EPANADIPLOSIS

Libros – Notas – Comentarios

ESE GRITO CALLADO DEL SILENCIO, poemario de María del Mar Estrella

María del Mar Estrella

María del Mar Estrella:
“ESE GRITO CALLADO DEL SILENCIO”

por Ricardo Rubio

 

Entre los resplandores del amplio espectro de la poesía argentina actual encontramos luminarias que forman parte del conjunto de artistas cuya forja constante y salud subjetiva proponen la vanguardia pragmática e ideológica del arte de la palabra.

En nuestro pequeño espacio compuesto de letras y cadencias, ritmo y figuras del lenguaje, los destaques no llegan al lector menos avisado, de hecho, ahora que los periódicos olvidaron la crítica literaria y aún más la poesía, pocos se atreverían a decir, con probada sapiencia y experiencia, qué es belleza y qué no lo es en el verso blanco de hoy.

Nuestro proceder preceptivo se ajusta a un protocolo alimentado por las academias a lo largo de la historia, en este caso, la historia literaria. Los pasos más frecuentados para establecer modelos y sentidos son el acceso al reconocimiento de tópicos marcados en cada autor por contexto histórico, social y cultural, cosa que no evita las zonas difusas por las que transitan los creadores de mérito que están siempre en tiempo presente, razón que nos impide ajustar a un molde una dimensión móvil e inesperada como lo es la creación poética de María del Mar Estrella.

Su vasta obra y su amor por la palabra nos ha conducido, a lo largo de más de cinco décadas, por terrenos filosóficos que develan profundidades poco sondeadas en nuestra poesía, también nos introdujo en urdimbres de inteligencia con las que ha creado, no pocas veces, nuevos sentidos, ofreciendo luces a los más rezagados; se ha manifestado libremente por las poco evitables circunstancias emocionales que sacuden el alma del poeta, y también lo hizo y lo hace al través de homenajes, panegíricos y recordatorios, laudables en esta época vertiginosa y olvidadiza; convengamos que en tierras más educadas, la poesía, en cuanto género, tiene otro púlpito, otro alcance, mayores posibilidades de brindar felicidad.

Ese grito callado del silencio – María del Mar Estrella

Puede decirse que nuestra poeta ha caminado entre muchas vertientes que desaguaron en derredor sin contaminarla con la narrativización ni con los excesos de síntesis, ni de las vulgaridades llegadas con la post modernidad. Tampoco contrajo la ficción, que es materia de la prosa creativa; el universo imaginario no es parte de la semántica en su poesía, el universo imaginario de María del Mar Estrella tiene relación con la estética, con el modo, con la permanente adaptación y cambio en la vanguardia, y la adaptación, según Selma Wassermann, es uno de los aspectos más destacados de la inteligencia.

Es así que su palabra siempre es real, su compromiso es la verdad subjetiva en tanto certeza del sujeto que analiza, un fragmento lúcido de la infinita verdad que nos une, y que la autora nos comparte al abrirnos una nueva hoja de su historia creativa. Al respecto dijo Schelling que belleza y verdad son, en sí, la misma cosa, pero María del Mar esgrime las herramientas capaces de abrazar la belleza y la verdad aun si fueran distintas.

Su poesía es un objeto emotivo que el intelecto disfruta, porque lo suyo no es solo palabra y sonoridad, no es solo ritmo y efectos verbales, es también el grueso de su mensaje, el carácter formativo que se desprende de cada uno de sus textos.

El poemario que nos reúne ahora, “Ese grito callado del silencio”, tiene dos momentos, y es dable decir que se trata de dos libros: “Ese grito callado del silencio”, el primero, un largo poema, temático, conceptual, dividido en opúsculos ordenados que pueden ser leídos independientemente; y el segundo, “Piedra del sueño”, percibido como la amenaza de Tanatos; dos obras abrazadas en un solo volumen.

Solo el título -un verso de otro gran poeta, Rubén Balseiro-, en relación con ambas partes, daría para un buen análisis heideggeriano; solo vale insistir en la hermandad poética que propone María del Mar Estrella, lejos del ego, aferrándose al nobis, al utilizar el verso de un común amigo para titular el libro.

En la primera parte, la pluma de la poeta manifiesta el resultado de sus reflexiones, ora filantrópicas ora antropológicas, observa y señala la realidad declarándose en la busca de lo justo y de lo bueno, si acaso existieran en nuestra sociedad maleada por las mareas de la ignominia. Expone un sentido gregario y de pertenencia que asume una posición ética frente al desmán, tal es así que expresa “que las historias se entrelazan para erigir un puente”, quedando develada su mirada comprometida con el hecho humano, porque para ella “la vida es una canción insobornable”. No solo lo sabe, también lo siente, por eso tiene, según dice: “todo el corazón a la intemperie”.

Una mirada social, suavizada por el personalísimo tropo que la caracteriza: metáfora, alusión e imagen unidas para conformar el expediente revelador de la idea, el orden de un pensamiento ligado con la realidad y con el “otro”. Si una característica destaca en este segmento del libro es sin duda el vigor, el mismo brío que ya notamos en otros de sus trabajos, vehemencia que encontramos en poetas como Alfonsina Storni o Alejandra Pizarnik, con versos como: “…llorar / con un rumor de piedras en la sangre”. Y también cavilaciones de tono clásico, como cuando dice: “…porque entre el vuelo y la caída / están quienes abordan / el / talismán primero / la conciencia”; o de tono intelectivo-sensorial, cuando indica: “…ser fieles a los sueños y a las voces”; o cuando recuerda el dolor, casi reproduciéndolo: “…por qué hueles a lágrima”.

A veces con un fluir vertiginoso cuya potencia enraíza en la imagen y en la metáfora, con las que modela estados de inquietud, sin herir, pero cavando hondo en el lector atento y sin dar posibilidad alguna de renunciar a la lectura.

La segunda parte del poemario, “Piedra del sueño”, título que confronta el universo material con el onírico, es, según versifica María del Mar: “…la estación donde la vida comienza a ser ocaso”, donde la dimensión del pasado supera la del futuro y en virtud de cual se recuerda mucho más y se espera mucho menos.

La nostalgia es en este caso inevitable, y así nos dice: “…aquellos pies aventureros ahora esclavizados en la conformidad, / la desmemoria, el pudor de lo incierto”.

El conocimiento de la única certeza que disponemos, la despedida, tal como manifestaran otros grandes poetas como Quevedo o Manrique, o aquellos poemas de Enrique Molina en “El adiós”, solo por citar algunos.

