EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

“SOBRE UN PAPEL AUSENTE”, Poemas de Beatriz Minichillo

Portada del poemario.

Portada del poemario.

 “Sobre un papel ausente”, poemas de Beatriz Minichillo- Ediciones  La  Luna Que.

 Síntesis de los comentarios realizados durante la presentación, el 15 de marzo de 2013 en el café Monserrat, ciudad de Buenos Aires:

 

José Emilio Tallarico

“Sobre un papel ausente” tal el título del libro de Beatriz Minichillo me dio una primera impresión de contar con un discurso fluido, una modulación que podía sostenerse sin esfuerzo, como si nada hubiera sido  forzado a lo largo del trayecto poético. Sigo sintiendo lo mismo al cabo de varias lecturas: nada está de más, nada sobra en el libro.

No son casuales las palabras que Betty emplea en algunos poemas: preciso, puntual, exacto, justo, como si estos adjetivos revelaran que no fue necesario luchar por una forma expresiva, como si los hallazgos poéticos respondieran a una necesidad profunda que otorgaba, palmo a palmo, los frutos esperados.

En muchos casos, y esto lo digo cuando Betty echa mano de sus recuerdos, se tiene la sensación de estar frente a “postales poéticas” delicadamente dibujadas, con sus figuras iluminadas por una memoria que no renuncia a las instancias felices.

De ese cruce entre el yo poético y el yo memorioso surge la temática de las desapariciones, las marcas de la ausencia, los silencios, las manos capaces de arropar interrogantes sin respuestas (como afirma en uno de sus poemas).

Hay en este libro una manera de resignificar algunas palabras que abundan en la poesía argentina y cuya utilización implica un riesgo latente. Sin embargo, palabras como silencio, pájaros, ausencia y otras logran jerarquizarse en un nuevo contexto, lejos de la banalidad y el desgaste.

Qué otra cosa sería la poesía sino esa fuerza salvífica que de tanto en tanto interpela al lenguaje desde su mismo centro y lo dota de nuevas y maravillosas energías.

De este modo la poesía de Betty Minichillo alcanza un equilibrio entre dos lugares aparentemente inconciliables: la mansedumbre del ser ante los fenómenos vitales y, por otro lado, las señales de una fogosidad que toma la palabra.

Una poesía que intuitivamente se me reveló como el “cántico de una demora”. Con sinceridad no sabría analizar a fondo esto que digo. Toda afirmación suele pecar de arbitraria y parcial. Pero voy a valerme del poema “Piedra” para acercarme a lo que digo o quisiera decir.

Piedra

Piedra vida,

piedra muerte,

corazón de crisálida

pluma de acero,

corteza,

sol quebrado.

Movimiento

atrapado en su indolencia

atento al estallido del alud,

certidumbre

en la repetición de los siglos.

Mole rígida

surcada por ríos interiores,

pequeña lava hirviente

que pugna,

siempre pugna por crecer

y no puede.

Sabe que no puede

y sin embargo permanece.

Sólo permanece,

por si acaso

Este “permanecer” a mi criterio alcanza una significación poderosa. ¿Por qué “por si acaso”? Creo que lo único que puede esperar de sí un poema es la posibilidad de seguir siendo poema, en el mejor de los casos transformarse en un “cántico”. Un poema siempre espera dar lo mejor de sí, y así la piedra. Desde la perspectiva de la poesía creo que todas las cosas desearían ser transmutadas en cántico.

Estamos ante una poesía clara, intimista, coherente. Betty nos revela un espacio de contemplación y de nostalgia. También la apuesta imposible, no despedirse nunca o, en todo caso, recuperar lo perdido de inmediato.

Betty Minichillo ofrece mediante su libro ni más ni menos que la emoción que irradian sus poemas. En “Sobre un papel ausente” hay una genuina presencia poética. Los lectores sabrán reconocerla.

Héctor Miguel Angeli

“Sobre un papel ausente” de Beatriz Minichillo

“La última luz hablada es el amor”. Con estas palabras de Dylan Thomas abre su nuevo libro Beatriz Minichillo. Y, por cierto, son palabras muy bien elegidas, pues (Lo adelantamos ya) sus poemas son un gesto de amor. Y no porque sean especialmente de índole amorosa, sino porque el amor es esa “última luz” que vibra en el destino de todos sus fantasmas. Por eso es también un libro crepuscular.

Bien sabemos que la palabra es el universo de la poesía y por lo tanto sus caminos son infinitos. En su órbita de amor, Beatriz transita, entre otros, el camino de la nostalgia y por lo tanto asume el dolor de la ausencia en versos de envidiables calidez y delicadeza. Algo ya no está, pero ella sigue atada a un tenso hilo invisible, en la espera del tiempo que pasa y la deja.

Ella es la que confiesa: “una vez fui/ la legendaria/ que buscaba el grito/ la indolente/ caminando descalza/ por un bosque de pinos/ la que apresaba el viento/ y lo dejaba huir/ como a un pájaro asustado”.

Como dos ríos paralelos que corren a impulsos del misterio, la fugacidad y la fragilidad entran a jugar, se diría fatalmente, en el claro lirismo de Beatriz. Es un juego ya iniciado en “Puntos suspensivos”, su segundo libro. Allí advierte lo fugaz en el crecer: “su leve avidez de futuro/ y su muerte a plazo fijo”. Y hoy nos habla de “un sabor agridulce/ a algo que concluye/ de manera inexorable”.

Así entonces el quebranto del tiempo y así también la fragilidad de lo que somos y de lo que queremos ser. “Y ahora estoy aquí/ en esta hora, este momento/ y no tengo raíces, / ni pies ni manos, ningún sostén”, admite Beatriz desde el lugar de las sombras.

La nostalgia, lo frágil y lo fugaz la perturban, pero ella sabe encontrar refugio en los sueños bien guardados de la infancia, en la pureza de la lluvia y la energía del sol y, sobre todo, como ya dijimos, en el amor, en ese amor “que está en el mundo para el olvido del mundo”, según la expresión de Paul Eluard.

