EPANADIPLOSIS

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ORILLAS PERDIDAS, poemario de Norberto Barleand

ORILLAS PERDIDAS, poemario de Norberto Barleand (2018)

Prefacios de Rubén Balseiro y Osvaldo Rossi

Orillas Perdidas de Norberto Barleand

Norberto Barleand

Prólogo de Rubén Balseiro

Desde su título, el nuevo poemario de Norberto Barleand, nos hace pensar en la nostalgia, en eso que nos duele por ya no estar, sin embargo, paradójicamente, este no estar es un estar en el recuerdo del poeta, donde todo se reflota, se retoma, se reconstruye, con una nueva singularidad.
Hay un ir y venir entre el pasado y el presente o para ser más preciso un hurgar el pasado en el hoy, porque es el hoy del poeta el que vuelve a dibujar su pasado, su barrio sus calles, su madre. Es el hoy del poeta el que permite repensar ese pasado y recorrerlo, como quien ve un film en el cual se van dibujando cada una de las escenas vividas, y acaso en uno de los poemas a mi juicio más logrados, “La radio en Blanco y Negro” es donde este recorrido está más presente, con mayor nitidez y nos muestra desde la vieja casa de la infancia donde la radio era parte de un todo familiar, hasta el nacimiento del Rock, el Club del Clan o las tristemente célebres Malvinas, y el poema termina con una decir flotante, con una incógnita; “Estoy aquí, soy el que fui/ tal vez/ sin darme cuenta”. Porque vivimos sin analizar puntualmente que vivimos, sin darnos cuenta… simplemente vivimos y eso es lo maravilloso de la aventura de la vida.
El poeta ha vivido y ya en la madurez de su decir poético puede expresarlo con claridad:
“Me iré con campanas/ de cuchillos y arena/ de frontera y heridas/ en las calles de piedra/ donde habita la casa/ que abandoné una tarde/ hace muchos aromas/ hace tantos olvidos/ hace hoy un recuerdo”.
Acaso de olvidos y recuerdos se teje y entreteje la vida del hombre, y este hombre, este poeta que hoy nos entrega su palabra, ha tejido sus años en poemas, poemas que nos pintan su vida desde una sensibilidad intimista pero que se universaliza, desde un yo que se pluraliza en cada lector y permitirá a cada uno de ellos reconstruir el poema.
Nos trae el barrio, las calles, la madre, la casa de la infancia, los amigos, las pérdidas, la historia, el dolor y cada uno encontrará en estos poemas su propio poema.
Sin embargo, no es solo el recuerdo o la nostalgia lo que pintan estos textos, está el hoy, la crítica a una sociedad que abandonó a su prójimo, a un mundo que ha dado la espalda al hombre mismo y nos dice el poeta:
“No habrá cobijo para el niño/ a quien le fugaron su caricia/ No habrá luto para el horror a tanta muerte/ No habrá perdón para el traidor/ El tiempo arroja las vendas al olvido./ Despeja la ceguera de los hombres.”
Porque el poeta es consciente de que solo el tiempo será el gran juez que en algún momento juzgue el caótico mundo que ha construido el hombre y acaso el memorable poema que cierra el libro encierre todo este dolor, hablo de “Un niño se ahoga en una foto”, recordándonos esa triste imagen que recorrió el mundo de Alan Kurdi, un niño de 3 años que huyendo de Siria murió ahogado en las payas de Turquía en 2015.

Rubén Balseiro

Como dije un nuevo poemario de Norberto Barleand que ya desde su título nos lleva a la nostalgia, que desde su “yo” me hizo recorrer las calles de mi barrio, que era otro, recordar a mi madre, mi niñez, a los amigos mutuos que ya no están y que el poeta homenajea en varios poemas y finalmente me enfrentó al descarnado mundo en el vivimos, en el que navegamos como Odiseo en busca de esa isla, Ítaca (acaso la poesía), sin apurarnos, tratando de aprender del viaje mismo.
                                                                                                        

 

