en litigio, de vida y muerte,
son de mi hogar natal
ombligo, ligazón
conductora
de no acabar en deceso;
fuego y llamaradas,
inequívocas reliquias,
en relentes
que me abrazan…
Pero nada importa más,
-Que lo que importa-
digo, y esta
es la cuestión, el dilema
que reconstruye
la verdad de mi algo,
en cónclave de gusanos
y el aviario generoso
en las huellas
de las cenizas, los pájaros
al paso de mi madre yendo
y viniendo, con azafates
de cuentas
y rosas verdes, en todo ser
que viva, viven aún
y se renuevan los aljibes
de surtir, dar
agua de sed, al mundo.
La inocencia
del bosque en torno,
ilumina duendes; luz de albores
este lugar, este sitio,
cerne y matriz, grito audible
de silencio, el eco
pervive aún…
¡Quiere morir en mí, conmigo!

16 abril 2015 Posted by | JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA, RICARDO RUBIO | , | Deja un comentario

MEMORIA FUNAMBULESCA DE UN ESCRITOR GALLEGO, por Graciela Maturo

José Martínez-Bargiela

Yo el esmoquin, de José Martínez Bargiela

por Graciela Maturo en la Casa de Madrid, martes 3 de junio de 2008.

Conozco a José Martínez Bargiela como poeta, como buscador de la belleza, como un alma tocada por el ansia de lo absoluto  Mi lectura de Yo el esmoquin me reveló un prosista sorprendente, y un trabajo extraordinario de estilo y lenguaje   desplegados en una obra que puede ser catalogada como novela, suma de cuentos, memoria autobiográfica, cuadro satírico de la sociedad o  incluso como un largo poema burlesco.
El hombre, como decía mi maestro Leopoldo Marechal, vive en las dos dimensiones ineludibles de su constitución. La horizontal propia de la tierra y la vertical que lo conecta con el misterio.  Recordaré también a otro gran maestro, Macedonio Fernández, quien habló de dos caminos del artista, igualmente desestabilizadores de las rutinas mentales: la poética y la humorística. En la visión de Macedonio, el humor era la otra gran vía del creador capaz de revelarle el lado oculto de las cosas, mostrando su aspecto ridículo y contingente.
En efecto, es éste el camino elegido por nuestro amigo al entregarnos un libro de su madurez   que es un compendio de un largo tramo de su vida.   José Martínez Bargiela,  llegado a la Argentina  en la segunda posguerra,  es decir en plena juventud, se convirtió en maître de dos grandes hoteles, y también, en testigo privilegiado de la alta vida social  de Buenos Aires  durante medio siglo. Tenía que llegar finalmente este libro, singular por muchos aspectos, donde no solamente registra sus años de vida hotelera, y el conocimiento de muchos personajes, sino que habla -moderada y casi subrepticiamente- de sí mismo, registra su pensamiento y la extrañeza del destino que lo condujo desde su adolescencia pastoril en campos de Galicia al rol de protagonista de una picaresca encubierta en las ceremonias de la sociedad burguesa.
Y bien, esto es para decir de entrada que pido perdón a José Martínez Bargiela por haber vacilado en presentar este libro  suyo, que pertenece al orden de la humorística, a las batallas terrenales legítimas de lo humano, pensando que se trataba de un mero libro costumbrista, cuando no es así.
Nuestro amigo José ha seguido un rumbo tan hispánico como el que han marcado los autores de la picaresca española. Siguiendo el consejo del humanista Juan Luis Vives, los escritores de los siglos XVI y XVII optaron por escribir como se hablaba. En continuidad con la sátira latina y con farsas medievales, surgió la piocaresca, género singularmente hispánico, que se hace cargo de la totalidad real y concreta del vivir, asentando costumbres y desvíos, desde la óptica de un observador que es a veces partícipe de la fiesta mundana.  En esta línea se ubican los textos de La Celestina, El lazarillo de Tormes, la Historia del Buscón, y con el correr del tiempo surgirán, con remozado estilo,  las Memorias del Marqués de Bradomín, del gallego Ramón del Valle Inclán.  En todos ellos he pensado leyendo esta obra de Martínez Bargiela, que no ha dejado de mencionar a maestros como Marcial, Quevedo y Valle Inclán, pero también a otros escritores ya sean de lengua castellana o inglesa, en los que ha bebido su formación literaria: Shelley, Poe, Joseph Conrad.