Tocada por la gracia de descubrirse en la poesía, Beatriz Minichillo nos ofrece su testimonio de vida como “un dibujo/ esfumado/ sobre un papel ausente”. Así lo dice, de singular manera, y así lo valoramos.

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18 mayo 2013 Posted by | BEATRIZ MINICHILLO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JOSE EMILIO TALLARICO, POÉTICA, POEMARIOS | , , , , , | Deja un comentario

HUMANISMO Y COMPROMISO EN CÉSAR VALLEJO, por Alberto Luis Ponzo

Cesar Vallejo (1892-1938)

Un 15 de abril moría en París uno de los mayores poetas latinoamericanos: el peruano César Vallejo. “La cantidad enorme de dinero que cuesta ser pobre”, expresó el autor de “Los Heraldos Negros”, “Trilce” y “Poemas Humanos”, entre otras obras memorables.  Nacido en la aldea indígena de Santiago de Chuco, el  16 de marzo de 1892, su mensaje poético y social ha cobrado actualidad en estos días de  profunda crisis que arroja sombras sobre el futuro de los argentinos.

Parte de su obra poética y narrativa fue creada en su país “al pie del Orbe”,  dentro del ámbito natural y cultural de una época de explotación minera, prejuicios coloniales y corrupción. No obstante todas las limitaciones de una  vida  campesina  que ahogaba  los deseos de progreso y crecimiento intelectual, Vallejo logró completar estudios y obtener en la ciudad de Lima su título de “Bachiller en Letras”.

Los heraldos negros

Con este título y sus primeras experiencias en la vida literarias, decide abandonar el país, luego de varios meses de cárcel  por una “revuelta” estudiantil de la que era completamente inocente, y viaja a Francia casi sin recursos y  los primeros libros editados.

Sus años en París y otras ciudades de Europa, con  sus escasas ganancias como  redactor de artículos diversos, sobre la literatura y el arte, fueron  por momentos trágicos y con frecuentes sobresaltos ante las dificultades económicas y los problemas sociales y políticos. Es una época de pobreza,  de una crisis que desencadena conflictos y enfrentamientos que culminarán con la tragedia española. Vallejo por aquellos años escribe los poemas de “España, aparta de mí este cáliz”, vibrante y conmovedor testimonio del dolor y la exaltación de los valores esenciales de la humanidad.

Trilce

Debemos aclarar que el alejamiento del hogar peruano fue también un acontecimiento trágico. En todo momento Vallejo revive las horas de su infancia, las experiencias tiernamente hogareñas, como si oyera las voces de los padres y hermanos y se fortaleciera con su  sagrada memoria. Son admirables y emocionantes los poemas dedicados a la madre “tan suave, tan ala, tan amor”, al padre “apoyado en su bastón ilustre” y a la”numerosa familia que dejamos, no ha mucho…”

César Vallejo no es sólo un renovador de la lengua poética,  de las normas y las mismas raíces del habla coloquial, sino un hombre que vivió y padeció su tiempo con intensidad y pasión inclaudicable.

Bastaría recordar estas palabras del crítico Juan Larrea: “Más que un fenómeno meramente literario, es un fenómeno de esencia antropológica, cuyas significaciones tocan a la cultura por muchos de sus ángulos. En su experiencia humana se han concentrado las esencias suficientes para convertirlo en un símbolo vitalmente verdadero y de proyección extensa y vertical.”

Poemas humanos


¡Qué necesidad tenemos de ejemplos de humanidad y compromiso como los que nos ha dejado César Vallejo! Su lectura es recomendable para no caer en frases retóricas como las que abundan en algunos medios de prensa; para no repetir modelos vacíos de valores estéticos, o  versificaciones plagadas de lugares comunes!

“Es necesario suscitar grandes y cósmicas urgencias de justicia humana”, afirmaba el gran poeta peruano y universal. Y para los que nos dedicamos a alguna de las formas literarias, nos recordaba que “el artista es un ser libérrimo y obra muy por encima de los programas políticos, sin estar fuera de la política”.

 

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

11 julio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, CESAR VALLEJO, POÉTICA | , , , , , | Deja un comentario

ALBERTO LUIS PONZO: ABRIR LAS PALABRAS PARA QUE EL HOMBRE RESPIRE(1), por Ricardo Rubio

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

La observación de una poética en particular tiene innumerables aspectos que deben ser considerados, pero tengo para mí que la época, la corriente y la novedad son las primeras vistas a tener en cuenta. Cada década suele exhibir cambios sociales, que por intensidad y novedad pueden caracterizarla, exaltarla o hacerla brillar más o menos que otra.

En lo cultural, y específicamente en lo literario, la década del sesenta, en Argentina, sufrió la inestabilidad institucional, coronada por el golpe militar de 1966 que dejó como saldo nueve mil desaparecidos y, hacia el final, la invasión de las fuerzas policiales en los claustros universitarios, dando como resultado una nueva devastación del ambiente cultural y académico, un ambiente que amenazaba con liberaciones estéticas, sociológicas y con mordiente crítica a través de la palabra escrita.

Esa mirada que el poder condena.(2)

Alberto Luis Ponzo publica su primer libro, Equivalencia en la tierra(3), precisamente en los inicios de esta década y adhiere a los manifiestos de la poesía social de entonces, razón por la cual se lo incluye entre los poetas sesentistas, a pesar de haber nacido en 1916 (tiene 94 años a la fecha de estas palabras) y que sus primeras obras tengan el substrato de las formas de los años cincuenta. A ese primer libro le seguirán muchos otros que hasta hoy suman cuatro decenas.

Equivalencia en la tierra es un poemario insoslayable, una obra franca sin los habituales temblores de algunos primeros libros, de cara al derredor y con un ligero acercamiento a lo conversacional, como venían alimentando algunas estéticas. No es casual que la cavilación sobre el ser y el proceder -característica sobresaliente de su hacer literario-, tenga la madurez y la hondura que sólo la experiencia, la constancia y la vocación consumada pueden dar. Es decir, nuestro poeta edita sus primeros libros sin presumir la impetuosidad juvenil sino un acabado que delata la pluma segura, aunque se permita juegos y malabarismos verbales que enraízan en su eterna juventud.