No quiso María del Mar que estos dos empeños tuvieran un curso independiente, tampoco lo necesitan, ya que también están bajo el abrazo semántico de “Ese grito callado del silencio”, alimentando su sentido.

Es innecesario decir que la acumulación de cierta cantidad de años proponga que nuestro mundo se contraiga; aunque los centros de interés permanezcan constantes, la compresión del futuro incierto esboza inquietud, señales grises, final de camino, como cuando expresa: “…símbolos / que buscan arrojarme al estertor de tu silencio / donde comienza la aterradora eternidad”. Interpela a la ruina cara a cara, la acusa con una bellísima línea: “…me has ido arrebatando lo que sembró el afecto…”

 

Luego razona, sonríe, y sigue adelante cuando dice:

 

“…uno deja colgada su vida en cualquier parte

hasta que viene otro y se la prueba. //

Al fin de cuentas no hacemos otra cosa

que pasarnos la luz de mano en mano”.

 

Recordemos unos versos de “El poblador”, su primer poemario de 1963, para que nos diga quién era y sigue siendo:

 

“Ni fuerte ni muy débil. Ni orgullosa ni humilde.

Esta mujer que a veces, como todas, tiene mucho de hembra,

pero que nombra un cielo también, como las otras”.

 

Su sinceridad nos mira a los ojos; el despojo de toda vanidad nos ilumina y el aliño de sus versos, ya carnales, ya espirituales, alienta a quienes seguimos sus pasos, en esta carrera que no es carrera sino la sana intención de unirnos por la palabra.

Solo me resta decir: Gracias, María del Mar.

.

ALGUNOS POEMAS:

.

1

habrá un amanecer y ningún velo
postergará la lúcida mirada de la revelación
nadie irá solo
los vencidos los locos los indefensos inocentes
los alfareros del dolor y los orfebres de justicia
los reos de nobleza comprobada los marginados de la dicha

se salvarán

tendrán su sitio frente a los depredadores ancestrales
los vándalos del hambre
los rapaces violadores del alma

los hipócritas hermafroditas de la guerra

porque vendrá el amanecer y un día
entraremos en las espléndidas ciudades del corazón
para asumir el reino de lo humano

el jardín de las lágrimas

.

2

una sola puede cambiar el mundo
derribar tiranías
imposturas
decapitar fantasmas o compartir raciones de absoluto
con cada comensal de la miseria

una palabra
sola
que se atreva

a ser reino de hombres y de hambres

.

3

dictador por la fuerza o por el miedo
sin embargo
no has podido con ellos

destierro cal mordazas

de una herida mil pájaros
de un pájaro mil vuelos

dictador de la sombra
mas no de ellos
nunca

 

.

34

preguntarán por qué murmuras
con la boca sombría de naufragio
por qué hueles a lágrima
por qué ya no te vistes de amazona
ni adoctrinas banderas
ni te exhibes con el ardor de los amantes

vida
el tiempo te ha violado
la reiterada muerte
la humillación del doloroso olvido

sucia de humanidad
que no ha podido defenderse y sangra

.

35

entrar en ella una vez más la última
traspasar sus murallas entrañables
beber el agua de la vida
y sentir que los pájaros acuden
a la escudilla de mis manos
disfrutar el rumor de la esperanza

y ser luz otra vez
núbil latido
abeja plena de una miel sonora
dinastía silvestre luna madre

pero acercarla una vez más la última
penetrar en su tierra prometida en su reino salvaje

y que aúlle la noche a mis espaldas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13 noviembre 2018 Posted by | MARÍA DEL MAR ESTRELLA, POÉTICA, POEMARIOS, poesia, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

ORILLAS PERDIDAS, poemario de Norberto Barleand

ORILLAS PERDIDAS, poemario de Norberto Barleand (2018)

Prefacios de Rubén Balseiro y Osvaldo Rossi

Orillas Perdidas de Norberto Barleand

Norberto Barleand

Prólogo de Rubén Balseiro

Desde su título, el nuevo poemario de Norberto Barleand, nos hace pensar en la nostalgia, en eso que nos duele por ya no estar, sin embargo, paradójicamente, este no estar es un estar en el recuerdo del poeta, donde todo se reflota, se retoma, se reconstruye, con una nueva singularidad.
Hay un ir y venir entre el pasado y el presente o para ser más preciso un hurgar el pasado en el hoy, porque es el hoy del poeta el que vuelve a dibujar su pasado, su barrio sus calles, su madre. Es el hoy del poeta el que permite repensar ese pasado y recorrerlo, como quien ve un film en el cual se van dibujando cada una de las escenas vividas, y acaso en uno de los poemas a mi juicio más logrados, “La radio en Blanco y Negro” es donde este recorrido está más presente, con mayor nitidez y nos muestra desde la vieja casa de la infancia donde la radio era parte de un todo familiar, hasta el nacimiento del Rock, el Club del Clan o las tristemente célebres Malvinas, y el poema termina con una decir flotante, con una incógnita; “Estoy aquí, soy el que fui/ tal vez/ sin darme cuenta”. Porque vivimos sin analizar puntualmente que vivimos, sin darnos cuenta… simplemente vivimos y eso es lo maravilloso de la aventura de la vida.
El poeta ha vivido y ya en la madurez de su decir poético puede expresarlo con claridad:
“Me iré con campanas/ de cuchillos y arena/ de frontera y heridas/ en las calles de piedra/ donde habita la casa/ que abandoné una tarde/ hace muchos aromas/ hace tantos olvidos/ hace hoy un recuerdo”.
Acaso de olvidos y recuerdos se teje y entreteje la vida del hombre, y este hombre, este poeta que hoy nos entrega su palabra, ha tejido sus años en poemas, poemas que nos pintan su vida desde una sensibilidad intimista pero que se universaliza, desde un yo que se pluraliza en cada lector y permitirá a cada uno de ellos reconstruir el poema.
Nos trae el barrio, las calles, la madre, la casa de la infancia, los amigos, las pérdidas, la historia, el dolor y cada uno encontrará en estos poemas su propio poema.
Sin embargo, no es solo el recuerdo o la nostalgia lo que pintan estos textos, está el hoy, la crítica a una sociedad que abandonó a su prójimo, a un mundo que ha dado la espalda al hombre mismo y nos dice el poeta:
“No habrá cobijo para el niño/ a quien le fugaron su caricia/ No habrá luto para el horror a tanta muerte/ No habrá perdón para el traidor/ El tiempo arroja las vendas al olvido./ Despeja la ceguera de los hombres.”
Porque el poeta es consciente de que solo el tiempo será el gran juez que en algún momento juzgue el caótico mundo que ha construido el hombre y acaso el memorable poema que cierra el libro encierre todo este dolor, hablo de “Un niño se ahoga en una foto”, recordándonos esa triste imagen que recorrió el mundo de Alan Kurdi, un niño de 3 años que huyendo de Siria murió ahogado en las payas de Turquía en 2015.