Prólogo de Osvaldo Rossi

Orillas perdidas es el más reciente poemario de Norberto Barleand. La lectura de estas páginas puede ser abordada como una travesía temporal, pero aquí la figura del tiempo no es rectilínea sino circular.
El libro está dividido en cuatro secciones; la primera de ellas se titula Verdor del tiempo. Es muy apropiado el título de esta sección porque aquí los años reverdecen en la memoria, y es la nostalgia la que da nueva vida al tiempo pasado. La casa de la niñez, la esquina, la ciudad, la madre, la música que sonaba en la juventud, se dan cita en estas páginas y son testimonios de la renovación que el poeta les otorga cuando su recuerdo las convoca.
La segunda de las secciones se titula Homenaje. Encontramos páginas dedicadas a poetas que lo precedieron en el camino, pero que por afecto y cercanía estética dejaron su impronta en el autor (“amigos del poema y de la vida” dice Barleand en una de las dedicatorias).
“Los nombro sin nombrarlos/ con el luto del dolor/ el llanto oprimido/ la caricia.”
Y más adelante:
“Con los días y los años transcurridos/ que me acompañan/ en el ritual/ de la memoria y los recuerdos.”
Canto a media voz se titula la tercera sección. Y esa voz sin estridencias denuncia injusticias, da cuenta del paso del tiempo, recupera una vez más la nostalgia y registra en estas páginas conmovedoras los acontecimientos de una vida.
La última de las secciones se titula Vientos de la memoria. La memoria es frágil, el viento se lleva lo que amamos y reconfigura los recuerdos. Olvido y evocación son las claves de esta parte, y también de todo el libro.

Osvaldo Rossi

Así volvemos al principio, cerrando el círculo con estos cuatro cuadrantes. Desde la fuerza de la memoria de Verdor del tiempo a su fragilidad en Vientos de la memoria. Bastará con releer el poemario para a la vez cerrar y dar inicio a una nueva travesía circular.
Orillas perdidas puede también leerse como la bitácora de un navegante. Desde su perspectiva, solo pierde orillas quien navega. De eso tratan estos poemas: de navegar por el río de la vida, de registrar la experiencia.
No es poco.

 

 

Algunos poemas del libro:

 

Orillas perdidas

Llegas junto al paisaje
con el verde de las flores cuando crecen,
a jugar con las águilas y el viento,
a volar con la luna en la mejilla.

Con alas de tumulto
cobijé las cicatrices del aire,
el retorno en el encaje de la noche.

Bebí la ausencia en cada encuentro.

¡Cómo duele la luz en esta alcoba!

y las arrugas del cuerpo cuando cantan.

 

 

Esquina

Me alejé del barrio
con una fábula de imágenes
hacia los umbrales del futuro.

Rebeldías inciertas,
multitud de ágoras perdidas,
jornadas, laberintos.
Parodias de cotidianas espesuras,
tembladeral de pasiones y diluvios.

Las ausencias sucedieron en mi mente
olor a recuerdo,
casi olvido.

Transcurrieron
años,
congojas,
sonrisas.

Cuando volví a la esquina
encontré al flaco Trejo
en el mismo lugar
debajo del farol,
ajado de tiempo
y telaraña de noches sin retorno.

Las perlas negras del llanto

No importa si esta noche
me envuelve toda de llanto,
de negro vino a buscarte
las perlas negras del manto

de negras rosas que fugan
con el dolor de este canto
sin pronunciar un adiós
sea el gemido o el llanto.

Partiste con las guirnaldas
sin dejar rastro
con la fatiga del tiempo
donde caminan los astros.

No importa si esta noche
todo el dolor amanece,
con perlas negras de llanto
y recuerdos que estremecen.

La soledad de mis manos
que loca tristeza expanden
al grito de voces negras
de llagas negras que arden.

No importa la noche
ni la tertulia, ni el cuento
ni las caricias perdidas
en la bruma del silencio.

Fugaste sin un preludio
con la luz de esta penumbra
negra como la sombra
que de puro dolor alumbra.

El latido de la ternura
entre amores y olvidos
cuando transita las noches
de antiguos besos perdidos.

Qué importa si esta noche
me envuelve toda de llanto
de tanta vida y amarte.

La muerte como una estrella
de negro
vino a buscarte.

12 noviembre 2018 Posted by | NORBERTO BARLEAND, OSVALDO ROSSI, POÉTICA, POEMARIOS, RUBEN BALSEIRO | , , | Deja un comentario

UN LIBRO, MUCHOS LIBROS por RUBÉN BALSEIRO

Hero – Carmina

Un libro, muchos libros.
Unas pocas palabras sobre un gran libro,
“Hero Carmina” de Ricardo Rubio

