EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

DON JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA por Susana Lamaison

El Poeta Don José Martínez-Bargiela

                                                                                                                     por Susana Lamaison

 

José Martínez-Bargiela

 

El hábito de asistir juntos al Café Literario “Antonio Aliberti”, en el Café Montserrat, los viernes, y los sábados a La Luna Que, en casa de Ricardo Rubio, fue la oportunidad de conocer profundamente a Don José Martínez- Bargiela y de haber disfrutado de la lectura de sus poemas.

El hecho de haber compartido con él, y Ricardo Rubio y Carlos Kuraiem, los dos últimos encuentros literarios me autoriza particularmente a hablar del queridísimo amigo.

José estaba urgido por un afán singular esa tarde del sábado en que nos habíamos encontrado en una confitería sobre la Avenida Cabildo, para acortar los viajes que tenía hasta su casa. Quería terminar de seleccionar los últimos poemas para la que –sin saberlo entonces– sería su obra póstuma Monodiazul. Ya, el título de una antología había sido un placentero motivo de análisis, un par de sábados antes.

Miguel Brascó, Graciela Maturo, José Martínez-Bargiela y Ricardo Rubio.

José, con su presencia, honraba e iluminaba cada encuentro. Era de pocas y certeras palabras, buen oyente y excelente amigo. Asombraba la cantidad de textos que producía de una semana para la otra, y les restaba importancia a todos a pesar de que le pidiéramos con deleite la repetición de alguna lectura para disfrutarla. Es más, leía apresurado como quien quita valor a lo que está leyendo en una actitud de terminar rápido para dar lugar al siguiente lector.

Esta cuestión de ser del Norte de la ciudad, hacía que al final de cada reunión cultural regresáramos juntos en el mismo vehículo: yo hasta Belgrano y él hasta Olivos. Su compañía me resultaba grata y casi familiar. Me gustaba cuidarlo al subir o bajar, o en alguna irregularidad de la calle, y él se resistía con esa hidalguía de quien no ha admitido, por la intensidad con que ha vivido y por la actividad incesante, que los años van pasando para todos.

Otras temas nos unían y eran su condición de gallego, que me remitía a mis abuelos maternos coruñenses; su conversación rica en anécdotas de la Belle Epoque porteña, que también me evocaba los relatos de mi madre, y su vocabulario vasto y sorprendente como no he conocido otro, por lo menos hablado y presente.

Don José era un hombre de una profundidad abismal, de una laboriosidad sin límites y de una educación y corrección incomparables.

Siempre actualizado, el mundo lo inquietaba. Había conocido los rigores de la guerra y los del autoexilio y también por su amplio criterio, su prodigiosa memoria y sus numerosos años, tenía juicios de valor muy acertados con respecto a nuestro tiempo, modales, conductas y lenguajes. Tampoco le era ajeno lo político, tema en el que respetuoso de todos se definía con claridad.

El crimen de los carboneros, cuento.

Esa tarde yo pedía ayuda para terminar con mi poemario y a él lo apuraba la idea de concluir el suyo. Innegable poder del inconsciente que le diría seguramente que era nuestra última tarde. Estaba atento e inquieto, y escuchamos como siempre con el mayor cuidado cada texto. Nos cambiamos de mesa porque él sentía frío; en ese instante, nadie pensó que quizás esto significara algo.

Hay un detalle sí que no puedo soslayar. Al retirarnos, cruzamos las puertas de la Confitería La Farola de Saavedra. Eran las 19, y se escuchó fuertemente el tañido de las campanas de la Parroquia de San Isidro Labrador. En el alboroto de la conversación y debido a la prolífera producción de nuestro poeta, ignoro por qué, se me ocurrió la idea de pedirle que me escribiera para el siguiente encuentro poemas sobre campanas.

También debí atender al siguiente fallido que me impulsaba a acompañarlo como siempre hasta la parada, pero, esa vez erradamente, en el sentido contrario al suyo, al que correspondía a su casa. Era evidente que no quería separarme.

Me invadió entonces el recuerdo del film basado en la novela de Ernest Hemingway Por quién doblan las campanas. Quedé pensando en esas campanas que no dejaban de sonar, o que por lo menos lo hacían de una manera en que nunca las había escuchado.

Ya en casa, a solas, fui a los libros: tradicionalmente en las aldeas las campanas de la iglesia llamaban a misa, auguraban catástrofes, anunciaban muertes o proclamaban nacimientos.

También encontré de dónde procedía el título de la famosa novela. Se trata de la «Meditación XVII» de Devotions Upon Emergent Occasions, obra perteneciente al poeta metafísico John Donne, y que data de 1624:

 

“Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la huma-nidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.”

El escultor, poemas.

No quise comprender. Las campanas lo llamaban, las campanas presagiaban su muerte, las campanas señalaban nuestro instante de despedida. Las campanas indicaban el final de nuestros encuentros, de nuestra amistad, de nuestra integridad.

Ninguno de los tres lo volvió a ver. El mensaje de texto del lunes siguiente por la tarde de Ricardo decía: “Murió José hace quince minutos.” Quedé partida como por un rayo y recordé las campanas.

Bien dice el refrán que nadie es profeta en su tierra. José trajo a Buenos Aires los nombres de las flores, de los pájaros, de los oficios de su tierra natal. Poeta de la naturaleza y del amor, del pasado y del cuestionamiento sobre el futuro, nos quedan su palabra inteligente y bella encerrada en sus numerosos libros, y su amistad sincera guardada en el corazón.

De su vasta obra, me cupo el placer de presentar su poemario Nudos de Sombra en el Centro Cultural Ribadumia, lugar que remite a un tema existencial más que poético en Don José, Galicia, que es una constante en sus textos. En su alma está afincada esa morriña que sienten todos los que por una u otra razón han debido emigrar de esa tierra meiga agraciada tan generosamente por la mano de Dios.

 

“Desguaza Galicia inédita

todos los oros cromáticos

en otoño.

Campanada sonora

de los vientos alisios

que la acosan

en la airosa riada.”

 

Hojas del palisandro, poemas.

Martínez-Bargiela era una persona de bien, un señor, en la más pura acepción de la palabra, un resabio de una sociedad extinguida de la cual las generaciones de hoy no tienen noción y que en su caso se advertía en la elegancia en el vestir, en la galanura de sus modales, en la mesura de sus comentarios.

Era difícil descubrir en este hombre moderado y discreto, que parecía querer siempre pasar inadvertido, al talentoso escritor, al incansable lector, al viajero infatigable, al experto traductor. Seguramente nadie imagina que tradujo el Manual de Instrucción del Portaaviones “Independencia”, el primero con que contó nuestra flota, alguien que como él tuvo tal manejo del lenguaje poético en lengua hispana.

Ingresar en la poesía de J. M. B. es recuperar la riqueza perdida de nuestra lengua. Decía a un tiempo con precisión y con preciosismo. La palabra en él no es un mero signo lingüístico; es un esfumino, un cincel, un diapasón de los cuales brotan las más exquisitas y conmovedoras imágenes. Sus palabras son cántaros, manantiales de los que emanan visiones, vivencias, sensaciones.

Afirmaba J. M. B.:

No todos podemos sentir,

no todos podemos amar,

no todos podemos soñar,

llorar, guardar un secreto,

confesarlo todo

sin vanagloriarnos.”

 

Yo agregaría que no todos podemos escribir como él lo hacía y manifestar lo que sentimos y soñamos y sufrimos, y que por su forma de lograrlo debería haberse vanagloriado aunque su humildad se lo impedía.

Decía Borges que lo importante es el nombre y que detrás del nombre está lo que no se nombra.

 

Por más señas y señales

digo llamarme Bargiela,

de Barxa, Barxiela, el hito…”

José Martínez-Bargiela y Jorge Luis Borges

 

Un hito en el camino de la literatura jacobea en lengua española, en este caso, poemas escritos en español pero cargados de la remembranza de una niñez de veleros transparentes y pájaros azules que volaron lejos.

Podrían seguirse sus pasos a través de este Poemario y observarse las etapas no siempre felices:

 

– los orígenes: “Nací con el Tejo verde que me dio el albur sagrado y el mágico precipicio en la inmortalidad de mi sangre

 

– la partida: “Cuando volé… mi aldea (donde nací) se tornó oscura leyenda de piedra”, “Sorprendentemente partí lento, vacío como un hurto flagrante”,” Fue arrogancia irme de mí mismo solitario”

 

– el viaje: “Salí ansioso de mi tierra, ansioso, igual a pescador de bajura”, “ Peregrino y náufrago de itinerario ignoto”

 

– la llegada: “Bodegón oscuro, Casa de Huéspedes, el favor de poder pagar

 

– las guerras: “El aplazo y los submarinos, guerra de por medio”,” “Las noticias censuradas de mis hermanos que en la guerra mueren en los partes diarios”, “anónimas muertes no enjuiciadas”, “La batalla, el puente volado sangra las cicatrices incurables de la guerra”

 

– el retorno:” Nada ni nadie retorna al mismo sitio, al cambio de sombras emigradas…”

 

– el amor: “Muero vivo y en ti renazco. Soy sólo tu mirada azul sobre una mariposa blanca. ¡Oh, amada mía, dame fiel cabida en el espejo, tu cuerpo arriba!”