Rubén Balseiro

Como dije un nuevo poemario de Norberto Barleand que ya desde su título nos lleva a la nostalgia, que desde su “yo” me hizo recorrer las calles de mi barrio, que era otro, recordar a mi madre, mi niñez, a los amigos mutuos que ya no están y que el poeta homenajea en varios poemas y finalmente me enfrentó al descarnado mundo en el vivimos, en el que navegamos como Odiseo en busca de esa isla, Ítaca (acaso la poesía), sin apurarnos, tratando de aprender del viaje mismo.
                                                                                                        

 

Prólogo de Osvaldo Rossi

Orillas perdidas es el más reciente poemario de Norberto Barleand. La lectura de estas páginas puede ser abordada como una travesía temporal, pero aquí la figura del tiempo no es rectilínea sino circular.
El libro está dividido en cuatro secciones; la primera de ellas se titula Verdor del tiempo. Es muy apropiado el título de esta sección porque aquí los años reverdecen en la memoria, y es la nostalgia la que da nueva vida al tiempo pasado. La casa de la niñez, la esquina, la ciudad, la madre, la música que sonaba en la juventud, se dan cita en estas páginas y son testimonios de la renovación que el poeta les otorga cuando su recuerdo las convoca.
La segunda de las secciones se titula Homenaje. Encontramos páginas dedicadas a poetas que lo precedieron en el camino, pero que por afecto y cercanía estética dejaron su impronta en el autor (“amigos del poema y de la vida” dice Barleand en una de las dedicatorias).
“Los nombro sin nombrarlos/ con el luto del dolor/ el llanto oprimido/ la caricia.”
Y más adelante:
“Con los días y los años transcurridos/ que me acompañan/ en el ritual/ de la memoria y los recuerdos.”
Canto a media voz se titula la tercera sección. Y esa voz sin estridencias denuncia injusticias, da cuenta del paso del tiempo, recupera una vez más la nostalgia y registra en estas páginas conmovedoras los acontecimientos de una vida.
La última de las secciones se titula Vientos de la memoria. La memoria es frágil, el viento se lleva lo que amamos y reconfigura los recuerdos. Olvido y evocación son las claves de esta parte, y también de todo el libro.

Osvaldo Rossi

Así volvemos al principio, cerrando el círculo con estos cuatro cuadrantes. Desde la fuerza de la memoria de Verdor del tiempo a su fragilidad en Vientos de la memoria. Bastará con releer el poemario para a la vez cerrar y dar inicio a una nueva travesía circular.
Orillas perdidas puede también leerse como la bitácora de un navegante. Desde su perspectiva, solo pierde orillas quien navega. De eso tratan estos poemas: de navegar por el río de la vida, de registrar la experiencia.
No es poco.

 

 

Algunos poemas del libro:

 

Orillas perdidas

Llegas junto al paisaje
con el verde de las flores cuando crecen,
a jugar con las águilas y el viento,
a volar con la luna en la mejilla.

Con alas de tumulto
cobijé las cicatrices del aire,
el retorno en el encaje de la noche.

Bebí la ausencia en cada encuentro.

¡Cómo duele la luz en esta alcoba!

y las arrugas del cuerpo cuando cantan.

 

 

Esquina

Me alejé del barrio
con una fábula de imágenes
hacia los umbrales del futuro.

Rebeldías inciertas,
multitud de ágoras perdidas,
jornadas, laberintos.
Parodias de cotidianas espesuras,
tembladeral de pasiones y diluvios.

Las ausencias sucedieron en mi mente
olor a recuerdo,
casi olvido.

Transcurrieron
años,
congojas,
sonrisas.

Cuando volví a la esquina
encontré al flaco Trejo
en el mismo lugar
debajo del farol,
ajado de tiempo
y telaraña de noches sin retorno.

Las perlas negras del llanto

No importa si esta noche
me envuelve toda de llanto,
de negro vino a buscarte
las perlas negras del manto

de negras rosas que fugan
con el dolor de este canto
sin pronunciar un adiós
sea el gemido o el llanto.

Partiste con las guirnaldas
sin dejar rastro
con la fatiga del tiempo
donde caminan los astros.

No importa si esta noche
todo el dolor amanece,
con perlas negras de llanto
y recuerdos que estremecen.

La soledad de mis manos
que loca tristeza expanden
al grito de voces negras
de llagas negras que arden.

No importa la noche
ni la tertulia, ni el cuento
ni las caricias perdidas
en la bruma del silencio.

Fugaste sin un preludio
con la luz de esta penumbra
negra como la sombra
que de puro dolor alumbra.

El latido de la ternura
entre amores y olvidos
cuando transita las noches
de antiguos besos perdidos.

Qué importa si esta noche
me envuelve toda de llanto
de tanta vida y amarte.

La muerte como una estrella
de negro
vino a buscarte.

12 noviembre 2018 Posted by | NORBERTO BARLEAND, OSVALDO ROSSI, POÉTICA, POEMARIOS, RUBEN BALSEIRO | , , | Deja un comentario

“SOBRE UN PAPEL AUSENTE”, Poemas de Beatriz Minichillo

Portada del poemario.

Portada del poemario.

 “Sobre un papel ausente”, poemas de Beatriz Minichillo- Ediciones  La  Luna Que.

 Síntesis de los comentarios realizados durante la presentación, el 15 de marzo de 2013 en el café Monserrat, ciudad de Buenos Aires:

 

José Emilio Tallarico

“Sobre un papel ausente” tal el título del libro de Beatriz Minichillo me dio una primera impresión de contar con un discurso fluido, una modulación que podía sostenerse sin esfuerzo, como si nada hubiera sido  forzado a lo largo del trayecto poético. Sigo sintiendo lo mismo al cabo de varias lecturas: nada está de más, nada sobra en el libro.

No son casuales las palabras que Betty emplea en algunos poemas: preciso, puntual, exacto, justo, como si estos adjetivos revelaran que no fue necesario luchar por una forma expresiva, como si los hallazgos poéticos respondieran a una necesidad profunda que otorgaba, palmo a palmo, los frutos esperados.

