EPANADIPLOSIS

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EL INSOMNIO DE LOS VERBOS CANSADOS, de Marian Raméntol

Marian Raméntol

Marian Raméntol (Barcelona, ESPAÑA)

¿Qué decir del verbo de Marian Raméntol?

Toda su vida es un poema exquisito, grandilocuente y comprometido con sus vísceras amables.
Tres lecturas he hecho de su último trabajo, buscando en los poemas algo que no me gustase, hojarasca, alguna melodía desentonada… ¡y qué va! Como siempre me sucede cuando la leo, salgo estremecida… ¡estremecida y satisfecha!

El insomnio de los verbos cansados,de Marian Raméntol

Desde que la conozco, -han pasado tres años-, Marian Raméntol siempre ha sabido dónde colocar la palabra necesaria, dónde el suspiro y dónde la agonía. Maneja el verso con la misma soltura que la cotidianidad, aunque se remonte al pasado, aunque lluevan criaturas incendiarias sobre su corazón místico y su cabeza repleta de bondades.
El insomnio de los verbos cansados no es más que el transcurso del tiempo implacable que, en cierta medida, permanece sobrio y estático en los aconteceres de una herida abierta que se resiste a los embates del mar. Toda su poesía es un oleaje continuo que reviste de algas y caracolas el recuerdo de la madre ausente:

“Mis rompientes vigilan el funeral azul/por si tu blanda huella me responde…”

“No hay nombres para desconocerte/más allá del límite de la voz/que arroja por las nubes/la valentía de tus venas…” La madre es todos los nombres, inclusive detrás del horizonte donde la vida trasciende cualquier peldaño hacia la eternidad.
Poesía y poeta se complementan, azulísimos, sin otra distinción que la prominencia de un verbo justo y enrocado con el origen de la vida: “todo tu nombre es un preámbulo”.
Desmesurado amor y ausencia se manifiestan en esta elegantísima metáfora de las nieblas: “despiden la noche desde la empuñadura del beso”… Y luego hay que tomar aire, hay que meditar y tomar partido cuando nos enfrentamos a: “He visto mi esquela en la prensa”. Aquí la autora de El insomnio de los verbos cansados ha llegado al punto culminante de su hastío, coronado con una indiscutible madurez que no cesa en su búsqueda.
Marian Raméntol sigue allí, entre horizontes, y también aquí, reescribiendo la longitud que logre beberse el pigmento de la locura, arropada con unas magníficas ilustraciones a cargo de Cesc Fortuny Fabré y con prólogo brillante de Valentín Martín.
A mi humilde modo de ver, este es un libro que merece la consideración de las casas editoriales y ser distribuido en todas las librerías. La poesía que él refleja es el extenso mar transitado a pie, con el corazón que se nos enquista, y es un enquistamiento que el buen lector agradece.


Marlene Denis
Delegada Regional UNEE, Cataluña

 

 

Enlace a descarga gratuita del poemario:
https://archive.org/details/ElInsomnioDeLosVerbosCansados

 