 

– su poesía: “¡No hay tales conjurados! No me queman las pestañas, sólo escribo o trato”. “Entre colegas nado el riesgo. Intuyo asomar la cabeza a destiempo, el copete de algún verso estrábico me anzuela lírico”

 

– la soledad: “¿Por qué se apartan de mí, si fui lo que soy? José, de estar solo”

 

– la muerte: le habla a su corazón “Quiero morir en otoño tardío”  para concluir gloriosamente con “Déjame morir en el instante exacto”,Quiero tenerte por auténtico surtidor, sin aviso previo dejar el mundo, el aliento. Y continuar latiendo precisiones del pasado y el pluscuamperfecto del verbo amar”

 

José Martínez-Bargiela por Sciammarella.

La forma interior del lenguaje de la que hablaba Guillermo Humboldt o su naturaleza categorial que analizaba Bergson, y que tan claramente plantea Amado Alonso en sus Estudios Lingüísticos, encuentran una acabada manifestación en la terminología que emplea el autor de Nudos de Sombra. Para él las aves son oropéndolas, mirlos o ruiseñores, así como los árboles son sauces, abedules, álamos o rododendros; las flores, amapolas o violetas, y las frutas, manzanas o limones verdes.

Con la más absoluta naturalidad creaba campos semánticos y entonces el poema se poblaba de rebaños, apacentadores, ovejas, balidos, flautas, crías, berridos, sangre, y hasta aparecían los lobos. O el enjambre es miel, zumbido, abejorro, pétalo, azahar, néctar, almíbar, aguijones, alvéolos, polen.

El poeta evocaba y con ello, de algún modo, manifestaba su gusto por autores como Quevedo, Valle Inclan, Machado, Camoens, Poe, Neruda. José era de poco decir, tal vez por eso de ” Las palabras, oh las palabras, son de mucho admirar cuando andan o poco dicen… mejorarían si algo pretendieran decir y callaran”. El silencio que en él era ubicuidad, moderación, respeto y modestia se  convierte en rumor, bullicio, protesta, clamor en la medida en que volcaba sobre el papel la palabra y nos la cedía para que corroboráramos que supo conjugar acertadamente el Pluscuam-perfecto de Indicativo de AMAR, el más bello y generoso de  todos los  verbos.

Amigo, partiste en otoño tardío, La Luna se escondió y no tiene muchas fuerzas para seguir en lo alto. Tu silla vacía es una objetivización de nuestro hueco en el alma. Faltan tu presencia distinguida y serena; tu poesía hermosa y abundante; tu presencia templada y generosa. Y cuando estamos en el Café Montserrat, se hace difícil no verte, no contemplar la galanura de tu saludo a todo el mundo, no escuchar tu preocupación por avisarle a Pilar, que estabas bien y que no se preocupara.

Yo sé, José, que desde el espacio para los elegidos que ocupás, estás escribiendo para mí, un poema sobre las campanas…

Susana Lamaison

Anuncios

21 marzo 2018 Posted by | GRACIELA MATURO, JOSÉ MARTÍNEZ-BARGIELA, MIGUEL BRASCO, RICARDO RUBIO, SUSANA LAMAISON | , , , , | Deja un comentario

Homenaje de Graciela Maturo a Oscar Portela

  A OSCAR PORTELA EN SU MORADA ÚLTIMA
                                 Alza la muerte dulcemente las palmeras
                                                                    radiosas de la vida.
                                                                             Oscar Portela
    Amigo que eres árbol, que eres príncipe,
    alma que ahora vives en la sombra
    de una región  desconocida:
    Qué brazo te rodea
    qué lenguaje te alcanza.
    Míseros de nosotros
    caídos entre húmedos ramajes
    en busca de  tus huellas, los senderos
    de bosque,
    la palabra  sagrada que   nos legaste.
                        Es tanta la oscuridad, la furia, el ruido
                       la astucia cruel de los sagaces
    Solo quisiera llegar a vos desde la música
    rodearte
    con un torzal ardiente y un silencio
    de oro.
    derramar un perfume sobre  tu pecho
    para curar tu herida,
    tu soledad de mártir desterrado.
                        Perdón por tanta vergüenza y deshonor
                        perdón  por la obscenidad del mundo.

    Descansa ahora en la morada de los ángeles

    donde el viento voraz
    ya no sucede.
Graciela Maturo
Graciela Maturo

.

.

.

.

.


El poe­ta Oscar Portela naciera en la ciudad de Loreto, el 13 de mayo de 1950, era conside­rado en vida como una de las más importantes perso­nalidades de la poesía y del pensamiento, tanto argenti­no como latinoamericano, falleció el 25 de enero de 2014.

Oscar Portela

Oscar Portela

Breve noticia de Portela

 

Poesía: “Senderos en el Bosque”, Torres Agüero Editor. “Los Nuevos Asilos”, Botella al Mar, Buenos Aires. “Recepciones Diurnas, Celebraciones Nocturnas”, Crisol, Corrientes. “Auto de Fe”, Municipalidad de Corrientes. “Había unavez”, Botella al Mar, Buenos Aires. “Memorial de Corrientes “, Editorial Tiempo, Corrientes. “Estuario”, Publicado por la Comisión del Cuarto Centenario de Corrientes. “Golpe de Gracia”, Marymar Ediciones, Buenos Aires. “Selección Poética” —Selection Poetics—. (Edición bilingüe). Ediciones del Correo Latino, Buenos Aires. “La Memoria de Láquesis” y “Fresas Salvajes”, Editorial Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), —primera edición—. Dunken, Buenos Aires, —segunda edición—. “El Maldito Asombroso”, declarado de Interés Legislativo y Senatorial. Editorial Tiempo.

Ensayos: “Nietzsche, sonámbulo del día”. Editorial Tiempo. Con el agregado de “Nietzsche Hoy”. Corrientes, abril de 1997. “Luisa Mercedes Levinson o Las potencias del mito”. “Abaddón o El apocalipsis según Sábato”. Opúsculos: “La designificación de América y la imposible saga del redescubrimiento”. “Las nuevas miserias de la filosofía”. “Otralectura de la Berenice de Poe”. “Kafka en Senegal”. “Lospremios: La exclusión y el poder de los incluidos”. “Poéticamente reside el hombre”. Publicaciones en conjunto: “Carnaval del fuego y el agua”, VI Congreso del Carnaval de Cádiz, Fundación Gaditana del Carnaval, Excelentísimo Ayuntamiento de Cádiz. 1992. “Nietzsche Sonámbulo del Día”, Filosofía en Actas, Fundación Origen, Editorial Catálogos, Buenos Aires.

Antologías poéticas: Ediciones Testigo, Plaquette Nro. 13, Buenos Aires, 1975. Antología Feria Regional del Libro, Ediciones Río de los Pájaros (Alvear, Corrientes) 1988. Antología de la Nueva Poesía Argentina, Colección Ambigua Selva, Editores Cuatro S.R.L.) Buenos Aires. Corrientes – Poesía, De La Vega, Fondo Editorial SADE, Seccional Corrientes. Doce Poetas Argentinos Contemporáneos, Ediciones Eleusis, Buenos Aires, 1991. Hora de Poesía nº 18: Tendencias y poetas argentinos actuales, Lentini Editor, (Barcelona – España). Poemas a la madre, Editorial Sudamericana, Buenos Aires. Poemas al padre, Editorial Torres Agüero, Buenos Aires. 70 poetas argentinos, (1970-94), Ediciones Plus Ultra, Buenos Aires, 1994. Antología de la poesía argentina, Editorial Fausto, Buenos Aires, 1979. Cantos Australes, Poesía Argentina, —1940-80—, Monte Ávila Editores Latinoamericana (Caracas, Venezuela), 1995. Antología de la poesía correntina, Editorial EMECE, Buenos Aires. Manual de literatura correntina, Ediciones Noé, Buenos Aires, 1983. Hojas de Sudestada, (La Plata), 1993. Poetas en Botella Mar, Antología 1946—1996, Editorial Botella al Mar. Mirador de Poesía Nro. 5, Editorial Tiempo, Corrientes, mayo de 1997.

Fue Director del Departamento de Letras de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia. Asesor de Cultura de la Dirección Municipal de Cultura. Asesor de Cultura de la Presidencia de la Honorable Cámara de Diputados. Delegado del Fondo Nacional de las Artes en la Provincia de Corrientes. Privados: Presidente “Circulo Literario Correntino” – 1968. Presidente del Cine Club Corrientes – 1969-70. Director Taller Literario de la Revista Literaria “Signos”- 1970. Director Fundador Revista Literaria “Signos” (6 números) 1972-73. Director Fundador del Semanario Acción Federal y del Semanario “La Noticia”. Director Fundador de la Revista Tiempo, 1976- 1979. Director Fundador de la Revista y el Semanario Diagnóstico, 1994-95. Otras actividades: Asesor Cultural del “Jockey Club Corrientes” durante la presidencia del Dr. Fernando Díaz Ulloque. Vocal II de la Sociedad Argentina de Escritores durante la presidencia del Dr. Florencio Escardó. Vocal II de la Sociedad Argentina de Escritores durante la Presidencia del Dr. Gilberto Molina por segundo período. Presidente de la SADE Seccional Corrientes durante 1986. Director de la Colección de Obras Poéticas publicadas por la Municipalidad durante la gestión del Dr. Ricardo Leconte, la cual incluye obras de Carlos Gordiola Niella, David Martínez, Francisco Madariaga (primer recopilación de la obra total de este autor cuya edición prologó).

28 abril 2016 Posted by | GRACIELA MATURO, OSCAR PORTELA | , | Deja un comentario

LA PALABRA REVELATORIA: EL RECORRIDO POÉTICO DE RICARDO RUBIO, reaparece sobre el fin de año (2015)

La palabra revelatoria: El recorrido poético de Ricardo Rubio. Buenos Aires, Ed. SAGITAL, 2015. 100 páginas.