En muchos casos, y esto lo digo cuando Betty echa mano de sus recuerdos, se tiene la sensación de estar frente a “postales poéticas” delicadamente dibujadas, con sus figuras iluminadas por una memoria que no renuncia a las instancias felices.

De ese cruce entre el yo poético y el yo memorioso surge la temática de las desapariciones, las marcas de la ausencia, los silencios, las manos capaces de arropar interrogantes sin respuestas (como afirma en uno de sus poemas).

Hay en este libro una manera de resignificar algunas palabras que abundan en la poesía argentina y cuya utilización implica un riesgo latente. Sin embargo, palabras como silencio, pájaros, ausencia y otras logran jerarquizarse en un nuevo contexto, lejos de la banalidad y el desgaste.

Qué otra cosa sería la poesía sino esa fuerza salvífica que de tanto en tanto interpela al lenguaje desde su mismo centro y lo dota de nuevas y maravillosas energías.

De este modo la poesía de Betty Minichillo alcanza un equilibrio entre dos lugares aparentemente inconciliables: la mansedumbre del ser ante los fenómenos vitales y, por otro lado, las señales de una fogosidad que toma la palabra.

Una poesía que intuitivamente se me reveló como el “cántico de una demora”. Con sinceridad no sabría analizar a fondo esto que digo. Toda afirmación suele pecar de arbitraria y parcial. Pero voy a valerme del poema “Piedra” para acercarme a lo que digo o quisiera decir.

Piedra

Piedra vida,

piedra muerte,

corazón de crisálida

pluma de acero,

corteza,

sol quebrado.

Movimiento

atrapado en su indolencia

atento al estallido del alud,

certidumbre

en la repetición de los siglos.

Mole rígida

surcada por ríos interiores,

pequeña lava hirviente

que pugna,

siempre pugna por crecer

y no puede.

Sabe que no puede

y sin embargo permanece.

Sólo permanece,

por si acaso

Este “permanecer” a mi criterio alcanza una significación poderosa. ¿Por qué “por si acaso”? Creo que lo único que puede esperar de sí un poema es la posibilidad de seguir siendo poema, en el mejor de los casos transformarse en un “cántico”. Un poema siempre espera dar lo mejor de sí, y así la piedra. Desde la perspectiva de la poesía creo que todas las cosas desearían ser transmutadas en cántico.

Estamos ante una poesía clara, intimista, coherente. Betty nos revela un espacio de contemplación y de nostalgia. También la apuesta imposible, no despedirse nunca o, en todo caso, recuperar lo perdido de inmediato.

Betty Minichillo ofrece mediante su libro ni más ni menos que la emoción que irradian sus poemas. En “Sobre un papel ausente” hay una genuina presencia poética. Los lectores sabrán reconocerla.

Héctor Miguel Angeli

“Sobre un papel ausente” de Beatriz Minichillo

“La última luz hablada es el amor”. Con estas palabras de Dylan Thomas abre su nuevo libro Beatriz Minichillo. Y, por cierto, son palabras muy bien elegidas, pues (Lo adelantamos ya) sus poemas son un gesto de amor. Y no porque sean especialmente de índole amorosa, sino porque el amor es esa “última luz” que vibra en el destino de todos sus fantasmas. Por eso es también un libro crepuscular.

Bien sabemos que la palabra es el universo de la poesía y por lo tanto sus caminos son infinitos. En su órbita de amor, Beatriz transita, entre otros, el camino de la nostalgia y por lo tanto asume el dolor de la ausencia en versos de envidiables calidez y delicadeza. Algo ya no está, pero ella sigue atada a un tenso hilo invisible, en la espera del tiempo que pasa y la deja.

Ella es la que confiesa: “una vez fui/ la legendaria/ que buscaba el grito/ la indolente/ caminando descalza/ por un bosque de pinos/ la que apresaba el viento/ y lo dejaba huir/ como a un pájaro asustado”.

Como dos ríos paralelos que corren a impulsos del misterio, la fugacidad y la fragilidad entran a jugar, se diría fatalmente, en el claro lirismo de Beatriz. Es un juego ya iniciado en “Puntos suspensivos”, su segundo libro. Allí advierte lo fugaz en el crecer: “su leve avidez de futuro/ y su muerte a plazo fijo”. Y hoy nos habla de “un sabor agridulce/ a algo que concluye/ de manera inexorable”.

Así entonces el quebranto del tiempo y así también la fragilidad de lo que somos y de lo que queremos ser. “Y ahora estoy aquí/ en esta hora, este momento/ y no tengo raíces, / ni pies ni manos, ningún sostén”, admite Beatriz desde el lugar de las sombras.

La nostalgia, lo frágil y lo fugaz la perturban, pero ella sabe encontrar refugio en los sueños bien guardados de la infancia, en la pureza de la lluvia y la energía del sol y, sobre todo, como ya dijimos, en el amor, en ese amor “que está en el mundo para el olvido del mundo”, según la expresión de Paul Eluard.

Tocada por la gracia de descubrirse en la poesía, Beatriz Minichillo nos ofrece su testimonio de vida como “un dibujo/ esfumado/ sobre un papel ausente”. Así lo dice, de singular manera, y así lo valoramos.

18 mayo 2013 Posted by | BEATRIZ MINICHILLO, HECTOR MIGUEL ANGELI, JOSE EMILIO TALLARICO, POÉTICA, POEMARIOS | , , , , , | Deja un comentario

HUMANISMO Y COMPROMISO EN CÉSAR VALLEJO, por Alberto Luis Ponzo

Cesar Vallejo (1892-1938)

Un 15 de abril moría en París uno de los mayores poetas latinoamericanos: el peruano César Vallejo. “La cantidad enorme de dinero que cuesta ser pobre”, expresó el autor de “Los Heraldos Negros”, “Trilce” y “Poemas Humanos”, entre otras obras memorables.  Nacido en la aldea indígena de Santiago de Chuco, el  16 de marzo de 1892, su mensaje poético y social ha cobrado actualidad en estos días de  profunda crisis que arroja sombras sobre el futuro de los argentinos.

Parte de su obra poética y narrativa fue creada en su país “al pie del Orbe”,  dentro del ámbito natural y cultural de una época de explotación minera, prejuicios coloniales y corrupción. No obstante todas las limitaciones de una  vida  campesina  que ahogaba  los deseos de progreso y crecimiento intelectual, Vallejo logró completar estudios y obtener en la ciudad de Lima su título de “Bachiller en Letras”.

