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Comentario sobre “Entre líneas de agua”, poemas de Ricardo Rubio

 

(Paralelismos entre la novela “Crónicas de un legado hermético” y “Entre líneas de agua”, de Ricardo Rubio)

Crónicas de un legado hermético

Crónicas de un legado hermético

 

 

 

 

 

“Llenos están los precipicios más profundos de líquido inicial donde la vida comienza”, decía la piedra 12 en la novela. El agua, el origen, la plenitud. Desde la cita de Hakim Sanai a la filosofía de los Kankaás, es el retorno lo que consuma esa totalidad y la renueva; “gota entre las gotas”, el poeta conversará con la niebla, porque el resto -la materialidad- no tiene que ver con su camino. Un camino entre líneas de agua, una voz que (acaso como “el lenguaje vegetal”) captura las esencias (recuerdo la interesante variable en una traducción entre esencia y ciencia). Por eso a esa voz no le cabe otra forma que lo connotativo, ni otra función que la de suscitar una vibración en el inconsciente.

Entre lineas de agua 1

Entre lineas de agua

“Vivir se trata de sitios para el temblor” y la poesía es un aspecto de ese temblor y de la vida. La vida, el tiempo: “el tiempo / es una sustancia que arde” (como el fuego que anhelaban los koo-kás); la materia (“la materia que inhalo”) es el único despojo posible (como el “Ejemplo de bosque”), los restos del entorno, aquello que se evade en la palabra, el “derredor” y la pena inevitable.

La orilla de la forma, mujer o sombra, nos esclaviza… pero, ¿acaso también al poema? Pareciera demostrarse que no. En el poema, en estos poemas, hallamos como en la ley del Druida la “mitad desnuda”, quizás ese último espacio hacia donde el sentido puede fugarse, y desde allí recordamos las verdades: el camino hacia un origen “donde nunca fue ayer”.

 

Diego García

 

 

 

 

 

Diego García

 

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13 septiembre 2013 Posted by | DIEGO GARCÍA, RICARDO RUBIO | , , , | Deja un comentario

“CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO”, novela de Ricardo Rubio, EL COMPROMISO CON LAS IDEAS por Jorge Bach

Crónicas de un legado hermético

Crónicas de un legado hermético

EL COMPROMISO CON LAS IDEAS
Tras la aparición de la última novela Crónicas de un legado hermético, la literatura de Ricardo Rubio vive un momento de síntesis. La reaparición en la web de su primera novela Calumex publicada, traducida, comentada como literatura juvenil, nos abre a la reflexión y a la búsqueda de una síntesis que convoque a la presentación de un estilo literario que ha permanecido, se ha perfeccionado y renovado en cuarenta años de presencia en el mundo del arte.
A Ricardo Rubio lo conocí hace treinta años, cuando comenzamos a cursar el profesorado en Latín, Castellano y Literatura. Pero no lo conocí sólo como estudiante, sino como amante de la literatura, de una literatura con mayúsculas que en un bodegón de Ciudadela llenaba las horas libres de poesía, de “tertulias” literarias y de ajedrez.
Ricardo Rubio

Ricardo Rubio

Aún cuando parecía poco provechoso para un estudiante el encuentro alejado de toda disciplina formal en un bar de Ciudadela (cuyo propietario era hermano del poeta Antonio Aliberti), la informalidad llenaba tardes enteras hablando de César Vallejo, Octavio Paz, Jorge Luis Borges en la compañía, incluso, de Andrés Utello.

Cuando uno tiene dieciocho años, no siempre sabe apreciar estas ventajas que le otorga la vida. Lo cierto es que, impostergablemente, el amor a la literatura fue creciendo en el grupo y en los futuros miembros de La Luna Que, en aquel momento La Luna Que Se Cortó Con La Botella.
Por aquellos días Rubio ensayaba sus pasos poéticos con Clave de mí y su libro Pie a pie, algunos pasos. Pero, sinceramente, los leí después de conocer su prosa. Ricardo había editado recientemente Calumex, un relato escatológico y esperanzador. En Calumex se advertía la visión de un autor comprometido con las ideas, convencido de que la construcción del mundo se sustenta en las posibilidades que ofrece la razón.

Calumex

Calumex

Hoy Calumex ha reaparecido en la web, se ha traducido, se ha editado en formato digital para su venta y diría que esta circunstancia no es casual. Algunos escritos necesitan su tiempo para ser aceptados, incorporados, aprehendidos, reconocidos, especialmente cuando la convicción lleva al poeta y al escritor a trabajar alejado de las grandes editoriales que, sabemos, han destruido la convicción y la literatura de muchos escritores.
Jorge Bach y Ricardo Rubio

Jorge Bach y Ricardo Rubio

Hoy cuando leo Crónica de un legado hermético, sigo leyendo al mismo Ricardo Rubio, pero evolucionado, maduro. Un hombre que ha comprendido el verdadero valor de la estructura en la novela y el juego de la creatividad que se atreve a romper los límites de lo predicho, de lo anunciado, de lo recomendado.

