EPANADIPLOSIS

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HOMENAJE A HÉCTOR MIGUEL ÁNGELI por RUBÉN BALSEIRO

EN LA TIERRA DE NADIE
(Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación)

Ensayo de RUBÉN BALSEIRO (fragmento):

 

LA TRANSVERSALIDAD GENERACIONAL _________________________________________________________

 “Homenaje a Héctor Miguel Ángeli”

Pensar la poesía argentina es un trabajo basto que implicaría un recorrido por tendencias, agrupaciones, estéticas y hasta posiciones políticas determinadas.

Si pudiéramos dividir la poesía argentina y hacer un corte aproximadamente a mediados del siglo XX, veríamos que el primer  período de dicho siglo se ha caracterizado por el surgimiento de agrupaciones; “modernistas” “ultraístas”, “surrealistas”, “invencionistas” o bien de grupos o generaciones poéticas que de algún modo definieron una determinada estética;   así nos referimos al  lirismo del grupo de Florida, al compromiso social del grupo de Boedo; al  tono elegíaco de la generación del 40 o a  una tendencia más social o politizada de algunos integrantes de la generación del 50 ó 60.

Muchas  de estas agrupaciones, no sólo se manifestaron originalmente como oposición a una corriente anterior sino que polemizaron entre sí sobre lo que cada una creía como realidad poética o artística. Algunas de ellas se nuclearon alrededor de una revista  (Proa, Prisma, Sur,  Poesía Buenos Aires) o conformaron grupos que postularon determinada visión del arte en general o de la poesía en particular, consolidando muchas  veces  sus  posturas a través de artículos, ensayos o manifiestos.

En cambio si hacemos un recorrido por el quehacer poético desde el último tercio del siglo XX hasta nuestros días,  veremos que reina la pluralidad, la no agrupación, cada autor busca su  camino,  y un recorrido por los cafés literarios nos permitirá escuchar  un sin fin de tonos posibles. Esta fragmentación,  enriquece sin duda la producción poética ya que pluraliza los registros poéticos, aunque por otra parte,  desvincula y dispersa a los poetas. No quiero decir con esto que hoy los poetas no adhieran a determinada tendencia estética, sino simplemente que ya no es  habitual que se agrupen y desarrollen una estética de grupo, inclusive un manifiesto (como en otros momentos) que establezca lo que definen como poesía.

Sin  embargo,  cuando recorremos  las páginas de los distintos autores, vemos que ellos mismos se han encargado de mostrarnos el dinamismo de la palabra poética y la continuidad de sus voces a lo largo del tiempo. Así podemos citar a poetas que si bien comenzaron su labor en lo que denominamos generación del 40 o generación del 50, siguen hoy día, vigentes con sus propuestas, demostrando acaso que la división generacional es sólo un medio  de análisis pero jamás una forma  para delimitar o encasillar la poesía.

Lo  que impera es una “Transversalidad generacional” que hace que las grandes voces sigan vigentes a través de los cambios que el correr del tiempo fue generando.

Varios son los nombres a incluir en esta lista, pero quiero particularmente rendir este breve homenaje a un poeta;  me refiero a Héctor Miguel Ángeli, quien sin duda honra las letras argentinas y ha alcanzado a través de su permanencia y su trabajo incansable un lugar de privilegio en las mismas.

Recorrer la obra poética de Ángeli es adentrarnos en uno de los panoramas más altos de la lírica de nuestro país, un poeta verdaderamente auténtico, con una claridad metafórica y conceptual única.

Su poesía, fina, delicada, es acaso el vehículo de una espiritualidad sensible…

 

No, no es la nostalgia.

Es el sordo rencor

de amar inútilmente la belleza…

 

Su palabra nunca está ajena de la reflexión y de lo existencial…

 

Los poemas son apenas resúmenes de una penitencia

que el buen gusto nos impide revelar.

¡Si sólo fuésemos el poema seríamos tan felices!…

 

Para decir más adelante:

 

Te escribo para acostumbrarme a la decepción…

 

La sensibilidad lírica se traduce a veces en versos duros:

 

Putas, vanamente putas

llamo

a las existencias

que se ríen del propio corazón

 

Pero el poeta está inmerso en un mundo,  en una sociedad de la que no es ajeno, que lo conmueve, que lo revela y le exige decir o acaso alertar:

 

Degustar no es igual de disgustar.

Según sea,

uno hincha el vientre del arzobispo

y el otro

asume la responsabilidad de la historia.