Los heraldos negros

Con este título y sus primeras experiencias en la vida literarias, decide abandonar el país, luego de varios meses de cárcel  por una “revuelta” estudiantil de la que era completamente inocente, y viaja a Francia casi sin recursos y  los primeros libros editados.

Sus años en París y otras ciudades de Europa, con  sus escasas ganancias como  redactor de artículos diversos, sobre la literatura y el arte, fueron  por momentos trágicos y con frecuentes sobresaltos ante las dificultades económicas y los problemas sociales y políticos. Es una época de pobreza,  de una crisis que desencadena conflictos y enfrentamientos que culminarán con la tragedia española. Vallejo por aquellos años escribe los poemas de “España, aparta de mí este cáliz”, vibrante y conmovedor testimonio del dolor y la exaltación de los valores esenciales de la humanidad.

Trilce

Debemos aclarar que el alejamiento del hogar peruano fue también un acontecimiento trágico. En todo momento Vallejo revive las horas de su infancia, las experiencias tiernamente hogareñas, como si oyera las voces de los padres y hermanos y se fortaleciera con su  sagrada memoria. Son admirables y emocionantes los poemas dedicados a la madre “tan suave, tan ala, tan amor”, al padre “apoyado en su bastón ilustre” y a la”numerosa familia que dejamos, no ha mucho…”

César Vallejo no es sólo un renovador de la lengua poética,  de las normas y las mismas raíces del habla coloquial, sino un hombre que vivió y padeció su tiempo con intensidad y pasión inclaudicable.

Bastaría recordar estas palabras del crítico Juan Larrea: “Más que un fenómeno meramente literario, es un fenómeno de esencia antropológica, cuyas significaciones tocan a la cultura por muchos de sus ángulos. En su experiencia humana se han concentrado las esencias suficientes para convertirlo en un símbolo vitalmente verdadero y de proyección extensa y vertical.”

Poemas humanos


¡Qué necesidad tenemos de ejemplos de humanidad y compromiso como los que nos ha dejado César Vallejo! Su lectura es recomendable para no caer en frases retóricas como las que abundan en algunos medios de prensa; para no repetir modelos vacíos de valores estéticos, o  versificaciones plagadas de lugares comunes!

“Es necesario suscitar grandes y cósmicas urgencias de justicia humana”, afirmaba el gran poeta peruano y universal. Y para los que nos dedicamos a alguna de las formas literarias, nos recordaba que “el artista es un ser libérrimo y obra muy por encima de los programas políticos, sin estar fuera de la política”.

 

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

11 julio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, CESAR VALLEJO, POÉTICA | , , , , , | Deja un comentario

ALBERTO LUIS PONZO: ABRIR LAS PALABRAS PARA QUE EL HOMBRE RESPIRE(1), por Ricardo Rubio

Alberto Luis Ponzo

Alberto Luis Ponzo

La observación de una poética en particular tiene innumerables aspectos que deben ser considerados, pero tengo para mí que la época, la corriente y la novedad son las primeras vistas a tener en cuenta. Cada década suele exhibir cambios sociales, que por intensidad y novedad pueden caracterizarla, exaltarla o hacerla brillar más o menos que otra.

En lo cultural, y específicamente en lo literario, la década del sesenta, en Argentina, sufrió la inestabilidad institucional, coronada por el golpe militar de 1966 que dejó como saldo nueve mil desaparecidos y, hacia el final, la invasión de las fuerzas policiales en los claustros universitarios, dando como resultado una nueva devastación del ambiente cultural y académico, un ambiente que amenazaba con liberaciones estéticas, sociológicas y con mordiente crítica a través de la palabra escrita.

Esa mirada que el poder condena.(2)

Alberto Luis Ponzo publica su primer libro, Equivalencia en la tierra(3), precisamente en los inicios de esta década y adhiere a los manifiestos de la poesía social de entonces, razón por la cual se lo incluye entre los poetas sesentistas, a pesar de haber nacido en 1916 (tiene 94 años a la fecha de estas palabras) y que sus primeras obras tengan el substrato de las formas de los años cincuenta. A ese primer libro le seguirán muchos otros que hasta hoy suman cuatro decenas.

Equivalencia en la tierra es un poemario insoslayable, una obra franca sin los habituales temblores de algunos primeros libros, de cara al derredor y con un ligero acercamiento a lo conversacional, como venían alimentando algunas estéticas. No es casual que la cavilación sobre el ser y el proceder -característica sobresaliente de su hacer literario-, tenga la madurez y la hondura que sólo la experiencia, la constancia y la vocación consumada pueden dar. Es decir, nuestro poeta edita sus primeros libros sin presumir la impetuosidad juvenil sino un acabado que delata la pluma segura, aunque se permita juegos y malabarismos verbales que enraízan en su eterna juventud.

Equivales / al dorado contorno / que concentra los días de semilla, el creciente desvelo / del germen entre vientos y cielos fraternales, y de faena anónima y sombría. (4)

Miguel Ángel González, Ricardo Rubio y Alberto Luis Ponzo (1999).

Alberto Luis Ponzo es el poeta de la palabra calma(5). Acaso, para nuestra vocación comparativa, Juarroz -a quien preocupaba más el mensaje que la forma- fuera el poeta cuya lectura frecuentaba Ponzo por entonces, ora compartiendo parecidos intereses semánticos, ora por creer que la poesía era la extensión de la vida -el otro mundo y a la vez el más real-, por ser igualmente sinceros; pero sus perfiles tienen una carga emocional distante.

La realidad es una lámpara imprevista

dentro de un recinto secreto. (6)

El humanismo de Ponzo deja su acento más profundo cuando mueve las fibras desde la batería emotiva. Sus luchas de inteligencia se amplían a todo ser humano y a su porqué como plural de primera persona, aun cuando use la primera. Y sus inquietudes metafísicas subyacen como afluentes ocasionales a lo largo de toda su obra:

Cómo saber entonces dónde estaban / plegados los sonidos, la fría sustancia del ser, / la luz secreta del silencio abierto en el espacio. (7)

Del mismo modo, el tema social aparece en un plano más nítido, aunque le son constantes la claridad expresiva y la ajustada síntesis con las que logra elevar la materia poética, despojándola de fuegos artificiales.