En oportunidades, los autores prefieren hacer de la estructura su Caballo de Troya. Se aseguran de que sus obras sean entretenidas pero de escaso vuelo literario. Ricardo Rubio, no solo ha logrado en Crónica de un legado hermético una obra entretenida, sino también el compromiso con la idea y la apreciación de la calidad literaria.
Si de la persistencia del escritor hablamos, el autor que conocí en el año ochenta y tres permanece con sus ideales intactos. ¿Puede en algún momento la razón extraviarse, demorarse, perderse en el tiempo? ¿Puede narcotizarse por la comodidad de la renuncia o derrumbarse por la persecución y el olvido? Todo en algún momento resurge. La vida que transcurre en el ámbito de la razón, difícilmente sea exterminada. Puede ocultarse, aletargarse hasta esperar el momento oportuno de su reaparición; pero cuando retorna su eficacia es innegable y su voluntad indiscutible. Aún cuando el enemigo parezca poderoso, cuando parezca indestructible, determinante, la voluntad de la idea permanece en el tiempo, en documentos, en piedras, en la memoria, en un legado que se hace estilo de vida, apreciable e irrenunciable.
Me atrevo a pensar que Rubio tanto como Isaac Asimov y J. R. R. Tolkien, es consciente de que la verdad en algún momento resurge. Existen quienes no se creen portadores de la verdad, sino de un punto de vista que puede acercarnos a ella pacíficamente, enriqueciendo y alimentando la naturaleza humana al grado de comprender que cualquier lucha es inútil si esta nos separa de la razón.
Cuando conocí y dialogué con el protagonista de la novela, Lucio (y digo dialogué porque debatí sus indecisiones, sus cuestionamientos y compartí sus aciertos como si fueran propios) noté que había algo más que un personaje. Lucio era portador de una verdad, de una conciencia milenaria, ¿olvidada?, expectante, administrada por un grupo de humanos sabios, que esperan el momento oportuno para revelar una característica humana velada al hombre de hoy: el conocimiento de su propia esencia, del ser. No existe valor en el ser humano fuera de sí mismo y fuera de su relación con el otro y de la naturaleza. Poseedores de un lenguaje particular, los Kankaas, una civilización extinta y paradójicamente presente en el siglo XX, son portadores de un conocimiento restringido a nuestra sociedad de consumo que espera darse a conocer, armonizarse, abrirse, por pura fuerza de la razón y de la aproximación, a la realidad humana.
Crónicas de un legado hermético, no es solo la voluntad de Ricardo Rubio, no es solo un paso más hacia la literatura de un autor que conozco con cuarenta años de compromiso en la literatura. Esta novela es un espacio de lectura, de reflexión, de apertura a un mundo de la razón que nos espera.
 
  • Jorge BachJorge Bach

http://www.youtube.com/watch?v=KA31cMPubQ0

Los actores Mónica Snyders y Horacio Verón leen un segmento de diálogo de la novela “Crónicas de un legado hermético”, de Ricardo Rubio en el acto de presentación en la Biblioteca Nacional, el 6 de junio de 2011.

20 abril 2012 Posted by | JORGE BACH, RICARDO RUBIO | , , , | 1 comentario

ACERCA DE LAS “CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO” de Ricardo Rubio, por María Amelia Díaz

Crónicas de un legado hermético

Una crónica (del griego kronika biblos, es decir: libros que siguen el orden del tiempo) es una obra que narra hechos históricos en un orden cronológico. En la crónica los hechos se refieren en orden temporal y se define como una historia escrita por testigos presenciales. Podríamos decir, para resumir, que una crónica es una fotografía de lo que ocurre en la vida de las personas. La crónica permite conocer algunos eventos de la vida de las personas, con sus dichas y desdichas, alegrías y tristezas, fracasos y triunfos. Es, entonces, también un relato social, antropológico y psicológico de las personas. Simplificando, diremos que hay una crónica informativa, en la que el cronista se limita a informar, y una crónica literaria: un relato donde interviene la imaginación. Esta última es la que admite un lenguaje con uso intenso de adjetivos para enfatizar las descripciones y emplea verbos de acción, presentando referencias de espacio y tiempo.

Desde sus orígenes, la crónica tuvo elementos indudablemente ficticios. En mayor o menor medida, las crónicas estaban alejadas de la “realidad objetiva” y no respondían a una lógica de verdad sino de verosimilitud. De esta forma los cronistas comenzaron a utilizar algunos recursos de los relatos de ficción como diálogos, creación de personajes, descripciones de mundos imaginarios, etcétera. La literatura europea medieval fue muy proclive a este tipo de narración y tal vez el ejemplo más popular sea la Crónica del famoso Cid Campeador.