“El poeta Ricardo Rubio, autor teatral, narrador, convocante de grupos y revistas, es además de un generoso amigo, uno de los innegables promotores de nuestra vida cultural. Al presentar su libro El color con que atardece, quise releer algunas de sus obras poéticas, en busca de esos hilos profundos que permiten la comprensión de un itinerario poético. Porque, hay que decirlo, no todos los libros de poesía que llegan a nuestras manos ostentan este carácter de interioridad vivida y expresada que me hace reconocer en Ricardo Rubio los hitos de una aventura espiritual”.

                                                                                                         Graciela Maturo

La palabra revelatoria: El recorrido poético de Ricardo Rubio

La palabra revelatoria: El recorrido poético de Ricardo Rubio

———————–

La rueca      (de “Pueblos repentinos”, Ricardo Rubio, BsAs, Epsilon, 1986)

Hay un reclamo de lógica
perdido en la espalda del viento
un reclamo de espacios y de ciencias
en la infinita sabiduría de las rocas
Como nave cristalina el tiempo reviste
la preciada desnudez de la tierra
y los profanos hijos del ancestro
se pintan de colores
y se visten de espejos nunca vistos

y hay otras tantas formas de huir

Hay un llanto esmeralda
acariciando la tibia mansedad de la montaña
viene el mineral con su verdad a cuestas
Alguien descompuso esas semillas
y creyéndose sabio les dio una cifra
y cifra y letra
formaron extraños parásitos de papel
que no sacian nuestra honda sed
de invitados sin regalo
La claridad brota de viejas filosofías
no escritas aún
los astros nada saben de palomas ni de credos

pero el suelo ha dado flores e insectos
y sin contarnos nos envuelve en silencio
y a él volvemos

hay otras tantas formas de huir

objeto de grandes pensadores
con grandes cerebros y fortunas
y profetas, magos, monjes e ingenieros
Objeto de inútiles pisadas,
de invasiones, de colonización
de intrépidos periplos
alrededor de qué o de quién
de formas y dibujos, de forzados cambios
y de lluvias atómicas
que nada saben de núcleo ni de átomo
Por eso el suelo aguantando
no es sed y es amparo
y sin embargo el gemido asoma en el desierto
y el grito en el volcán.

¿Quién me dará una almeja y un balde de arena?
¿Quién me enseñará a no saber nada?
Y otras tantas formas de huir.

29 diciembre 2015 Posted by | GRACIELA MATURO, RICARDO RUBIO | , | 2 comentarios

GRACIELA MATURO: SUS RESPUESTAS Y POEMAS, entrevista en tramos-e por Rolando Revagliatti

Graciela Maturo
.
.
Graciela Maturo nació el 15 de agosto de 1928 en Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia de Santa Fe, la Argentina. Es Licenciada y Profesora en Letras por la Universidad Nacional de Cuyo y Doctora en Letras por la Universidad del Salvador. Fue Investigadora Principal del Consejo Nacional de Investigaciones (CONICET) entre 1989 y 2003, y durante varios períodos allí, miembro de la Comisión Evaluadora de Filología, Lingüística y Literatura. Fundó en 1970 el Centro de Estudios Latinoamericanos, en 1989 el Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Católica Argentina y en 2009 el Centro de Estudios Poéticos “Alétheia”. Fue directora de la Biblioteca Nacional de Maestros (1990-1993) y pertenece a distintas instituciones: Asociación Argentina de Fenomenología y Hermenéutica, Centro de Estudios “Eugenio Pucciarelli”, Centro de Estudios Hispanoamericanos de Santa Fe, Asociación Argentina de Estética, Asociación de Poetas Argentinos, etc., y también a la Cátedra Vaticana, constituida en el marco de la Universidad Católica Argentina, quien la ha designado Profesora Consulta. Es cofundadora y vicepresidente de la Comisión Argentina del Instituto de Estudios Coloniales del Cono Sur. Ha actuado como Jurado en concursos universitarios, y de concursos literarios nacionales, provinciales y municipales, así como del Premio Internacional “Rómulo Gallegos” en 2009. De entre las numerosas distinciones recibidas, destacamos el Premio Ensayo Provincia de Santa Fe (1967); Premio “Discepolín” (1983); Premio “Esteban Echeverría” (1995); Premio al Mérito de la Universidad de Zulia (2008); Premio de Honor de la SADE (2008). Fue incluida en antologías nacionales y latinoamericanas y poemas suyos han sido traducidos al francés, gallego, griego e italiano. Algunos de sus libros en

.

Casa de Sábato con José Barisone, 1984

.

el género ensayo son “Claves simbólicas de García Márquez” (1972; segunda edición ampliada en 1977); “Introducción a la crítica hermenéutica” (1983); “La mirada del poeta. Ensayos sobre el conocimiento y el lenguaje poético” (1996; segunda edición ampliada en 2008); “Marechal: el camino de la belleza” (1999; Premio Fondo Nacional de las Artes); “La opción por América. Ensayos sobre la identidad cultural de América Latina” (2009); “Cortázar: razón y revelación” (2014); “La poesía. Un pensamiento auroral” (2014). Publicó los poemarios “Un viento hecho de pájaros” (1960; Premio “Laurel” 1958); “El rostro” (1961; segunda edición en 2007; Premio Municipal Mendoza 1960); “El mar que en mí resuena” (1965; segunda edición en 2003; Premio de la Sociedad Argentina de Escritores); “Habita entre nosotros” (1968; Premio Bienal de Literatura 1965-1966); “Canto de Eurídice” (1982; Mención de Honor de la Organización de los Estados Americanos 1967);

.
Con Fermín Chávez (1998)

.

“El mar se llama ahora con tu nombre” (1993); “Canto de Orfeo y Eurídice” (1996; Premio “Leoncio Gianello” de la Asociación Santafesina de Escritores 1997); “Memoria del trasmundo” (1996; segunda edición en 2000); “Cantata del Agua – Habita entre nosotros” (2001). Además, en 2008, con prólogo de Enrique Corti, el Fondo Nacional de las Artes editó su “Antología poética”, y en Venezuela, con prólogo de Enrique Arenas Capiello, en 2009 se editó su “Bosque de alondras. Obra poética, 1958-2008”.
.
1 – A tus dieciocho años estabas residiendo en la provincia de Mendoza, y antes en la provincia de Entre Ríos, en tu provincia natal y en la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Cuatro zonas. ¿Evocarías para nosotros a la que fuiste hasta entonces?
.
GM – No sé a quien puede interesar mi vida personal, pero te digo que pasé mi infancia, hasta los 13 años, en Buenos Aires (ciudad que es donde más he vivido, porque a los 40 de mi edad volví a vivir en ella, hasta el presente). Pese a mi nacimiento en Santa Fe, fue la muerte de mi madre el motivo de ese cambio de escenario para los años de la infancia. Mi padre siguió en Santa Fe, como profesor de la Facultad de Ingeniería Química, pero mi hermana y yo nos criamos en Buenos Aires, primero en Parque Chas, después en el barrio de Versalles, del que recuerdo los bellos jardines y el aroma de los tilos.
.
Con Gabriel García Márquez en Cartagena (marzo, 2007).

.

Yo era una niña precoz, entré a la escuela con cinco años, y después me hicieron saltear el tercero, porque estaba adelantada. Inicié el secundario en el Liceo 2, junto al parque Lezica; tuve excelentes profesores, algunos me llevaron hacia las Letras. Terminé el secundario en Santa Fe, donde pasé la adolescencia compartida con el Instituto del Profesorado de Paraná, en el que cursé dos años. A los 16 conocí al entrerriano Alfonso Sola González, que me llevaba 11 años y ya vivía por entonces en Buenos Aires. Cuando cumplí los 18 nos casamos y nos fuimos a Mendoza. Si con mi padre descubrí la ciencia, la música y la política, con Alfonso descubrí la poesía.

1967
.
2 – Con Sola González (1917-1975), entonces, la poesía. Y porque la he leído, fragmentariamente, en medios electrónicos, sé que tenés una hija que, además de arquitecta, es también poeta (y novelista): María del Rosario Sola. ¿Nos proporcionarías una impresión sobre las poéticas de cada uno de ellos? ¿Tenés, Graciela, otros hijos escritores o vinculados con algún quehacer artístico?
.
Con Inés Santa Cruz, New York (1994).

.

GM – En la Universidad de Cuyo hice mi carrera de Letras. Mi marido dictaba las cátedras de Literatura Argentina. Conocí a Leopoldo Marechal, que era su amigo y maestro. Lo invitábamos muy seguido a Mendoza, y lo visitábamos al venir a Buenos Aires, como también a Ricardo Molinari, Carlos Mastronardi, Oliverio Girondo, Olga Orozco. Sola González era un poeta “del 40” y su poética era clásica y elegíaca, al menos en sus cinco primeros libros. Ahora la Biblioteca Nacional ha publicado su “Obra poética”, con el agregado de poemas inéditos, y se ve aflorar en ellos nuevas modalidades, más coloquiales, incluso satíricas y humorísticas. Sin embargo su poética sigue, de fondo, ligada al humanismo místico que caracterizó a aquella generación.
Entre mis hijos, que son seis (ya que lo has preguntado), ha habido al menos tres que han escrito poesía. María Fernanda, que escribía poemas en su adolescencia; Cristóbal Sola, que tomó la vía de una narrativa poética (“En la otra orilla”, Ediciones Último Reino, 2004 y “En las viñas”, Ediciones Culturales de Mendoza, en prensa) y Rosario Sola, que ha publicado un libro de poesía (“El humo de los músicos”, Ediciones Ríos al Mar, Paraná, Entre Ríos, 2000), una plaqueta de poesía (“Música de invierno”, 1982) y una novela (“La luz de la siesta”, Ediciones El Robledal, Salta, 1999).
Creo que Rosario recibió la influencia de su padre, pero su poesía tiene su sello propio. La caracteriza la sed metafísica, y una gran riqueza imaginaria. Ella ha formado parte del Grupo Último Reino, conducido a partir de 1979 por Víctor Redondo. Mario Morales fue el maestro del grupo, que se proclamó neo-romántico.
.
Con Juan Carlos Licastro, Ezequiel Koremblit y una  amiga.