           

Y cuando se pregunta ¿Qué es el poeta? Concluye: De un poeta sólo sabemos / que muere si no arde

La Obra de Héctor Miguel Ángeli  “arde” desde 1948 en que publica su primer libro “Las voces del primer reloj”. En 1949 funda y dirige la revista “Existencia”.  Poco después  comienza a colaborar con los principales diarios y revistas literarias del país, entre ellos: “Sur” y “La nación”.

En 1959 aparece su segundo libro de poemas “Los techos”.  Luego publica: “Manchas” (1964), “Las burlas” (1966), “Nueve tangos” (1974), “La giba de plata” (1977) que recibe el Tercer Premio Municipal y Premio Bienal de la Fundación Argentina para la Poe-sía.

Su siguiente libro: “Para armar la mañana” (1988)    recibe  la  “Faja  de  Honor  de  la  Sociedad Argentina de Escritores”.

En

1991 aparece “Matar a un hombre” y en 1999 reúne su obra poética  bajo  el   titulo de “La gran divagación”. En 2004 publica la antología temática “Animales en verso”.  En  2005  recibe  el  premio “Esteban Echeverría”  que otorga Gente de Letras. En 2007 publica  “Frutas sobre la mesa”.

Algunos poemas

 

 

Con los pies nos vamos

 

No quiero que me levanten los pies para morirme.

Que me alcen las manos, eso sí,

hasta la desembocadura de los astros.

Pero no quiero que me levanten los pies para

        morirme.

Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia.

Con los pies nos vamos.

Y cuando me vaya

quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,

de materia inflamable y aleatoria

que no me deja en paz, que me persigue

y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura me arrastran.

Todas las cosas son, se me parecen:

el sueño intestinal del ave,

la orquídea en el vientre de los muertos.

Debo irme con ellas,

transportado por esta permanencia.

Tan grande es el dolor de nuestra marcha,

tan grande y tan amigo,

que no quiero que me levanten los pies para morirme.

Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.

 

 

Envío de una mariposa que viene de la infancia

 

Querido Miguel:

cariñosamente

encontré

una mariposa para vos

en el cuerpo de mi infancia.

Parpadeaban sus colores

en mi jardín de tierras ausentes

frente a una casa

poblada de padres.

Yo sé que es muy poco

lo que puede decirse

de una mariposa

pero resulta que a ésta

la maté yo

y muy alegremente

y muy alegremente también

la enjoyé con alfileres

y la puse a trabajar de recuerdo.

Eso ocurrió

un día

en que aquí y allá

asomaba el verano

su nariz de payaso.

Así ha coincidido

mi infancia

con tu edad desolada.

Esta mariposa es mi único crimen,

cometido

cuando el crimen podía sorprender.

Hoy matar a un hombre

es más común

que matar a una mariposa,

por lo tanto

necesito admitir

que todo es insignificante.

Me parece oportuno entonces

enviarte

esta frágil memoria de las flores.

Recibila

como un nada fantástico testimonio

de que algún día

puedo matarte

muy atentamente.

Firmado: Roberto

 

 

La giba de plata

 

Cuando me quedo solo

apago la luz

y con un espejo

empiezo a sacar resplandores

de mi giba.

He nacido tan monstruoso

como todas las cosas de la tierra.

Cualquier resplandor

puede ser un ángel,

el ángel que sin duda

destruirá el espejo.

           

 

De su último libro, “Frutas sobre la mesa”  que es sin duda el vivo ejemplo de la vigencia, de la vista y el oído atento a los que hacía referencia en párrafos anteriores, citaré:

 

 

Juicio Oral

 

Vamos a ver:

estás aquí, sentado en un café

y escuchas las hermosas palabras

que te dicta tu inseparable compañera,

esa Poesía que nunca sabes

si es una puta o una santa

aunque no importa mucho

porque siempre es una mujer de noble corazón.

Analicemos:

las hermosas palabras no pueden ser reemplazadas.

Eso implicaría  una infamia

cuando caen sobre las fotografías del mundo.

Por ejemplo:

la cabeza cortada de un adolescente

rodando en el asfalto.

Sin embargo esas palabras no sirven

para detener al esbirro

que mañana cortará otra cabeza.

Ahora bien:

la palabra es siempre una desesperada

en el crepúsculo del desierto.

Pese a sus fulgores,

no puede resolver sin la idílica sombra.

Una prueba:

Pobrecitos los poetas!