Tapa del libro

Martínez Bargiela ha querido guardar recuerdos de los ámbitos privadísimos y selectos en los cuales pasó cincuenta años de su larga vida, repartidos equitativamente en dos hoteles tradicionales de Buenos Aires. Sabido es que los grandes hoteles son propicios  al contraste  de grandezas y miserias,  más próximas entre sí de lo esperable, y que  la conducta  de hombres y mujeres en ámbitos donde prevalecen el lujo, la ostentación, las apariencias impuestas por el decoro, corre pareja muchas veces con la degradación,  la falsedad y la miseria, que  hacen de esos lugares un escenario farsesco, parecido al carnaval, el teatro, la comedia de disfraces e incluso una especie de medieval  danza de la muerte , con sabor tragicómico.
El autor pudo abordar una prosa costumbrista, más o menos aderezada de condimentos al gusto, sin sobrepasar la horizontalidad del relato de costumbres. Pero, como poeta que es, vio este mundillo. Observado desde la rigidez obligada del esmoquin, con una mirada más amplia y abarcadora, y se permitió escribir una obra que tiene mucho de esperpéntica.  Recordemos que el esperpento, inventado por Valle Inclán como palabra, existía desde tiempos antiguos y había sido recobrado por el genio de Francisco de Quevedo, en el mil seiscientos.  Impresiona este friso por su alcance como Gran Teatro del Mundo, tema antiquísimo retomado por el Barroco, pues en el desenmascaramiento de personajes importantes y anónimos, lo que se desnuda es la condición humana, observada y coparticipada por su relator. Tiene mucho de barroco este friso de Bargiela, donde conviven lo suntuoso y lo bajo, lo bello y lo repugnante, en un juego de marionetas que ocultan su impudicia tras las máscaras y afeites de un banquete decadente.
La óptica desde la cual narran tanto el esmoquin como su fraternal ocupante, en forma indistinta, es tan pronto la de un elegante cinismo casi volteriano como la de un admonitor encubierto, sarcástico testigo de la fiesta del mundo. Continúa el autor el espíritu satírico de los romanos, pero también cierto humor macabro de la tradición gallega, sembrada de misterios y de brujas.

Graciela Maturo

La mirada que dirige a los acontecimientos para mostrar su aspecto risible y fugaz   es la de quien comparte las limitaciones del ser humano. y al mismo tiempo toma distancia, haciéndose capaz de reflexión y juicio.  Piedad y descarnada capacidad de análisis compiten en esta radiografía de la vida elegante, consciente de sus caídas, hipocresías y errores. Alternan barrocamente el canto a la sensualidad y la vida, con un escéptico réquiem que sabe a muerte y destrucción.
Apenas señalaré, por no poder extenderme ahora en el tema, el atractivo que adquiere el libro por su contenido epocal, y por el desfile de personajes célebres que pisan sus páginas. Contar la historia de los grandes hoteles es contar la historia del poder, el dinero, la política, el arte, los negocios. Aquí aparecen fugazmente, nombrados o no, magnates y príncipes, tahures, las “divinas mujeres”, militares y clérigos, personajes del cine y las artes, escritores como el majestuoso iconoclasta Borges,  autores  de fama internacional como Neruda, Octavio Paz, Vargas Llosa -que a José le hace añorar a Vallejo, y con razón-actrices, modelos, directores de cine, actores  nacionales y extranjeros,  políticos  que no son sólo presentados sino que dejan mensajes nunca oídos.
También hay muchos personajes tipificados, sin nombre y apellido, que conforman un friso cruel de la oligarquía porteña, de la alta sociedad ganadera de los años cincuenta en adelante, señoras pacatas o no tanto, parejas de conveniencia, tratantes de negocios oscuros.  No falta el toque abiertamente hilarante de algunos personajes, por ejemplo los termitas, comensales no invitados que arrasan con las viandas en toda ocasión propicia.

Presentación de Yo, el esmoquin en la Casa de Madrid de Bs. As. - Roberto Flores, Graciela Maturo, Ricardo Rubio y José Martínez-Bargiela.