.

.
3 – Es apenas de refilón que supe que declaraste que alentabas la creación de cátedras de Poética. ¿Cómo las propondrías, cómo deberían plantearse y desarrollarse?
.
GM – A partir de 1968 inicié una nueva etapa de mi vida en Buenos Aires. Al poco tiempo me incorporé a la Universidad de Buenos Aires, a la Universidad del Salvador y más tarde a la Universidad Católica Argentina, y fundé un Centro de Estudios Latinoamericanos, que conduje durante casi veinte años con Eduardo Azcuy. Desde todos esos lugares he estado muchos años elaborando una teoría poética que necesariamente me exigió revisar y discutir varios tramos de la teorización y la crítica literaria. Advertí que la mía era una tarea muy pesada como para elaborarla individualmente, y llamé a otros poetas y profesores, a filósofos, antropólogos, etc., para conformar una corriente adversa al positivismo y al nominalismo. Nos hemos apoyado en vertientes de la Filosofía moderna como lo son la Fenomenología y la Hermenéutica.
.
Con Mario Vargas Llosa (Cali,1974).

.

Había que empezar por el cuestionamiento de nociones que se impusieron en los estudios literarios —y que lamentablemente siguen instaladas—, como por ejemplo la teoría del signo lingüístico, la teoría de los signos o semiología, que de ella deriva, etc. Pienso que un poeta no puede aceptar la definición de la palabra como aproximación arbitraria y convencional de un significado y un significante. En fin, sería pesado insertar aquí esa discusión, solo te digo que la corriente humanista que encabecé, pretendió no solamente modificar los estudios literarios sino el campo de las ciencias del hombre y de la cultura. Algo fuimos avanzando a lo largo del tiempo; al viajar por varios países de Europa y América pude advertir que fuera de la Argentina hallábamos un mayor interés y respeto por estas cuestiones.
Con Ernesto Sábato (1981).

.

Ligado a esto se encuentra —y aquí voy a tu pregunta— que haya propuesto por mi parte cierto desplazamiento desde la Estética a la Poética. La Estética es una disciplina tardía en Occidente; ha sido elaborada, a mi ver, desde la mirada del espectador de la obra de arte. La Poética es anterior, y aunque algunos la consideren como una “ciencia del poema”, tiene su punto de arranque en el acto mismo de la creación. Antes de hablar del poema hay que hablar del poetizar, del sujeto poético, de su horizonte de pensamiento. Porque la Poesía es un modo de pensamiento antes de ser palabra. Un pensamiento que abarca la afectividad, la intuición, el sueño, la imaginación, las experiencias no ordinarias de ciertos niveles de conciencia.
Promover cátedras de Poética en las universidades es llevar la poesía a sus fuentes espirituales y en consecuencia promover un cambio profundo de perspectiva. Por mi parte he llevado esa propuesta a universidades argentinas, colombianas, venezolanas, uruguayas. En la Universidad de Congreso, una universidad privada de Mendoza, con el consenso del Rector pude instalar en el 2013 la Cátedra Marechal, que si bien está destinada al estudio de la obra marechaleana, hace lugar en general a la Poética desde la perspectiva aludida. También en la Universidad de La Plata, dentro de la Cátedra de Cultura Andaluza que dirige el poeta Guillermo Pilía, hemos creado el Aula María Zambrano, a través de la cual planteamos el tema de la Razón Poética, impulsado por la pensadora española.
Podría hablar mucho más sobre el tema pero sería abusivo. También puedo remitir a varios de mis libros (personales y grupales). En otra oportunidad, si te interesa, lo seguiremos profundizando.
.
Graciela Maturo (Mendoza, 1963)

.

.
4 – En una ocasión, acaso en 1985, en el taller de escritura de Enrique Medina, tuve ocasión de compartir una reunión con el autor de esa maravillosa novela que es “Zama”: Antonio Di Benedetto (1922-1986). Además de haber estudiado su obra, lo has tratado antes y después de su exilio. Quién mejor que vos para referirse a Di Benedetto como persona y como escritor.
GM – Fui gran amiga de Antonio Di Benedetto; lo conocí a poco de llegar a Mendoza, alrededor del año ‘50, cuando iniciaba su carrera periodística y literaria. Desde sus comienzos se revelaba como un autor exigente, dueño de una mirada y un lenguaje propios. Alfonso (Sola González) lo invitó a la Universidad de Cuyo, y desde entonces fue un amigo de mi casa. En el ‘76 los militares lo pusieron preso; fue víctima de absurdas acusaciones, y en los lugares de detención donde estuvo nunca pude comunicarme con él. Tenía algunas noticias por medio de Juan Jacobo Bajarlía. Cuando logró ser excarcelado le aconsejaron irse del país; se despidió por teléfono, y no quiso que fuera a verlo antes de partir. En sus últimos años produjo obras muy singulares que echan luz sobre su cautiverio.
Volvió en el ‘84, y estaba muy descontento del trato recibido por parte de algunos funcionarios. Nos vimos varias veces; alcancé a invitarlo a mi cátedra de Teoría Literaria en la UBA, y les habló a mis alumnos, pero su voz debilitada no alcanzó a ser grabada. Antes de su regreso me había elegido como prologuista de un volumen de “textos seleccionados por su autor”, de Editorial Celtia. Yo le alcancé mi prólogo, que lo alegró. Murió en el Hospital Italiano, después de un tiempo en estado de coma, poco antes de aparecer el libro en el cual debí consignar su muerte. Antonio Di Benedetto es uno de los grandes escritores argentinos, su obra está a la altura de Juan Rulfo, de los mejores cuentistas y novelistas latinoamericanos.
.

1965

.

.
5 – Has dirigido la revista de poesía y poética “Azor” (Mendoza, 1960-1965) y “Megafón” (San Antonio de Padua, provincia de Buenos Aires, 1975-1989), órgano del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Argentina. Más allá de lo que se trasluce de los enunciados, Graciela, ¿qué propuestas conllevaba cada publicación periódica, qué se logró, quiénes fueron difundidos?
.
GM – Siempre estuve ligada a la poesía, fundando grupos, colecciones, revistas. En Mendoza, alrededor del año 58, fundé el grupo “Amigos de la Poesía” en el que intentábamos, con Elena Jancarik y Fanny Polimeni, vincular a los poetas mayores de Mendoza, como José Enrique Ramponi, Ricardo Tudela, Nacarato, y otros venidos de afuera: Sola González, Abelardo Vázquez, César Mermet, con las nuevas generaciones. De ese grupo nació la revista “Azor”, que tuvo 5 números, vinculada a otros grupos de Buenos Aires y las provincias. Promovimos cierto movimiento alrededor de la poesía, y creamos la Colección Azor, donde se publicaron algunos libros. Marechal nos entregó para ella, sus “Claves de Adán Buenosayres”, que publicamos a comienzos de 1966, juntamente con los trabajos de Julio Cortázar, a quien por entonces estudiaba, de Adolfo Prieto y el mío sobre esa novela.
La otra revista que dirigí es “Megafón”, que fue el órgano de difusión del Centro de Estudios Latinoamericanos. El Centro tuvo su inicio en 1970, y publicó un volumen grupal dentro de la “Revista de Filosofía Latinoamericana”, en 1975, antes de presentar su propia revista “Megafón”, impulsada por un franciscano que realizó una gran obra, Fray Juan Alberto Cortés. Desde su nombre esa revista estuvo ligada al espíritu marechaliano. No era ya una revista de poesía, aunque la tuvo siempre como uno de sus ejes; pretendía canalizar estudios filosóficos, poéticos y antropológicos dentro de una dirección humanista y americanista. También participábamos en la conducción de la Editorial Castañeda, donde publicamos cuatro obras de Marechal, tres de ellas inéditas. La revista y las ediciones tuvieron mayor difusión en otros países que en la Argentina, que atravesaba los años del Proceso Militar. Ahora han comenzado algunos estudios sobre esas actividades, que si bien concluyeron de modo institucional, prosiguen siempre en otras formas, bajo otros rótulos. No pudiendo con el genio, hace unos años volví a crear un nuevo centro de estudios con otro grupo de poetas: el Centro de Estudios Poéticos Alétheia, que ofrece cursos y conferencias en distintos lugares.
.
6 – Saber que estás preparando una edición anotada, crítica de “Rayuela” para la Academia Mexicana de la Lengua, me impulsó a buscar en mi biblioteca, el espectacular volumen homenaje titulado “Cortázar” (Fundación Internacional Argentina, Buenos Aires, 2004), el cual incluye tu ensayo “Julio Cortázar: la creación como goce y aventura”. Has sido amiga de él durante años. ¿Qué es posible que compartas con nosotros hoy, ahora, para nuestros lectores en la Red, de aquel vínculo?
.
.
GM – A Cortázar empecé a leerlo muy joven, a mi llegada a la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudié. Habían pasado casi dos años desde su retiro de esas aulas, por razones políticas; yo venía a descubrir los apuntes y la fama del joven profesor de Literatura Francesa, melómano, integrante de un grupo de aficionados al jazz, amigo del helenista Ireneo F. Cruz, con quien hablaban de “mancuspias” y otros delirios. Todo se enlazaba en una trama: Cruz había sido profesor de Griego, en las aulas de Paraná, de Sola González, Diego Pro, Ricardo Pantano y otros discípulos que lo acompañaron después en su gestión como Rector de la UNCU, designado por el presidente Perón. Este es el nudo del apartamiento de Cortázar, y a la vez, de nuestra llegada a Mendoza. Por mi parte, joven alumna de Letras, me puse a leer al disidente Cortázar, que ya publicaba cuentos y había escrito su escolio sobre la “Oda a una urna griega” de John Keats, un trabajo ejemplar de comentario poético que luego expuse en la Universidad de Buenos Aires. Esto habla de mi temprana independencia política, que he tratado de mantener a lo largo de toda mi vida. No se confunda esto con una falta de compromiso político, sino con la convicción de que la creación y la vida intelectual deben ser libres, y no estar al servicio de ningún poder.

