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REDOBLE POR RANCAS, de MANUEL SCORZA: La moneda que deja caer el traje negro, por Adriana Salinardi

La novelística de Manuel Scorza es una de las más creativas de América Latina —y se extendería sin esfuerzo al mundo todo—; cada capítulo es un dechado de ingenio donde el humor y lo trágico caminan tomados de la mano. La denuncia del abuso de los poderosos que surge de sus textos no mella en absoluto el arte creativo de este gran novelista peruano. 

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“Redoble por Rancas”, novela de Manuel Scorza.

Sobre el incio: El sol que deja caer un traje negro

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Manuel Scorza - Redoble por Ranacas

Manuel Scorza – Redoble por Rancas

Al comienzo, la novela parece un relato costumbrista, bañado con un halo de misterio e incipiente oscuridad, aunque este inicio transcurre antes del anochecer. Es a través de una sinécdoque que el doctor don Francisco Montenegro es aludido a través de un misterioso traje negro que atrapa desde su aparición en escena y mantiene absorto al lector, aún cuando no se descubre la real identidad de quien lo viste.

La exacta y hasta insolente descripción sumamente detallada de cada segundo del último minuto en que el traje negro no es más que eso, nos coloca en esa plaza, debajo de aquellos árboles y hasta nos es permitido oír las palabras del Alcalde de Yanahuanca, poniendo sobre aviso de la pérdida al distraído caminante: se le ha caído una moneda. A partir de ese momento, el brillo de la célebre moneda enceguecerá nuestros ojos, que solo podrán ver en la propia imaginación la interminable sucesión de personajes que admirarán con disimulo y temor, su redondez. Allí, niños y ancianos, jóvenes y adultos, mujeres y hombres y hasta los perros callejeros detendrán su paso frente a ella; o quizás al costado, para observar la forma, brillo y color de tan suculenta tentación. Y no será suculenta por el valor, sino por el intrínseco significado en el imaginario del pueblo. Y ese desfile interminable que a lo largo de los meses pasará de ser novedad a sagrada tradición, permite inferir cuál es la idiosincrasia del lugar. ¿Podemos imaginar a un forastero levantando el brillante estímulo y metiéndolo en el bolsillo? Y de ocurrir tal afrenta, ¿cómo reaccionarían los guardianes del tesoro que mantiene impolutos a los ciudadanos? De dejar de existir ese pequeño monumento a la honradez (o al miedo exagerado de quienes ven en el doctor don Francisco Montenegro a un hombre colosal y todopoderoso), ¿de qué modo continuaría la existencia cotidiana de ese mundo pequeño y respetuoso? Prueba de fuego, símbolo de respeto, incitación y hasta fetiche podrían ser sinónimos absolutos que describieran el significado de la dorada moneda, que quizás haya sido ofendida por el sol, el viento, la lluvia y hasta por el desparpajo de algún perro mancillando su refulgente faz. Alguien podría preguntarse cómo se originó tanto revuelo y aún así el mismísimo traje negro no se anotició del hecho.

Manuel Scorza

Manuel Scorza

Quizás sí lo hizo. Quizás justamente ese pensamiento es el que ocupa su mente mientras observa la plaza, asomado al balcón de la casa que habita. Quizás cada tarde, justo antes de las seis, se encuentre frente a la repetida encrucijada. ¿Deberá o no recoger la moneda? De hacerlo, pondría fin a los sueños de muchos, al orgullo de otros por pasar un día más sin robarla, al sutil romanticismo de tener en esa plaza el emblema del propio don de gente de los ranquianos. Entonces, quizás, el traje negro prefiera caminar un día más sin levantarla, permitiendo de este modo que cada habitante del poblado la disfrute o la padezca, del modo que más le plazca. Después de todo, si tanto le temen y en definitiva la moneda es un símbolo más de su propia concupiscencia sobre los pobres conciudadanos… ¿quién es él para privarlos de tan célebre presencia?

Adriana Salinardi

Adriana Salinardi

 Adriana Salinardi

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22 junio 2015 Posted by | ADRIANA SALINARDI, MANUEL SCORZA | , , | 6 comentarios