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ESE GRITO CALLADO DEL SILENCIO, poemario de María del Mar Estrella

María del Mar Estrella

María del Mar Estrella:
“ESE GRITO CALLADO DEL SILENCIO”

por Ricardo Rubio

 

Entre los resplandores del amplio espectro de la poesía argentina actual encontramos luminarias que forman parte del conjunto de artistas cuya forja constante y salud subjetiva proponen la vanguardia pragmática e ideológica del arte de la palabra.

En nuestro pequeño espacio compuesto de letras y cadencias, ritmo y figuras del lenguaje, los destaques no llegan al lector menos avisado, de hecho, ahora que los periódicos olvidaron la crítica literaria y aún más la poesía, pocos se atreverían a decir, con probada sapiencia y experiencia, qué es belleza y qué no lo es en el verso blanco de hoy.

Nuestro proceder preceptivo se ajusta a un protocolo alimentado por las academias a lo largo de la historia, en este caso, la historia literaria. Los pasos más frecuentados para establecer modelos y sentidos son el acceso al reconocimiento de tópicos marcados en cada autor por contexto histórico, social y cultural, cosa que no evita las zonas difusas por las que transitan los creadores de mérito que están siempre en tiempo presente, razón que nos impide ajustar a un molde una dimensión móvil e inesperada como lo es la creación poética de María del Mar Estrella.

Su vasta obra y su amor por la palabra nos ha conducido, a lo largo de más de cinco décadas, por terrenos filosóficos que develan profundidades poco sondeadas en nuestra poesía, también nos introdujo en urdimbres de inteligencia con las que ha creado, no pocas veces, nuevos sentidos, ofreciendo luces a los más rezagados; se ha manifestado libremente por las poco evitables circunstancias emocionales que sacuden el alma del poeta, y también lo hizo y lo hace al través de homenajes, panegíricos y recordatorios, laudables en esta época vertiginosa y olvidadiza; convengamos que en tierras más educadas, la poesía, en cuanto género, tiene otro púlpito, otro alcance, mayores posibilidades de brindar felicidad.

Ese grito callado del silencio – María del Mar Estrella

Puede decirse que nuestra poeta ha caminado entre muchas vertientes que desaguaron en derredor sin contaminarla con la narrativización ni con los excesos de síntesis, ni de las vulgaridades llegadas con la post modernidad. Tampoco contrajo la ficción, que es materia de la prosa creativa; el universo imaginario no es parte de la semántica en su poesía, el universo imaginario de María del Mar Estrella tiene relación con la estética, con el modo, con la permanente adaptación y cambio en la vanguardia, y la adaptación, según Selma Wassermann, es uno de los aspectos más destacados de la inteligencia.

Es así que su palabra siempre es real, su compromiso es la verdad subjetiva en tanto certeza del sujeto que analiza, un fragmento lúcido de la infinita verdad que nos une, y que la autora nos comparte al abrirnos una nueva hoja de su historia creativa. Al respecto dijo Schelling que belleza y verdad son, en sí, la misma cosa, pero María del Mar esgrime las herramientas capaces de abrazar la belleza y la verdad aun si fueran distintas.

Su poesía es un objeto emotivo que el intelecto disfruta, porque lo suyo no es solo palabra y sonoridad, no es solo ritmo y efectos verbales, es también el grueso de su mensaje, el carácter formativo que se desprende de cada uno de sus textos.

El poemario que nos reúne ahora, “Ese grito callado del silencio”, tiene dos momentos, y es dable decir que se trata de dos libros: “Ese grito callado del silencio”, el primero, un largo poema, temático, conceptual, dividido en opúsculos ordenados que pueden ser leídos independientemente; y el segundo, “Piedra del sueño”, percibido como la amenaza de Tanatos; dos obras abrazadas en un solo volumen.

Solo el título -un verso de otro gran poeta, Rubén Balseiro-, en relación con ambas partes, daría para un buen análisis heideggeriano; solo vale insistir en la hermandad poética que propone María del Mar Estrella, lejos del ego, aferrándose al nobis, al utilizar el verso de un común amigo para titular el libro.

En la primera parte, la pluma de la poeta manifiesta el resultado de sus reflexiones, ora filantrópicas ora antropológicas, observa y señala la realidad declarándose en la busca de lo justo y de lo bueno, si acaso existieran en nuestra sociedad maleada por las mareas de la ignominia. Expone un sentido gregario y de pertenencia que asume una posición ética frente al desmán, tal es así que expresa “que las historias se entrelazan para erigir un puente”, quedando develada su mirada comprometida con el hecho humano, porque para ella “la vida es una canción insobornable”. No solo lo sabe, también lo siente, por eso tiene, según dice: “todo el corazón a la intemperie”.