.

.

Cortázar es entre nosotros el máximo ejemplo de la Razón poética que perseguí y elaboré en distintas instancias, compartiendo sus mismas fuentes. Mi primer trabajo crítico fue tema de una tesis doctoral no defendida en su momento (me doctoré con otra tesis), pero sí publicada por ECA en 1967: “Proyección del surrealismo en la literatura argentina”. (Ahora se reedita, ampliada, con el título “El surrealismo en la poesía argentina”). Nadie se ocupaba por entonces —los años 59, 60— de este tema. Quiero decir que estaba preparada, por mi conocimiento de Cortázar y del Surrealismo, para comprender una obra como “Rayuela”, novela surrealista, súper-realista, que venía a demoler la novela literaria, y la literatura misma. A partir de ese libro decidí iniciar una investigación sobre toda la obra de Cortázar. Sola González, que no lo trató personalmente, había compartido con él ámbitos de reunión, amigos y revistas, en los años de Buenos Aires; él me dio a conocer la revista “Huella”, dirigida por Castiñeira de Dios, donde se había publicado en 1941 el artículo “Rimbaud”, firmado por Julio Denis. Solo me quedaba escribirle al Consulado argentino en París: así se inició nuestro diálogo, después proseguido en forma personal, del cual quedan sus 36 cartas, publicadas en los tomos de su correspondencia y en mi último libro sobre el autor, “Cortázar: razón y revelación” (2014). Allí las he incluido, superando largos años en que hacerlo me parecía un gesto ególatra.
.
.
1967

.

Para mí “Rayuela” sigue teniendo plena vigencia. Discrepo de la opinión difundida de que Cortázar “cultiva el mito burgués del artista”, frase que suena despectiva e incomprensiva de su mundo. A no ser que admitamos positivamente como “mito” la larga consideración del artista (consideración que fue órfica, trovadoresca, renacentista, romántica, simbolista, surrealista) como iluminado y maestro.
Vicente Huidobro ha repetido una frase de Emerson: “El artista es el sabio verdadero”, y por mi parte la suscribo sin caer en excesos. “Rayuela”, por vías oblicuas y humorísticas, apunta a esa zona, que sigue guardando su reserva para oídos poéticos; espero que mi edición sirva al menos para señalar ese rumbo de lectura.
.
7 – Del poema “Junio 1968” de Jorge Luis Borges, seleccioné estos tres versos: “(Ordenar bibliotecas es ejercer, / de un modo silencioso y modesto, / el arte de la crítica.)” Primero: ¿qué te suscita la afirmación?… Segundo: ¿cómo ordenás tu biblioteca y qué estarías, a tu modo, ejerciendo?
.
GM – Ordenar una biblioteca es algo hermoso; aunque el desorden puede tener su belleza, siempre existe algún grado de orden para que ella exista. No creo que sea solo el arte de la crítica el que propone un cierto orden a una biblioteca: es también el amor, la proximidad con ciertos autores, el reconocimiento de familias espirituales, como puede ser la que forman Emanuel Swedenborg, Poe, Baudelaire, Rimbaud…
Cuando uno trabaja la biblioteca se desarma, se desordena, solo están ordenadas pulcramente las bibliotecas públicas. Fui durante tres años directora de la Biblioteca de Maestros, del Ministerio de Educación. Leopoldo Lugones, hasta su muerte, la había dotado de libros muy valiosos relativos a la época colonial; quise hacer un catálogo comentado, pero no hubo tiempo, cuando me otorgaron el subsidio ya estaba dejando la biblioteca.
.
8 – ¿Cómo te parece que han operado en vos las influencias de determinados autores —¿cuáles?— en tu propia poética? ¿Hay que darles paso?
.
GM – Por supuesto, hay que darles paso. Más que de influencias yo hablaría de afinidades, como la de Cortázar con Keats, por ejemplo. Yo nunca hablo de un “deber ser” de la poesía, cada autor vive la experiencia poética a su manera, hay quienes tienen como punto de partida la experiencia personal, y otros parten de experiencias de lectura.
Yo me cuento más bien entre los primeros, pero he tenido grandes maestros a los que he releído contantemente. Mi “poética”, si no suena presuntuoso hablar de ella, es bastante clásica, sobre todo en una primera época. Puedo admitir ecos de Garcilaso, Gabriel Bocángel, Luis de León, como también de Enrique Banchs, Mastronardi, los poetas del Cuarenta, Sola González, Olga Orozco. En los últimos años escribí poemas más coloquiales, pero siempre he seguido fiel al ritmo, a cierta musicalidad del verso.
A los poetas hay que leerlos en su idioma; he leído a los románticos franceses, a los simbolistas, los surrealistas. El surrealismo me interesa más como una propuesta filosófica que como modelo de poesía.
.
Graciela Maturo con Antonio di Benedetto (Mendoza, 1975)

.

.
9 – ¿Creés que la teología y la metafísica, como pensaba la escuela de Frankfurt, también son literatura fantástica? ¿La mística ha influido en la literatura fantástica?
GM – Estoy muy lejos de lo que piensa la escuela de Frankfurt. Puedo escucharlos cuando hablan de economía o de política, pero a mi ver no han tenido gran afinamiento para apreciar la poesía, y tampoco la mística. Por eso esas disparatadas afirmaciones de que la teología y la mística son literatura fantástica. Solo puede hacer esas afirmaciones un racionalista extremo, o un positivista, para quien la verdad surge de la ciencia empírica (y aun en este caso, se trataría de la ciencia del siglo XIX, porque la ciencia del siglo XX ha superado la contraposición materia/energía y mostrado la legitimidad de un pensamiento de opuestos).
La literatura fantástica moderna nació en tiempos del positivismo. No era exactamente una reproducción del cuento folklórico, que siempre presentó casos maravillosos, milagrosos o simbólicos; obedecía a la mentalidad del escritor moderno, dubitativo entre la demitificación científica y su propia intuición de la realidad. El autor fantástico abogaba secretamente, en el siglo del positivismo, por otra realidad física, psíquica y antropológica, pero su labor queda como un devaneo estético, que produce la fruición del lector sin que se piense en una relación de la obra fantástica con la realidad.
El siglo XX trajo transformaciones muy profundas en el campo de las ciencias y de la filosofía. En el campo de la filosofía, se produjo una revolución significativa con la fenomenología de Edmund Husserl, su descendencia en la Fenomenología Existencial (Heidegger, Sartre) y otras secuelas importantes que han influido en las vanguardias y el surrealismo. Para decirlo de alguna manera simple, se valoriza en la filosofía un saber de experiencia, apartado de las ideologías, y sobreviene desde el campo filosófico una valoración del pensamiento poético, al que María Zambrano llama Razón Poética.

.

Leopoldo Marechal con Graciela Maturo (Abril, 1967)

.