Quieren ser útiles, salvar las armas,

luchar por todos contra el muro del vacío,

pero la belleza siempre los traiciona.

Oh, sí, pobrecitos!

Última instancia:

la poesía renace en una guarida de alucinados.

Conclusión:

se te va la vida

en lo que no dices y en lo que no haces.

Te queda, muy pequeña, la muerte.

 

 

El pan y la madera

 

No pongas el mantel, niña.

Deja la mesa al desnudo.

Deja también el pan al desnudo.

Que se vean juntos

el pan y la madera.

El calor y la dicha

nacieron de esa cita.

Mi padre llevó las horas.

Mi madre llevó un cesto

trenzado con el cielo.

¡Cuántas veces el sol

entro con ellos!

No pongas el mantel, niña.

Ahora no, después sí,

cuando se duerma esta ráfaga

de retratos todavía dorados.

Mi padre se acercó al desvelo.

Mi madre se acercó a una fuente

con ángeles custodios.

Si hay fantasmas en las sillas

son espejos del silencio,

del silencio y nada más.

Pronto llegará el momento

de iluminar la comida.

No pongas el mantel.

Deja caer la ilusión

sobre el pan y la madera.

 

 

Una sombra ya pronto serás (Tango)

 

Amargado, vos, amargado…

sí, vos, que como Baldomero Fernández

soñaste alguna vez que tan sólo dos versos

podían salvarte de la muerte,

Vos, ahora, el que vive de su mitad,

no sabes escribir un verso

por lo menos cursi

para cubrir las apariencias,

ni tampoco un testimonio fiel

                        de tu ilusión gastada,

                        de tu tiempo perdido,

                        del horror de tu giba de plata.

Has quemado amores

en un único gran amor

que ni siquiera te recuerda

y ahora escribis estas líneas

que sabés no son poesía,

apenas son palabras corrompidas

en la difícil sucesión,

difícil y oscura como el mar flotante del desvelo.

Allí te encontrás, aunque sin reconocerte.

Es una foto mal sacada de la fiesta,

muy distinta pero igual

a la que sacó la sonámbula de las aguas grises

cuando vio el resplandor de tus ojos

y dijo:

“en el camino (en el caminito)

una sombra ya pronto serás”

 

No voy a agregar palabras, las palabras sobran, creo que la simple lectura de los textos citados es una muestra cabal de lo expuesto.

Rubén Balseiro

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22 noviembre 2018 Posted by | HECTOR MIGUEL ANGELI, RUBEN BALSEIRO | , | 3 comentarios

EN LA TIERRA DE NADIE (Reflexiones sobre poesía, sociedad y comunicación) por RUBÉN BALSEIRO

EL CAMPO DE JUEGO

“La poesía no se vende porque no se vende”

Guillermo Boido

En medio de la problemática presentada en los capítulos anteriores, trataré ahora de acercarme a la palabra poética y a la transmisión de la palabra poética. Sin duda, la poesía, se presenta como el saber de unos pocos para unos pocos; acaso como una forma cultural cerrada en su propio núcleo. Hurguemos más a fondo esta exclusividad a través del análisis de dos palabras que de por sí, ante el sólo escucharlas se presentan como antagónicas; poesía y marketing. Para esto debemos primero entender qué definimos como poesía y qué como marketing. Sabemos que una definición de poesía es difícil o acaso imposible, pero aventuremos algunas.

Osvaldo Rossi en su libro “Las palabras que conmueven” nos ofrece algunas de las definiciones de poesía que han dado importantes pensadores o poetas a lo largo del tiempo:

Matthew Arnold

Matthew Arnold

 

“En el fondo, la poesía es una critica de la vida” Matthew Arnold

Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer

 “Poesía eres tú” Gustavo Adolfo Bécquer

Andre Breton

Andre Breton

 “La poesía es una pipa” – André Breton

León Felipe

León Felipe

 “La poesía es un sistema luminoso de señales” – León Felipe

Macedonio Fernández

Macedonio Fernández

 “La poesía es una justificación estética del universo” – Macedonio Fernández

Martin Heidegger

Martin Heidegger

“La poesía es la fundación del ser por la palabra” – Martin Heidegger

Vicente Huidobro

Vicente Huidobro

 “La poesía es el lenguaje de la creación” – Vicente Huidobro

Roberto Juarroz

Roberto Juarroz

 “La poesía es uno de los pocos lugares donde la palabra no fracasa” – Roberto Juarroz