PRÓLOGO DE VALENTÍN MARTÍN

Que nadie busque la mar en calma en un libro donde la poesía es agua escasamente beata y la  interpretación de la paz quieta resulta tan imposible como que el aire se dé la vuelta. Estamos ante un manojito de olor a un mediterráneo tahúr que empieza con evocaciones acampadas en casa  y donde el seno de la poeta acuna quizás una herida.
Todo lo demás es salir a la calle, llamar al viento, a unas cuantas chispas de sol, vivir en los compases cantores, abrir puertas e incendiar los adentros, mostrarse tal cual se siente, y construir con esa urdimbre de partos un día sin viáticos donde puede partirnos un rayo, o si hay suerte quizás un beso.
Porque lo que Marian Raméntol ofrece es siempre un pálpito de hermosas perplejidades poéticas y nunca monotonía o ceniza para atardeceres.
Cuando uno acaba de leer “El insomnio de los verbos cansados” tiene ya la confirmación de que no se trataba de una sospecha sino de un nuevo tatuaje, otro remolino en el andar, una lujuriosa tempestad lírica que dejó de ser pichón, el diagnóstico definitivo de que nunca nos equivocamos al proclamar a Marian Raméntol como la mujer múltiple en expresiones que se va sembrando en los ojos de los demás sin la prudencia de quien sabe que tiene en las manos las sales del deseo y no un desierto invernal para corderos con la orfandad del hambre.
En “El insomnio de los verbos cansados” Marian Raméntol saja a Marian Raméntol con un impudor literario de lujo, y aparece la mujer del poemario que transita la vida -como Wirginia Wolff acudió a la muerte llenos los bolsillos de piedras para no arrepentirse- con tres milanos desnudos: el amor, el mar y la muerte.
Los tres se funden, o coinciden, o se convocan, a veces de forma explícita y otras un poco más subterránea, en un solo nombre que de vez en cuando se pronuncia y otras se supone, pero que no deja de estar nunca porque es el hilo conductor del agua del libro.
Un poemario que tiene momentos aparentemente distintos en los que bebe un poco de aire como áreas de descanso para un corredor de fondo que quisiera no parecer obstinado, y que sabe que para recorrer del todo el camino es imprescindible vivir también sus orillas.
Quizás el libro sea un viaje con varias posadas y un solo destino. En él Marian Raméntol se lleva a sí misma, se airea,  apacienta sus viveros, saca a la luz en finísimos parlamentos sus torrentes en duermevela, expande su fragancia para que se sepa en los vagabundos, como una cerilla que ilumina un cacho de mujer sucesiva, o prende el fuego de la maga para antepasados recientes a los que amó tanto, o a los sucesores advientos. Aquí no hay una voz de pájaro de la infancia que la reclame, ni miedo a que el estío de mañana huela a nieve. Por eso al caminar, anda.
Y no resulta nada extraño que en las posadas se hable un idioma muy parecido, porque en todos los alumbramientos itinerantes el ayer se parece al mañana y el presente es sólo un espejo.
El libro nunca llega a ser abrupto, pero no hay un solo poema que pudiéramos llamar amable. Y sin embargo no hay otro poemario más enamoradizo, porque se pega a la tierra y al agua, a las cosas y a los sentimientos como un soldado que no grita a sus enemigos para asustarlos, sino a la gente para decir que la vida es así y no como algunos suponen, que quizás escribimos para espantar al silencio, destruir ídolos de hormigas, y recordar tal vez uno solo que fue de verdad.
El libro está escrito con un calor orgánico, no hay en él precarias alegorías, existe un afluencia de variedades expresivas donde no puede habitar una inmóvil simpleza, sino ondulaciones del bozo de un ser entero que estremece. Todo ello está al alcance de muy pocos, pero es necesario para convertir en instantaneidad la memoria.
No sé si resulta aconsejable citar al lector a un microcosmos del libro en uno de sus poemas. Ningún libro -como ningún amor- es excluyente. Pero probablemente si tuviésemos que encerrar su hermosa charladuría y ligarnos a un desposorio adonde llegue la radiación de los demás satélites pero toda  la luz se concilie, tal vez el más locuaz sea “Sin otros ojos que los de la muerte”.
No resulta prudente pararse porque el libro está lleno de ventanas, de grandes órganos más que de bellos perfiles sin sustancia, podría ser que detrás de cada colina (en el libro no existen valles) haya un dios y nos lo perdamos, o un verso nuevo que jamás será un escombro.
Desde el principio hasta el final el libro tiene una estética de orfebre tupido con avaros cimientos, voces aladas, omniscientes imágenes, ríos altos, galeras decisivas, y seducciones contundentes de la palabra.
Es porque en el libro no hay cucamonas, sino poesía.
Poesía con la plenitud del ansia de pureza, donde un alud de matices convoca a los sentimientos y  a las sensaciones desde la exigencia y el rigor en el lenguaje. Tal vez por eso “El insomnio de los verbos cansados” resulte un libro tan humano y tan respirable.

Valentín Martín

 

 

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7 septiembre 2017 Posted by | MARIAN RAMENTOL, MARIAN RAMENTOL SERRATOSA, MARLENE DENIS, VALENTIN MARTIN | , , , | Deja un comentario

MARLENE DENIS, “NAVEGA MARTÍ EN MI SANGRE DE ISLA”, por Ricardo Rubio

Marlene Denis: el compromiso con la palabra escrita

Marlene Denis

Marlene Denis, escritora hispano-cubana. Profesora de letras y correctora de estilo, llega a la literatura siendo adolescente cuando obtiene su primer premio en un concurso de poesía, a la edad de 14 años. Creó y presidió los talleres literarios del municipio Cerro, en La Habana durante veinte años. Fundó el Taller Literario Provincial de La Habana y asesoró el infantil-juvenil “Ismaelillo” dentro de la propia localidad. Fue miembro de la Brigada “Hermanos Saíz” de Escritores y Artistas de Cuba con más de una treintena de premios en diversos certámenes literarios, tanto dentro como fuera de la isla. Impartió conferencias sobre Poesía Contemporánea de Cuba en la Universidad de Parma en el año 1996. Fundó y condujo la Tertulia Literaria “El Rincón de la Salamandra”, en Manresa, Barcelona, entre los años 2010-2013. Fue coordinadora del II y III Festival Internacional de Poesía “Grito de Mujer” en Manresa y Sant Vicenç de Castellet, en Barcelona. En 2014 participó como Académica en el XVIII Festival Internacional de Poesía de Curtea de Arges, en Rumanía. Parte de su obra se encuentra recogida en diversas antologías de Cuba, América Latina, Estados Unidos, Austria, Rumanía y España. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España, y pertenece a otras entidades como la Asociación Mundial de Escritores, el Movimiento Poetas del Mundo y Mujeres Poetas Internacional. Ha publicado diversas obras, entre las que destacan: “Donde termina la distancia I”, Ed. Extramuros, Cuba, 1988; “Donde termina la distancia II”, Online Studio Productions, Panamá, 2011; “Mi bella isla” (relatos), Online Studio Productions, Panamá, 2011; “Al filo de la fe” (co-edición) Ed. Casa Eolo, España, 2011; “Más allá de la palabra”, Ed. Pasión por los libros, España, 2011; “Bajo el cielo del exilio”, Ed. Seleer, España, 2012; y “A pesar de la sequía”, Ed. Art Gerüst, 2013. Además, se encuentra en proceso editorial su poemario “El ciruelo de Salamandra”.