Sobre la noche / ojos doblados / por los asesinos. (8)

Es así que su incipiente madurez se une a la juventud cincuentista que proponía esta estética breve y concisa, a modo sáfico, en oposición a las verborragias de otros cenáculos, como así también a los parnasianos aún supervivientes.

La reflexión abierta a la búsqueda del otro, del no-yo que autentica al sí mismo, tiene el fuero más importante en su producción literaria, compuesta no sólo de materia poética sino también por incontables notas periodísticas y varios libros de ensayos poéticos y sobre poetas; esta búsqueda, que en un primer momento atiende a la voluntad gregaria, a los deseos de compartir y de generar un fogón de amigos del arte, se hace nítida en sus versos, cristalina, juicios que cruzaron libremente por su percepción y que llegaron al papel sin necesidad del plumín de oro, pues su mirada fue clara al momento de la gestación, juiciosa, serena, imbuida de un optimismo temperamental que el lector no puede dejar de advertir y del que se contagia si su sensibilidad lo permite. Son los ojos de una bonhomía peculiar e infrecuente que destacan lo mejor de lo que observan, o lo delatan. Detrás de un poema la sangre se arrebuja manteniendo el hálito de un poeta, esfuerzo no poco conciliador con el despropósito de algunos embelecos que circulan en nuestro medio. Dentro de un poeta hay un traductor de sensaciones, de dudas, de visiones, de dolores, la experiencia que hace el acopio valorativo de venturas y desventuras, de aciertos y yerros analíticos, pero para que esos valores broten vivos en sonidos o palabras se le exige al poeta lo que rebosa en Alberto Luis Ponzo, la bondad, la comprensión, la entereza, la mano atenta, la generosidad y la calidad expresiva, la entrega a todo lo que se opone a la miseria, a la fatuidad, al envanecimiento; se le exige al poeta una correspondencia entre el ser que es y el ser de lo que hace.

…nuestros ojos intervienen / en la realidad más oscura…(9)

En este aspecto, la coherencia de Ponzo es absoluta. Hay un mensaje en sus notas periodísticas, verdaderas columnas de opinión y crítica (como cuando la opinión y la crítica tenían algo de concreto), diáfano, sustancioso, de la más loable intención para el bien común; y en esto se diferencia del resto, le sobra espacio en el corazón que otros llenan de pompa y fatuidad.

La palabra / en la lengua / de la poesía nunca sola / en la lengua / del hombre (10)

De todas las vanidades, la intelectual es quizá la más baldía ya que, de por sí, un rapsoda de este tiempo es menos que improductivo a la vista de la mayoría y no sirve al efecto pretendido por la vanidad, salvo sobre sus iguales. Nuestro poeta no ha caído en esas redes ni se ha dejado embelesar por la admiración -y muchas veces ponderación interesada- de numerosos cenáculos. Ha respetado aquello de primigenioque debe tener la poesía, el sentimiento auténtico del poeta ante cualquier circunstancia.

…De nadie es el espacio,

la música, el olor, las hojas de los libros

los metales más ciegos y las conversaciones. (11)

A lo largo de más de cincuenta años de poesía, ha ido despojando sus versos hasta la médula semántica, respondiendo así a una voluntaria preferencia estética, sin sacrificar su voz ni oscurecer su palabra. En una de sus últimas publicaciones, El Alba y otros poemas (2010), nos esntrega esta gema:

Florece la lejanía

sobre siglos de arena

entra por las ventanas

con árboles y pájaros

la casa

completa el universo

Espacios que se agrandan y la infinitud del tiempo en los primeros versos; a continuación, el desarrollo, el movimiento y la libertad, imágenes de la vida; y cierra con el derredor inmediato con el que estructura el todo. Es ésta una sintética revelación de identidad que se enlaza con muchos de sus versos, como aquellos que expresan: “…esta vida / … pasa por lo que veo / muere por lo que olvido”(12), en los que agrega, además, las situaciones de cambio por pérdidas.

No son éstas más que unas pocas anotaciones, retazos de un trabajo mayor, sobre el poeta Alberto Luis Ponzo, hito y ejemplo de la poesía argentina; una voz mayor cuyas profundidad y calidad marcan un largo derrotero que cruza generaciones sin perder frescura ni caer en la vulnerabilidad que propone el paso del tiempo. Ponzo abre las palabras para que el hombre respire.

.

———

(1) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Literatura”, p60

(2) Ídem. “Buenos Aires”, p62

(3) Alberto Luis Ponzo: Equivalencia en la tierra, Ed. La Brújula, 1960.

(4) Ídem. Frag. de “La presencia”, p13

(5) Ariel Canzani D: Primera solapa de A puertas abiertas de ALP, Dead Weight (1969).

(6) Alberto Luis Ponzo: El poema, una visión, Ed. Flor y Canto, 1984. p21

(7) Alberto Luis Ponzo: Antes de las palabras, 1964, “2” p3

(8) Alberto Luis Ponzo: Poemas marginales, Ed. Zendal (Perú), 1972. “Trelew”, p15

(9) Alberto Luis Ponzo: A puertas abiertas, Ed. Dead Weight, 1969. “Todo cuenta”, p56

(10) Alberto Luis Ponzo: Los dioses extinguidos, Dead Weight, 1974. “Palabra-Lengua” p19

(11) Alberto Luis Ponzo: Los viajes anteriores. Dead Weight, 1972. “Versailles”, p35

(12) Alberto Luis Ponzo: Antología breve. Araucaria Ed., (2008). p11

Ricardo Rubio

19 junio 2011 Posted by | ALBERTO LUIS PONZO, POÉTICA, RICARDO RUBIO | , , | Deja un comentario

ACERCA DEL MINIMALISMO, por Julio Carabelli

Julio Carabelli

Osvaldo Picardo dice -en “partes mínimas y otros poemas”, libro de Esteban Moore-: “Cuando leemos este libro, viene, una vez más, la pregunta obligada acerca de cómo se forma, en nosotros, la idea de lo mínimo o, mejor aún, qué cosa no lo es. La manifestación de lo mínimo en una época de grandezas excluyentes y arrogantes, impone una nueva mirada en que la nimiedad de la grandeza se opone a la grandeza de lo mínimo”.  Es un excelente pensamiento para comenzar a dar a conocer particularidades de este movimiento poético que se puede sintetizar, a mi entender, en seis propuestas básicas:

1. Trabaja sobre lo marginal, sobre seres o sobre la propia marginación.

2. Inserta el diálogo o el parlamento e insiste en el verso libre como principio de libertad.

3. Cuenta una historia de la que surge tanto la queja, la denuncia, como la ternura.

4. Usa el lenguaje corriente, con los ritmos del lenguaje norteamericano.

5. Se apoya en elementos domésticos aparentemente antipoéticos.

6. Se basa en lo no dicho para crear el efecto poético posterior.

Esta propuesta atrajo a Joyce, Pound, D. H. Lawrence, Eliot, Williams, Stevens y Marianne Moore entre otros grandes escritores de esa época, pero fue la Segunda Guerra Mundial la que movió a los jóvenes poetas norteamericanos admiradores de Williams Carlos Williams, E. E. Cummings y Ezra Pound a admitir otra concepción del Hombre y de su propia sociedad.