Antonio Machado

Antonio Machado

 “La poesía es palabra esencial en el tiempo” – Antonio Machado

Alejandra Pizarnik

Alejandra Pizarnik

 “La poesía es el lugar donde todo sucede” – Alejandra Pizarnik

Herbert Read

Herbert Read

 “La poesía es sentido y sonido” – Herbert Read

Wallace Stevens

Wallace Stevens

 “La poesía es un combate contra el lenguaje” – Wallace Stevens

Pedro Salinas

Pedro Salinas

 “La poesía es una aventura hacia lo absoluto” – Pedro Salinas

Como vemos hay una gran dificultad para establecer una definición única de poesía, y como bien dice Rossi esto sostiene el desacuerdo y hace que la búsqueda por dicha definición continúe. De todos modos, lo veremos más adelante, estos intentos de definición son precisamente eso, intentos, ya que como dijimos, la poesía es acaso indefinible.

Philip Kotler

Philip Kotler

Por su parte ¿Qué es el marketing?, según Philip Kotler (considerado por algunos el padre del marketing) es:

– “El proceso social y administrativo por el cual los grupos e individuos satisfacen sus necesidades al crear e intercambiar bienes y servicios”

Otras definiciones acaso más lineales dicen:

– “Conjunto de técnicas y métodos para promover la mejor venta posible de uno o varios productos”

-“Estudio de las técnicas y métodos que mejoran la venta o comercialización de diferentes productos”

– “El conocimiento y comprensión del consumidor para que el producto, bien o servicio se adecúe y se venda por sí solo. Comienza en el consumidor y termina en él”

Habiendo  establecido esto continuaré con mi análisis, tratando de afrontar la dificultad entre poesía y marketing:

Una conocida frase del poeta y ensayista Guillermo Boido dice:

 

“La poesía no se vende porque no se vende.”

Guillermo Boido

Guillermo Boido

Esta frase encierra un importante concepto asociado a la combatividad de la palabra poética, a la no corrupción de la misma. Pero inevitablemente dicha frase conlleva también a una posible falacia. Pienso que el error radica en la polarización de los conceptos. Hemos escuchado repetidas veces a los poetas hablar y expresarse desde la marginalidad. Si hablamos de consultas de opinión, allí puede haber un novelista, un cuentista, un pintor, un ensayista, un historiador, rara vez un poeta. Los poetas se regocijan en esto, y se atrincheran en el margen, hablan de resistencia, dicen que desde las sombras su combate continuará y creo que es hora de mostrarse, de abordar la luz, de salir del encierro y determinar un nuevo campo de juego.

Recordemos que, como dijo Boido: “La poesía no se vende porque no se vende”. Indudablemente la palabra “Vende” tiene también su análisis. Trataré entonces de definir la palabra vender desde un enfoque más amplio que la simple transacción comercial que todos conocemos, se puede decir entonces que vender es:

“Satisfacer una necesidad con el beneficio que genera un determinado producto o servicio.”

Este concepto pone en juego dos palabras fundamentales: “Necesidad” y “Beneficio”. Sin embargo, en la frase de Boido se juegan dos significados de la palabra vender. Hay dos vende que identificaré así: “vende” asociado a la definición recién expuesta y “VENDE” asociado al no pactar con la corrupción y el poder de turno. Comparto plenamente la idea de dicho poeta pero profundicemos un poco en la misma.

Frente a la definición de vender recién enunciada y a las dos palabras claves de esta definición (Necesidad y Beneficio), surgirá rápidamente la pregunta ¿Hay una necesidad de poesía? La respuesta rápida y fácil sería “No” eso sin duda nos permitirá seguir en el margen, seguir en la complacencia del estado actual, seguir en el círculo cerrado. Sin embargo creemos que el estado actual necesita un cambio y entonces la pregunta sería ¿Cómo generar una necesidad o deseo de poesía?

El deseo de algo tiene que ver con el conocimiento de ese algo, es decir, para desear “x” cosa, tengo que tener conciencia de la existencia de esa “x” cosa. Un principio fundamental es el poder mostrar los que hacemos, pero, mientras el trabajo poético se limite a los “guetos poéticos”, mientras continuemos leyéndonos y aplaudiéndonos entre nosotros mismos no habrá posibilidad alguna de generar necesidad.