Equivales / al dorado contorno / que concentra los días de semilla, el creciente desvelo / del germen entre vientos y cielos fraternales, y de faena anónima y sombría. (4)

Miguel Ángel González, Ricardo Rubio y Alberto Luis Ponzo (1999).

Alberto Luis Ponzo es el poeta de la palabra calma(5). Acaso, para nuestra vocación comparativa, Juarroz -a quien preocupaba más el mensaje que la forma- fuera el poeta cuya lectura frecuentaba Ponzo por entonces, ora compartiendo parecidos intereses semánticos, ora por creer que la poesía era la extensión de la vida -el otro mundo y a la vez el más real-, por ser igualmente sinceros; pero sus perfiles tienen una carga emocional distante.

La realidad es una lámpara imprevista

dentro de un recinto secreto. (6)

El humanismo de Ponzo deja su acento más profundo cuando mueve las fibras desde la batería emotiva. Sus luchas de inteligencia se amplían a todo ser humano y a su porqué como plural de primera persona, aun cuando use la primera. Y sus inquietudes metafísicas subyacen como afluentes ocasionales a lo largo de toda su obra:

Cómo saber entonces dónde estaban / plegados los sonidos, la fría sustancia del ser, / la luz secreta del silencio abierto en el espacio. (7)

Del mismo modo, el tema social aparece en un plano más nítido, aunque le son constantes la claridad expresiva y la ajustada síntesis con las que logra elevar la materia poética, despojándola de fuegos artificiales.

Sobre la noche / ojos doblados / por los asesinos. (8)

Es así que su incipiente madurez se une a la juventud cincuentista que proponía esta estética breve y concisa, a modo sáfico, en oposición a las verborragias de otros cenáculos, como así también a los parnasianos aún supervivientes.

La reflexión abierta a la búsqueda del otro, del no-yo que autentica al sí mismo, tiene el fuero más importante en su producción literaria, compuesta no sólo de materia poética sino también por incontables notas periodísticas y varios libros de ensayos poéticos y sobre poetas; esta búsqueda, que en un primer momento atiende a la voluntad gregaria, a los deseos de compartir y de generar un fogón de amigos del arte, se hace nítida en sus versos, cristalina, juicios que cruzaron libremente por su percepción y que llegaron al papel sin necesidad del plumín de oro, pues su mirada fue clara al momento de la gestación, juiciosa, serena, imbuida de un optimismo temperamental que el lector no puede dejar de advertir y del que se contagia si su sensibilidad lo permite. Son los ojos de una bonhomía peculiar e infrecuente que destacan lo mejor de lo que observan, o lo delatan. Detrás de un poema la sangre se arrebuja manteniendo el hálito de un poeta, esfuerzo no poco conciliador con el despropósito de algunos embelecos que circulan en nuestro medio. Dentro de un poeta hay un traductor de sensaciones, de dudas, de visiones, de dolores, la experiencia que hace el acopio valorativo de venturas y desventuras, de aciertos y yerros analíticos, pero para que esos valores broten vivos en sonidos o palabras se le exige al poeta lo que rebosa en Alberto Luis Ponzo, la bondad, la comprensión, la entereza, la mano atenta, la generosidad y la calidad expresiva, la entrega a todo lo que se opone a la miseria, a la fatuidad, al envanecimiento; se le exige al poeta una correspondencia entre el ser que es y el ser de lo que hace.

…nuestros ojos intervienen / en la realidad más oscura…(9)

En este aspecto, la coherencia de Ponzo es absoluta. Hay un mensaje en sus notas periodísticas, verdaderas columnas de opinión y crítica (como cuando la opinión y la crítica tenían algo de concreto), diáfano, sustancioso, de la más loable intención para el bien común; y en esto se diferencia del resto, le sobra espacio en el corazón que otros llenan de pompa y fatuidad.

La palabra / en la lengua / de la poesía nunca sola / en la lengua / del hombre (10)

De todas las vanidades, la intelectual es quizá la más baldía ya que, de por sí, un rapsoda de este tiempo es menos que improductivo a la vista de la mayoría y no sirve al efecto pretendido por la vanidad, salvo sobre sus iguales. Nuestro poeta no ha caído en esas redes ni se ha dejado embelesar por la admiración -y muchas veces ponderación interesada- de numerosos cenáculos. Ha respetado aquello de primigenioque debe tener la poesía, el sentimiento auténtico del poeta ante cualquier circunstancia.

…De nadie es el espacio,

la música, el olor, las hojas de los libros

los metales más ciegos y las conversaciones. (11)

A lo largo de más de cincuenta años de poesía, ha ido despojando sus versos hasta la médula semántica, respondiendo así a una voluntaria preferencia estética, sin sacrificar su voz ni oscurecer su palabra. En una de sus últimas publicaciones, El Alba y otros poemas (2010), nos esntrega esta gema:

Florece la lejanía

sobre siglos de arena

entra por las ventanas

con árboles y pájaros

la casa

completa el universo

Espacios que se agrandan y la infinitud del tiempo en los primeros versos; a continuación, el desarrollo, el movimiento y la libertad, imágenes de la vida; y cierra con el derredor inmediato con el que estructura el todo. Es ésta una sintética revelación de identidad que se enlaza con muchos de sus versos, como aquellos que expresan: “…esta vida / … pasa por lo que veo / muere por lo que olvido”(12), en los que agrega, además, las situaciones de cambio por pérdidas.

No son éstas más que unas pocas anotaciones, retazos de un trabajo mayor, sobre el poeta Alberto Luis Ponzo, hito y ejemplo de la poesía argentina; una voz mayor cuyas profundidad y calidad marcan un largo derrotero que cruza generaciones sin perder frescura ni caer en la vulnerabilidad que propone el paso del tiempo. Ponzo abre las palabras para que el hombre respire.

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———

(1) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Literatura”, p60

(2) Ídem. “Buenos Aires”, p62

(3) Alberto Luis Ponzo: Equivalencia en la tierra, Ed. La Brújula, 1960.

(4) Ídem. Frag. de “La presencia”, p13

(5) Ariel Canzani D: Primera solapa de A puertas abiertas de ALP, Dead Weight (1969).