Me permitiré decir que el minimalismo, como estructura, existió antes que naciera el minimalismo como  movimiento o voz de una generación, es decir, antes de que los poetas neoyorquinos y los californianos, se reunieran en San Francisco, en 1956, para la primera lectura colectiva y pública de su obra.

Allen Ginsberg

Allí y en ese año se funda lo que luego se llamaría la <Beat Generatión>” (Beat como equivalente de beatífico). Kenneth Rexroth fue uno de los mentores, pero los poetas fundadores de la poesía Beat fueron, entre otros, William Burroughs, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Allen Ginsberg, James Harmon, Jack Kerouac, Philip Lamantia, Michael McLure, Peter Orlovsky, Kenneth Patchen, Philip Whalen y Gary Snyder, unidos por el afán de subversión ante el sistema y ante la hipócrita decencia de las clases altas y medias de la sociedad norteamericana.

En la narrativa se pueden mencionar no pocas obras de estos poetas. “En el camino” o “Los vagabundos del Dharma” de Jack Kerouac, “El almuerzo

Gary Snyder

desnudo” de Willian Burroughs y los cuentos de Raymond Carver. La poesía de los EE.UU. en el transcurso del Siglo XX se nutrió de la obra de Emily Dickinson, Edgar Allan Poe, Henry Miller, Herbert Marcuse, Federico García Lorca, Artaud, Mayacovsky  y Walt Whitman entre

Gregory Corso

otros. Los poetas Beat  los reconocen como sus padres y suman a Edgar Lee Master, autor de la Antología de Spoon River, a William Carlos Williams y al agnosticismo del budismo-Zen.

Jack Kerouac

Se diferencian de la poesía contestataria ya que al modelo de vida, planificado y masificado, lo critican con los mismos argumentos de la izquierda, pero sin ofrecer panaceas, soluciones o las esperanzas que proponía la poesía social de los sesenta:

“Yo no vine aquí a resolver nada. / Vine a cantar / y para que cantéis conmigo”. Dice Ginsberg en los últimos versos de “Medianoche del 1ro de Mayo en Manhattan” y en “Protesta por la Paz” reitera:

Kenneth Patchen

“Flotan cúmulos a través del cielo azul

 sobre las blancas paredes de la fábrica de la Rockwel

      Corporation

                           -¿acaso yo voy a detener eso?”

Con seguridad son los poetas sociales y los  beatniks los poetas esperados por Whitman cuando dice:

¡Poetas del futuro! ¡Oradores, cantores, músicos venideros!

No es éste el día de mi justificación, ni el de explicarme ni explicar lo que represento,

pero vosotros, una nueva estirpe, atlética, continental, grandiosa como nunca.

¡Surgiréis! Porque debéis justificar lo que yo canto.

Kenneth Rexroth

En 1961, en San Francisco, se publica el Journal For de Protection of All Beings, editado por alguno de “los vagabundos del Dharma” descriptos por Kerouac, como Lawrence Ferlinghetti, William Burroughs, Gregory Corso, Peter Orlovsky y Michael McClure. En dicha antología ya se hablaba de la interdependencia y la ecología. Los personajes de sus poemas son agudos analistas que anteponen el cuerpo de quien escribe por encima de las instituciones o espacios como la familia o la sociedad, asesinando censuras sin más autocensura que la dictada por el estilo. No reconoce ni se impone reglas, siendo puente entre el nuevo creador y su forma de decir que se proyecta y se lanza a la sociedad para denunciar la degradación de la belleza y la mentira de sueño americano.

Lawrence Ferlinghetti

Rodolfo Alonso, al comentar el libro “Desocupado y más poemas” de Raymond Carver, dice: “No es apenas la rebeldía encarnada en el gesto de oponerse en nombre del ocio presuntamente creador a la deletérea uniformidad masificante de la sociedad de consumo, sino el milagro de haber revelado, hecho posible desde las mismas entrañas de esa cultura básicamente a-poética y que hoy asola ya a todo el planeta, la posibilidad de un lirismo concreto, carnal, desinhibido pero tierno, a la vez tan desdichadamente moderno – por las condiciones anafrodisíacas que lo envuelven- y también tan raigalmente clásico, en el buen sentido, por cuanto vuelve y nos devuelve (desde su propio tiempo, como debe ser) a las fuentes del mejor lirismo occidental”.

Michael McLure

La crítica que surge en nuestro país hace hincapié (sobre todo) en el lenguaje desenfadado de esta escuela que tiene en la Argentina pocos, pero buenos representantes. No tiene el movimiento intención alguna de hacer “listas negras” de palabras que con el uso (ver Cortázar) han perdido hasta el significado, pero prefieren no usarlas.

Afirma Octavio Paz: “El universo verbal del poema no está hecho de los vocablos del diccionario, sino de los de la comunidad. El poeta no es un hombre rico en palabras muertas, sino en voces vivas. Lenguaje personal quiere decir lenguaje común revelado o transfigurado por el poeta. El más alto de los  poetas herméticos definía así la misión del poema <dar un sentido más puro a las palabras de la tribu>”. (El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).

Peter Orlovsky

Casi todos los poetas Beat parecen seguir lo dicho por Michel Butor contestando a André Bretón: “el objeto de la poesía, su acto mismo, es la salvación del lenguaje corriente”, luego recuerda aquellos poemas conversaciones de Apollinaire construidos con fragmentos de charlas oídas al azar. Ambos  tienen historias breves, coloquiales, incluyen objetos cotidianos, sus temas se sumergen en la marginalidad y el lenguaje es escabroso cuando no agresivo sin perder lo estético y el lirismo que caracterizara a Williams C. Williams.