Son llamativos ciertos programas radiales que acostumbran abordajes a textos poéticos y como la lectura de los mismos genera cantidad importante de llamados telefónicos de oyentes emocionados, intrigados, deseosos de saber más sobre el poeta cuya obra fue leída. Aquí es importante diferenciar entre un programa de interés general que incluye información y expresiones artísticas: música, canto, poesía, de un programa puramente dedicado a la literatura. Mientras al primero accederán muchas personas y de variados gustos, tal vez en busca de información, opiniones, canciones o músicas que deseen escuchar, al segundo accederá casi con seguridad gente vinculada con el quehacer poético o literario y de ese modo se continuará en el círculo. En el primero el poema será una aparición que sorprenda y en muchos casos atrape; la escucha del segundo exigirá estar preparado para media hora o una hora donde el único y excluyente tema es la literatura. El primero generará nuevos oyentes, acaso nuevos adeptos a la poesía, el segundo reafirmará el círculo cerrado de poeta que dice poeta que escucha.

Cierto es, y sería injusto negarlo, se gestaron programas de lecturas de poemas en cárceles, escuelas o centros de rehabilitación, los programas generados por APOA, (Asociación de Poetas Argentinos) son un claro ejemplo y sin duda significan un paso muy importante, pero es fundamental no contentarnos con esto y continuar saliendo del encuentro privado, del hermetismo con que los poetas custodian su saber y tratar de que este saber se expanda. Pero aquí aparece la trinchera, la marginalidad, la resistencia.

Resistir implica una posición de defensa frente a un atacante. ¿Quién es el atacante? ¿El sistema? ¿El mercado? ¿El mundo globalizado?

Atahualpa Yupanqui

Atahualpa Yupanqui

En “El Destino del Canto” Atahualpa Yupanqui manifiesta que la búsqueda final de todo poema debe ser el anonimato, es decir, que el poema transite su camino hasta transformarse en saber popular, patrimonio del pueblo “Folklore”, más allá del nombre del autor. Sería acaso demasiado pretencioso pensar en ser en algún momento folklore pero si es fundamental entender que cuando digo vender no me refiero a una actividad puramente comercial, me refiero a establecer la posibilidad de un puente hacia mucha gente que podría disfrutar de algo que existe, pero ese algo, en lugar de   mostrarse   se   atrinchera   dentro de un grupo cerrado. Cuando digo vender no me refiero exclusivamente a un lucro económico, sino a hacer llegar a la gente una nueva visión del mundo.

Llegado a este punto, merece un análisis el concepto de “lucro económico” y aceptar, que si el lucro económico es la resultante del trabajo consciente y atento del poeta, no deberíamos temer a esa palabra y “vender” (como hecho comercial) sería la consecuencia lógica de un trabajo intelectual y emocional valorable; ¿Acaso los músicos no venden su música, los pintores sus pinturas, los actores sus interpretaciones? Sin embargo y  es importante aclararlo, la frase de Boido debe estar presente “La poesía no se vende porque no se vende” será la única forma para que nuestro deseo de llegar no caiga en la enajenación que nos propone la sociedad en la que vivimos, de ser así terminaríamos transformando una expresión artística en un producto más de mercado y dicho mercado acabaría absorbiéndonos.

La enajenación (de la que todos en tanto seres sociales participamos en mayor o menor medida) es la resultante de los vínculos sociales y las condiciones que estos vínculos sociales nos imponen, es decir, es el resultado de aquello que tenemos que ceder para poder obtener aquello que satisfaga nuestras necesidades. Ahora bien, si nos planteáramos qué son nuestras necesidades, veríamos que las mismas no están determinadas por nuestra voluntad sino por lo que el mundo globalizado y la sociedad de consumo establecen. ¿Hasta dónde aquello que decimos necesitar es realmente necesario?

Aquí podemos volver nuevamente al concepto de Marketing y preguntarnos si lo que el marketing hace es investigar las necesidades del consumidor para adecuar un producto a él y cuál es el límite entre esta investigación y la manipulación para imponer dicho producto.

Si la enajenación es la disputa entre lo que cedemos y la satisfacción de nuestras “supuestas” necesidades, la pregunta es ¿Qué perdemos al ceder lo que cedemos? la conciencia de esta pérdida es la que nos lleva a la alienación, la cual será obviamente individual ya que dependerá no sólo del nivel de conciencia sino también de la resistencia que cada uno de nosotros tenga frente a la pérdida. Vimos entonces por definición que en el concepto “vender” es necesario la satisfacción de una “necesidad” a través de un “beneficio”, vimos también que podemos vislumbrar un proceso para generar dicha necesidad ya que salvo las necesidades esenciales del hombre, como por ejemplo comer, dormir, tener un techo, que existen per-se, las demás son el resultante de un proceso socio cultural que las apuntala y las instala en el deseo.