El periodista Manuel Bernal Rodríguez sostiene que los orígenes de la novela como género literario se encuentran en las crónicas: “se puede imaginar un hilo conductor que nos lleve desde la crónica histórica medieval pasando por la historia y los cronicones hasta las primeras manifestaciones de la novela moderna (libros de caballería)”, afirma al respecto.

Siguiendo ese camino hoy asistimos a la presentación de una nueva obra de este subgénero literario: “Crónicas de un legado hermético”, de Ricardo Rubio, cuyos atributos, lo veremos al leer, encajan perfectamente dentro de las características referidas, para darnos como resultado final una novela que atrapa al lector.

Todos los individuos nacidos venimos a este mundo a iniciar un camino, un viaje cuyo derrotero y duración desconocemos. Esto ya lo supieron los antiguos y Homero lo dejó escrito para siempre en la Odisea. Se trata del viaje iniciático y único, cuya finalidad pareciera ser el conocimiento de nosotros mismos; un viaje circular que empieza y termina en cada individuo.

Esto nos advierte la novela, ya desde el título, con la palabra “hermético” señala el lugar cerrado, el círculo:Naciendo y muriendo el círculo persiste indetenible y quieto. Cada punto es un movimiento y la inmovilidad”.

Ese viaje que, como dije, parte y termina en nosotros, será este trayecto-novela narrado desde un personaje principal, un oscuro profesor universitario que por aparente obra y gracia de la empatía heredará la casa y los bienes de un colega mayor. El episodio dará comienzo a la crónica de los hechos por los que irá transitando desde el descubrimiento de un plano escondido en el forro de una maleta que lo llevará a su Itaca, una puerta secreta detrás de la cual lo espera un recinto que guarda veinte piedras con extraños grabados en un idioma remoto y desconocido, el comienzo de  su odisea, el peregrinar en busca del resto de las piedras y las noticias que complementen el significado, esa extraña caverna que se abría o se cerraba ante mí”, enigma que tratará de descifrar guiándose por el diario íntimo de su benefactor: Nicanor Castro.

Ricardo Rubio

“Tal vez mis pasos empezaban torciendo el rumbo, esta vez hacia un destino fuera de toda previsión, hacia un universo insólito, dirá el narrador. E insólitos serán los momentos que lo esperan y cuya narración voy a omitir porque la dejo para el goce del lector.

Hasta aquí el argumento, pero el protagonista narrador nos dice: La impaciencia por devorar aquellas palabras me mantuvo inquieto en medio de la imaginería, del preconcepto, de las especulaciones propias del que no sabe nada…”, “Algo impredecible se ocultaba detrás del significado de los raros escritos…”

Se refiere a los petroglifos, a los extraños signos que han sido parcialmente descifrados y cuyo significado intentará interpretar, porque de eso se trata, si nadie recibe el mensaje, la comunicación fracasa.

Ha dicho Italo Calvino: “El hombre camina entre los árboles y las piedras. Raramente el ojo se detiene en una cosa, es cuando la ha reconocido como el signo de otra, una huella en la arena indica el paso del tigre”.

Todo texto que se precie esconde varias interpretaciones, como las catáfilas de una cebolla, los significados ocultos van apareciendo a medida que efectuamos lecturas más profundas que la primera, la del lector bobo. “La primera era casi superficial, una aproximación, una mirada a vuelo de pájaro sobre los asuntos y las intenciones, y la que habría la puerta a la verdadera lectura”.

A través de la novela y en medio de distintos avatares se va logrando el hallazgo de todas las piedras que conforman la colección en posesión de distintos individuos, y su búsqueda guía el periplo de nuestro personaje hacia el sur argentino, coincidentemente con la guerra de Malvinas.

Los signos impresos en las piedras, que se van revelando a lo largo de la obra,  conformaban el lenguaje de los kankaás -una civilización anterior y desaparecida-:  Una base de nuestro continuo, pero de ningún modo eran el pasado de nuestro pensamiento, esa lengua se revela superior y más avanzada que la nuestra:Hablamos idiomas demasiado conscientes, acotados por la superficialidad de los lugares comunes, que son ideas de otros” ya que expresa la materia, El suelo es la letra perfecta en la que el abnegado resume su saber y conocimiento”, dice la piedra 2,

A partir de aquí nos encontramos frente a una novela de vanguardia, tanto desde el goce de la lectura, como desde el mecanismo de la obra, “Crónicas de un legado hermético” se va construyendo como una metanarrativa, o sea: “un esquema totalizador que organiza y explica conocimientos y experiencias”, la metanarrativa será, por tanto, una historia más allá de la historia, que es capaz de abarcar otros “pequeños relatos” en su interior.