Leer “Hero Carmina” fue un recorrido de sensaciones, de silencios, de asombros que me obligaron a volver atrás una y otra vez para releer.
Un gran libro, donde cada imagen es justa y donde las metáforas se entrelazan para generar un clima especial y una gran metáfora, una metáfora abarcadora, ya que todo el libro puede leerse de diversas formas, o dicho de otro modo, cada lector encontrará su “héroe” en las páginas y diversificará el sentido del texto infinitamente.
Nos enfrentamos a un libro “Épico” donde el héroe recorre su camino desde el aprendizaje inicial hasta la madurez, y cada una de las partes del mismo “Partida – Gesta y Retorno”, marcan ese camino, e indefectiblemente nos sentimos reflejados en él, ya que la pregunta que aparecerá inevitablemente es ¿Quién es el Héroe?
En primera instancia es el héroe de armadura, arco flechas y espada, pero antes de serlo es el niño que se prepara para la gran aventura; afila sus espadas o aprende a manipular las piedras, luego ya formado es sombra en las batallas, acero penetrando la armadura del otro, flagelo en el fragor del combate en donde no se pregunta, se actúa, porque la aventura sólo compete al ámbito literario, la vida es una hacer y finalmente cansado, busca el regreso a su casa, al abrigo, al solaz del abrazo.
Pero volvemos a dar vuelta la página e inevitablemente nos preguntamos nuevamente ¿Quién es el héroe? Y ya no es un guerrero armado con acero, lanza y espada, todo ese armamento no es más que la coraza que día a día nos ponemos para enfrentar el mundo en el que vivimos, y entonces el héroe es el obrero, el hombre común que cada día, que a cada instante libra su batalla, contra un enemigo muchas veces más complejo o inidentificable, soy yo mismo o mi padre o mi madre, o los padres de ellos; de allí que en las palabras previas aparece esa identificación del héroe con los propios padres del autor, los que representan el trabajo, el arduo trabajo que enfrentamos para sobrellevar esta vida, la batalla que esta vida implica y en la que, queramos o no, debemos enfrentar el combate, un combate interminable hasta el último día.

Ricardo Rubio

Pero volvemos a dar vuelta la página y nos preguntamos nuevamente ¿Quién es el héroe? Y ahora es el poeta, el escritor, el artista, el que inicia la ventura de la página en blanco, el que siente que puede abordar el mundo, devorarlo, el que en el frenesí de la juventud cree poderlo todo, pero luego cansado por los años y frente a la desazón de lo no logrado, descubre los límites mismos del lenguaje y queda perplejo ante lo inconcluso.
Muchos héroes en un héroe, y a la vez un espejo en el que podemos encontrarnos, porque en última instancia esa es la vida del hombre, la que no elegimos, a la que fuimos arrojados pero que indefectiblemente debemos enfrentar.
Creo que en este libro, Ricardo, plasmaste todo tu recorrido, ese recorrido de búsqueda que caracteriza todo tu trabajo, pero un recorrido que requiere que sigas en el camino, que sigas siendo el héroe que afila sus armas, que enfoca su aguda mirada, que afina sus oídos, porque hay mucho combates por librar todavía.

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro
6 de mayo 2018

9 junio 2018 Posted by | RICARDO RUBIO, RUBEN BALSEIRO | , , | 3 comentarios

LOS ATAJOS DEL POEMA, por RUBÉN BALSEIRO

LOS ATAJOS DEL POEMA

 “La idea de inacabado se impone”

Fernando Kofman

Rubén Balseiro

Rubén Balseiro

Desde los inicios del pensamiento, el hombre se ha preocupado por el sentido del conocimiento y asociado a esto, por el sentido de la verdad. Ante la pregunta ¿qué es la verdad?, veríamos que a lo largo del tiempo el concepto de verdad fue cambiando. Si la preocupación de Platón fueron los sofistas (maestros de la retórica) fue sin duda porque estos  significaban, de algún modo, una postura opuesta a su concepto de verdad absoluta. La episteme, entendida como tal, era la contrapartida de la doxa, como saber vulgar u opinión. Para Platón la episteme era el verdadero conocimiento. Dicho de otro modo, Platón trataba de instaurar una verdad que no pudiera ser cuestionada, de allí que en su modelo de “República” el poeta era excluido y el poder era ejercido por el filósofo, como representante  de aquella verdad incuestionable.

Esto permitirá a muchos pensadores hacer un puente con ideologías totalitarias, ya que el principio de todo totalitarismo radica en establecer determinadas verdades cuestionando y finalmente aboliendo cualquier idea que se oponga a las mismas.

Pero ¿por qué el poeta debía ser excluido?, simplemente porque el saber de la poesía es un saber sin certezas, es aquello que no debe ser explicado ni por la razón ni por ningún tipo de análisis lógico.

Ahora bien, la búsqueda de Platón era el “Bien” y éste se  parangona con el  “Ser” o con la “Divinidad”, y tanto el ser como la divinidad “Es lo que es”,  no puede explicarse. Pero, ¿por qué no puede explicarse? Simplemente porque no hay palabra que lo defina, si hablamos de los atributos que los hombres le han concedido a Dios, diremos (Omnipotente-Omnipresente, etc…) si nos referimos al dios de la tradición Judeo-cristiana, pero es imposible decir qué es Dios.

A pesar de esto,  durante toda la edad media, la filosofía estuvo al servicio de “Dios” tratando de dar un contenido lógico a su existencia, así Santo Tomás retomará a Aristóteles para explicar racionalmente la existencia de Dios.