Una mirada social, suavizada por el personalísimo tropo que la caracteriza: metáfora, alusión e imagen unidas para conformar el expediente revelador de la idea, el orden de un pensamiento ligado con la realidad y con el “otro”. Si una característica destaca en este segmento del libro es sin duda el vigor, el mismo brío que ya notamos en otros de sus trabajos, vehemencia que encontramos en poetas como Alfonsina Storni o Alejandra Pizarnik, con versos como: “…llorar / con un rumor de piedras en la sangre”. Y también cavilaciones de tono clásico, como cuando dice: “…porque entre el vuelo y la caída / están quienes abordan / el / talismán primero / la conciencia”; o de tono intelectivo-sensorial, cuando indica: “…ser fieles a los sueños y a las voces”; o cuando recuerda el dolor, casi reproduciéndolo: “…por qué hueles a lágrima”.

A veces con un fluir vertiginoso cuya potencia enraíza en la imagen y en la metáfora, con las que modela estados de inquietud, sin herir, pero cavando hondo en el lector atento y sin dar posibilidad alguna de renunciar a la lectura.

La segunda parte del poemario, “Piedra del sueño”, título que confronta el universo material con el onírico, es, según versifica María del Mar: “…la estación donde la vida comienza a ser ocaso”, donde la dimensión del pasado supera la del futuro y en virtud de cual se recuerda mucho más y se espera mucho menos.

La nostalgia es en este caso inevitable, y así nos dice: “…aquellos pies aventureros ahora esclavizados en la conformidad, / la desmemoria, el pudor de lo incierto”.

El conocimiento de la única certeza que disponemos, la despedida, tal como manifestaran otros grandes poetas como Quevedo o Manrique, o aquellos poemas de Enrique Molina en “El adiós”, solo por citar algunos.

No quiso María del Mar que estos dos empeños tuvieran un curso independiente, tampoco lo necesitan, ya que también están bajo el abrazo semántico de “Ese grito callado del silencio”, alimentando su sentido.

Es innecesario decir que la acumulación de cierta cantidad de años proponga que nuestro mundo se contraiga; aunque los centros de interés permanezcan constantes, la compresión del futuro incierto esboza inquietud, señales grises, final de camino, como cuando expresa: “…símbolos / que buscan arrojarme al estertor de tu silencio / donde comienza la aterradora eternidad”. Interpela a la ruina cara a cara, la acusa con una bellísima línea: “…me has ido arrebatando lo que sembró el afecto…”

 

Luego razona, sonríe, y sigue adelante cuando dice:

 

“…uno deja colgada su vida en cualquier parte

hasta que viene otro y se la prueba. //

Al fin de cuentas no hacemos otra cosa

que pasarnos la luz de mano en mano”.

 

Recordemos unos versos de “El poblador”, su primer poemario de 1963, para que nos diga quién era y sigue siendo:

 

“Ni fuerte ni muy débil. Ni orgullosa ni humilde.

Esta mujer que a veces, como todas, tiene mucho de hembra,

pero que nombra un cielo también, como las otras”.

 

Su sinceridad nos mira a los ojos; el despojo de toda vanidad nos ilumina y el aliño de sus versos, ya carnales, ya espirituales, alienta a quienes seguimos sus pasos, en esta carrera que no es carrera sino la sana intención de unirnos por la palabra.

Solo me resta decir: Gracias, María del Mar.

.

ALGUNOS POEMAS:

.

1

habrá un amanecer y ningún velo
postergará la lúcida mirada de la revelación
nadie irá solo
los vencidos los locos los indefensos inocentes
los alfareros del dolor y los orfebres de justicia
los reos de nobleza comprobada los marginados de la dicha

se salvarán

tendrán su sitio frente a los depredadores ancestrales
los vándalos del hambre
los rapaces violadores del alma

los hipócritas hermafroditas de la guerra

porque vendrá el amanecer y un día
entraremos en las espléndidas ciudades del corazón
para asumir el reino de lo humano

el jardín de las lágrimas

.

2

una sola puede cambiar el mundo
derribar tiranías
imposturas
decapitar fantasmas o compartir raciones de absoluto
con cada comensal de la miseria

una palabra
sola
que se atreva

a ser reino de hombres y de hambres

.

3

dictador por la fuerza o por el miedo
sin embargo
no has podido con ellos

destierro cal mordazas

de una herida mil pájaros
de un pájaro mil vuelos

dictador de la sombra
mas no de ellos
nunca

 

.

34

preguntarán por qué murmuras
con la boca sombría de naufragio
por qué hueles a lágrima
por qué ya no te vistes de amazona
ni adoctrinas banderas
ni te exhibes con el ardor de los amantes

vida
el tiempo te ha violado
la reiterada muerte
la humillación del doloroso olvido

sucia de humanidad
que no ha podido defenderse y sangra

.

35

entrar en ella una vez más la última
traspasar sus murallas entrañables
beber el agua de la vida
y sentir que los pájaros acuden
a la escudilla de mis manos
disfrutar el rumor de la esperanza

y ser luz otra vez
núbil latido
abeja plena de una miel sonora
dinastía silvestre luna madre

pero acercarla una vez más la última
penetrar en su tierra prometida en su reino salvaje

y que aúlle la noche a mis espaldas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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13 noviembre 2018 Posted by | MARÍA DEL MAR ESTRELLA, POÉTICA, POEMARIOS, poesia, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

   

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