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ACERCA DE RENÉ CHAR, por Juana Salabert

René Char

René Char

Prólogo a

Poesía esencial – René Char
Trad. Jorge Riechmann. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2005. 605 págs, 22 e.

René char fue un hombre de letras y un hombre de acción que combatió el nazismo desde las filas de los maquis y los deseos del mundo desde los versos de sus poesías. galaxia gutemberg edita los poemarios de uno de los grandes escritores franceses. «La poesía es el amor realizado del deseo que permanece deseo», escribió en «Los que permanecen», integrado en «Furor y Misterio», René Char, el fulgurante y extraordinario poeta francés, nacido en 1907 en la Provenza y fallecido en 1988, que fue miembro en sus inicios del grupo surrea-lista (lo abandonó en 1933) y mítico jefe combatiente durante la ocupación alemana del «maquis» antinazi de las montañas de Basses-Alpes, donde su nombre de guerra fue el de «Capitán Alexandre». Y con amor, inteligencia y fraternal emoción lleva traduciéndolo veinte años el poeta Jorge Riechmann (Madrid, 1962), responsable de esta bellísima edición bilingüe de Galaxia Gutemberg donde ha vertido, prologado, anotado y compilado lo «esencial», a su juicio, de una obra que según Albert Camus, quien consideraba a Char el mejor poeta vivo de la lengua francesa, «habita en el relámpago». Se producen a veces entre dos escritores afinidades y correspondencias que son auténticos «encuentros», fogonazos que perduran, iluminando sentidos y trayectorias, más allá del «gusto» declarado o de las influencias advertidas. Le ocurrió, por ejemplo, a Baudelaire con Poe, su alma gemela, en tantos aspectos, del otro lado del mundo, a quien tradujo magistralmente. Se podría hablar de una suerte de «hermanamiento», en realidad. Y algo así se trasluce en la hermosa y fidelísima versión que Riechmann, poeta, ensayista y profesor de filosofía además de traductor de literatura francesa y alemana, ha hecho de la obra de un escritor cuya poética es de una vertiginosa hondura telúrica y de una coherencia tan singular como extrema.
Menos conocido (al igual que Aragon o Saint-John Perse) en nuestro país que Éluard o Breton, pese a la traducción de «Indagación de la base y de la cima» de Jorge Riechmann (Árdora, 1999) y la anterior aparición de la antología, traducida por Alicia Bleiberg, «Común Presencia» (Alianza Editorial, 1986), René Char es un poeta de solaridades y penumbras, del conflicto, la iluminación y la tensión dialéctica, deudor de Heráclito al tiempo que de Nerval. «Nunca fue “hombre de letras” o literato, sino sólo y constantemente poeta», afirma Riechmann sobre el hombre que desde 1940, en pleno e infame pacto germano-soviético, eligió el combate y el silencio editorial –mientras otros escritores y gentes del «Tout Paris» tomaban champaña en las fiestas dadas en su suelo por el «anfitrión» alemán–, a la par que escribía los poemas de «Furor y Misterio» y los casi aforísticos textos de «Hojas de Hipnos». «Calla, pelea, padece, se abisma y emerge», anota sagaz Riechmann. Porque, a pesar de su «reputación de hermético», René Char, que en 1937 dedicó a los niños de la España republicana su «Cartel para un camino de los escolares», es un artista «fieramente humano» para quien el poema, «elevándose desde su pozo de barro y estrellas» («Argumento», en «El poema pulverizado») nace «de la llamada del devenir y de la angustia de la retención», y es testimonio de lo existente cual microcosmos de Paracelso.
«Ser del salto. Y no del festín, su epílogo», escribió en «Hojas de Hipnos», y ahí, en ese destellante aforismo que en nada se asemeja a una máxima sentenciosa, figuran contenidos toda una manera de «ver» el mundo, todo un «principio» de escritura –y de vida–, una estética y una ética que son acercamiento a los misterios cuya preservación, sin embargo, se anhela y hasta se exige (¿Cómo vivir sin algo desconocido ante nosotros?). «Llevo treinta años diciendo que no quiero el premio Nobel. Todavía tengo los pies mojados de surrealismo, y en el surrealismo no se aceptaban premios. No se aceptaban, eso es todo», le adujo René Char, que en los años 40 había alcanzado ya la celebridad literaria, a Paul Veyne. «Si habitamos un relámpago, es el corazón de lo eterno» («El poema pulverizado»)… Instante y eternidad, materia y conciencia, se aunan dentro de la circularidad –la serpiente es recurrente en su imaginario– y los «eternos retornos» de una obra que celebra lo primigenio y lo primordial: la naturaleza (desde una nostalgia por la infancia perdida y transmutada en vivencia edénica y algo rousseauniana), el coraje, la entrega, el éxtasis.
Señala Riechmann que otra de las paradojas de este visionario anticipador del ecologismo, que pasó sus últimas temporadas recluido en su amada Provenza, es que este «gran solitario, guardián feroz de su independencia, es también un grande y atento compañero de sus prójimos». Y sus prójimos no son, por supuesto, sólo los seres humanos dolientes («no escribiré poema de consentimiento», declara en «Hojas de Hipnos», y asimismo: «a nuestra herencia no la precede ningún testamento»), sino también las aves y los árboles amenazados de extinción… El suyo es un canto al mundo como morada de acogimiento. Siempre receló de los cantos de sirena de un «progreso» que intuyó peligroso y fagocitador. Enamorado de las pinturas rupestres, Char canta a la primavera de los tiempos, a la infancia de la humanidad con la misma pasión con que evoca aquellos veranos infantiles en que se sintió amado «por la tierra».

Juana Salabert

Juana Salabert

Los libros que integran este volumen fueron escritos entre 1938 y 1975.Tienen los poemas posbélicos de «Los Matinales» una luminosa frescura musical, un aire renovado de paisaje después de la batalla, de «rama donde madura mi gozo». De tono más sombríamente profético resultan los del cósmico, espléndido «Aromas cazadores», en que «el porvenir escasea». También aquí invoca el autor la unidad perdida originaria a través de la suma de los contrarios, buscándola siempre en ese espacio del poema que advierte como «cima de sí mismo».

Juana SALABERT

23 octubre 2013 Posted by | JUANA SALABERT, RENE CHAR | , | Deja un comentario