.
Estas son las regiones entre las cuales me muevo desde hace muchos años, y he producido varios libros teóricos en esta línea: “La mirada del poeta”, Corregidor, 1996, y 2ª edición ampliada, 1997, por Amargord, Madrid; “Los trabajos de Orfeo”, 2008, Universidad de Cuyo, Mendoza; “La poesía. Un pensamiento auroral”, Alción, 2014, Córdoba.
En cuanto a la mística, habría mucho que hablar; tendríamos que dedicarle otra entrevista. Por ahora te digo que el conocimiento místico está en la base de todas las religiones, pero también del arte y de los descubrimientos científicos.
.
.
10 – Te voy a formular, Graciela, adaptándola, una pregunta que oportunamente Antonio Jiménez Paz le extendiera al poeta David Eloy Rodríguez: ¿Cada libro tuyo de poesía publicado es una aventura independiente o por sus contenidos y estructura formal los considerás relacionados unos con otros, como un todo, una progresión manifiesta de la poeta Graciela Maturo?
.
GM – Considero más apropiada a mi poesía la segunda opción. Paralelamente con la vida se desarrolla la poesía, al menos en mi caso. Nunca me he preguntado, para el caso de la poesía, sobre qué voy a escribir, porque la poesía no tiene “temas”. Desenvuelve un no-saber, expresa las inquietudes y preocupaciones del alma en el mundo. Y tampoco cabe preguntarse sobre la estructura formal, porque ella surge espontáneamente, de acuerdo con lo anterior. Por supuesto, no hay que tomar esto al pie de la letra. Comprendo que en algunos casos se pueda elegir el modo de la escritura: componer una elegía, una balada, un haikú, un soneto, demanda un conocimiento de formas dadas, una cultura del verso que no todo poeta tiene. Por mi parte no he escrito sonetos, pero los estimo muchísimo.
.
11 – Te constará, probablemente, que hay, digamos, “endebles” poetas o versificadores, que tienen, sin embargo, desde hace décadas, buenas lecturas, que son admiradores de poetas “sólidos”. ¿Qué creés que les sucede?
.
.
GM –Ya te dije, respondiendo a otra pregunta, que para mí la poesía no nace —o no nace solamente— de la lectura. No basta con leer a buenos poetas cuando no existe en alguien una movilización espiritual e intelectual. Por eso digo siempre que la poesía no empieza en la página. Es el vivir del poeta, desde la intensidad de sus percepciones, emociones e ideas, el que genera un cierto “pensamiento” singular, ligado a imágenes, a ritmos, que reclaman ser proferidos o comunicados. Por eso, más que hablar del poema o de sus rasgos propios, prefiero hablar del poetizar, del vivir poético.
.
.
12 – En la contratapa de su libro “Fractal”, Luis Benítez reflexiona: “El cuidado de la unidad de estilo ha sido entendido como aspiración, como logro del autor, como madurez de su obra. Pero sin embargo, cuando llega a su apogeo sólo tiene como futuro el decaer. Ello, porque ya no puede ofrecer el espectáculo de un dinámico desenvolverse, mutarse, metamorfosearse y, en consecuencia, lo que hace es detenerse.” ¿Qué te suscitan estas líneas? ¿Es algo que te has planteado?
.
GM – No, nunca me lo he planteado, porque creo profundamente en el estilo como la forma propia y adecuada de ese pensamiento poético del que he hablado. Y lo llamo pensamiento sin confundirlo con el pensamiento racional.
Para mí la causa de la pobreza poética advertible en los últimos tiempos —aunque sean muchos más los que escriben y publican— proviene de que escriben desde una posición muy racionalista, que no permite aperturas o revelaciones. Jorge Enrique Ramponi, de quien fui amiga, hablaba siempre de un “estado de canto”, una cierta alteración de la conciencia habitual que no siempre se daba, pero cuando ella existía promovía la palabra rítmica, la proliferación de las imágenes, la riqueza de la visión poética y en consecuencia del estilo. Preguntarse por el estilo desde la pura racionalidad es quedar fuera de lo poético.
Por supuesto, más allá de la propia voluntad, se dan en cada uno de nosotros ciertos cambios de expresión, acordes con los cambios interiores. Y también, a cierta altura de la vida, podemos reconocer la persistencia de muchos rasgos. Un habla, un “idiolecto” como dicen los filólogos, una cierta manera de mirar, una fidelidad a recuerdos o predilecciones infantiles, etc. En ese reconocimiento nos vamos afianzando, y hallando parentesco con otros escritores, a los que citamos y amamos.
.
13 – ¿Algo que pudieras denominar “presentimiento”, te parece que pudo inducirte a concebir una obra?
.
GM – Sí, desde luego que sí. Ya habrás visto, desde el comienzo del diálogo, que no me caracterizo por la defensa conceptual de la actividad creadora, sino todo lo contrario. De modo que presentimiento, sueño, visión, experiencias insólitas, todo ello forma para mí un bagaje personal que se relaciona con mi poesía. Más aún, he cultivado un pensamiento teórico —en cátedras, en espacios académicos o de investigación— que reconoce un ida y vuelta desde lo poético a lo filosófico. Esto quiere decir que he aceptado las posibilidades de una Razón Poética expandida en la vida universitaria, desde la poesía. Es la gran discusión pendiente en las aulas, en las Academias. La Poesía, la Filosofía, la Ciencia, ¿deben seguir siendo compartimentos estancos, sin comunicación entre sí, o existen posibilidades de establecer puentes entre ellos, para un conocimiento del siglo XXI, sin pérdida de la especificidad y rigor de cada uno de ellos?
.
———
 .
Graciela Maturo selecciona seis poemas de “El mar que en mí resuena” para acompañar esta entrevista.
.
.
II
.
Ardo despacio y puedo
contemplar mi llama.
Mis manos de rara estirpe que entrelazan las flores
y dibujan las cifras.
Mi exacta piel, mis ojos
que recogen la luz para inventar las formas.
Ardo despacio
lumbre de amor de sangre de misterio.
Este es mi valle nocturno.
La jaula de hechizos desde donde creo
que alguien sueña por mí.
.
IV
.
Los signos me acompañan
mis extraños amigos
fieles a una desconocida arquitectura
a la que estoy uncida desde el hueso.
Me miran rostros, pájaros, ramajes,
altas constelaciones.
Una piedra sellada por la música
es un signo de amor indescifrable.
Siento el pavor de un reino que no me pertenece
pero busco sus huellas.
Señales, talismanes,
estamos anudados por un pacto secreto.
.
X
.
El ritmo me consuela, me atormenta.
Siento el hondo vaivén de los telares
la gran respiración de los animales del espacio.
Caigo hacia dentro y muero en cada instante.
Me divido y reúno,
vuelvo a erigirme en alguien que responda a mi rostro
a buscarme en palabras
perdida, recobrada,
descendida hasta el centro de vértigo y espanto que
me cava los huesos
crecida hasta los cielos en mi dulce marea.
Uncida a otros silencios, a otras voces,
alzando,
destruyendo.
Sintiendo el fiel latido de la tierra que vive,
del engañoso día que abre y cierra sus puertas.
Cuándo cesa este ritmo que es mi hermoso castigo.
Mis manos trazan signos que borrará la lluvia.
.
XI
.
Un sol extraño sube
desde el fondo del sueño
Una espuma de sal mezcla sus turbias flores
al polvo de mi frente. Débil, sola,
centella la verde
raíz
naciendo y ya mirada por los ojos
sin pausa de la muerte.
Paso junto a la luz
fantasmal de unos árboles.
Una abeja me zumba en el alma,
hoja vellosa y suave
lengua ardiente.
Soy la ola que rueda desde un nudo brillante
y la semilla, condenada a ser.
Arde la nuez de fuego
espléndida y atroz en su violencia
rodando hacia la arena del mar enamorado.
.
XII
.
Aguardo en las tinieblas
la voz que ha de llamarme por mi nombre,
la llama que trascienda mis huesos y me arrase.
Entretanto vivir, esta costumbre.
Alzar en cada día las cenizas ardientes
donde se purifican la sangre y el orgullo.
Vienen los verdes brotes y confunden
las aguas inmutables.
Giran las hojas, las constelaciones.
Caída entre las palmas giro también, a ciegas.
Del lado de la luz arden hermosamente
los niños con su cruel inocencia, los objetos
que guardan en su brillo algo de nuestras manos.
Mirada, flores, alas,
talismanes que ruedan
en tanto un dios me habita y permanece
y entreteje mi sombra con su sombra.
.
.
XIII
.
Qué amor voraz acecha nuestras barcas
las dulces aguas de la tierra
sus metales pacientes
Las flores cantan su mortal delirio,
arde la hierba suave
y una espiral secreta en mi oído recuerda…
Bajo el hondo rumor de la fábula terrestre
gran ataúd de leños y de flores
quebrado, a la deriva
cantando hacia su muerte.
.
*
Entrevista realizada por Rolando Revagliatti, a través del correo electrónico en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a Graciela Maturo el 5 de julio 2015.

13 julio 2015 Posted by | ANTONIO DI BENEDETTO, ERNESTO SABATO, EZEQUIEL KOREMBLIT, FERMIN CHAVEZ, GABRIEL GARCIA MARQUEZ, GRACIELA MATURO, INES SANTA CRUZ, JOSE BARISONE, JUAN CARLOS LICASTRO, LEOPOLDO MARECHAL, MARIO VARGAS LLOSA, ROLANDO REVAGLIATTI | , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large, antología bilingüe español/francés

 

Traducción al francés: Françoise Laly

INTEGRADA POR:

.

Héctor Miguel Ángeli – Rubén Balseiro – Luis Benítez – Enrique Roberto Bossero

Norberto Corti – Alfredo De Cicco – Alejandro Drewes – Yoly Fidanza

Rodolfo Godino – Françoise Laly – Long-Ohni – Graciela Maturo

Norma Pérez Martín – Nélida Pessagno – Michou Pourtalé – Antonio Requeni

Osvaldo Rossi – Ricardo Rubio – Fernando Sánchez Zinny – Jorge Sichero

.