(6) Alberto Luis Ponzo: El poema, una visión, Ed. Flor y Canto, 1984. p21

(7) Alberto Luis Ponzo: Antes de las palabras, 1964, “2” p3

(8) Alberto Luis Ponzo: Poemas marginales, Ed. Zendal (Perú), 1972. “Trelew”, p15

(9) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Todo cuenta”, p56

(10) Alberto Luis Ponzo: Los dioses extinguidos, Dead Weight, 1974. “Palabra-Lengua” p19

(11) Alberto Luis Ponzo: Los viajes anteriores. Dead Weight, 1972. “Versailles”, p35

(12) Alberto Luis Ponzo: Antología breve. Araucaria Ed., (2008). p11

Ricardo Rubio

19 junio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, POÉTICA, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

ACERCA DEL MINIMALISMO, por Julio Carabelli

Julio Carabelli

Osvaldo Picardo dice -en “partes mínimas y otros poemas”, libro de Esteban Moore-: “Cuando leemos este libro, viene, una vez más, la pregunta obligada acerca de cómo se forma, en nosotros, la idea de lo mínimo o, mejor aún, qué cosa no lo es. La manifestación de lo mínimo en una época de grandezas excluyentes y arrogantes, impone una nueva mirada en que la nimiedad de la grandeza se opone a la grandeza de lo mínimo”.  Es un excelente pensamiento para comenzar a dar a conocer particularidades de este movimiento poético que se puede sintetizar, a mi entender, en seis propuestas básicas:

1. Trabaja sobre lo marginal, sobre seres o sobre la propia marginación.

2. Inserta el diálogo o el parlamento e insiste en el verso libre como principio de libertad.

3. Cuenta una historia de la que surge tanto la queja, la denuncia, como la ternura.

4. Usa el lenguaje corriente, con los ritmos del lenguaje norteamericano.

5. Se apoya en elementos domésticos aparentemente antipoéticos.

6. Se basa en lo no dicho para crear el efecto poético posterior.

Esta propuesta atrajo a Joyce, Pound, D. H. Lawrence, Eliot, Williams, Stevens y Marianne Moore entre otros grandes escritores de esa época, pero fue la Segunda Guerra Mundial la que movió a los jóvenes poetas norteamericanos admiradores de Williams Carlos Williams, E. E. Cummings y Ezra Pound a admitir otra concepción del Hombre y de su propia sociedad.

Me permitiré decir que el minimalismo, como estructura, existió antes que naciera el minimalismo como  movimiento o voz de una generación, es decir, antes de que los poetas neoyorquinos y los californianos, se reunieran en San Francisco, en 1956, para la primera lectura colectiva y pública de su obra.

Allen Ginsberg

Allí y en ese año se funda lo que luego se llamaría la <Beat Generatión>” (Beat como equivalente de beatífico). Kenneth Rexroth fue uno de los mentores, pero los poetas fundadores de la poesía Beat fueron, entre otros, William Burroughs, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, James Harmon, Jack Kerouac, Philip Lamantia, Michael McLure, Peter Orlovsky, Kenneth Patchen, Philip Whalen y Gary Snyder, unidos por el afán de subversión ante el sistema y ante la hipócrita decencia de las clases altas y medias de la sociedad norteamericana.

En la narrativa se pueden mencionar no pocas obras de estos poetas. “En el camino” o “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac, “El almuerzo

Gary Snyder

desnudo” de Willian Burroughs y los cuentos de Raymond Carver. La poesía de los EE.UU. en el transcurso del Siglo XX se nutrió de la obra de Emily Dickinson, Edgar Allan Poe, Henry Miller, Herbert Marcuse, Federico García Lorca, Artaud, Mayacovsky  y Walt Whitman entre

Gregory Corso

otros. Los poetas Beat  los reconocen como sus padres y suman a Edgar Lee Master, autor de la Antología de Spoon River, a William Carlos Williams y al agnosticismo del budismo-Zen.

Jack Kerouac

Se diferencian de la poesía contestataria ya que al modelo de vida, planificado y masificado, lo critican con los mismos argumentos de la izquierda, pero sin ofrecer panaceas, soluciones o las esperanzas que proponía la poesía social de los sesenta:

“Yo no vine aquí a resolver nada. / Vine a cantar / y para que cantéis conmigo”. Dice Ginsberg en los últimos versos de “Medianoche del 1ro de Mayo en Manhattan” y en “Protesta por la Paz” reitera:

Kenneth Patchen

“Flotan cúmulos a través del cielo azul

 sobre las blancas paredes de la fábrica de la Rockwel

      Corporation

                           -¿acaso yo voy a detener eso?”

Con seguridad son los poetas sociales y los  beatniks los poetas esperados por Whitman cuando dice:

¡Poetas del futuro! ¡Oradores, cantores, músicos venideros!

No es éste el día de mi justificación, ni el de explicarme ni explicar lo que represento,

pero vosotros, una nueva estirpe, atlética, continental, grandiosa como nunca.

¡Surgiréis! Porque debéis justificar lo que yo canto.

Kenneth Rexroth

En 1961, en San Francisco, se publica el Journal For de Protection of All Beings, editado por alguno de “los vagabundos del Dharma” descriptos por Kerouac, como Lawrence Ferlinghetti, William Burroughs, Gregory Corso, Peter Orlovsky y Michael McClure. En dicha antología ya se hablaba de la interdependencia y la ecología. Los personajes de sus poemas son agudos analistas que anteponen el cuerpo de quien escribe por encima de las instituciones o espacios como la familia o la sociedad, asesinando censuras sin más autocensura que la dictada por el estilo. No reconoce ni se impone reglas, siendo puente entre el nuevo creador y su forma de decir que se proyecta y se lanza a la sociedad para denunciar la degradación de la belleza y la mentira de sueño americano.