Ahora nos restaría pensar en la segunda palabra clave de la definición; “Beneficio”. ¿En qué beneficia la poesía? O dicho de otro modo. ¿Para qué la poesía? Como sabemos, vivimos un mundo agitado, cambiante; todo quiere obtenerse en forma rápida, el tiempo es el gran acosador. Todo debe ser ya, ahora. En este medio las recetas fáciles que nos permiten la felicidad o el éxito son moneda corriente. Nunca como en ese tiempo, han existido tantos “Gurúes” que proponen a la gente la solución aquí y al instante. Ya pocos pueden esperar un desarrollo, una madurez, otro tiempo. Todo debe ser utilitario y en un mundo, que como vemos, es esencialmente cortoplacista y el poder va cambiando de mano a lo largo del tiempo, el dinero es el gran amo y se manifiesta a través de procesos absolutamente arbitrarios donde los poderosos realizan las mismas atrocidades que sus rivales pero amparados por lo que ellos mismos definen como el “lado justo” de la historia. Así se mata gente, se invaden países, se tortura; todo para contrarrestar esas mismas acciones del bando opuesto.

En esta carrera contra el tiempo, el hombre se enajena en tareas que poco tienen que ver con la dignidad. Si Karl Marx postulaba la dignidad del trabajo, era este trabajo un proceso dignificante en tanto realización del hombre. Sin embargo, hoy en día en muchísimas partes de lo que el eufemismo actual denomina “Países emergentes” po- dríamos preguntarnos (¿Emergentes de dónde?) el hombre no trabaja de lo que quiere, de lo que le gusta, sino de lo que puede, o directamente no consigue trabajo, con lo cual la dignidad a quedado relegada a escasas oportunidades y la más de las veces a una explotación amparada por el poder que genera la disparidad entre una demanda laboral alta contra una oferta pequeña.

¿Puede esta realidad atentar contra la realización del hombre como tal? y si lo que queremos es que la poesía llegue al público, esta realidad circundante, ¿Será una de las causas para que no haya un acercamiento entre palabra y lector? ¿Qué motivación encontrará un posible lector para abordar un texto y particularmente un texto poético, cuando está acuciado por infinidad de problemas que vivencia como más contundentes y reales?

La motivación de una persona se genera cuando dicha persona encuentra en una determinada acción el puente para realizar o concretar un objetivo. Dicho de otro modo, nos motivamos cuando tomamos conciencia de que si realizamos “x” tarea podremos obtener un resultado que nos permita acceder a algún lugar o estado deseado de antemano. Cabría preguntarse entonces: ¿Cuál es la motivación final? o bien; si el hombre es un ser que se busca, en esa búsqueda, ¿Qué espera hallar? ¿Qué es lo que los seres humanos definen como meta de la vida? Parece muy posible (siguiendo lo que Freud sugiere en la primera tópica) que los hombres busquen el placer, la dicha, la felicidad y traten de huir por todos los medios de la desdicha o el displacer.

Aquí encontramos un punto importante a favor de la poesía o de cualquier otra expresión artística, ya que como tal, poesía es coincidente con belleza y la belleza está directamente enlazada a un sentimiento de placer. Pero aquí aparece la sociedad de consumo sentenciando que la dicha, el placer, la belleza, está en tal o cual producto de mercado y entonces las búsqueda se desorienta o se reorienta hacia determinada casa, determinado automóvil, determinado articulo suntuoso. Esto nos vuelve a colocar en el principio del camino, ¿Cómo encontrar una motivación que nos lleve a la poesía?

Abraham Maslow

Abraham Maslow

Abrahán Masslow, en los años 60, ya planteaba que es imposible la motivación de alguien si no están cubiertas sus necesidades básicas; entendiendo por tales las “fisiológicas” (comer-vestirse-disponer de vivienda) y las de “seguridad” (cierta tranquilidad sobre la continuidad de esta situación).

¿Cómo lograr entonces la motivación por la poesía en un mundo donde muchas de las necesidades básicas no están cubiertas? ¿Puede ser la realidad social del ser humano lo que lo aleje de la poesía? La respuesta es si, de no ser porque en aquellos lugares con realidades sociales distintas, donde estas necesidades básicas están holgadamente cubiertas, la poesía sigue siendo una manifestación de unos pocos, para unos pocos.