En este libro que bien podría ser tomado en uno de sus aspectos como colección de cuentos y sucedidos, desfilan las anécdotas de alcoba,   siempre contadas con pulcra elegancia, a través de omisiones y disfraces adecuados.  Hay también un derroche de imágenes que pertenecen a la vida gastronómica de los grandes hoteles internacionales.
El autor derrama ante sus lectores una cornucopia de platos, bebidas, ritos, ceremonias, objetos suntuarios, vestidos, pomadas y toilettes, además de consignar deslices,   excesos   sexuales, suicidios, crímenes, hurtos y situaciones insólitas.
El mundo capitalino y extranjero desfila por este corso de disfraces al que se suma, distante o súbitamente participativo, el narrador. El maître, o su esmoquin, estereotipado como alter ego, confiesa púdicamente su participación en algunas aventuras, pero lo hace siempre a través de eufemismos o rápidas alusiones. En algún momento se sugiere que el maître ha debido suplantar a un novio, o debe intervenir en una gresca a puertas cerradas, o silenciar un crimen cometido ante sus ojos.  Son páginas autobiográficas cernidas por   una doble voluntad de mostrar y ocultar lo propio, esa enjoyada y en el fondo alienada vida del joven inmigrante, encerrado en su uniforme de gala así como en su oficio de servir y callar.   Sobre todo callar.
Un tema que podría tomarse como guía para este universo  es precisamente el del esmoquin, la máscara hierática con que el sujeto narrador se reviste para rememorar ese mundo vivido ; late allí el tema del disfraz y la verdad, y el otro gran tema subyacente , la condición humana. Ante ella el relator se muestra participativo y crítico, cínico, filosófico, escéptico, lírico y admonitorio, quizás a veces encubiertamente moralista, lejanamente esperanzado.
La magnífica escritura de Martínez Bargiela, inseparable de esa perspectiva plural, responde primordialmente al ímpetu del poeta. Quiero recordar que Borges enseñó a nuestros narradores, a partir de los años 40, un nuevo estilo. Para bien y para mal, predicó con el ejemplo el uso de la frase corta y tajante, aprendida en la lectura de los ingleses, la adjetivación sólo indispensable pero incisiva y eficaz, la aparente objetividad de la mirada, el ocultamiento del yo.  A través de esta nueva modalidad nuestros escritores, que ya en el siglo XIX habían moderado su barroquismo hispánico por la lectura de autores ingleses y franceses,  terminaron de romper con ese estilo , tardíamente  reverdecido por Darío y Valle Inclán en variantes  esteticistas, y retomado en el último siglo por autores hispanoamericanos como los cubanos Carpentier y Lezama Lima, o el guatemalteco Miguel Ángel Asturias y luego el colombiano  García Márquez. Algo de ese barroquismo hispánico asoma en Marechal y en Cancela.
Por eso este libro, de cuño tan hispánico, no halla parangón en los escritores argentinos actuales, y sí por ejemplo en un García Márquez, a quien recuerdan -no por imitación alguna sino por pertenencia al tronco común- esas tiradas profusas y para muchos quizás recargadas, esos párrafos largos y ramificados, esa proliferación de adjetivos, enumeraciones, anáforas y exclamaciones, ese exceso de imágenes y metáforas.  En cuanto al lenguaje, debo decir que alcanza una riqueza poco común entre nosotros.  Martínez Bargiela conoce la lengua en sus fuentes, y la usa con prodigalidad extrema. He anotado una cantidad apreciable de vocablos desconocidos o poco usuales en la Argentina, donde el idioma se empobrece día a día o algunos creen engalanarlo con tecnicismos cibernéticos. (Entre esos vocablos figuran voces como magrear, rustido, venera, cendal, garduña, sarasa,  percebes…)
Otros rasgos positivos en la factura del libro son por ejemplo el manejo de los silencios, los cortes, el cierre de capítulos, las diversas maneras de retomar el relato. La separación en breves capítulos subtitulados aligera la lectura y llama la atención sobre algunas anécdotas o sucesos.
El texto se halla sembrado de definiciones casi aforísticas, greguerías y hallazgos. Lo que podría ser procaz o escandaloso ha sido tratado con alusiones y veladuras poéticas. Campea un humor variado, que se mueve desde el chiste breve y como al pasar, hasta el humor negro desplegado en todo un episodio y sin comentario alguno.   Pero todo ello es insumido por el ímpetu lírico, que dicta las mejores páginas del libro, y el análisis filosófico más o menos encubierto, que sostiene la totalidad.
Ricardo Rubio afirma que este escrito es una novela. Yo no sé si lo es, pero me tiene sin cuidado su género. Lo mismo que el género a que pertenecen los Sueños de Quevedo o las Sonatas de Valle Inclán.
Novela, libro de cuentos, relato, causerie,  poesía, memoria, autobiografía, todo confluye en la conformación de un libro planeado y construido con el mayor cuidado,  que busca y habla a sus lectores desde un  escenario real transfigurado por la estilización  imaginaria y la poesía.

5 abril 2011 Posted by | GRACIELA MATURO, JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA, NOVELAS | , , | Deja un comentario

   

Revista Dársena Sur

POESÍA - NARRATIVA - ENSAYO

POESÍA UNIVERSAL CONTEMPORÁNEA

El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez. (Jorge Luis Borges)

SCA´Blog

Bienvenido a la pagina de Abre tus manos

Revista "La Quimera"

Espacio colectivo en donde el arte converge en una quimera.

elblogdelur

locuras, corduras, en fin... de todo un poco...

ESTATE UN RATO

BLOG WEB MULTITEMÁTICA

cristian sabau

allez, allez, revenez...

EPANADIPLOSIS

Libros - Notas - Comentarios

~El carpe diem en su mejor verso

"La inspiración te busca, deja que te encuentre aquí."

La letra pequeña crece

Cosas que se me pasan por la cabeza y que me atrevo a escribir...

La realidad alterna

Poesías, relatos, diario de sueños

DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia

Literatura en papel

Ensayos - Notas - Reseñas