Antologia Françoise Laly

PRELIMINAR

Allá por 1900, muchos viajeros aseguraban que Buenos Aires exhalaba un perfume que recordaba a París. Y algo de cierto había en la observación, por mucho que ambas ciudades mostrasen disparidades grandes en cuanto a orígenes, dimensiones, edad, cultura, historia, lengua; en fin: en todo.
Pero aun así, Buenos Aires, para fines del siglo XIX y durante buena parte del XX palpitaba según el ritmo de Francia y hasta el anchuroso Río de la Plata a veces se nos hacía tan poético y convocante como el Sena. No había, para entonces, en nuestra ciudad, persona de cultura que no hablara correcto francés, que no leyera las grandes obras de la literatura de ese idioma, no había familia cultivada que no tuviera noticias de la producción artística francesa, de las corrientes del pensamiento, del quehacer parisino en materia de teatro y de cine, y de todo cuanto bullía en los ámbitos culturales del país europeo.
Ese Buenos Aires culto, aristocrático, elitista, amaba a París, deseaba emular la cultura y las formas de allá, y, por alguna extraña e inexplicable razón, pues somos –aun con la inserción de una inmigración de profusas vertientes–, herederos bastante directos de España, se sentía hijo de un París que reunía, para este grupo de porteños, todos los ideales de la cultura, del refinamiento, del buen gusto y de la inteligencia.
Paralelamente, esta capital rioplatense, más allá de conservar la típica urbanización en cuadrícula de diseño español, más allá de la impronta y la lengua hispana, creció en edificios, parques, diagonales, monumentos. Y por todas partes hubo detalles decorativos, mobiliario, juguetes y vajillas de definido sello francés. Un porteño de altura debía comportarse y sentirse como un auténtico parisino y pocos fueron los artistas argentinos que no soñaran, al menos, con el imprescindible viaje a París, sin contar con que muchos lo hicieron.
Tan fuerte fue esa tendencia que hasta en la manifestación cultural más acabadamente porteña y popular, el tango, y si nos referimos a sus años de oro, por lejos, el “barrio” más mencionado en las letras es, singularmente, París.
España descubrió, conquistó y dejó sus marcas indelebles en América Latina; en el desarrollo económico, la Gran Bretaña , para bien o para mal, inscribió en el Río de la Plata sus intereses y su ideología, en tanto, en nuestra casa, la enorme oleada inmigratoria italiana, con esa estoica vocación por la labranza, fue la mano que difundió en los campos desiertos, verdor, rubios trigales, huertas y frutales, a la vez que ese enorme contingente humano se convertía, también, en principal  responsable de esa suerte de hibridación lingüística que es el lunfardo, jerga porteña en la que, asimismo, se entreveró el francés, el mismo francés que, por otra cuerda, daba aliento a los poetas, desde la época del evanescente simbolismo hasta las jocundas vanguardias de los años 20.
Luego, luego, desde finales del siglo XX y más aún en actual, la Meca ya no es París, sino Nueva York y la parla estimulante ya no es francesa sino en  inglés norteamericano. Sin embargo, la gran influencia de la cultura y de la estética anterior, aunque soterrada, sigue vigente. Para ayudarla a que persista es que se plantea en este libro un mancomunado ejercicio de aproximación a sus fuentes. Es con esta intención que emprendemos, a mar abierto, una suerte de navegación hacia los puertos de la dulce Francia. Veinte son los viajeros, diecinueve argentinos y una francesa, Françoise Laly, quien se ha ocupado, además, de poner a todos en palabras de su país, incluso a ella misma, pues los versos suyos publicados en esta ocasión fueron originariamente escritos en castellano, de modo que, a su respecto, el auspicioso recorrido ha sido de ida y vuelta.

Otoño de 2014

212 pag. – Ed. La Luna Que – Buenos Aires, 2015.

12 mayo 2015 Posted by | ALEJANDRO DREWES, ALFREDO DE CICCO, ANTONIO REQUENI, ENRIQUE BOSSERO, FERNANDO SANCHEZ ZINNY, FRANÇOISE LALY, GRACIELA MATURO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JORGE SICHERO, LONG-OHNI, LUIS BENITEZ, MICHOU POURTALE, NELIDA PESSAGNO, NORBERTO CORTI, NORMA PEREZ MARTIN, OSVALDO ROSSI, RICARDO RUBIO, RODOLFO GODINO, RUBEN BALSEIRO, YOLY FIDANZA | , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

“Mar de fondo” de Alejandro Drewes: un oficio de tinieblas – A EDITARSE EN SEVILLA (en septiembre) – PRÓLOGO de GRACIELA MATURO

Ricardo Rubio, Graciela Maturo y Alejandro Drewes

Ricardo Rubio, Graciela Maturo y Alejandro Drewes en la presentación de “Lugares de la noche”, otro de los poemarios de Alejandro Drewes, en la Sociedad Argentina de Escritores, 2014.

PRÓLOGO DE “MAR DE FONDO”

Una aventura poética notable es la de Alejandro Drewes, poeta argentino  que ahora da a conocer su tercer libro. Cuando hablo de aventura lo hago en el tradicional sentido de  trayecto espiritual, insustituible y modificador, que insume condiciones de hondura, resolución y valentía. Asumir un destino de poeta, no es poca cosa.

Su primera obra  Uvas del Paraíso (2008),  traía la resonancia de una voz singular, que sobrepasaba los frutos del sentir personal, para dar lugar a una mirada iluminadora y profética. Pero fue sin duda con su segundo libro, Lugares de la noche  (2014), cuando Alejandro Drewes -en mi opinión- pasó a ocupar un destacado lugar en la poesía argentina de su generación y, por qué no decirlo, en la poesía actual.

Ante la hondura y novedad de esos poemas, recordé aquellas palabras de Leopoldo Lugones: Y decidí ponerme del lado de los astros. Efectivamente, nuestro poeta tomaba definitivamente una posición cósmica, un modo de habitar poéticamente el mundo que no admitía retrocesos. Era una opción por “lo abierto”, con su margen de desgarro y despojamiento, que solo puede ser  afrontada por fidelidad a una vocación. Se trata del vivir riesgosamente, en actitud de entrega,  percibiendo  mensajes que no todos escuchan…

Lugares de la noche recogía el dolor de una existencia auténtica, y se proyectaba a la  vez como un registro del sexto día, el sábado de tinieblas que se ha cernido sobre la Humanidad  en los tiempos finales de la Historia;  no sabemos si de toda Historia.

Ese clima elegíaco se prolonga y ahonda en su nuevo libro, Mar de fondo, obra de heroica intemperie, que expone el abandono y la desolación de la hora última.  Su título, tomado del lenguaje náutico –y Alejandro proviene de una familia de marinosya  anticipa el arribo de un cataclismo profundo e ingobernableY en efecto, la oscuridad creciente, el retiro de las presencias tutelares, la extensión de un largo sabactani que alcanza más de constatación que de protesta, son las líneas de fuerza que eslabonan estas páginas, agrupadas en las dos partes del libro: “Sombra del tiempo” y “Vaga luna entre la niebla”. Mi lectura no me ha permitido hallar entre ambas una visible  evolución,  sino una intensificación de la oscuridad  que conforma  el núcleo central, en extraordinaria experiencia de  soledad y dolor. Esa soledad que finalmente hace lugar a lo que podríamos llamar una velada y apenas insinuada salida del Laberinto.

Con maestría poco usual, Drewes varía ritmos y metros a lo largo de unos cincuenta poemas, que pasan por la variedad de versos breves, romancillos, versículos, siempre regidos por una rítmica suelta y arrobadora. Imágenes recurrentes dibujan un escenario terminal, donde un hombre en soledad instala un monólogo descarnado que apenas, pocas veces, se abre al diálogo. Su singular imaginario lo perfila como un poeta del aire, diría Bachelard, pero también del agua. Las imágenes-guías giran con sobriedad alrededor de las grandes figuras de la interioridad: el viento, la noche, la lluvia, el fuego, el árbol, la palabra.

Solo la luna, símbolo de la vida espiritual, viene a echar su luz blanca en este paisaje letal, donde  el hombre ha sido colocado para  vivir en la inestable/ ladera del sueño /donde plañe el viento/ su canción milenaria.

Y el hombre, que  elude pudorosamente el yo, o la autorreferencia directa, ha elegido también, a su turno,  cuidar de las palabras pendientes/ aún de su grave hilo /de oro. El poeta sabe bien lo que esas palabras le reservan, y en cierto modo sus poemas van tejiendo una poética secreta, sostenida en dispersas imágenes. Su verso es  la piedra lanzada/al espejo más puro/ de un agua sin fondo, dice finalmente en su poema “Hacia la oscuridad”, y en efecto ésta podría ser una definición de su palabra, austera, audaz, reveladora, pero no autosuficiente. Como Mallarmé, ha intuido Drewes que el golpe de dados nunca  abolirá el azar. Quien fuera abandonado, arrojado al mundo, lo fue porque es príncipe, y algo queda de su antigua corona. He recordado versos de Leopoldo Marechal, cuando habla del domador, figura emblemática del hombre, y dice que su frente muestra huellas del oro con que ha sido señalado.

Tal el sujeto de esta  experiencia de oscuridad emprendida con valentía, mientras afuera llueve  y llueve sin piedad,  como un mar/ que se volcara de pronto/ sobre la ciudad a oscuras

Alejandro Drewes encarna la lucidez del poeta, haciéndose cargo del tiempo de indigencia en que le toca vivir: Te fue dado habitar/ un mundo en su pasmo/ la tierra bajo un cielo/ en bancarrota.

El hombre no es el autor del libreto, apenas si puede interpretarlo.  En este escenario,  pocas son las señales que apuntan a una “vida más clara y verdadera”. Surgen comparaciones: los hombres navegan como barcos que pasan en la niebla/ sin rozarse siquiera/ (…) en esta densa/  marina de Turner. La poesía de Drewes revela su amplio conocimiento de ciencias y de artes; su amor por la música, su conocimiento de poetas de otras latitudes. Nuestra común amiga y poeta Amalia Abaria me recordó una novela de Lars Andersson –“La leyenda del rey de la peste”-, figura aludida en un verso  donde quien habla se compara con el Rey del Norte, enloquecido por el dolor: se  trata del rey  sueco del siglo XII,  Magnus Eriksson,  que vaga solo por los bosques, mientras es  confrontado por su hijo y su pueblo ha sido diezmada por la peste.