Lawrence Ferlinghetti

Rodolfo Alonso, al comentar el libro “Desocupado y más poemas” de Raymond Carver, dice: “No es apenas la rebeldía encarnada en el gesto de oponerse en nombre del ocio presuntamente creador a la deletérea uniformidad masificante de la sociedad de consumo, sino el milagro de haber revelado, hecho posible desde las mismas entrañas de esa cultura básicamente a-poética y que hoy asola ya a todo el planeta, la posibilidad de un lirismo concreto, carnal, desinhibido pero tierno, a la vez tan desdichadamente moderno – por las condiciones anafrodisíacas que lo envuelven- y también tan raigalmente clásico, en el buen sentido, por cuanto vuelve y nos devuelve (desde su propio tiempo, como debe ser) a las fuentes del mejor lirismo occidental”.

Michael McLure

La crítica que surge en nuestro país hace hincapié (sobre todo) en el lenguaje desenfadado de esta escuela que tiene en la Argentina pocos, pero buenos representantes. No tiene el movimiento intención alguna de hacer “listas negras” de palabras que con el uso (ver Cortázar) han perdido hasta el significado, pero prefieren no usarlas.

Afirma Octavio Paz: “El universo verbal del poema no está hecho de los vocablos del diccionario, sino de los de la comunidad. El poeta no es un hombre rico en palabras muertas, sino en voces vivas. Lenguaje personal quiere decir lenguaje común revelado o transfigurado por el poeta. El más alto de los  poetas herméticos definía así la misión del poema <dar un sentido más puro a las palabras de la tribu>”. (El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).

Peter Orlovsky

Casi todos los poetas Beat parecen seguir lo dicho por Michel Butor contestando a André Bretón: “el objeto de la poesía, su acto mismo, es la salvación del lenguaje corriente”, luego recuerda aquellos poemas conversaciones de Apollinaire construidos con fragmentos de charlas oídas al azar. Ambos  tienen historias breves, coloquiales, incluyen objetos cotidianos, sus temas se sumergen en la marginalidad y el lenguaje es escabroso cuando no agresivo sin perder lo estético y el lirismo que caracterizara a Williams C. Williams.

Los poetas Beats, con su diversidad estética; con la carga de adjetivos que pasaban por el nihilismo hasta desembocar en la drogadicción; con esa

Philip Lamantia

filosofía que Kenneth Rexroth, refiriéndose a sus obras hablaba  de El arte de la desafiliación; con toda su independencia y su furia, participaron activamente con el Movimiento por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y en defensa de la libre expresión compartiendo con el Flower Poweer, el Movimiento Hippie y con los universitarios, o sea con el público que los aplaudía, la búsqueda de otros valores en ámbitos extraliterarios, coherentes con su arte que persigue claramente la modificación de los valores que imponía la sociedad norteamericana como inmutables y sagrados. Dice Marcos Ricardo Barnatán: “Jack Kerouac fue uno de los que asumió la defensa del movimiento Beat con mayor energía: <Muy errados están los que piensan que la “Beat Generatión” significa crimen, amoralidad, inmoralidad y delincuencia. Pobres los que nos atacan porque no comprenden la historia y las aspiraciones del alma. Pobres los que creen en la bomba atómica…>

Philip Whalen

Son los estudiantes de Harvard quienes en 1954 contribuyen a la publicación de los primeros poemas de Corso, en medio de las, a veces solapadas y en mayor medida, ácidas críticas que despertaba el movimiento que, sin proponérselo, daba otro sentido, una nueva imagen, de la que tenía entre la gente la palabra Poeta.

La historia se repite y nada nuevo sucede con los poetas de la <Beat Generatión> ya que antes había sucedido con los surrealistas, para no ir muy lejos con las muestras, pero la historia del arte está plagada de ejemplos. Todos aquellos que rompen con modelos instituidos o convencionales sufren esa inercia de la historia, ese rechazo ante lo

Raymond Carver

nuevo o desconocido ya que es parte de la índole humana y ese rechazo lo sufrieron, para citar algunos, Darío, Joyce, Kafka, Mozart, Picasso, Vallejo, y todos los creadores que innovaron, abriendo nuevos caminos, enriqueciendo el mensaje que la Humanidad traslada a través de la  Historia. Veamos algunos ejemplos que nos brinda Octavio Paz:

“La creación poética se enfrenta siempre a la resistencia de lo inerte y horizontal. Esquilo padeció la acusación de oscuridad. Eurípides era odiado por sus contemporáneos y fue juzgado poco claro. Gracilazo fue llamado descastado y cosmopolita. Los románticos fueron acusados de herméticos y decadentes. Los modernistas se enfrentaron a las mismas críticas. La verdad es que la dificultad de toda obra reside en su novedad”, (de El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).

William Burroughs

“El arte no debe sujetarse a nada” escribe Lawrence Ferlinghetti y los poetas <beat> teorizan, hablan de filosofía, de religión y de política; se involucran en la problemática de la sociedad que rechazan con un sentimiento místico y rebelde al mismo tiempo, y es que ningún escritor puede regodearse en el floreo del lenguaje manteniéndose ajeno a una realidad que siempre reclamará de él otro “posible”. Si lo hace es un cómplice. Y tampoco se trata de circunscribir la literatura a la militancia porque es perder la condición de escritor. Sartre, en Qué es la Literatura, escribía: ”En la literatura comprometida el compromiso no debe, en modo alguno, inducir a que se olvide la literatura”

Williams Carlos Williams

Los poetas de la “<Beat Generatión>” no aceptan convencionalismos e, inmersos en una sociedad politizada y mercantilista, rechazan a los partidos políticos. Si bien esgrimen los argumentos de la izquierda, ven al socialismo como un movimiento más en el cual descreer. Todo parece tan efímero como el arte mismo, y “tal vez lo efímero sea lo mejor del arte” agregaría Jorge Luis Borges.

Existe en nuestro medio poético, muy influenciado por la poesía española y en menor medida por la italiana o la francesa, una absurda descalificación de los poetas de la <Beat Generatión>  y de aquellos que, en nuestro medio, escriben (conscientemente o no) bajo su influencia. Es deseable pensar que tal vez las pésimas imitaciones, el uso abusivo y fuera de contexto de ciertos vocablos, contribuya en desmedro de los poetas minimalistas ya que cuando se habla de ellos se buscan subterfugios o se los “honra” con alguna justificación de por medio. Existen quienes desde el paleolítico rechazan ciertas palabras y hasta el verso libre (tal vez años ha hubieran rechazado a Baudelaire, Darío, Joyce o Vallejo) señalando que los poemas de estos creadores podrían escribirse en forma de prosa (como si ello restara mérito).