Los poetas Beats, con su diversidad estética; con la carga de adjetivos que pasaban por el nihilismo hasta desembocar en la drogadicción; con esa

Philip Lamantia

filosofía que Kenneth Rexroth, refiriéndose a sus obras hablaba  de El arte de la desafiliación; con toda su independencia y su furia, participaron activamente con el Movimiento por los derechos civiles, contra la guerra de Vietnam y en defensa de la libre expresión compartiendo con el Flower Poweer, el Movimiento Hippie y con los universitarios, o sea con el público que los aplaudía, la búsqueda de otros valores en ámbitos extraliterarios, coherentes con su arte que persigue claramente la modificación de los valores que imponía la sociedad norteamericana como inmutables y sagrados. Dice Marcos Ricardo Barnatán: “Jack Kerouac fue uno de los que asumió la defensa del movimiento Beat con mayor energía: <Muy errados están los que piensan que la “Beat Generatión” significa crimen, amoralidad, inmoralidad y delincuencia. Pobres los que nos atacan porque no comprenden la historia y las aspiraciones del alma. Pobres los que creen en la bomba atómica…>

Philip Whalen

Son los estudiantes de Harvard quienes en 1954 contribuyen a la publicación de los primeros poemas de Corso, en medio de las, a veces solapadas y en mayor medida, ácidas críticas que despertaba el movimiento que, sin proponérselo, daba otro sentido, una nueva imagen, de la que tenía entre la gente la palabra Poeta.

La historia se repite y nada nuevo sucede con los poetas de la <Beat Generatión> ya que antes había sucedido con los surrealistas, para no ir muy lejos con las muestras, pero la historia del arte está plagada de ejemplos. Todos aquellos que rompen con modelos instituidos o convencionales sufren esa inercia de la historia, ese rechazo ante lo

Raymond Carver

nuevo o desconocido ya que es parte de la índole humana y ese rechazo lo sufrieron, para citar algunos, Darío, Joyce, Kafka, Mozart, Picasso, Vallejo, y todos los creadores que innovaron, abriendo nuevos caminos, enriqueciendo el mensaje que la Humanidad traslada a través de la  Historia. Veamos algunos ejemplos que nos brinda Octavio Paz:

“La creación poética se enfrenta siempre a la resistencia de lo inerte y horizontal. Esquilo padeció la acusación de oscuridad. Eurípides era odiado por sus contemporáneos y fue juzgado poco claro. Gracilazo fue llamado descastado y cosmopolita. Los románticos fueron acusados de herméticos y decadentes. Los modernistas se enfrentaron a las mismas críticas. La verdad es que la dificultad de toda obra reside en su novedad”, (de El Arco y la Lira, lengua y estudios literarios, Fondo de Cultura Económica).

William Burroughs

“El arte no debe sujetarse a nada” escribe Lawrence Ferlinghetti y los poetas <beat> teorizan, hablan de filosofía, de religión y de política; se involucran en la problemática de la sociedad que rechazan con un sentimiento místico y rebelde al mismo tiempo, y es que ningún escritor puede regodearse en el floreo del lenguaje manteniéndose ajeno a una realidad que siempre reclamará de él otro “posible”. Si lo hace es un cómplice. Y tampoco se trata de circunscribir la literatura a la militancia porque es perder la condición de escritor. Sartre, en Qué es la Literatura, escribía: ”En la literatura comprometida el compromiso no debe, en modo alguno, inducir a que se olvide la literatura”

Williams Carlos Williams

Los poetas de la “<Beat Generatión>” no aceptan convencionalismos e, inmersos en una sociedad politizada y mercantilista, rechazan a los partidos políticos. Si bien esgrimen los argumentos de la izquierda, ven al socialismo como un movimiento más en el cual descreer. Todo parece tan efímero como el arte mismo, y “tal vez lo efímero sea lo mejor del arte” agregaría Jorge Luis Borges.

Existe en nuestro medio poético, muy influenciado por la poesía española y en menor medida por la italiana o la francesa, una absurda descalificación de los poetas de la <Beat Generatión>  y de aquellos que, en nuestro medio, escriben (conscientemente o no) bajo su influencia. Es deseable pensar que tal vez las pésimas imitaciones, el uso abusivo y fuera de contexto de ciertos vocablos, contribuya en desmedro de los poetas minimalistas ya que cuando se habla de ellos se buscan subterfugios o se los “honra” con alguna justificación de por medio. Existen quienes desde el paleolítico rechazan ciertas palabras y hasta el verso libre (tal vez años ha hubieran rechazado a Baudelaire, Darío, Joyce o Vallejo) señalando que los poemas de estos creadores podrían escribirse en forma de prosa (como si ello restara mérito).

Ciertos críticos y muchos poetas deberían saber que a pesar o a causa de su marginalidad, estos poetas conocían la obra de sus antecesores y sus contemporáneos: las de Lorca, Artaud, Mayacovsky, Poe y Whitman como pocos. Ellos abrevaron de varias fuentes, rompieron y crearon, tal vez lo que no se les perdone es haber quebrado preceptos establecidos. Allen Ginsberg al hablar sobre Lamantia lo considera heredero de Poe y Whitman, por eso insisto en que hay ignorancia o suspicacia en determinadas apreciaciones. Los escritores deben estar abiertos a todas las vertientes por donde fluye el arte, las mentes amplias saldrán enriquecidas gustando de las obras o no, estando de acuerdo o no en lo conceptual. El rechazo o la excesiva prudencia ante lo nuevo es una actitud demasiado repetida, incomprensible en el campo del arte que es tan necesario como el pan; el arte libera y por lo mismo no debe sujetarse a la moda ni a la moralina reinante. Tal vez habría que hablar de Catulo o de Quevedo, pero bastante más cercanos los imaginistas decidían: emplear el lenguaje de todos los días. Charles Bukowski, (tomando al realismo sucio como una vertiente del movimiento minimalista) como otros, usa las mal llamadas “malas palabras” frase que puede servir para las escuelas primarias o como argumento a determinados/as versificadores/as amantes de tertulias en las que se multiplican la estrella, la rosa y la luna como el grano de arroz sobre el tablero de ajedrez. Todo arte es subversivo, no debe haber evasión por medio de la palabra, los escritores lo saben y luchan, intentado los caminos posibles o quiméricos, empleando o no un áspero lenguaje, para que la humanidad no tenga necesidad de usar las verdaderas “malas palabras” como lo son: Desocupación, Guerra, Hambre o Injusticia.

Julio Carabelli

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1 junio 2011 Posted by | JULIO CARABELLI, NOTAS, POÉTICA | , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

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