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TRANSPARENCIAS, los poemas de María Angélica Cabanillas

"Transparencias"

ESCRIBIR ES UN ACTO DE AMOR AL PRÓJIMO

Cuando pensamos en las cosas que algunas personas deben hacer cada día como combatir incendios, defender sus derechos, llevar adelante intervenciones quirúrgicas, conducir por una autopista, pensamos: ¿qué otra cosa podrá haber más confortable que sentarse y oprimir suavemente algunas teclas, luego echar el asiento hacia atrás y contemplar el inicio de nuestra obra de arte?

Sin embargo quienes eligen escribir no solo han tenido que armarse de valor para vaciar su alma, sino que también deben enfrentar situaciones agobiantes, cuyas consecuencias, reales o imaginarias, pueden llevar a la angustia o a la muerte, en el más extremo de los casos.

Temor de los errores de la página en blanco, de expresar mal lo que se siente, de revelar lo que llevamos oculto, no recibir el aval de los lectores a decir lo prohibido, fantasmas que todo escritor enfrenta y que nos hacen pensar: ¿por qué no habré elegido ser el limpiavidrios de un rascacielos?

Sabemos que hay formas muy diferentes de encarar la poesía, y todas exigen la economía de la palabra y el ritmo. También sabemos que las palabras de un poema nos permiten penetrar en territorios cerrados o prohibidos al entendimiento razonado.

Juan Gelman dice que interrogar es una de las funciones de la poesía y dice también que “las palabras son como clavos, disminuyen y aumentan el corazón que clavan”.

Estamos aquí ante “Transparencias”, opera prima de María Angélica Cabanillas, obra donde entrelazado con ideas, pensamientos, vivencias y recuerdos, aparece un ingrediente no común en la poesía femenina: el erotismo. Pero veamos qué entendemos por erótico.

María Angélica Cabanillas y María Amelia Diaz

Ya se nos anuncia desde su acertado título ese difícil arte de mantenerse al filo sin caer en el mal gusto de lo que, confundido con el erotismo, sería simplemente obsceno.

Transparencia, lo que aparece a través, lo que se hace visible solo a través, al otro lado de. Hay un velo de palabras que nos incitan a mirar pero solamente nos permiten vislumbrar tenues sombras (Dama intrusa, pag. 51):

“Espesa bruma que empaña los días / Enhebrando las horas tras el vidrio opaco, la penumbra viene y se va.

La sombra repite su vaivén eterno

Dama intrusa… ¡soledad!”

Alguien dijo que el erotismo, palabra que deriva de Eros, nada menos que hijo de Afrodita, la diosa del amor como no podía ser de otra forma, alguien dijo decíamos que el erotismo es el sitio en donde el goce y lo prohibido habitan en una inquietante proximidad. Pero el eros no solo debe relacionarse con el amor y el sexo, el erotismo connota y denota diversos componentes de lo subjetivo y lo social, lo artístico y lo científico, canalizando la libido o fuerza o energía que según Freud, un individuo tiene que dirigir para lograr su individuación. O sea que el erotismo es nuestra fuerza de vida, de construcción opuesta al tánatos o fuerza de destrucción que también opera en nosotros. (Final…  pag.19)

“La bruma del crepúsculo cae / malva sobre la sombra / y acaricia la primera ráfaga del sueño. / Untada de lágrimas / y en el instante mismo que resbalo al olvido / la penumbra verde del amanecer / pinta profundas burbujas / que ascienden hasta mi cuerpo / cuentan el fracaso / que corroe la ropa y el alma / y me prepara / hacia el éxtasis de la tragedia.”

Por eso es que el erotismo se encuentra también en las religiones, la Biblia lo desarrolla profusamente en El cantar de los cantares, pero también aparece en los textos místicos de Las moradas de Santa Teresa, donde hay un erotismo sublimado que se dirige a Dios.

Por eso que este poemario nos propone una mirada introspectiva donde encontrarnos y encontrarse. Aquí la autora, María Angélica, ha probado caminos inesperados con la tremenda lucidez que le permitió avanzar gozando, abarcando en su totalidad el goce de escribir, otra forma del eros que nos permite mirar la realidad a través de los velos de la palabra, porque el erotismo que vivenciamos ha pasado a ser una afirmación ferviente de la vida que postulamos como valor de la existencia humana. (pag 97) “Quizá / los hombres fantasean DIOSES / para calmar la angustia de la existencia vaga… / Distancias / diferencias / simulan ocres / las realidades / demuestran lo contrario / (somos) / cada vez / más parecidas.”

Este último punto permite entrever un desfilar hacia la muerte, acompañados de belleza, tras el impulso del presente, en su instante infinito del placer y búsqueda de una desnudez fundamental que conviene al poema.

Bienvenido este nuevo libro donde fuerza y belleza se conjugan, bienvenido a enriquecer el mundo de la poesía.

Maria Amelia Diaz

María Amelia Díaz

 

20 noviembre 2011 Posted by | MARÍA AMELIA DIAZ, MARÍA ANGÉLICA CABANILLAS, POEMARIOS | , , , , | Deja un comentario