Ciertos críticos y muchos poetas deberían saber que a pesar o a causa de su marginalidad, estos poetas conocían la obra de sus antecesores y sus contemporáneos: las de Lorca, Artaud, Mayacovsky, Poe y Whitman como pocos. Ellos abrevaron de varias fuentes, rompieron y crearon, tal vez lo que no se les perdone es haber quebrado preceptos establecidos. Allen Ginsberg al hablar sobre Lamantia lo considera heredero de Poe y Whitman, por eso insisto en que hay ignorancia o suspicacia en determinadas apreciaciones. Los escritores deben estar abiertos a todas las vertientes por donde fluye el arte, las mentes amplias saldrán enriquecidas gustando de las obras o no, estando de acuerdo o no en lo conceptual. El rechazo o la excesiva prudencia ante lo nuevo es una actitud demasiado repetida, incomprensible en el campo del arte que es tan necesario como el pan; el arte libera y por lo mismo no debe sujetarse a la moda ni a la moralina reinante. Tal vez habría que hablar de Catulo o de Quevedo, pero bastante más cercanos los imaginistas decidían: emplear el lenguaje de todos los días. Charles Bukowski, (tomando al realismo sucio como una vertiente del movimiento minimalista) como otros, usa las mal llamadas “malas palabras” frase que puede servir para las escuelas primarias o como argumento a determinados/as versificadores/as amantes de tertulias en las que se multiplican la estrella, la rosa y la luna como el grano de arroz sobre el tablero de ajedrez. Todo arte es subversivo, no debe haber evasión por medio de la palabra, los escritores lo saben y luchan, intentado los caminos posibles o quiméricos, empleando o no un áspero lenguaje, para que la humanidad no tenga necesidad de usar las verdaderas “malas palabras” como lo son: Desocupación, Guerra, Hambre o Injusticia.

Julio Carabelli

Julio Carabelli

1 junio 2011 Posted by | JULIO CARABELLI, NOTAS, POÉTICA | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

ESTIGMAS DESECHOS, poemas de Mónica Angelino. Comentario de Carlos Kuraiem.

Libro concebido a partir de poemas de Rolando Revagliatti

Poemas Angelino/Revagliatti

Desde la confección artesanal de sus publicaciones que inicia en el 2007 con su libro “El vuelo”, “Ruidos de la sangre” en el 2010 y ahora Estigmas deshechos; el cuadernillo de distribución gratuita “Poesía Pan Caliente”, su blog “fondo oscuro”, el programa de radio “Parasubidas”, donde la poesía en su voz juega un papel importante a la hora de transmitir historias y testimonios; los encuentros junto a otros escritores en el café literario Cazapoetas y su participación en la Unión de Escritores Rodriguenses, todo habla de la laboriosidad y el compromiso de Mónica Angelino, que la llevará a decir en algún momento: “de este sueño / no me bajo”.

En Estigmas Desechos los poemas de Mónica Angelino, exceden sus temas de origen, la “anecdota” de su filiación con la poética de Rolando Revagliatti y el homenaje al maestro, que está más que cumplido. Angelino marcha sola, lleva el freno en la mirada y la contundencia en cada verso; cada poema es un valioso aporte al insondable universo de la sensibilidad.

En todo el libro resalto una correspondencia sutil y lograda por la autora con su “modelo-autor”; a veces son un dueto en contrapunto de voces, otras un silbo azul que se llaman y contestan, otras es un solitario donde cada uno discurre junto al otro como buenos parejeros; leyéndolos he dudado dónde empieza Angelino y dónde continua Revagliatti, un poeta que irrumpe ferozmente en la década del 80 con gran conocimiento del lenguaje del argot y la canción ciudadana, comprometido con la denuncia y decidido a desenmascarar la farsa de las convenciones sociales, de la que no se salva ni el mundillo literario, de su decir histriónico y sus versos implacables.

Rolando Revagliatti, Mónica Angelino y Carlos Kuraiem

Los dos autores reunidos en este libro, son un coctel fuerte, explosivo para los lectores que los descubran; un banco de sensaciones de las que sólo se vuelve siendo otro.

Lo único que cambia y nos cambia es un libro,

lo afirmo: nadie es el mismo después de leer un libro; hay un antes y un después de esto, con un libro leído (aprehendido) uno se modifica aún sin quererlo.

Carlos Kuraiem

6 mayo 2011 Posted by | CARLOS KURAIEM, MONICA ANGELINO, POÉTICA, ROLANDO REVAGLIATTI | , , , , | 1 comentario

EL ALMA COLECTIVA DE GARCÍA LORCA, por Ricardo Rubio

Federico García Lorca

Cuando citamos a Federico García Lorca casi inmediatamente se nos presenta el modelo de un poeta que se funde a lo popular con una amplitud como quizá ningún otro de su tiempo. Representante cabal de la poesía andaluza, ofrece a los ávidos indagadores del verso el encanto desde lo fónico, el vigor característico de las letras españolas y también muchas novedades imperceptibles a los grandes públicos, entrelazadas en los contenidos.

Inmerso en una generación que ha elegido cantar para todos, es quien vuelve a despertar el interés por los versos, la ensoñación y lo sublime desde una tribuna cercana al entendimiento de la multitud. Es él quien reúne a niños, a hombres y mujeres y a ancianos alrededor de sus poemas, de sus obras teatrales y de sus títeres. Su trabajo genera una resonancia de gran espectro, fuera de todo elitismo, y no sería difícil caer en el error de creer que su obra es de tono menor, pero nada más lejano: la aparente simpleza, como un caballo de Troya, carga en su interior un mensaje corpulento, dramático, inoculado de una expresión que no es menos de lucidez que de instinto poético.