(Tomado de Unión Nacional de Escritores de España – http://www.unionescritores.com/2015/03/marlene-denis-el-compromiso-con-la.html)

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  Marlene Denis: “Navega Martí en mi sangre de isla”

Acerca de su libro “A pesar de la sequía”

A pesar de la sequía, de Marlene Denis

A pesar de la sequía, de Marlene Denis

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Con altos niveles de significación, Marlene Denis goza de la buena salud poética: precisión verbal, inventiva, justeza. Su tono es distendido, desenfadado y ameno, posee la tranquilidad que otorgan la rectitud del lenguaje y el dominio de la traducción sensitiva-objetiva desde la psiquis al papel, y que son capaces de producir el regocijo estético en el ocasional lector o escucha. Sus destellos de sentido se manifiestan a través de una forma semántica en extremo concreta y sin fisuras.

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“He querido ser sincera

con cuanto el poema labra,

pero está el abracadabra

de mi semilla extrajera.”

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En el intimismo de algunos de sus poemas encontramos giros agudos y de penetración filosófica, también de la cruda lucha por la ubicuidad, de la grave noticia; pero cierta firmeza de espíritu nos revela una autora indeleble, sincera —aunque prudente, y no por eso menos intensa—, a la hora de arrojarse al ruedo de lo que un verdadero libro de poesías significa, que es revelarse, mostrarse hasta los huesos, “vaciar el costal”; no por ello sacrifica la ética escritural. Su poesía es un canto que a veces evoca a través de la copla:

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“Quisiera ser al anverso

de la tierra y de la mar.

A veces quisiera estar

entre la tinta y el verso.”

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Marian Raméntol Serratosa - Cesc Fortuny i Fabre - Marlene Denis

Como a todos “a veces un bolero se mete en mi rabia”; como a todos “a veces el aire aspira a convertirse en diáspora”.

“Ya sé que cuesta/ sentarnos a la mesa de los necios,/ dialogar con el fraude…”

Sus grandes preocupaciones: la relación entre tiempo y realidad, entre distancia y presencia, entre pasado y consuelo, la conduce por caminos de luminosa catarsis —metáfora de una luz posible en las caídas—, pero valoriza la memoria más allá de su dramática visión; a esa oscuridad de la psique impedida para todos, opone sus recuerdos y la noción concreta de una realidad inamovible, lacónica y fascinante.

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“A veces es bueno saborear

las velocidad del tiempo,

saber que olemos a mundo

entre teas y escayolas…”

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La lectura de A pesar de la sequía no nos dejará indiferentes.
Ante la firmeza de su palabra no podemos evitar la sensación de la plenitud poética.

                                                                               Ricardo Rubio Ricardo Rubio

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De “A pesar de la sequía”

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OMNIPRESENCIA

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Puedo ser la Niña de Guatemala,

muertecita de amor a la sombra,

el esqueleto del cóndor

y la apariencia salvaje del océano

que nos retorna a la arena.

A veces consigo ser

máscara y vicio

a contracorriente de la multitud

a la risueña mariposa

que dejaste volar hacia la nube

con su ternura a cuestas.

Soy todo cuanto niego

en los confines de la eternidad.

.

.

VIII (del opúsculo “Cabalga Lorca por mis ojos de tierra”)

.

En sintonía con las galaxias

yazgo de pie

sobre el espejismo

—como fantasma—

a mitad de la madrugada sin lucero.

Universo, lo iluminas todo,

incluso

esta quietud en su caracol

de metáfora y espinas

cuando el amasijo de huesos y lombrices

—cual lado prodigioso—

prolonga mi hábitat salvaje.

.

.

I (del opúsculo “Elegidos”)

.

Para no olvidarme de mí

he vuelto mientras escucho la luz

y su forma de languidecer

tras las cortinas.

Creí haber perdido el rastro

en el equilibrio de las aves

entre mendrugos de abandono

que confiaron mi ausencia

al acoso fornicador

en la sangre de la memoria.

28 junio 2015 Posted by | CESC FORTUNY I FABRE, MARIAN RAMENTOL, MARIAN RAMENTOL SERRATOSA, MARLENE DENIS, RICARDO RUBIO | , , , , | Deja un comentario