La Historia se ofrece a sus ojos como una secuencia de hechos repetidos, en  una dirección que incluye la decadencia, el olvido, la humillación, la sorda marcha hacia un final incierto. Y el poeta se habla a sí mismo, con ese tú tan típico de la introspección poética, como en el poema intitulado “Adondequiera que vayas”: te ha de seguir/ esa sombra fiel/ la soga que oscila/ en el largo viento/ el eco interminable/ de los últimos gritos/ de Sarajevo a Termópilas (…)

El hombre, desterrado del  Edén, es comparado a esas plantas condenadas/ a vivir sin arraigo,/ bajo un chirriante sol extranjero ¿Acaso somos definitivamente de la tierra? ¿De dónde viene esa sed de infinito que arrastramos por el mundo? ¿Por qué esa ventana del sueño, abierta al otro lado? Algo condena al hombre a ser quién es, a buscar, a buscarse. La ausencia de los dioses es un signo de su propia condición. El solitario registra el vértigo de los días, en un mundo que se deshace sin piedad. Y se pregunta por un destino de ruina y vaciamiento. ¿Pero… es eso todo?

La tentación de partir hacia el otro lado de la luz con el ser querido es abrumadora. Contigo he de partir,  anuncia el poeta, como el viajero extenuado. Pero una filosófica serenidad se impone a la angustia. Solo desde la serenidad y la distancia puede avizorarse, por momentos la terrible luz de lo por venir/ que incendia ya los últimos/ árboles de aquel sueño.

Llamados, mensajes, apariciones, briznas del sueño, pueblan apenas el  mundo sublunar, árido y frío, que contempla este contemplador  agónico.

Y en medio de la devastación, el poema sucede. Acto espiritual, el poema asegura la conexión con el sentido, en la oscuridad sin tutelas.

Un pez de oro hay

que a deshoras surca

las aguas sombrías

-y el poema sucede-

Acontecer que solo recuerda al acontecer de lo sagrado en Heidegger: no lo que es, sino aquello que  sucede. Se preocupa  el poeta por la mano que escribe,  consciente de que esa sombra guarda acaso cierta memoria del origen, y  en consecuencia diseña una  poética, que es conciencia de sí y de su propia escritura. Destino del poeta que registra y reconoce  su testimonio en tiempos aciagos.

(…) Fielmente / acompaña la sombra: /Y ahí tienes tu vida./

El invierno se acerca, metáfora de la muerte, y trae consigo la nieve, despegada de toda visualización  descriptiva.  Una meditación profunda sobre el devenir del hombre  dilata la mirada del poeta hacia amplios horizontes.

Qué oscura es la luz

que habita el poema

qué trágico nombre

el  que huye detrás.

Alejandro Drewes es un poeta cósmico. Nunca olvida su pertenencia al Universo, su continuidad con los árboles, con los astros. Todo fluye en un cosmos  cambiante, aunque los hombres hayan olvidado las palabras iniciales.  Pero el poeta recuerda  que… todo acaba y todo/ empieza por la aurora. Percibimos su tácita fe en un logos preexistente, recorrido por otros, sus hermanos. En tanto caen las  últimas bombas sobre Babilonia, en un mundo que se derrumba. Oscurece. Anochece. Es el tiempo cruel en que le tocó vivir, registrando  cada día la ruina del dorado castillo.  El tiempo huye, irreparable, y la eternidad permanece oculta.  Llora la muerte de algún ser próximo, y llora a la vez por todos los que han muerto, y se relacionan con los vivos. Vive un duelo sereno y permanente,  que anticipa -como diría Rilke-  su muerte propia.

En la segunda parte del libro se acentúa su diálogo con el misterio. Presencias fantasmales acompañan al poeta en su habitada soledad. Empieza a abrirse  a paisajes oníricos, a lugares remotos,  a espejos brumosos y reveladores. La Noche alcanza protagonismo  como imagen de la muerte, que acentúa su negrura mientras el mundo apaga sus pálidos colores.  El poeta se visualiza a sí mismo en medio del caos

como Hamlet con su sombra, y anochece,

es tan tarde y anochece.

Es muy profunda esa captación segunda que  permite al creador verse a sí mismo en el Laberinto, sin Virgilio que lo guíe.  Es el hombre abandonado a sus propias fuerzas, librado a  su condición de dios en exilio, para decirlo con una expresión de Pablo Antonio Cuadra. Es en esta fase de intemperie  absoluta donde  resuena aquella frase bíblica: Caín, ¿dónde está tu hermano Abel?, en un  contexto implícito de luchas fratricidas;   y es también aquí donde se abre cierta posibilidad de plegaria. Debo copiar el poema -sin título- para que se perciba qué oblicua, esforzada  y tardíamente viene a  instalarse esa modalidad que  me permito aventurar como invocación religiosa:

El camino, pues,

sólo lleva al arcano

centro de cenizas

del sueño y al pobre

corazón que arrastra

su roca por los días

de los días; oscuro

sopla el viento fiel

bajo esta misma luna

breve de acero sombrío

-pero cuán arduo me es

tu nombre secreto,

ah, Señora!-

¿Invoca el poeta a la Virgen,  a la Madre Universal,  a la Diosa?   Podría entenderse que el caminante, el que arrastra su roca como  Sísifo  por los días de los días, vuelve su frente  a lo sagrado,  y necesita hacerlo bajo la forma del rostro femenino de Dios.  Sin duda  el principio creador  es irrepresentable, pero los hombres lo intuyen bajo distintas imágenes. El poema siguiente nos trae la imagen  de la tormenta, ligada a la irrupción de lo divino en el mundo.

se desploma la tormenta

como el puño de Dios

en pleno rostro del mundo

La poesía profética de Alejandro Drewes deja hablar al Verbo en estos últimos poemas, plenos, iluminados.

Aquí empieza el grande viaje.

O es que todo termina

(…)

…donde todo

lo que es ha sido

y sólo asciende

apenas el humo

de otro incendio

en los vastos

archivos celestes

La lluvia que es, como la luna, una  imagen unitiva del poemario, vuelve como un posible anuncio de la venida de los dioses.  El poeta ve el sueño de un mundo que se esfuma/ como ayer Atenas o BizancioY habla con un tú de su intimidad para compartir las preguntas últimas.

Dime porqué todo esto

el exilio perpetuo

las estrellas en fuga…

Lágrimas de sangre acompañan las escenas finales de la tragedia humana.

Que acaso fueran… las de Cristo/  buscando refugio/ ante las bombas/ entre las ruinas/ de Sarajevo, nos dice Alejandro. El tiempo presente, despiadado, en que se vuelve a crucificar a los cristianos, es el marco lacerante de estos poemas testimoniales.

Hallan aquí lugar sus “Ejercicios de tinieblas”, versículos numerados que bien podemos tomar como  un colofón sobre el poeta y el poema.  Alguno ha de merecer el poema (…) …verso que de vez en vez ilumina el alto sol de la noche. Y nos estremece sentir que en estos poemas finales clama el poeta por su patria,  por  las estrellas de su patria hoy oscurecida. Ha terminado el recorrido del poeta, su experiencia de duelo y soledad, tan intensa que  nos ha inducido a mirar  el mundo familiar como extraño, y el mundo  del otro lado como próximo:

y las almas perdidas

como excéntricos astros

al círculo de la vida.

Sub luna mutant, tal reza la última línea de una  poesía  aparentemente impasible,  distendida entre la Tierra   y  el Cielo.  La mirada abarca a toda esta  especie intermedia, sublunar,  expectante al final de un camino  ya cumplido. Se trata de un final abierto, como lo está  la Historia misma.

Por algo decíamos al comienzo de estas desmañadas palabras  que la voz de Alejandro Drewes era singular  dentro de un  coro en que predominan las  voces epigonales.  Lo es por  venir de un contacto profundo con el Ser,  en una aventura de riesgo que ha sabido eludir la desmesura y la autodestrucción. Esa denodada vigilia por páramos oscuros abrió  su corazón a la Luz y le ha permitido compartir con nosotros un mensaje viviente.

Graciela Maturo

Graciela Maturo

Graciela Maturo

12 abril 2015 Posted by | ALEJANDRO DREWES, GRACIELA MATURO | , | Deja un comentario

Revista Dársena Sur

POESÍA - NARRATIVA - ENSAYO

POESÍA UNIVERSAL CONTEMPORÁNEA

El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez. (Jorge Luis Borges)

SCA´Blog

Bienvenido a la pagina de Abre tus manos

Revista "La Quimera"

Espacio colectivo en donde el arte converge en una quimera.

elblogdelur

locuras, corduras, en fin... de todo un poco...

ESTATE UN RATO

Blog web multitemática

cristian sabau

allez, allez, revenez...

EPANADIPLOSIS

Libros - Notas - Comentarios

~El carpe diem en su mejor verso

"La inspiración te busca, deja que te encuentre aquí."

La letra pequeña crece

Cosas que se me pasan por la cabeza y que me atrevo a escribir...

La realidad alterna

Poesías, relatos, diario de sueños

DESPUÉS DE LA MEDIA RUEDA

Bitácora nostálgica, de un cubano que vive hace más de dos décadas en Suecia

Literatura en papel

Ensayos - Notas - Reseñas