La función de conjunto genera a través de los años una resultante que será, a su vez, parte de una nueva proyección. Solemos llamar tradición a ese clima colectivo del que somos parte y que en parte cada uno conoce. La reunión de ideas y formas de una estructura creativa está, formada por retazos de otros caminos anteriores, de asuntos existentes y de sueños compartidos que no han llegado a nacer. Federico García Lorca es uno de los hitos en donde todo el antes encuentra el orden del después, donde las dimensiones dispersas se corporizan para ascender a otro estadio estético y donde la emergencia de lo cotidiano y de los grandes temas tradicionales se funden al preciosismo y a los tópicos universales.

Insertado en un ambiente intelectual post-humanístico, es el más amplio, el más novedoso y, paradójicamente, en cuanto a tradición se refiere, el más comprometido con lo popular, frecuentemente asociado a la gitanería, mito que él mismo desdeñaba.

Dice en una carta a Guillén:

“Los gitanos son un tema. Y nada más. Yo podría ser lo mismo poeta de agujas de coser o de paisajes hidráulicos. Además el gitanismo me da un tono de incultura, de falto de educación y de poeta salvaje…”

Sea lo que fuere, ya gitanería o morería, la luminosidad juvenil, que lo acompañó durante su corta existencia, lo hace llegar y trasponer las puertas del hombre de pueblo, del hombre sencillo que huye de las oscuridades del hermetismo y de todo lo que no comprende. Razón por la que expresó:

“En este mundo yo siempre soy y seré partidario de los pobres. Yo siempre seré partidario de los que no tienen nada y hasta la tranquilidad de la nada se les niega.”

Logra así conectarse con el hombre común en el plano de los orígenes y de la sangre —es amigo de las criadas de su casa de las que oye canciones rurales, leyendas y supersticiones—, hermanado a sus cuitas, con el mismo sentir general y con las mismas necesidades que sus coterráneos, llegando aún más allá, desde su cosmogonía local, con fuerzas suficientes como para trasponer fronteras e idiomas, escuelas y estilos.

Mucho se ha hablado de lo que es ser poeta. Sin duda, como suele decirse, ser poeta es un modo distinto de mirar la vida. Pero, ¿cuál es ese modo de mirar? Si nos ceñimos al Lorca poeta o al Lorca dramaturgo, diremos que es la mirada de un joven casi inocente que suma experiencia, saber y conocimiento a un talento inagotable que no conoce límites a la hora de la creación. El duende, como él llama a la inspiración y que en su caso está siempre despierto, es un duende niño, pero sabio, que no evita la madurez ni la objetividad, que no por popular desconoce las preceptivas de su trabajo ni la historia que lo lleva.

Consciente de la estética practicada por su generación, se subordina a ella dando preferencia a la imagen poética por sobre todo recurso. Sus comentarios públicos son la prueba de cuánto luchaba su inteligencia por comprender el oficio, si se me da licencia de esta palabra. En nada improvisado, razonaba sobre la inspiración y la magia del hallazgo de los giros y las imágenes.

Como resultado, su lenguaje destella, cautiva y llena los corazones de los hombres más simples con el encantamiento de la palabra y con el arrobamiento de la musicalidad. Pero estamos hablando de un poeta contenido, a la vez diáfano y suspicaz, del mismo modo granadino que exótico. Hablamos de un gran lector, de un estudioso con soltura suficiente para jugar con los versos —en el mejor sentido de estas palabras—, para arrobar con su música y para llevar los grandes temas al sentir popular.

La inclusión permanente de símbolos universales apoya, sin equivocar nunca, el sentido de una escena. Encontramos un claro ejemplo en “Baile”, de su libro “Poema del cante jondo”, dice:

“La Carmen está bailando / por las calles de Sevilla…” y, luego del primer estribillo, dice:

“En su cabeza se enrosca / una serpiente amarilla, / y va soñando en el baile / con galanes de otros días.”

La serpiente —símbolo de la tentación, de lo oscuro, de la psique inferior, del instinto de posesión, además de fálico— está asociada (modificada) por el color amarillo, que representa el hambre y la sed. Esta interpretación nos lleva a pensar inmediatamente en el estado interior de la bailarina, un estado de sed erótica. Esta interpretación sólo llegará a los más avisados, entonces, el poeta dice que Carmen “va soñando en el baile con galanes de otros días”,es decir, enlaza dos versos de alto vuelo simbólico con otros dos que parecen repetir la idea, pero que llega claramente a todos los intelectos.

De “Cántiga do neno da tenda”, de “Seis poemas galegos”, que canta a un emigrado, extraigo este fragmento:

“¡Triste Ramón de Sismundi! / Sinteu a muiñeira d´ágoa / mentres sete bois da lúa pacían na súa lembranza. / Foise pra veira do río, / veira do Río da Prata. / Cauces e cabalos múos / creban o vidro das ágoas.”

Federico García Lorca

Federico García Lorca sabe, intuye, que el lenguaje es la simplificación de ideas interiores, la manifestación más elevada, más intelectiva y más clara de los hechos expresivos. Conoce las diferencias entre la palabra cotidiana y la palabra poética y así accede a oídos que permanecieron sordos hasta entonces, oídos sin afinación que evitaban los hermetismos y la metafísica. Pese a ello puede introducir, de tanto en tanto, pinceladas surrealistas que no son resistidas sino aplaudidas. Del mismo modo, el instinto lo guía por los versos tramando la belleza, aún a pesar de sus giros más trágicos, aún a pesar del mensaje subliminal de su entrelínea.

¿Qué es la entrelínea en su poesía? ¿Cuál es el misterio de esa capacidad de enviar una idea a cada escalón intelectual que lo oye?

Lo instintivo sugiere, a las claras, una multiplicidad, un desdoblamiento. Los meta-mensajes parecen brotar a pura lucidez en un poeta de escritorio, y nada más lejano de la naturaleza de Federico. Su pluma se extiende, se desplaza con  naturalidad sorprendente sobre un camino que parece muchas veces recorrido, por el que podría avanzarse a ciegas (en otros poetas redunda el de biblioteca que es siempre visible al buen catador). El instinto lo lleva por los caminos del contacto gregario donde cada oyente recoge un mensaje acorde a sus alcances y donde todos gozan por igual de su lirismo.