Sin embargo, desde hace tiempo, muchos pensadores se plantean otro concepto de verdad; sostienen que la verdad ya no debe ser vista más que en un encuadre cultural determinado ya que la palabra  pierde su sentido fuera de ese encuadre; esto permitirá aventurar una idea:

 “La palabra fracasa frente a lo absoluto”

Pero si recordamos de definición de poesía que nos brinda Roberto Juarroz, diremos:

“La poesía es uno de los pocos lugares donde la palabra no fracasa”

Si la palabra fracasa frente a lo absoluto, ¿por qué la palabra poética, al decir de Juarroz, no fracasa?  La respuesta es simple,  porque como vimos, no busca una verdad,  no debe justificarse en la lógica, ni tiene que recurrir a un proceso racional de entendimiento. La palabra poética aparece, como Dios, pero, a diferencia de Dios,  no tiene pretensiones  de absoluto, es lo inacabado, lo abierto, lo por descubrir…

Eso hace que Fernando Kofman escriba:

Fernando Kofman

Fernando Kofman

“La  literatura  nos  ofrece  atajos,  quiebres, retrocesos,  ante  la  idea  de  sistema cerrado, omnipresente en todo…”

Para decir más adelante:

“La idea de inacabado se impone”

Pero si el mismo Heidegger, como vimos,  dijo que “el hombre habita el mundo a la manera del poeta” de algún modo  está aceptando el fin de una verdad y el nacimiento de múltiples verdades.

En este mundo heterogéneo, entonces,  la poesía será un vehículo de expresión de esta finitud  y de esta multiplicidad, de quien ya no puede asirse a verdad alguna, porque como dijo Nietzsche: “Dios ha muerto”, pero sucede que al decir de Foucault también  “El hombre ha muerto”  y sólo queda el lenguaje, como un sistema de interpretación de interpretaciones.

Hoy, como plantea Rossi, la poesía no da respuestas, sí puede abrirse en preguntas. Pero si el pensamiento se cierra en esta finitud, ¿qué lugar ocupa entonces en el hombre actual?

Muchos filósofos sostienen que más allá de la finitud la filosofía debe aspirar a un absoluto, de allí que Scavino afirme que la verdad tiene pretensiones de universalidad. Esto abre dos posiciones fundamentales. Por un lado los que sostienen que hay tantas verdades como universos culturales existen. Por otro lado, los que más allá de lo que expresan los filósofos del lenguaje, creen en verdades universales y que es tarea de la filosofía poder pensarlas.

¿Y qué ocurre en este encuadre con el poeta?

Es el que sabe que su palabra es limitada para expresar lo que su aspiración busca, de allí que su búsqueda continúe. Es el que sabe que no accederá a nombrar el “amor” pero intenta acercarse. Es el que busca la “belleza” a pesar de ser consciente de que fracasará en el intento.

Antonio Requeni

Antonio Requeni

Por eso Antonio Requeni da cuenta de esta limitación de la palabra en un poema titulado precisamente:

.

Las palabras

 

La música no miente.
Los árboles no mienten.
Los ojos tristes del animal no mienten.
Únicamente mienten las palabras.
¿Cómo decirte la verdad con ellas?
Quisiera hablarte con los ojos del perro,
dar frutos como el árbol,
llegar a ti con la delicia
y la escondida lágrima de Mozart.
El esplendor de la verdad: belleza
a la que mis palabras, torpemente,
procuran acercarse.
Es imposible.
Nunca sabré decirte que te quiero


Por su parte,  en un memorable poema Gianni Siccardi asume directamente la finitud de su palabra y la suprime.

Gianni Siccardi

Gianni Siccardi

Ella sin

 

A raíz de sus ojos
es que las cosas
En realidad
ella sólo se ausenta de sus

Cuando llega atiborrada
de vacilantes
Cuando anda por el día
como por una
Cuando atraviesa la noche
con sus enormes
no hay silencio
que no la
No hay olvido
que no se
Y sin embargo
nada es más cercano
que su
nada es más resplandeciente
que su
Hasta su nombre está hecho
para la
Aunque a veces
no sé si todo esto
no es más que una
que el viento puede

Y yo que tanto
y yo que tanto

.

Nada puede ser más inacabado y sin embargo tan  asombrosamente lleno de contenido, es  silencio, pero silencio revelador, donde la ausencia de palabra desborda de significado y a la vez  deja al lector en la libertad de resignificar.

Un gran  ejemplo de cómo sólo el lector y nadie más que el lector será quien culmine el recorrido del poema.

6 mayo 2016 Posted by | ANTONIO REQUENI, FERNANDO KOFMAN, GIANNI SICCARDI, RUBEN BALSEIRO | , , , | Deja un comentario

   

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