Con necesidades puntuales o no, este mundo tiene un matiz utilitario rotundo; los unos por querer acceder a aquello que no tienen pero que la sociedad de consumo les ofrece minuto a minuto, los otros por querer tener más de lo que ya tienen ya sea para ostentar su poder o para afianzarlo. Y entonces: ¿Qué aporta la poesía en esta búsqueda que enfrenta el hombre actual? La respuesta es nada. ¿Cuál sería el beneficio que ofrece la poesía para solucionar los acuciantes problemas que se le presentan al hombre? La respuesta es ninguno.

La poesía no es utilitarismo en tanto la pensemos como aquello que nos es útil para obtener tal o cual producto que nos propone el mercado. La enajenación actual del hombre se debe en gran medida a ese utilitarismo, a esa búsqueda desenfrenada por tener aquello que no se tiene, el deseo se ha impuesto y el deseo, como tal, es siempre incumplido, por lo tanto una vez obtenido aparece un nuevo deseo y la carrera no tiene fin.

Creo que hay que salir de esta sociedad donde el consumo es el mandato principal, pero sé que el camino emprendido por el hombre es de difícil regreso o acaso es sin regreso. Insisto, la poesía no es utilitarismo, no va a aportar nada puntual para solucionar nuestros problemas económicos pero sí va a ser esencialmente útil para encontrarnos con nosotros mismos, para identificarnos y construirnos como hombres libres. La poesía es el lenguaje de la no alienación, es el lenguaje, como diría Buber, que puede realizar el ser “entero”, aquel que viviendo en la alienación puede escapar de la misma para encontrarse con el otro. La poesía, va a ser el lenguaje de ese punto de encuentro “entre” el “yo” y el “tú”.

Somos seres sociales, nos  expresamos con un lenguaje que no sólo nos marca sino que nos constituye y sabemos que ese lenguaje está sufriendo un quiebre y es necesario reencontrarnos con nuestra esencia de hombres. La poesía es una de las formas de este lenguaje, un modo a través del cual el hombre puede establecer un puente consigo mismo y con los otros hombres.

No soy tan ingenuo como para pensar en la idea de un regreso a un tiempo primigenio, ni creer en lo que alguna vez se llamo “el buen salvaje”. El contexto social del hombre existe y aunque buscásemos las raíces, el regreso sería imposible, no podemos apartarnos ni aislarnos de la sociedad en la que vivimos, no seriamos más que nuevos Robinsón y tendríamos al igual a él, que inventar a Viernes para continuar nuestra vida.

En suma, no hablo de transformar la poesía en un folletín, hablo de mostrar lo que hacemos, con sus complejidades, con sus variables y no permanecer dentro del círculo. No hablo tampoco de un público masivo, sigo hablando de determinado público, pero sí hablo de un público más amplio que el actual. De no ser así, caeremos en que la poesía sólo es para los poetas y consecuentemente aquel mito griego de Pigmalión y Galatea se hará presente y reafirmaremos nuestra propia “Profecía auto-cumplida”.

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

17 octubre 2015 Posted by | ALEJANDRA PIZARNIK, ANDRÉ BRETON, ANTONIO MACHADO, ATAHUALPA YUPANQUI, GUILLERMO BOIDO, GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER, HEBER READ, LEÓN FELIPE, MACEDONIO FERNÁNDEZ, MARTIN HEIDEGGER, MATTHEW ARNOLD, OSVALDO ROSSI, PEDRO SALINAS, PHILIP KOTLER, ROBERTO JUARROZ, RUBEN BALSEIRO, VICENTE HUIDOBRO, WALLACE STEVENS | , | 2 comentarios

20 poetas a mar abierto / 20 poètes au grand large, antología bilingüe español/francés

 

Traducción al francés: Françoise Laly

INTEGRADA POR:

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Héctor Miguel Ángeli – Rubén Balseiro – Luis Benítez – Enrique Roberto Bossero