Del insoslayable poema “La casada infiel”, de su “Romancero gitano”, extraigo estos dos fragmentos:

“Fue la noche de Santiago / y casi por compromiso. / Se apagaron los faroles / y se encendieron los grillos.” Y más adelante: “Sin luz de plata en sus copas / los árboles han crecido, / y un horizonte de perros / ladra muy lejos del río.”

Cómo evitar la imagen cinestésica de la noche encendida por los grillos, como evitar los ladridos lejanos expresados aquí como un horizonte de perros. Giros, estos, inoculados de sonoridad para servirse de un locus ubi dispuesto al placer.

El encanto andaluz es uno de los aspectos distintivos que se extiende a lo largo de su vasta obra. En este sentido, la intensidad poética y lo castizo abundan de rasgos conocidos por todo hispanohablante, abarcando tiempos que le precedieron y aún que le procedieron. Se transforma así en un vate de múltiples centurias, adaptado a las expresiones del alma poética de todos los momentos, incluyendo el hoy: romances, coplas, canciones, composiciones de versos blancos y demás formas poéticas no le son ajenos, todas las formas son suyas, pero muy suyo el resplandor. Sin límites de vocabulario ni de metros ni de licencias, su talento lo lleva a ser un agudo observador del entorno, comprometido de igual modo con la belleza y con el otro.

Ejemplo de versos blancos, que parecieran escritos hace una horas, son los que encontramos en “Poeta en Nueva York”. Un fragmento de “El rey del Harlem” nos sirve de ejemplo para advertir lo instintivo. Dice así:

“Las rosas huían por los filos / de las últimas curvas del aire, / y en los montones de azafrán / los niños machacaban pequeñas ardillas / con un rubor de frenesí manchado. // Es preciso cruzar los puentes / y llegar al rubor negro / para que el perfume de pulmón / nos golpee las sienes con su vestido / de caliente piña.”

Encontramos en estos ocho versos un decir poético comprometido con el expresionismo social, tal como lo conocemos en la actual poesía prosaica, y la presencia del instinto inmiscuyéndose en la asociación de los versos consecutivos: “los niños machacaban pequeñas ardillas / con un rubor de frenesí manchado”, pues la expresión “frenesí manchado” surge por asociación sonora luego de haber escrito “niños machacaban”. Instinto que atiende una precisión semántica en nada artificiosa.

De sus odas, la que escribe a Salvador Dalí deja traslucir el modelo de su lenguaje, modelo del que se han nutrido no pocos de los poetas posteriores. La primera cuarteta dice así:

“Una rosa en el alto jardín que tú deseas. / Una rueda en la pura sintaxis del acero. / Desnuda la montaña de niebla impresionista. / Los grises oteando sus balaustradas últimas”.

Cada verso, un logro; cada imagen, un hallazgo. Ya muchos quisiéramos llegar a versos semejantes a “una rueda en la pura sintaxis del acero”. Y como él mismo dijo alguna vez: “entretenernos con este juego encantador de la emoción poética”.

La sonoridad se une al concepto, la imagen al recurso, el resultado a la vida. No hay distancias, más que formales, entre su lírica, su teatro y sus prosas; sus palabras encuentran el camino para autenticar la voz segura de un corazón tierno que abre sus puertas de par en par para regalar todo lo que su cuerpo encierra.

Considero, al igual que muchos otros lectores, que “Romancero gitano” es, en cuanto conjunto de poemas, el punto más alto de su producción. Aunque las formas se entrecrucen, la libertad emergente del fino desarrollo de los poemas y el dolor existencial de fondo hacen de esta obra un abrazo conmovedor del que muy pocos pueden sustraerse. Este libro es la prueba cabal de que no importa el estilo ni la forma ni el tiempo cuando el talento es común denominador.

Del “Romance del emplazado”, extraigo este fragmento para resaltar el carácter trágico, aquí directo, que acompaña su obra. Dice:

“…mis ojos miran un norte / de metales y peñascos, / donde mi cuerpo sin venas / consulta naipes helados.”

Estos últimos dos versos demuestran la tragicidad: “mi cuerpo sin venas (sin sangre, sin vida) / consulta naipes helados.” Los naipes del adivino en los que traspone su destino aludiéndolo como “helado”. Maravilla de una imagen en apariencia surrealista bajo el control de la precisión.

Como apreciamos, no sólo lleva el cante jondo a las composiciones de imagen, sino funde el coloquialismo con el lirismo, la estampa cotidiana con la psicología, la ironía con lo trágico, con igual inspiración.

La sugerencia psicológica, propia de la narrativa universal de su tiempo y extendida durante casi todo el siglo XX, se hace un lugar importante en su dramaturgia, pero, como de soslayo, acompaña la mayor parte de su obra. Convengamos que el tema psicológico es fundamento de toda manifestación artística, pero tratándose de la palabra el tema exige mayor denuncia, mayor aproximación al primer plano para ser considerado como tal. Un ejemplo de esta manifestación es, sin duda, “Canción tonta”, del  libro “Canciones”. Dice así:

“Mamá. / Yo quiero ser de plata. // Hijo, / tendrás mucho frío. // Mamá. / Yo quiero ser de agua. // Hijo, / tendrás mucho frío. // Mamá. / Bórdame en tu almohada. // ¡Eso sí! / ¡Ahora mismo!”

Podríamos recargar de adjetivos su panegírico y aún así ser justos, podría su juventud haber pecado de voracidad literaria y de haber dado una obra apresurada y repetida, podría haber incurrido en la infatuación por las tempranas y amplias celebraciones que se hicieron de su obra.

Ricardo Rubio

Muchas cosas podrían haber sucedido, pero lo cierto es que el Fénix, según lo llamó León Felipe, nunca pisó en falso, pues su espontaneidad nunca tuvo que mirar dónde pisaba.

(Discurso del 15 de octubre de 2003, sobre Federico García Lorca en la Semana de Hispanidad en la Universidad de Ciencias Sociales y Empresariales, Cátedra España. )

17 abril 2011 Posted by | FEDERICO GARCÍA LORCA, NOTAS, POÉTICA, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

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