Así las inscripciones halladas en las piedras nos proponen otro recorrido, un recorrido semiológico, entendiendo la semiología como aquella ciencia de los signos que atiende los fenómenos que rozan la filosofía, la lingüística y la sociología.

El texto que se puede leer desde allí nos habla de otra cosa, de un lenguaje expresivo, propio de la literatura, nos habla del lenguaje esencial, el de la poesía, lenguaje que se constituye como la liberación de lo humano: “vivimos una época en que a dispersión de la coherencia es la bandera que proponen los poderosos, los totalitarios”El lenguaje tal como está limita nuestra superación. La poesía es sin duda la vanguardia del razonamiento humano, siempre crea nuevos sistemas de comunicación que no son comprendidos en su propio tiempo”.

¿Qué produce en el protagonista este hallazgo? ¿Qué nos produce a nosotros, lectores, esta lectura de un íntimo lenguaje? La respuesta se halla en la obra: la tensión propia de un ciego en una oscuridad desconocida o de un sordo en medio de miles de señales sonoras, una asfixia que era la ausencia de alguno de los sentidos adonde las estridencias de la calle no llegaban, pero sí lo hacían los gritos”.

Carmen Tulián, Omar Puptkin, los hnos. Diego, Yabo Numac, Nicanor Castro y el propio protagonista cuya identidad develaremos ahora como Lucio Ávila, se han encargado de ir descifrando este lenguaje que no es otro que el lenguaje poético, ese lenguaje que intenta ir más allá de los símbolos para buscar “las razones que lo encienden”. También este final lo dejo para el lector.

Han habido en la novela dos viajes, el viaje geográfico hacia el sur que confluye con el de Lucio hacia sí mismo, viaje que incluye la búsqueda de los petroglifos, su recorrido por el sur argentino y el hallazgo del amor. El otro es el viaje hacia las palabras. Ambos cierran el círculo común.

“Lo que llamamos comienzo a menudo es final y llegar a un final es empezar. El fin es de donde partimos. Y cada frase, cada oración lograda (donde cada palabra está cómoda y toma su lugar apoyando a las otras, la palabra que ni es apocada ni ostentosa, el intercambio natural de lo antiguo y lo nuevo, la palabra común, exacta pero no vulgar, la palabra formal, no por precisa pedante, el entero conjuro bailando en armonía), cada frase, cada oración, es fin y es principio, todo poema es epitafio Y toda acción es un paso hacia el tajo, hacia el fuego, hacia la garganta de la mar o hacia una piedra ilegible: y allí es donde empezamos.” (T.S. Eliot “Cuatro Cuartetos”)

María Amelia Díaz

María Amelia Diaz

11 agosto 2011 Posted by | MARÍA AMELIA DIAZ, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

Acerca de CRÓNICAS DE UN LEGADO HERMÉTICO, de Ricardo Rubio, por Fernando Sánchez Zinny

Crónicas de un legado hermético

¿Novela o embozado libro de memorias? ¿Imaginación o alegoría? ¿Realidad o símbolo? Como en otras tantas otras obras en las que busca dejar su impronta la generación de escritores a la que ha tocado compartir la vida argentina de la segunda mitad del siglo pasado, son ésas preguntas sin respuesta, extraviadas en el extenso y sugerente laberinto en que ha desembocado la literatura al periclitar los géneros y al dejar de tener sentido la demarcación precisa entre ficción e introspección.

Ricardo Rubio

En lo formal, Crónicas de un legado hermético, de Ricardo Rubio, es una consistente narración, escrita con cuidado y solvencia, llevadera y tranquilizante según las consabidas normas que suelen agradecer los lectores. En rigor, los lectores -este lector, al menos- no tenemos motivo concreto alguno para suponer que se trata de otra cosa; empero, como también somos parte de esa generación mencionada, inexorablemente compartimos su rasgo característico que es el de la sospecha. Atención: ¿qué es eso del vacío, de la falta de expectativas? ¿Qué es eso del camino hacia el conocimiento, ese goetheano “hacia más luz mis penas se consumen”? Y tememos de pronto, en medio del placer que el texto proporciona, hallarnos ante un espejo en el que están reflejadas nuestras apetencias, frustraciones, compensaciones. No se sabe en verdad de qué habla Rubio pero parece hacerlo de nosotros, con el agravante -que ése es el don del arte- de personalizar en yo, en tú, en él. Quizá sea así y eso nos molesta, nos incomoda, pero a la vez atrae, inquieta y halaga. Advertimos, entonces, que este libro nos representa un gran libro, de cuyo recuerdo será difícil prescindir.

Fernando Sánchez Zinny

Fernando Sánchez Zinny

6 junio 2011 Posted by | FERNANDO SANCHEZ ZINNY, NOVELAS, RICARDO RUBIO | , , , | Deja un comentario