Norberto Corti – Alfredo De Cicco – Alejandro Drewes – Yoly Fidanza

Rodolfo Godino – Françoise Laly – Long-Ohni – Graciela Maturo

Norma Pérez Martín – Nélida Pessagno – Michou Pourtalé – Antonio Requeni

Osvaldo Rossi – Ricardo Rubio – Fernando Sánchez Zinny – Jorge Sichero

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Antologia Françoise Laly

PRELIMINAR

Allá por 1900, muchos viajeros aseguraban que Buenos Aires exhalaba un perfume que recordaba a París. Y algo de cierto había en la observación, por mucho que ambas ciudades mostrasen disparidades grandes en cuanto a orígenes, dimensiones, edad, cultura, historia, lengua; en fin: en todo.
Pero aun así, Buenos Aires, para fines del siglo XIX y durante buena parte del XX palpitaba según el ritmo de Francia y hasta el anchuroso Río de la Plata a veces se nos hacía tan poético y convocante como el Sena. No había, para entonces, en nuestra ciudad, persona de cultura que no hablara correcto francés, que no leyera las grandes obras de la literatura de ese idioma, no había familia cultivada que no tuviera noticias de la producción artística francesa, de las corrientes del pensamiento, del quehacer parisino en materia de teatro y de cine, y de todo cuanto bullía en los ámbitos culturales del país europeo.
Ese Buenos Aires culto, aristocrático, elitista, amaba a París, deseaba emular la cultura y las formas de allá, y, por alguna extraña e inexplicable razón, pues somos –aun con la inserción de una inmigración de profusas vertientes–, herederos bastante directos de España, se sentía hijo de un París que reunía, para este grupo de porteños, todos los ideales de la cultura, del refinamiento, del buen gusto y de la inteligencia.
Paralelamente, esta capital rioplatense, más allá de conservar la típica urbanización en cuadrícula de diseño español, más allá de la impronta y la lengua hispana, creció en edificios, parques, diagonales, monumentos. Y por todas partes hubo detalles decorativos, mobiliario, juguetes y vajillas de definido sello francés. Un porteño de altura debía comportarse y sentirse como un auténtico parisino y pocos fueron los artistas argentinos que no soñaran, al menos, con el imprescindible viaje a París, sin contar con que muchos lo hicieron.
Tan fuerte fue esa tendencia que hasta en la manifestación cultural más acabadamente porteña y popular, el tango, y si nos referimos a sus años de oro, por lejos, el “barrio” más mencionado en las letras es, singularmente, París.
España descubrió, conquistó y dejó sus marcas indelebles en América Latina; en el desarrollo económico, la Gran Bretaña , para bien o para mal, inscribió en el Río de la Plata sus intereses y su ideología, en tanto, en nuestra casa, la enorme oleada inmigratoria italiana, con esa estoica vocación por la labranza, fue la mano que difundió en los campos desiertos, verdor, rubios trigales, huertas y frutales, a la vez que ese enorme contingente humano se convertía, también, en principal  responsable de esa suerte de hibridación lingüística que es el lunfardo, jerga porteña en la que, asimismo, se entreveró el francés, el mismo francés que, por otra cuerda, daba aliento a los poetas, desde la época del evanescente simbolismo hasta las jocundas vanguardias de los años 20.
Luego, luego, desde finales del siglo XX y más aún en actual, la Meca ya no es París, sino Nueva York y la parla estimulante ya no es francesa sino en  inglés norteamericano. Sin embargo, la gran influencia de la cultura y de la estética anterior, aunque soterrada, sigue vigente. Para ayudarla a que persista es que se plantea en este libro un mancomunado ejercicio de aproximación a sus fuentes. Es con esta intención que emprendemos, a mar abierto, una suerte de navegación hacia los puertos de la dulce Francia. Veinte son los viajeros, diecinueve argentinos y una francesa, Françoise Laly, quien se ha ocupado, además, de poner a todos en palabras de su país, incluso a ella misma, pues los versos suyos publicados en esta ocasión fueron originariamente escritos en castellano, de modo que, a su respecto, el auspicioso recorrido ha sido de ida y vuelta.

Otoño de 2014

212 pag. – Ed. La Luna Que – Buenos Aires, 2015.

12 mayo 2015 Posted by | ALEJANDRO DREWES, ALFREDO DE CICCO, ANTONIO REQUENI, ENRIQUE BOSSERO, FERNANDO SANCHEZ ZINNY, FRANÇOISE LALY, GRACIELA MATURO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JORGE SICHERO, LONG-OHNI, LUIS BENITEZ, MICHOU POURTALE, NELIDA PESSAGNO, NORBERTO CORTI, NORMA PEREZ MARTIN, OSVALDO ROSSI, RICARDO RUBIO, RODOLFO GODINO, RUBEN BALSEIRO, YOLY FIDANZA | , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

   

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